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Tres veces tú

Summary:

—Pero tú eres fuerte, Takemicchi.

Pero tú me miras distinto, Takemicchi, le quieres decir. Se lo quieres decir todo el tiempo. Te intriga, te alimenta locas fantasías. Tú lo sabes, lo has tenido clarísimo desde la primera vez que pronunció "Mikey-kun" con una devoción que te dejó sin aliento. Takemicchi y su forma de mirarte, de verte como si fueras un dios, una estrella inalcanzable. Si él supiera, ¿verdad? Si él supiera que estás a un palmo de él, a centímetros de la misma mortalidad.

Pero no se lo dices, porque quieres seguir viviendo en la fantasía de ese Mikey-kun que Takemicchi imagina, con el que sueña, al que le sonríe.

Notes:

AAAAAAHHHHHHH, no podía llegar a otro mes sin tener las manitas llenas de takemikey, ¿verdad, novia?

PUES NADA, FANDOM, OTRO TAKEMIKEY PORQUE AQUÍ NO VAMOS A DESCANSAR HASTA QUE NOS HARTEMOS... OSEA PROBABLEMENTE NUNCA. Debo decir que me dejó histérica(punto)com ver a Takemichi llamarlo por su nombre y me dije "Tengo que hacer algo con eso, SÍ O SÍ", así que bueno, de aquí nació esto. Y como la idea dejó a mi querida Dana AAAHHHH, se lo regalé <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Mikey-kun 



Hay días en los que sabes quién eres, un alma remendada a las malas, encapsulada en un cuerpo que juega a ser fuerte. 

Hoy no es de esos días. Hoy, después de abandonar la iglesia, casi no sabes quién eres. 

—Es como tú, Mikey-kun. 

Te sonríes, porque hoy le quieres creer. 

Takemicchi es nuevo en tu vida, pero el sabor que deja en tu boca es tan familiar. Te lo recuerda, ¿no? Te lo recuerda tanto que a veces juras que puedes verlo en sus ojos. Pero luego descubres colores, formas y cicatrices que no son de Shinichiro, sino de Takemicchi. Solamente de Takemicchi. 

Lo que comparten, y compartirán por siempre, es esa manía de verte y creerte fuerte. 

—Yo soy débil. 

No te duele admitirlo. No hay vergüenza que vague entre tus dientes, porque ¿quién te conoce como tú?. Tú, Mikey , eres tan débil que lo único que te sostiene son tus huesos, tus músculos. Tan débil que lo único que te queda es tu fuerza. 

La gente te mira, te admira, te teme, porque ellos ven un figura que te has montado entre chiste y chiste. Admiran y temen a Mikey , el Invencible. Nadie ve a Mikey, el que espera a que la noche calle todo lo que lloras, nadie puede ver al Mikey que delira con futuros que ya no son ni serán. 

—Pero tú eres fuerte, Takemicchi. 

Pero tú me miras distinto, Takemicchi, le quieres decir. Se lo quieres decir todo el tiempo. Te intriga, te alimenta locas fantasías. Tú lo sabes, lo has tenido clarísimo desde la primera vez que pronunció Mikey-kun con una devoción que te dejó sin aliento. Takemicchi y su forma de mirarte, de verte como si fueras un dios, una estrella inalcanzable. Si él supiera, ¿verdad? Si él supiera que estás a un palmo de él, a centímetros de la misma mortalidad. 

Pero no se lo dices, porque quieres seguir viviendo en la fantasía de ese Mikey-kun que Takemicchi imagina, con el que sueña, al que le sonríe. 

—Aunque eres débil, no te rindes ante nadie. Ni siquiera ante el líder de los Black Dragons. 

Lo miras ahora tú, te inundas con su presencia. Observas la piel rota, la sangre seca, el ojo morado e hinchado. Lo miras y lo encuentras como él no se mira: Fuerte, valiente, inalcanzable. Takemicchi, con su cuerpo destrozado y débil, es tan fuerte que puede destrozarte con tan sólo observarte. 

Quisieras ser él, quisieras ser cómo él. Tú, Mikey, quisieras ser aquel Mikey-kun que Takemicchi llama todo el tiempo. Ojalá fueras valiente como él, fuerte como él, ojalá pudieras ser todas esas cosas que Takemicchi piensa. Y quieres serlo, lo intentas, luchando contra los fantasmas, contra las lápidas y las urnas. Pero es difícil. 

