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Por siglos se fue contando entre generaciones que, las almas gemelas eran como dos partes de la misma alma. Como dos mitades vagando por el mundo hasta encontrarse en un mar infinito de ciudades de cemento y, según quiénes han logrado encontrarse, es como si el mundo se desmoronase bajo sus pies pero que la sensación en el estómago era de las cosas más maravillosas que podían experimentar.
Él, desde que podía recordar había oído con frecuencia de los miles de historias en las que se hablaba de las mismas. Sus padres solían contarle distintas versiones de como el fuego del vínculo hizo de las suyas cuando se vieron por primera vez, su padre James siempre le decía que conocerlo fue como la sensación avasallante de las mariposas moviéndose alocadas dentro de sus entrañas, su otro padre Tom, en cambio solía decir que fue como las olas rompiendo en la costa, sin embargo ambos coinciden en que el momento en que sus miradas chocan y la realidad llega hasta ellos con el tatuaje de alma completándose frente suyo como su fue la magia más poderosa existente se siente como si el mundo estuviese colapsando, quebrajándose bajo sus dedos como las plumas; frágiles, se siente como si su corazón saltase entre sus paredes dispuesto a entregarse a sujeto frente de sí.
Resumen, a veces, que reconocerse entre multitudes extasiadas fue como si el universo se detuviese.
Y, Harry quería eso. Desesperadamente. Quería experimentar esa sensación de la tierra rompiéndose y el universo deteniéndose cuando unas pupilas brillantes estuviesen frente a él con su tatuaje completo aceptando sin medidas el vínculo que le une con esa persona.
Harry Potter-Riddle se encuentra por primera vez con su alma gemela cuando tiene once años en una tienda de túnicas.
Sucede en medio de un día normal con el sol en el punto más alto del cielo. Su padre Tom lo lleva agarrado fuertemente de la mano porque el pequeño Harry de 11 años es un niño sumamente inquieto que fácilmente podría perderse entre aquel tumulto de gente en el callejón Diagon que, él suponía hacían lo mismo que ellos adquiriendo los útiles escolares necesarios para el curso de Hogwarts que cursarían el próximo septiembre entrante. James, a su lado, risueño como siempre le cuenta algunas anécdotas de sus años venideros junto a su grupo inseparable de amigos, Harry ríe de vez en vez demostrando que aun cuando sus pupilas se pasean por las vitrinas de las tiendas sigue tomándoles atención.
—Harry —dice Tom con lentitud captando de inmediato la atención de las pupilas con esmeraldas que su hijo heredó de Lily Evans (ahora Black, puesto que estaba casada con Regulus, el hermano de su padrino Sirius a quién James dio tal rol solo porque le cansó la insistencia con la que el hombre se lo pidió), la compañera de James que se ofreció a llevar a su hijo en su vientre una vez que se enteró que para Tom era imposible llevar a un niño en el suyo propio y actual madrina de su niño—, te has portado muy bien en estos momentos así que como recompensa por tu buen comportamiento te daré la posibilidad de elegir la próxima tienda que visitaremos.
Los irises de Harry brillaron ante esto.
— ¡Quiero una túnica nueva, papá! —dice con entusiasmo al mismo tiempo que tomaba las mangas del mayor y lo arrastraba hacia "Madame Malkin túnicas para toda ocasión" Tom reía seguido de James quién intentaba entender porque su hijo parecía ten entusiasmado por una túnica.
Cuando llegaron el primero en cruzar la puerta de entrada fue Tom seguido del huracán que era la presencia de Harry en cualquier lugar en el que estuviese, desordenado cualquier rincón y dándoles vida con su risueña risa, luego le siguió James inusualmente callado como si supiese que algo importante sucedería allí.
— ¡Que niño más guapo tenemos aquí! —exclama una señora regordeta con una sonrisa amable pintando sus facciones—. ¿Hogwarts, cariño?
Cuando Harry asiente emocionado. La mujer le toma de los hombros hablándole sobre algún otro niño que según la amable fémina parece tener la misma edad suya, Harry pareció aún más entusiasmado al respecto girando su cabeza de un lado a otro escudriñando la instancia en busca del otro infante. Lo encontró de espaldas, tenía un cabello rubio blanco que le rozaba los hombros y según Harry era un poco delgado y un tanto bajo de estatura.
