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*POV Volkov*
Al llegar el final de mi turno, me dirijo a comisaría para dejar las armas y salir de servicio. Miro al cielo y observo como unas nubes ennegrecidas tapan la luz del sol. Ojalá llueva, hace tiempo que no lo hace.
Justo cuando voy a entrar por la puerta, me cruzo con un hombre un poco más bajo que yo, vestido totalmente de negro, con las manos en los bolsillos y con una gorra debajo de la capucha que lleva puesta, ocultando así su cara.
Me freno en el acto y me quedo mirando como se aleja. Supongo que es algún tipo al que hayan detenido y lo hayan soltado ahora. No le tomo importancia.
Hago lo anteriormente dicho y camino hacia mi coche personal. Me subo y alargó la mano hacia la radio para escuchar un poco de música. La enciendo y empieza a sonar una canción que no había escuchado antes. Me gusta.
Me recuesto contra el asiento y cierro los ojos, tomándome unos segundos para calmarme. Cuando vuelvo a abrirlos, veo como diferentes gotas empiezan a caer. Me pongo el cinturón, meto la llave en el contacto y arranco para ir hacia mi apartamento.
Conduzco por las calles desiertas de Los Santos, sin pensar en nada, disfrutando el olor de la lluvia.
A medida que me acerco, llueve más fuerte. Estoy a cuatro calles de mi casa cuando vuelvo a ver al mismo hombre de antes, pero esta vez, caminando bajo la intensa lluvia.
Disminuyo la velocidad y me estaciono a su lado. Bajo la ventanilla para hablar con él, pero cuando él me nota, observo como mueve su mano hacia su espalda. Ademán que interpreto que es para sacar su arma.
Hago lo mismo y dirijo mi mano hacia mi pistolera. En un abrir y cerrar de ojos, estamos apuntandonos mutuamente.
Intento distinguir su cara, pero la oscuridad de la noche me lo impide. Lo que no es su caso, porque cuando estiro la mano para encender la pequeña luz que hay dentro del coche baja el arma rápidamente.
―¿Volkov?―Una débil voz pronuncia mi nombre con un tono suave.―¿Comisario?― Esta vez, se escucha la voz más segura. Tardo unos momentos, pero acabo identificando la voz.
―¿Horacio?―Cuando le confirmo que soy yo, se quita la capucha y la gorra, dando paso a un Horacio ojeroso con la cresta despeinada.―¿Quieres que te acerque a algún lado?
―Le voy a mojar el coche―. Dice Horacio con pena.―Mejor voy andando.
―No se preocupe, suba―. Él, avergonzado, hace lo que le digo.
Abre la puerta y se sienta a mi lado, de copiloto. Con la pequeña luz que hay en el interior del coche puedo ver mejor a Horacio. Ya no lleva el maquillaje que solía llevar en los ojos, y su mirada ya no es la misma, ahora se ve vacía. Su ropa está empapada, pero él sigue teniendo ese olor tan particular.
―¿Como ha ido su día?―Vuelvo a arrancar y conduzco sin rumbo para poder hablar un rato con Horacio. No se porqué, pero me siento en paz a su lado.
―Bien, han habido un par de códigos 3, pero hemos conseguido detener a los atracadores ambas veces―. ¿Por que le estoy contando esto? Seguro que ha preguntado por educación y no le interesa realmente.―¿Que tal el suyo?
―Normal, he estado con Gustabo por ahí.
―¿Per dónde suelen estar? Nunca nos cruzamos por la calle.
―Si, bueno, vamos de aquí para allá, ya sabe―. Siento su voz temblar con nerviosismo pero lo ignoro. Asiento a modo de respuesta.
Pasa un rato en el que un silencio incómodo nos abraza. Paro en un semáforo y me giro para mirarle.
―¿Quiere pasar por mi casa a tomar un trago de Vodka?―La frase sale de mi boca sin que yo pueda controlarlo.
Horacio gira su cabeza hacia mi y me mira a los ojos. Por primera vez desde hace mucho tiempo vuelvo a ver esos ojos brillando con ilusión, pero cuando me detengo un momento a observarlos, me doy cuenta de que no hace tanto he visto esa misma mirada.
―No creo que pueda, pero gracias―. Vuelve a mirar hacia delante, como si estuviera intentando huir de mi invitación.
Le imito y me fijo en que el semáforo ya está en verde, piso el acelerador y sigo mi camino.
Mientras conduzco, busco en mi cabeza donde he visto esos ojos antes. Como un déjà vu, aparece en mi mente la imagen del Subinspector Dan celebrando que ha abatido a los atracadores.
―¿Donde le dejo, Subinspector Dan?
―A mi casa, por favor―.Horacio estira el brazo y marca en el GPS su casa. Le echo un vistazo rápido y me doy cuenta de que no se ha percatado de que no le he llamado por su nombre.
Me siento feliz ahora que sé que Horacio no ha traicionado al CNP. Me dolió mucho cuando se corrió la voz de que él era un nuevo integrante en una mafia. Recuerdo que esa noche me emborraché y al día siguiente desperté en el suelo de la cocina con una botella vacía de Vodka al lado.
Cuando me doy cuenta, ya estamos frente a su casa. Paro el coche y antes de que Horacio baje, le hago una última propuesta.
―¿Te gustaría quedar algún día?―Se baja del coche y cierra la puerta. Acto seguido, abro mi puerta y me asomo sobre el techo del coche.
―Volkov, lo siento, pero ya es muy tarde. Seguramente la mafia me matará pronto, y no me gustaría que sintieses un apego especial hacia mi.
―No morirás si yo puedo impedirlo.
―Ya estoy muerto, Volkov―. Después de eso, Horacio camina hasta la puerta de su casa bajo mi atenta mirada.
Antes de entrar, se da media vuelta y me dice adiós con la mano, a lo cual le respondo con el mismo gesto.
Sus palabras resuenan en mi cabeza.
"Ya estoy muerto"
Me vuelvo a meter en el vehículo y cierro la puerta de un portazo. Apoyo las manos en el volante y me quedo mirando hacia la nada, cuando de repente, una mariposa gris se posa suavemente sobre la luna del coche.
Pasan unos segundos hasta que llega otra mariposa, ésta más pequeña y de un color azulado. Igual que la otra, se posa en la luna, pero enfrente de la otra mariposa.
Están las dos juntas un rato, hasta que la azul emprende el vuelo y se va. La de color gris hace lo mismo, pero yéndose hacia la otra dirección.
Ignoro esto y me giro una última vez hacia la casa de Horacio. Ya no está en la puerta.
Vuelvo mi cabeza hacia la carretera y conduzco con pesar hasta mi casa.