Es un camino solitario y lastimero, Mikey-kun. 

—Cuando siento que estoy a punto de romperme, quiero que me regañes, Takemicchi. 

Te quedas corto, porque quieres decirle tantas cosas. Quieres decirle que, cuando te mira así, cuando Takemicchi te mira así, quieres jurarle ser todo lo que él quiera y más. Quieres decirle que serás su Mikey-kun, al que cree valiente, fuerte e invencible. 

—Como mi hermano lo haría. 

Añades, porque extrañas a Shinichiro. Añades, porque ese es el espacio que quieres que Takemicchi llene en tu vida. Añades, porque es el único espacio que él puede ofrecerte, aunque no sea suficiente. 

—¡Por supuesto que lo haré! —te promete Takemicchi, te promete quedarse a tu lado, como un hermano. Y tú prometes, con esa sonrisa, a veces vacía y a veces tan pura, que tú serás su Mikey-kun, sea quien sea. 



Mikey



No es el disparo lo que te mata. Es escuchar cómo Takemicchi, tu Takemicchi, te llora. 

—¡¡MIKEY!! 

Te llama como desquiciado, como eco en un túnel hacia la nada. La última voz que quieres que te arrope hasta el más allá, por eso lo has convocado, por eso has buscado refugio en sus brazos. 

Al final Takemicchi no ha podido, al final no ha sido capaz de ponerte un dedo encima, como habías pensado. Lo tenías muy claro desde siempre, pero te quisiste engañar. Te llevaste las dos pistolas, le pusiste carga a la suya, queriendo engañarte con que Takemicchi tiene adentro las mismas cosas sucias que tú. Pretendiste desconocer a Takemicchi, tu Takemicchi, volverlo un asesino piadoso, porque necesitabas destruir esa imagen suya antes de partir. 

Te sonríes mientras se te escurre la vida, porque te da asco que Takemicchi te vea así: Consumido por todo lo que llevas por dentro, por todo lo que nunca pudiste solucionar hasta que mataste. Y él, él no se asquea, sino que te llora. 

Eso te asusta, te aterra. Takemicchi sabe todo lo que hiciste, a todos los que te llevaste contigo al infierno, y te llora, te abraza. 

—¡¡No, Mikey!! ¡No digas eso, puedo cambiarlo! ¡Puedo cambiar el pasado, las veces que sean necesarias! 

Takemicchi dice cosas que no entiende, o a lo mejor es que tu cerebro está comenzando a declinar hacia la locura. Pero casi le crees, casi le crees que realmente puede hacer todo lo que asegura. Es la forma en la que te llora, en la que grita desesperado, mientras tú te estás muriendo en sus brazos. 

Te llora como si no fueras tú nada más que un asesino, te llora como si siguieras siendo su Mikey-kun. 

Nunca pudiste descubrir quién era ese al que Takemicchi tanto adoraba, al que idolatró hasta que desapareció de tu vida. Tú, Mikey, nunca pudiste vestirte con la piel de ese Mikey-kun que tanto quería Takemicchi. Y ese remordimiento, ese tal vez, te lo vas a llevar a la tumba, con el sabor más amargo del mundo. 

Pero le regalas una sonrisa, entre la vida que se te escapa y las lágrimas en tus ojos, porque lo quieres. Porque lo has querido siempre. 

—Aún si me dices mentiras… Soy feliz. 

Siempre has sido feliz a su lado, viviendo esa fantasía de Mikey-kun, fingiendo ser fuerte por él, para él, disfrazándote con los colores de su mirada. 

Lástima que nunca pudiste ser mucho más que Mikey, el que mata. Mikey, el traidor. Mikey, el mentiroso. Mikey, el que es y no es. 

Mikey, solamente Mikey. 

—Takemicchi… 

Lo miras, quieres que sea él tu último aliento, lo último que te quede de este mundo que tanto dolor te ha traído. Mikey , te quieres ir al infierno recordando que defraudaste a quien te miraba así, como él. 

—Tu mano es tan cálida. 



Manjirou

 

Tienes uno de esos días. 

