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Koichi había llegado un poco tarde a la fiesta de navidad que su madre organizaba todos los años, el sol ya se había escondido y el frío de invierno le provocó que se estremeciera un poco, ajustándose el cárdigan color verde y acomodando la bufanda gris que traía alrededor de su cuello, no le brindaba tanta calidez, pero al menos podría sobrevivir mientras esperaba a que alguien abriera la puerta.
Su madre le recibió con mucho entusiasmo, quizá porque hace meses que no se veían debido a que Koichi había decidido moverse a otra ciudad para buscar nuevas oportunidades de trabajo. Pero estaba tan equivocado, su madre ni siquiera preguntó por su viaje o como se encontraba, solo lo jaló hacia el interior y le explicó que, entre los invitados se encontraba la hija de una de sus amigas. Koichi rodó un tanto los ojos en señal de disgusto, porque su progenitora siempre hacia lo mismo, siempre buscaba emparejarlo con suripantas. Koichi quería encontrar el amor cuando le tocara a su puerta, no de esa manera.
—Su nombre es Yukako, tienen la misma edad. Quizá no la recuerdes, pero solían jugar juntos cuando eran niños. —Le susurró su madre mientras le arrastraba por la sala principal donde las personas conversaban amenamente, bebiendo chocolate caliente y comiendo galletas.
Solo pudo ver una figura cubierta con un vestido azul y una cabellera larga y muy hermosa, su madre lo terminó empujando en esa dirección y desapareciendo mientras Koichi tropezaba con aquella mujer, misma que terminó volteándose ante el impacto, revelando así una belleza deslumbrante, pero todo era opacado por el feo diseño navideño que portaba la tal Yukako sobre su vestido, Koichi no tenía tiempo para tratar con adultos con actitudes de niños e incluso si le daba una oportunidad, Yukako solo se sonrojó fuertemente hasta quedar como un tomate, articulando vocales y palabras a medias.
Koichi arqueó una de sus cejas y murmuró una pequeña disculpa a Yukako para después salir huyendo de la sala y luego de algunas horas después, se devolvió a su ciudad, donde no planeaba salir si su madre insistía en seguir haciendo papeles de casamentera.
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Cuando las fiestas de fin de año pasaron, Koichi recuerda aquellos diarios que solía escribir de adolescente, llenando las hojas con sus amores de colegio y sus pensamientos inmaduros, pero decide que el diario que comenzaría lo utilizaría para escribir sus vivencias como soltero, en la primera hoja escribe “Diario de un soltero” pero lo termina tachando y lo remplaza por “Diario de Koichi Hirose”. Sus primeros rayones de tinta, una de color azul, son algunas características de la pareja que desea encontrar:
- Guapo o bonita
Porque Koichi no se limitaba solo a las mujeres, el amor podía estar en la persona más inesperada.
- Inteligente
3.Que comprenda lo tímido que soy
Y después se había quedado con la mente en blanco al no recordar otras características. Un suspiro salió de sus labios al pensar en la presión que ejercía su madre, pero tenía que admitir que también se comenzaba a sentir solo y quería poder tener a alguien, quién recibiera su cariño y que le amara de vuelta.
Justo al día siguiente, un lunes agitado y ruidoso en la ciudad donde vivía, pudo comenzar en su nuevo trabajo, era el asistente administrativo de la oficina dirigida por algún hombre llamado Kishibe Rohan que no había podido ver todavía. Al menos era un comienzo, la Editorial Morioh era muy reconocida por sus libros exitosos en el género de Terror y Horror, la experiencia que ganaría aquí sería muy gratificante para futuros empleos, además de estar cerca de los libros que tanto le gustaban, Koichi no era un ratón de biblioteca, pero disfrutaba de algunos escritos algunas veces.
Tan pronto se sentó en su escritorio, luego de las presentaciones y una breve orientación sobre cómo se manejaba la situación en la editorial, el teléfono sonó, Koichi se asustó por unos segundos, pero su mente reaccionó lo bastante rápido como para tomar la llamada. La voz de Josuke, uno de sus mejores amigos, resonó del otro lado, el muy tonto casi le provoca un infarto al pensar que sería un asunto importante.