El momento en el que el niño lo miró podría describirlo como caótico. Sintió como la tierra temblaba, el corazón le latía alborotado entre las paredes que le retenían como galopando dispuesto a salir corriendo detrás del niño si este se fuese a donde sea, y sus ojos parecían incapaces de apartarse de las irises como constelaciones que tenía el contrario.
— ¿Hogwarts también? —pregunta el rubio una vez que sus ojos se desvían después de lo que pareció ser una eternidad.
Harry asiente colocándose a un lado del niño que ahora no se pierde de ninguno de los pasos que el moreno da por el lugar
—Primer año, sí. Mi papá me permitió elegir el próximo lugar en donde adquiriéramos algo útil para este —habla despacio y tan bajito que el niño rubio apenas pudo oírlo—, yo elegí venir hacia aquí mis padres no estaban tan contentos por ello... creo que hubiesen preferido otro lugar y dejar la túnica para el final del recorrido —continua después de una pausa con las mejillas coloreadas de rojo y señalando a una pareja de adultos jóvenes que se encontraba unos metros más allá hablando pacíficamente con la dueña del recinto. El rubio entrecerró sus irises como noches estrelladas cuando cree reconocer a uno de ellos en los pasillos del ministerio cerca de la oficina de su papá, cuando iba con su madre a darle alguna sorpresa a su padre.
— ¿Tu padre es Tom Riddle? ¡él es el jefe de mi papá! —dice contento. Su padre siempre habla con algo parecido a la admiración de su jefe Riddle. Incluso para el infante podría decirse que son algo así como amigos. Según lo que su padre le cuenta siempre están cerca consumiendo alguna bebida fuera del horario laboral y riendo en la presencia del otro, y para el joven Malfoy eso era algo que hacían los amigos.
—Sí —responde el moreno nuevamente en un tono de voz bajísimo que llega hasta los oídos del rubio como la brisa en las montañas; suave y fresca, golpeando contra su cara con energía cálida—. Me llamo Harry Potter-Riddle ¡Un gusto conocerte! —luego de un segundo en silencio los orbes esmeraldas del niño se abren de par en par y su rostro nuevamente adquiere un color rojizo sobre sus mejillas—. ¡Oh, dios! —. su rostro se contrae en una mueca de vergüenza—. ¿dónde están mis modales? ¿cuál es tu nombre?
—Me llamo Draco Malfoy
El niño moreno vuelve a contraer las facciones de su rostro esta vez en una mueca de sorpresa
— ¿Hijo de Lucius Malfoy y Narcissa Black? ¡Papá siempre habla de tu padre! A veces eso hace que papá Jamie se ponga uh... ¿cómo era la palabra que papá Tom usa? ¿ce? ¿ce? ¡celoso! ¡sí! eso, ¡celoso! ¡Mi papá le tiene mucha estima al tuyo!
Draco desde el podio observa al niño hablar con energético entusiasmo de su vida en familia. Y aquello por alguna extraña y mística razón hace su corazón se llene de una energía tan cálida que le hace querer permanecer a su lado todo el tiempo posible. Hace que en su estómago dancen un montón de mariposas que parecen suplicarle por volar cerca -más cerca- de Harry.
—Señor Malfoy —espeta una voz aterciopelada detrás de él. Al voltear, puede ver a un castaño alto con el cabello desordenado e inclinado un poco hacia la derecha (aunque, tiene que admitir, un tanto más ordenado que el infante al cuál rodea con su antebrazo mientras el menor se ríe), los ojos castaños del hombre estaban fijos en él, tenía una vaga idea de cuál de los dos padres de Harry le estaba dirigiendo la palabra en ese momento pero, podía estarse equivocando ya que la última vez que vio al jefe de su padre fue cuando tenía unos cinco años y para entonces su capacidad de retención de recuerdos no era ni la mitad de buena de lo que podría ser en el momento que ahora está viviendo con su hijo a unos cuántos metros, quién puede notar Draco, sigue balbuceando cosas y tirando de las mangas de su padre para que le tome atención—. Es un gusto encontrarlo en un lugar como este. Hágame el favor de enviarle mis más cordiales saludos a sus padres, ahora no podré quedarme a conversar puesto que yo, mi esposo y este pequeño diablillo de aquí— espeta atrapando una de las mejillas del pequeño con sus dedos y apretándola, arrancándole una sonora carcajada con el acto al menor—, tendremos que marcharnos a otra tienda, ya que la túnica de Harry está lista no podemos seguir perdiendo más tiempo aquí.