Te viene a la cabeza Shinichiro, inerte en un ataúd. Te acuerdas de Emma, el peso de su cuerpo en tu espalda. Baji se materializa entre tus párpados, la sonrisa radiante y el rostro lleno de sangre. Escuchas la voz de Izana, exigiendo justicia, envenenado con envidia y soledad. 

Tienes uno de esos días donde te rodean fantasmas, donde sientes tanto que tu cuerpo se apaga. 

La cama se vuelve tu aliada, prometiéndote un refugio por las siguientes horas. No rechazas la oferta, pones la cabeza sobre la almohada y te quedas quieto, esperando que el día avance fuera de estas cuatro paredes. Tú, Mikey, te permites sentir todo lo que llega a ti, todo lo malo, lo triste, lo que agonizas. 

Es desagradable, hasta humillante, pero sabes que no hay otra opción. Porque el otro camino es vestirte con ese dolor y la ira que te agita el pecho y tú prometiste, te prometiste a ti mismo, que no recorrerías esa carretera hacia la nada. 

—Mikey. 

Takemicchi te llama desde la puerta. No haces más que mover los ojos, parpadear como si te sintieras enfermo. En días como hoy, te parece que tu cuerpo realmente se siente enfermo. 

Él entiende lo que callas, lo que tienes pegado a la piel. No intenta sacarte sonrisas, tampoco intenta sacarte palabras a la fuerza. Takemicchi camina hasta la cama y se acuesta junto a ti. Sabe que tienes uno de esos días. Los ha vivido todos y cada uno, mil y una veces, aunque tú no puedas recordarlo. 

Te acaricia el rostro con la punta de los dedos, deja que sientas el calor de su mano, porque sabe que te gusta. Takemicchi te sonríe, como si el mundo no estuviera a punto de colapsar, porque sabe que te crees todo lo que te promete. 

—Ibas a hacer compras —le recuerdas, haciendo un intento por sacarlo de tu hueco. 

—Puedo hacerlo más tarde. 

Se te olvida a veces que Takemicchi es terco. Lo ha sido desde que lo conociste, con el rostro destrozado a punta de golpes, con la piel ensangrentada y la espalda cargando mil calvarios. Takemicchi se ha negado a rendirse contigo, a pesar de que le has mostrado mil infiernos, lo recuerdes o no. Y aquí está, aquí estará aunque lo eches mil veces más. 

Te costó entender que cada vez que Takemicchi te decía que eras valiente, lo decía con convicción. Te costó entender que cada lágrima, cada sonrisa, cada acto de amor, no venía del engaño. Takemicchi siempre supo quién eras, lo bueno, lo malo, lo terrible, lo frágil. Y amó cada pequeño fragmento de ti. Guardó entre sus manos tu esencia, hasta que pudieras reconciliarte contigo mismo. 

—Me quedo contigo, Manjirou. 

Dice tu nombre como aquella vez, que recuerdas a medias. A veces vienen a ti fragmentos de una vida que no es tuya, pero que lo fue, alguna vez. Lo recuerdas a él, con sangre en el rostro, con los ojos llenos de lágrimas. Recuerdas a Takemicchi gritando tu nombre, el verdadero, diciéndote que le pidieras ayuda, que él iría a tu rescate. Takemicchi siempre ha sido terco. 

Tú, que te has encaprichado con su cariño, lo besas. No buscas borrar el dolor con sus labios, ni tampoco estás tratando de agradecer las mil y un batallas que ha librado por ti. Lo besas para sentir lo que él siente, para saborearte en labios de Takemicchi. Te comes su valentía y la tuya, la que has aprendido a moldear aceptando que eres débil. 

Cuando le sonríes, lo haces de verdad. En días como hoy, cuando todo te pesa, sabes que el dolor es pasajero, aunque lo saborees eterno. Sabes que, cuando se calme la tormenta, cuando arribes a tu destino, siempre te quedará Takemicchi. 

Takemicchi ha sobrevivido a todas tus versiones, a las de mentira, como Mikey-kun, a las lastimeras, como Mikey y se ha quedado con la verdadera, Manjirou. 

Notes:

Graaaaaaaaacias por pasarte a leer, persona anónima de internet ;_;

PS: Pueden ir a chillarme por twitter también @seijouswildcard