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Li Xian mira aquel opaco espejo, buscando su reflejo entre el dorado lago. Su hermoso rostro yace apacible, trazado con preciosas pinturas y adornado por impresionantes joyas, las cuales son incapaces de eclipsar su belleza. El rojo que rodea su figura en una delicada silueta había sido hecho con la seda más refinada que el imperio podía tener, nada podía ser menos para la flor más preciada del reino y el Rey.
Xiao Ci había sido cuidadosa con sus palabras con respecto a la gran boda, la noticia sobre el repentino cambio de su Fuma había golpeado la nación entera, nada que Li Xian no esperara con antelación. Lin Feixing había ganado renombre por sus logros, pero no era de cuna noble, fue un acontecimiento imprescindible, incluso inspiró todo tipo de historias románticas que circularon por las calles en las últimas semanas, sobre todo al ser aquel soldado quien la había salvado anteriormente: Un amor imposible que había nacido de una coincidencia, entre un soldado que lucha por frontera norte y la invaluable princesa dentro de los muros del palacio.
Li Xian sabe que otros pueden verlo de esta forma, también hay nobles que se encuentran disgustados por haber sido superados por un simple muchacho de la frontera, sin siquiera una historia familiar militar digna, últimamente ha detenido varios ataques a Lin Feixing, así como también comida envenenada que ha logrado interceptar. FeiXing aún era demasiado inocente para tener tales preocupaciones.
Li Xian suspira, Xiao Ci la mira de reojo pero no comenta al respecto. Lo que había que decir, ya había sido dicho, y no había forma de que Li Xian abriera su corazón en este asunto, aún con ella.
La princesa sabía que este día era inminente, el día en que tendría que entregarse a un hombre en matrimonio había llegado.
Aquel rojo no era más que el color de las cadenas que siempre había cargado, de la jaula que mantiene cautiva al fénix hasta que arda en carmín y se torne cenizas oscuras.
Sea la forma que tome, un lujoso camino de terciopelo, un cómodo sedán, sus finas túnicas o las perlas escarlata en sus joyas, todo era parte de aquella prisión grana en la que había nacido.
El sonido de las perlas en su cabello arrullan al ritmo de la marcha del sedán, la princesa recuerda vagamente años atrás, en donde la Emperatriz Li Qingcheng acarició su mano suavemente, aún tendida en cama. En sus últimos momentos, la Emperatriz madre había perdido el color suave de su piel y una palidez mortal contorneaba su delgada figura, la mano que sostenía la de la princesa era huesuda, desprovista de las joyas que normalmente la adornaban, pero que incluso al final, no eran necesarias para exaltar su incomparable belleza. Li QingCheng le había pedido a Li Xian que siguiera su corazón, ¿pero cómo Li Xian podría hacer eso? ¿Cómo Li Xian podría encontrar la felicidad si las únicas opciones que ha tenido son las que la hacen desdichada? ¿Cómo proteger al Príncipe heredero si simplemente persigue sus deseos egoístas?
El telón de fino rojo finalmente cubre el rostro desprovisto de vida de la Emperatriz madre y Li Xian sabe que el acto ha llegado a su fin, aquel tiempo en el que momentáneamente podía siquiera preocuparse por su propio corazón había terminado.
Tomando la mano de su hermano, Li Xian construye los muros necesarios a su alrededor para lograr protegerlo.
Ahora, en aquel sedán, el rojo es lo único que puede ver, no hay luz de día que logre filtrarse entre las espesas mantas, no hay forma de escapar, ni la voluntad para hacerlo. Esta era la vida que había escogido, la que la había escogido a ella.
Al menos, con Li Zhong fuera del camino, Li Xian pudo trazar un plan mucho más efectivo para proteger a Li Zhu. Lin FeiXing no era solo una flecha que podía acertar entre los peores obstáculos, sino que era una persona que le guardaba la devoción que Li Xian necesitaba para usarla a su favor, una pieza decisiva en el tablero que no se podía permitir perder. Li FeiXing siempre buscará lo mejor para Li Xian, y para ello Li Xian no tenía que hacer más que ayudarlo desde las sombras.
Lin Feixing, el nuevo Fuma del emperador, era una persona útil, y Li Xian estaba conforme con eso.
Eso es lo que Li Xian trataba de pensar.
Cuando las cortinas del sedán se abren, una luz cegadora invade su espacio, más brillante que los rayos de sol, Lin Feixing se encontraba mirándola con aquellos ojos feroces, ahora completamente atrapados en ella. Los ojos de Lin Feixing al verla parecían brillar como cientos de estrellas en la noche, como si contemplaran la luna más maravillosa de la década o la magia más impresionante que haya contemplado dentro y fuera de la frontera. Aún desde tal distancia, su mirada como una de sus flechas, llegó acertada a Li Xian y solo Li Xian. Como si las joyas, la seda o las miles de personas a su alrededor hubieran dejado de existir ante sus ojos.
Li Xian puede ver el rojo colorear su piel bronceada, abrazar su delgado y a la vez sólido cuerpo, adornar su cabello con delicadeza. Una hermosa sonrisa brota de los labios del soldado como agua clara de manantial, fresca, transparente y sincera como siempre lo ha sido.
Li Xian tampoco puede apartar su mirada. Lin Feixing era como un hermoso lienzo puro, a quien ella indiscriminadamente había elegido para arruinar. Hay pena en su pecho, pero una sensación cálida desborda y lo opaca a creces, la áspera mano de Lin FeiXing se extiende hacia ella, con un leve temblor.
—¡Princesa! —le llama, quizá en un tono más alto de lo debido, hay pequeñas risas de fondo, que parecen darle ritmo a las mariposas que revolotean en la boca del estómago de Li Xian.
Siente cómo su rostro se calienta y no puede evitar sonreír. Algo en Lin Feixing se ilumina en ese momento, Li Xian no puede evitar esconder su rostro bajo su otra manga, extendiendo su delicada mano a su Fuma.
Lin Feixing era sincero, era un rayo de luz entre la oscuridad a la que Li Xian lo había metido. Si Lin Feixing era blanco, ella era el rojo que marcaría aquel lienzo puro.
Incluso sin saberlo, ese es el deseo egoísta que le susurra su corazón.