Draco asiente intentando retener todas las sílabas que le sean posibles para comunicárselas más tarde a sus progenitores.
—Le enviaré sus saludos señor...
—Riddle. Tom Riddle.
Draco vuelve a asentir concentrado en el torrente de información nueva que le fue entregada en aquel corto periodo de tiempo. Mirando hacia sus pies no es consciente de cuando los Potter-Riddle abandonan la tienda de túnicas ni cuándo el niño de estos voltea y le grita que lo verá en la escuela y espera de todo corazón que puedan ser amigos, tampoco nota cuando sus padres llegan y pagan sus túnicas nuevas, solo es consciente vagamente de la mano que tira de su brazo para sacarlo de allí para continuar en la travesía de sus útiles nuevos. Solo puede ser consciente del corazón saltando ansioso por volver a ver al niño de los cabellos desordenados y sus ojos tan verdes como la hiedra.
***
La primera parte de su tatuaje de alma apareció al día siguiente.
Se encontraba desayunando en medio de las conversaciones típicas de sus padres sobre negocios y la jefatura del departamento de aurores que su padre James había tomado hace unos cuantos meses atrás, fue allí cuándo se habló brevemente de los Malfoy que sintió una punzada en su brazo izquierdo y cuando observó hacía el jadeó sorprendido.
Allí en letras negras y cursivas estaba escrito.
"¿Eres el hijo de...?"
— ¡Papás! —espeta el pequeño Harry con una sonrisa que puede llegar fácilmente hasta su oreja—. ¡Miren! —continua con sus ojos brillantes llenos de expectativa. Dolorosamente fijos en el tatuaje imaginándose como será el resto de su vida con aquella persona que le amaría tanto.
Tom fue el primero que habló luego de unos segundos de silencio en los cuales lo único que hizo el trio fue observar con detenimiento la elegancia de las letras que conformaban el tatuaje. Antes de emitir cualquier sonido, Tom llevó una de sus manos hasta sus labios y carraspeó.
—Harry, cariño, ayer cuando estuvimos en el callejón ¿cuántas personas te dijeron algo parecido a lo que tienes allí escrito? Ya sabes que el tatuaje no necesariamente sus palabras exactas o es algún tipo retorcido de parafraseo de lo que esa persona te dijo.
Harry revoloteó sus irises de un lado hasta otro recorriendo con cuidado el trazo en su dermis con sus yemas, lo pensó un momento. Deteniéndose en cada persona con la que cruzó algunas palabras el día de ayer y viniendo casi de inmediato hasta él unos ojos grises como las constelaciones en el cielo.
—Fueron tres —dice, luego de que el recuerdo de sus plateados irises se desvaneciera como el agua cuando se evapora y aunque quería mantenerlo para sí estos ojos solo se marcharon de u cabeza dándole lugar a uno cabellos como el fuego perteneciente a Ginny Weasley—. Ginny Weasley, Theodore Nott y Draco Malfoy
—Ginny es una buena chica —habla James por primera vez, despegando su vista curiosa de la dermis semi-bronceada de su hijo mayor—. Theodore Nott es muy inteligente y Draco Malfoy aún con once años es un genio para los negocios. Si es ella o cualquiera de estas tres personas tu alma gemela tendrás a la mejor persona que el universo pudo destinar para ti, hijo. Serás realmente muy afortunado y seguramente muy feliz.
Tom le sonríe con la taza de café elevada entre sus labios.