—¿Cómo conseguiste este número? — Fue lo primero que Koichi preguntó, pero Josuke lo evadió descaradamente, respondiendo con esa actitud liberal y rebelde que siempre tenía.
—¡No puedo creer que seas todo un hombrecito de bien! Mucha suerte en tu…— Pero no había podido escuchar el resto, porque las puertas del ascensor se abrieron y un hombre con vestimentas muy distintivas había salido de allí, la vocecita al teléfono continuaba hablando, pero su enfoque estaba en el espécimen condenadamente guapo, alto y con los ojos más preciosos que pudo haber visto antes. Koichi entró en pánico cuando el hombre dirigió sus pasos en su dirección, su cerebro hecho gelatina logró colocar el teléfono en su lugar y solo percibió la voz ligeramente ronca y dulce, procesando la oración dos segundos después.
—¿Con quién hablabas por teléfono? — El hombre de ojos hermosos le preguntó y su capacidad mental estaba tan nublada que su respuesta fue lo más estúpido que pudo haber expresado en su vida.
“Agatha Christie” Y una risa, nunca supo si de burla o genuina gracia, se coló por los labios del otro, justo al tiempo en el que algo hacía clic en su cabeza, Agatha Christie estaba viva ¿no?
—Sería interesante saber lo que parloteaban, aunque ella esté Muerta— Dijo el hombre, colocándole un final al asunto y dejando un carmesí intenso subiéndose por el cuello y el rostro de Koichi. Y lo que consternó al joven de cabellos grises no fue que el tipo se alejara, sino que su camino terminó cuando ingresó en la oficina con la etiqueta de «Kishibe Rohan – Director Editorial», estaba jodido, y era su primer día todavía.
El día pasó más rápido de lo usual, llegó a su departamento sin problemas, sus dedos picaban por escribir sobre algunas páginas de su diario, incluso omitió la cena un par de horas, para dedicarle palabras a lo guapo que era su jefe y lo difícil que sería después de aquel primer encuentro.
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Resulta que con el pasar de los meses, al llegar a la oficina y responder llamadas, procesar y archivar documentos junto a un sinfín de cosas más, no se topaba tanto con Kishibe Rohan, el tipo tenía la vida puesta en la editorial y no se veían tanto, lo cual ayudaba a Koichi a tener su enamoramiento apaciguado, eran muy pocos los momentos en los que se topaban en el pasillo o se encontraban en el ascensor, pero esas veces, se encontraba recibiendo miradas intensas de Rohan, una mezcla de algún fuego y un brillo en sus ojos y una profundidad tan inmensa como el océano. No sabía cómo reaccionar ante aquello, el corazón solo se le aceleraba y huía si era posible. Pero las páginas de su diario se seguían llenando de palabras hacia Rohan, además de algunas recetas de cocina y listas de supermercado.
Cuando Koichi cumplió seis meses de tener un trabajo estable, decidió invitar a sus amigos a su departamento para celebrar, Josuke y Okuyasu, ambos eran unos ruidosos sin remedio, pero los conocía desde la secundaria y siempre le habían apoyado.
Esa tarde habían cenado platillos cocinados por el mismo Koichi y bebido algunas copas de algún vino barato del supermercado. La noche comenzaba a caer mientras Josuke Y Okuyasu discutían alguna banalidad y luego se reían estúpidamente, los tres se sumergieron en una conversación sobre el clima cuando la campanita del timbre sonó, Koichi se levantó rápidamente, mareándose en el proceso. Al menos alcanzó a abrir la puerta, encontrándose de cara con Yukako. No recordaba que la mujer fuera tan alta y más intimidante, muchas preguntas cruzaron su cabeza, pero algunas de ellas fueron contestadas en el momento en el que la muchacha abrió la boca.
—Koichi… tu madre me dijo donde vivías y estoy aquí porque quiero conocerte mejor, sé que es precipitado, pero si me das una oportunidad…—Era lo que le faltaba a Koichi en su vida, una mujer obsesionada, podía verlo en su mirada agitada y cómo se había plantado en la entrada para evitar que pudiera cerrarle la puerta, incluso le había dado un poco de miedo aquella aura peligrosa que exudaba Yukako, no era la chica tímida y sonrojada de la fiesta de navidad del año pasado, quizá nunca lo fue.