—Si el universo te arrastra hacia uno de ellos, Harry. Tendrá una razón. Una muy buena. Sigue al universo Harry y dentro de tu propia galaxia serás una persona tan feliz como el infinito.
***
Theodore Nott
Cuando el uno de septiembre fue marcado en sus calendarios, amaneció siendo un día nublado. Con unas cuántas nubes cubriendo los rayos del sol, James despertó a Harry tirándose encima de él y llenando las mejillas regordetas del menor con besos. Las risas como las burbujas de Harry llenaron la habitación haciendo que el mayor de los Potter se entristeciera pensando en que harán él y Tom con su ausencia continua y si bien habían otros dos Potters pequeños en Potter Manor ellos eran indudablemente más callados y serios que el mayor de los niños por lo tantos los años escolares que venían serían tan dolorosamente silenciosos que el órgano vital de James se resquebrajó un poquito en su cuenta pidiendo desesperadamente que abrazase al primero de sus retoños y no lo soltase jamás.
—Te extrañaré, papá Jamie. Una aventura siempre es aburrida sin ti —dice enterrado en su pecho
—También te extrañaré Harry, pero vendrás en navidad y la casa volverá a tener color
—Escribiré constantemente, Jamie. Sabrán de mí siempre, te lo prometo.
Harry mueve su cabeza de arriba a abajo unas cuántas veces y para James fue imposible retener el impulso de besar la cabellera de su pequeño, ya no tan pequeño, quién en unas cuantas horas abandonaría su hogar por unos cuántos meses (pero para su corazón doliente que palpita lentamente como su fuesen sus últimas horas, parece que fuera una eternidad. Joder, se siente como si fuese la última vez que vería la cara hermosa de su hijo).
Lo que sucedió en la plataforma ahora es como un leve borrón en los recuerdos del Potter menor solo puede recordar con suma dificultad como su padre Tom lo separó de su padre James porque este no quería apartarse de Harry haciendo que por poco perdiese el tren.
Cuando esté partió Harry estiró una de sus manos y se apegó a los vidrios despidiéndose de sus padres. Papá Tom fue el primero en elevar uno de sus brazos en respuesta agitando su zurda de un lado a otro mientras su diestra se mantenía unida a la cintura de su esposo quién escondía su cabeza en la cuenca de su cuello seguramente derramando lágrimas por la partida de Harry.
Harry buscó por entre las cabinas alguna que estuviese vacía. Luego de unas diez dedujo que quizás estarían todas ocupadas puesto que, cuando el subió solo quedaban unos cuántos minutos para que este comenzase su partida.
— ¿Podría sentarme aquí? —cuestiona Harry una vez que llega a la décimo quinta cabina previamente utilizada por alguien. Pero, Harry decide que se detendrá allí. Ya no quiere caminar más, solo quiere sentarse y observar el paisaje mientras se le disipan los nervios que le nacen en el estómago y se le pierden levemente en lo intestinos que se retuercen furiosos y ansiosos.
El receptor de su cuestionamiento se gira levemente mientras asiente señalándole el asiento del compartimiento. Cuando este se gira completamente para presentarse ambos quedan quietos en su lugar, sobretodo Harry quién parece respirar con dificultad y sospechosamente parece como los peces.
—Bien —dice su interlocutor—. Parece que ya nos conocemos, Potter. No serán necesarias las tediosas y, para mi gusto innecesarias presentaciones que la gente suele hacer cuando se ven por primera vez.
Harry niega aun respirando como los peces. Aquello debía ser claramente obra del jodido universo que tanto aman sus padres.
—No será necesario, Nott. Pero algo que tampoco es necesario es esta hostilidad, ¿algo sucedió en el lapso de tiempo en el que no te vi? ¿algo que tendrá que ver conmigo?, porque sinceramente, Nott, sino tiene que ver conmigo me parece algo... curiosa tu manera de actuar.
Nott sonríe
—Parece que ser el hijo de Tom Riddle te ha dado alguna rara confianza en ti mismo —espeta arrastrando las sílabas mientras se sienta descuidadamente frente a Harry—. Me agradas.
—Normalmente no suelo ser así —habla en un tono bajo de voz—, pero por alguna rara razón me siento en la confianza para hablar así.
La sonrisa de Nott se ensancha y desde ese momento se vuelven inseparables.
Harry es seleccionado en Slytherin cosa que enorgullece enormemente a su padre Tom y hace a su padre James fruncir el ceño (incluso en una de las cartas que llegan desde casa le informan que su papá Jamie tiene un extraño dolor de espalda que se desarrolló por dormir unas cuantas noches en el sofá. Así que quizás, piensa Harry, Papá James hizo algo más que solo fruncir el ceño ante la noticia).
El dormitorio en el que pasará su vida escolar lo comparte con Blaise Zabini y Theodore Nott. Algún rincón de sus vísceras esperaba compartir también el dormitorio con Draco Malfoy pero este fue seleccionado a Ravenclaw junto a una mujer de melena castaña tupida que se presentó ante el cómo Hermione Granger (A quién Draco conoció justo después de bajar del tren, en el que viajaron juntos Draco, Theodore y el hermano mayor de Ginny Weasley que según Harry recuerda se llama Ronald).
Los primeros días de su primer año pasan lentamente, su grupo de amigos terminó siendo conformado por Hermione, Draco y Theodore. Solían juntarse a las orillas del lago negro justo después del termino de clases, allí pasaban horas hablando de sus clases y adelantado tareas. El sombrero había dado justo en el clavo con Hermione y Draco, Harry no conocía a nadie más en el mundo que amara tanto, tanto, absorber un poco más de conocimiento y juntos eran terribles. Siempre y a cada momento competían amistosamente sobre quién terminaba una tarea primero o quién lograba descifrar con mayor rapidez que tocarían como tema en la clase siguiente o quién era capaz de contestar más preguntas. Lo cuál era estresante para cualquiera, menos para Theodore y él, por alguna asombrosa -extraña, no está demás añadir- razón eran los únicos que podían aguantar el ritmo que el dúo de Ravenclaws mantenía.
El día que se enteró de quién era el alma gemela de Theodore sucedió en su segundo año.
Recuerda que era un día normal. Cálido, con la brisa primaveral llevándose consigo los últimos vestigios de las hojas caídas del otoño.
Theodore estaba inclinado enseñándole un libro a Neville, un chico de Hufflepuff que pidió ayuda al slytherin para realizar su informe de pociones. Desde la posición en la que Harry se encontraba podía ver fácilmente un poco de sus clavículas donde se vislumbraba unas cuántas letras que Harry aún no podía leer con claridad.
Cuando logró hacerlo al tenerlo al frente. El alma se le cayó a los pies.
"¿tienes idea alguna de dónde serás...?"
No sabía si sentirse aliviado o decepcionado. Una parte de él -se atrevería incluso a decir que la misma que se sintió dolida cuando Draco quedó en Ravenclaw- se sentía como si volviese a respirar después de estar sumergida en algún cuerpo acuoso durante algunos minutos que podían sentirse como horas y otra solo se detuvo, como desligándose del asunto de buscar a sus otros dos candidatos como si se hubiese sentido cómoda todo ese tiempo pensando en Nott como su primera opción.
Cuando Neville se haya ido después de unas disculpas semi murmuradas entre las maderas de los estantes, Nott habló con la voz sintiéndose lejana... como fuera de este mundo. Y Harry no sabe que dijo, pero aun así siente que debe preguntar.
— ¿Tu alma gemela es 'Mione? —cuestiona Harry con la voz temblándole en el hilo. Como si supiese la respuesta de antemano pero su cuerpo caprichoso necesite casi con urgencia una respuesta aun cuando era obvio
Nott asiente. Ninguno hace nada más durante unos minutos
—Lo siento, Harry. Sé que había una ínfima posibilidad de que yo hubiese sido tu alma gemela, quería que lo supieras antes y en circunstancias más adecuadas, pero jamás se dio el momento y tampoco podía llegar y quitarme la camisa frente a ti ¡aun cuando compartíamos cuarto!
Harry se ríe.
—Aun así no entiendo como no fui capaz de verlo antes si parece que brillan cuando se ven.