—Koichi— Había pronunciado una voz varonil de algún lugar a su izquierda, sus ojos recorrieron el tramo hacia esa zona y se encontró a su jefe Rohan detrás de Yukako, ¿desde cuando la gente se tomaba esas libertades de llegar a su casa sin preguntar? ¿y por qué esos dos eran más altos que él? Koichi se sintió eclipsado, pero no hubo tiempo para procesar algo coherente en su cerebro hecho fideos. Porque Yukako soltó un grito tan agudo y se aventó contra Rohan, agarrándole por los hombros y sacudiéndole repetidas veces.
—¡¿Por qué me quieres robar a Koichi?! ¡Nos íbamos casar! — Ella gritó, ¿Quién era esta loca? Quizá Koichi no tenía una buena memoria, pero no recordaba haber propuesto nada de eso en absoluto.
Tal como una estatua, Koichi se quedó congelado debajo del marco de la puerta, contemplando como Rohan apartaba a Yukako de una patada, y luego cuando ambos estaban de pie, la mujer había estirado sus manos para aruñar al otro con sus largas uñas. Unos pasos apresurados bajaron por las escaleras, el ruido de ello y los gritos de la “pelea” le envolvieron en un trance y Koichi sintió que se iba a desmayar.
Josuke fue quién le apartó de la puerta y se apresuró en tratar de apartar a las dos personas que se arrojaban manotazos y patadas en medio de la calle, tratando de agarrar a Yukako, pero ganándose un codazo en las costillas, mientras Okuyasu al parecer le echaba porras a Rohan y se quedaba con Koichi desde la entrada de la casa.
La pelea se detuvo unos segundos cuando tanto Rohan como Yukako se estrellaron contra la ventana de vidrio de un restaurante que quedaba del otro lado del departamento de Koichi. Josuke aprovechó para tomar los brazos de Yukako y jalarla lejos del otro hombre, en ese instante Okuyasu corrió para ayudar a su amigo. Ambos alejaron a la mujer del lugar y se perdieron en alguna esquina, quizá tratando de calmarla.
Koichi aprovechó el sagrado silencio que invadió la calle y cuando su cuerpo decidió funcionar correctamente, no dudo en acercarse y ayudar a Rohan a levantarse, se lo llevó al interior de su departamento y lo sentó en uno de los sofás de su sala. No sabía que decir, ni siquiera él mismo entendía lo que había pasado, buscó el botiquín de primeros auxilios y se sentó a un lado de su jefe para poder curar sus heridas, cuando pasó el algodón con alcohol sobre algunos pequeños cortes en la mejilla de Rohan, este soltó un ligero siseo, sus ojos se encontraron en algún punto y el contacto le provocó un sonrojo inmediato a Koichi.
—Nunca imaginé que tendría que pelear por tu amor— Y las palabras dejaron a Koichi más confundido, no entendía a lo que Rohan se refería, y al parecer el otro hombre había captado lo ambiguo que fueron sus palabras también.
—Me gustaste desde la primera vez, pero pensé que eras solo una cara bonita. Además, hay normas dentro del trabajo que no se pueden romper—Rohan continuó diciendo, Koichi sintió el corazón presionar tan rápido contra su pecho, estaba cansado de que su cerebro se volviera puré en situaciones como esta.
—No conozco bien a Yukako, es la mujer que casi te asesina y lo siento por eso, no esperé que algo así sucediera. Pero estoy muy claro en que también estoy enamorado de ti—Soltó el más pequeño, y sus dedos temblaron un poco mientras limpiaba la sangre seca de una marca de uñas cerca del cuello del otro hombre.
Rohan sonrió de una manera perversa, no supo que intenciones habría detrás de ello, pero el hombre apartó gentilmente sus manos y tomó el mentón de Koichi entre sus dedos, obligándole a mantener el contacto visual. La presión de los labios ajenos le sorprendió, el casto contacto fue tan breve y tan inocente que anheló poder sentir la suave boca contra la suya de nuevo y esta vez no dudó un solo segundo en comenzar un nuevo beso, asegurándose de disfrutar plenamente del sabor dulce y del roce ligero entre las lenguas de ambos.
Se separaron segundos después con la respiración sutilmente agitada. Koichi suspiró, pensando en que tendría que comenzar otro diario.