— ¿Seguiremos siendo amigos? —cuestiona Nott con el corazón golpeando en sus paredes con fiereza
—Claro que sí. Almas gemelas o no primero fuimos amigos.
***
Ginny Weasley
Se acercó a Ginny Weasley cuando esta estaba cursando su tercer año y el su cuarto año en Hogwarts. El que ayudó a juntarlos fue su hermano Ronald y a veces podía decirse que Draco también ayudó a que ambos se hiciesen amigos puesto que él, Ginny y Hermione también eran muy unidos.
Para él fue fácil convivir con la pelirroja. Ella era divertida, inteligente y con el humor tan mordaz y sarcástico como el de todos los Slytherins (y Draco) con lo convivía unidos. Así que podía sobrellevar bastante bien sus comentarios acerca su cabello o sobre Quidditch o lo que sea que Ginny quiera burlarse en el momento. Sin embargo, aun cuando era tan fácil tenerla cerca y rondando conjunto a sus amigos Harry sentía que faltaba algo, quizás la tierra rompiéndose o la sensación de que incluso caminar sobre espinas estaba bien si ella estaba junto a él o la del universo deteniéndose cualquiera, la que sea, pero faltaban.
Quizás con Ginny sería aún más fácil entender que su lugar, su hogar, no estaba allí con ella. Ni lo estaría nunca porque a veces, cuando Ginny no lo nota él observa como sus pupilas se iluminan cuando la menor de las Greengrass entra en su campo de visión. Así que después de ser amigos unos cuántos meses formuló la pregunta que determinaría un gran cambio en su relación amistosa.
— ¿Te gusta Astoria Greengrass? —cuestiona cuando están sentados uno al lado del otro y ninguno de sus demás amigos está cerca para oír la repuesta de Ginny a aquella pregunta que le toma por sorpresa. Harry observa todo cambio en ella desde las mejillas rojas hasta el temblor de los dedos de su zurda uniendo los puntos—. ¡Te gusta Astoria!
Ginny se levanta de un salto cubriendo la boca de Harry observando frenética de un lado hasta otro intentando descubrir si alguno de los estudiantes que pasaban por ahí oyeron alguna palabra que su amigo pronunció
— ¡No hables tan alto! ¡sí! ¡lo hace! pero por favor no grites.
— ¿Qué esperas para hablarle entonces? —cuestiona Harry.
Ginny le lanza una breve mirada llena de dolor. Como si lo que fuera a decir a continuación fuera a romper irremediablemente el corazón del moreno.
—Lo hice. Ayer —espeta. Enseñándole su brazo, en donde con letras cursivas parecidas a las de él decía "tengo una pluma extra" —. Fue a la única que le pregunté si podía facilitarme una pluma. Lo siento tanto, Harry. Sé que era una de las que preguntó por tu padre hace unos años atrás.
Harry niega con la cabeza sintiéndose extrañamente aliviado. Con el corazón saltándole contento entre sus paredes.
—Todavía hay una persona más.
—Lo sé. Serán maravillosos juntos, Harry. No existe en el mundo, alguien más maravilloso para ti que Draco Malfoy. Nadie.
—Mi padre Tom cuando apareció mi tatuaje de alma dijo que si el universo me arrastraba hacia alguno de ustedes tres tenía que tener una razón. Una buena. Además, no veo a nadie compartiendo mi aventura tanto como a Draco.
—Vive la vida, Harry. Vívela. Nunca te sientes a esperar que las cosas pasen sal a hacerlas ocurrir tú mismo. Que todo lo que suceda sea por ti. Por ti y por el universo.
—Eres maravillosa, Ginn. Espero que Astoria te sepa querer. Te mereces a alguien que pueda darte una galaxia entera sin dudarlo ni un segundo.
***
Draco Malfoy
Cuando llegó hasta Draco Malfoy cursaban sexto año. Las cosas entre ellos se dieron con lentitud.
Luego de tener aquella charla con Ginny entendió finalmente porque en su interior parecía desarrollarse un caos cuando los irises grises se posaban frente a él. Quietos. Inmutables. Inconscientes de desatar un huracán en sus vísceras.
Quinto año fue como descubrirse de nuevo entre caricias. Entre dedos deslizándose en sus mejillas y suaves susurros en el oído, también fueron besos robados en esquinas desiertas suaves y volubles como las alas de una mariposa invisibles como los fantasmas de una vieja casa abandonada. Fueron como yemas acariciando sus muslos, y los moretones posteriores a salvajes encuentros.
Pero cuando todo cambió sucedió entrando a un nuevo año. Después de meses repartiéndose caricias y besándose a escondidas de los chismosos (sobre todo de Pansy la inexplicable alma gemela de Neville, la avasallante mujer que desarma a todos a su alrededor solo con el temblor que era su presencia, incluso su jodida sombra parecía destacar entre los demás). A veces, llegando a más que solo besos, pero jamás llegando al final. Solo quedan allí entre ambos las cenizas de la pasión ardiente que los consume por minutos enteros y luego están mirándose avergonzados por ceder ante sus bajos instintos.
Ocurrió, recuerda porque Draco está solo ahí observándolo. Y por un segundo parece que el destino es asquerosamente retorcido al unirlo a la única persona que parece no querer tener nada más que diversión y autodescubrimiento. Y le jode hasta la última de las células porque aun cuando Draco solo pueda querer eso, él le sigue amándolo tan desesperadamente como el día en que lo conoció y la tierra tembló.
—Harry —susurra. Y el corazón de Harry termina por romperse cuando la voz le llega tan lejana como las olas. Tan lejana como los pájaros en vuelo—. ¿Tu realmente quieres este vínculo o solo estás aquí porque el universo lo desea? —continua. Temeroso. Y joder, suena como si el mundo se fuese a acabar si llega a hablar más alto. Y Harry, Harry solo quiere abrazarlo, estrecharlo contra sus brazos y decirle que no hay nada más que quiera en el mundo que su vínculo.
—No hay nada. Absolutamente nada que quiera más que esto. Lo quiero. Lo quiero tanto incluso aunque se consuma entre nuestras pieles, sigo queriéndolo más que a nada en este jodido universo que a ti.
— ¿Hasta que se consuma?
—Hasta que arda. Hasta que duela. E incluso después de eso voy a seguir queriéndote a ti y a nadie más que a ti.
Lo siguiente que Draco hace es besarlo como si al segundo siguiente no tuviese donde poder pararse porque la tierra bajos sus suelas se habría quebrado dejándoles a la deriva. Luego Harry toma el control y le despoja rápidamente de sus prendas.
Y se queda ahí. Quieto. Congelado ante la absoluta belleza de la desnudez de Draco y sus metros infinitos de piel pálida y sus ojos de cielos nocturnos fijos en sus siguientes movimientos
—Eres el ser más absolutamente perfecto, Draco Malfoy. En ninguna galaxia puede existir alguien que se te asemeje.
Lo siguiente que sucedió fueron sus dedos acoplándose a la carne de Draco preparándole para su miembro. Luego todo fue como un borrón. Solo recuerda el aferrarse al calor de las vísceras de Draco que le succionaban como si allí enterrado profundamente en ellas fuese donde perteneciese desde ese glorioso momento hasta el fin de sus días.
Y ahora, en medio de una noche finita mirando hacia el techo se pregunta cómo fue capaz de vivir sin enterrarse hasta el último de sus centímetros en la carne palpitante de Draco, pensando en que de ahora en adelante jamás dejará un solo día sin repetir aquella acción se gira en el colchón encontrándose de lleno con la cara puntiaguda del dueño de sus pensamientos, apartando uno de sus mechones de cabello y lo deja en su oreja es cuando por fin, por fin, entiende todo.
Para sus padres pudo haber sido como el universo deteniéndose, para los de Draco como si el universo colapsara, pero para ellos era como si las piezas de algún cósmico rompecabezas por fin encajasen en su lugar.
Y es todo. El rompecabezas está completo y al fin su tatuaje se completa diciendo
"¿Eres el hijo de Tom Riddle?"
—Te amo, Draco Malfoy —dice despacio.
Y Draco entre sueños sonríe.
