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—Oh mira, tu animador viene para acá. A las cuatro en punto.
Heeseung volteó su cabeza en la dirección que Sunghoon le había indicado y reconoció a Sunoo y Jungwon, vestidos de pies a cabeza en sus uniformes de animador, caminando en línea recta hacia ellos. Se dio la vuelta tan brusco que su cuello sonó con un crujido. Sunghoon y Jay se rieron detrás de él.
—Cállense. —Murmuró Heeseung, entre dientes. —No es necesario que me lo digan cada vez que lo ven llegar.
Su queja sólo causó que sus amigos se rieran aún más.
—En realidad, creo que Sunghoon me hablaba a mí. —Recalcó Jay. —Pero nos gusta tu optimismo, Hee.
Heeseung se dejó caer de lleno contra su locker y golpeó la cabeza contra el frío metal. Tenía la leve sospecha de estar rojo hasta las orejas.
Jungwon y Sunoo se acercaron finalmente, y Jungwon lo miró con curiosidad al mismo tiempo que Jay le rodeaba la cintura con una mano para acercarlo hacia él.
—Buen día, mi cielo. — Dijo Jay mientras le dejaba a Jungwon un suave beso en el cabello. Miró a Heeseung directamente y le levantó una ceja para molestarlo.
—Buenos días para ti. —Jungwon contestó, sin siquiera notar que Heeseung los observaba.
Jay le sonrió presumido. Se había puesto la meta personal de molestarlo hasta que dejara de ser un cobarde.
—Heeseung hyung, —Dijo Sunoo, con toda la dulzura que podía salir de él. —buenos días. Te extrañé.
Esa simple oración fue todo lo necesario para hacer que la frustración de Heeseung se evapore de su cuerpo, dispersandose en el aire junto con el peso de su corazón y la coherencia de sus pensamientos.
Sunoo extendió la mano en su dirección, y Heeseung automáticamente metió la suya en su propio bolsillo, sacando una de esas paletas de cereza, brillantes y con forma de corazón. Sin siquiera pensarlo, la dejó en la palma de la mano de Sunoo, que lo miraba expectante, como si ya supiera lo que iba a suceder.
—¡Gracias! —Inmediatamente, Sunoo le quitó el envoltorio y se llevó el dulce a la boca. —Todavía no puedo creer que también sean tus dulces favoritos, hyung. En serio. No pareces del tipo que come dulces.
Sunoo le sonrió tan bonito que Heeseung lo sintió directo en el pecho, y el calor de sus mejillas se extendió hasta hacerle voltear la mirada.
Sunghoon rodó los ojos.
—¡Buen día a ti también, Sunghoon! —Exclamó en voz alta. Ya que nadie lo hacía, se saludó a sí mismo. —¿Cómo estás, amigo? Ah, estoy muy bien. ¿Y ustedes? ¿Bien, también? Qué bueno, me alegra mucho.
Sunoo rió con fuerza al oírlo y volteó hacia él, algo apenado. —Perdón, hyung, buenos días. ¿Están listos con Jake para el juego de esta noche?
Sunghoon ladeó una sonrisa, y le guiño un ojo. —Siempre, y más aún si estás con Jungwon para alentarnos.
Jay apoyó su cabeza en el hombro de Jungwon. —¿Por qué el equipo de animadores nunca está para nuestros juegos? —Se quejó.
—Porque el fútbol es superior al baseball. —Respondió Sunghoon como si fuera obvio, sólo para molestarlo. —Y lo sabes.
Jay parpadeó en su dirección. —No dijiste lo que creo que dijiste.
—Lo dije.
—No hay respeto. —Murmuró Jay.
—Lo sé. Perdón, hyung. —Jungwon interrumpió rápidamente el pequeño debate. —Sabes que yo iría a sus juegos, pero entre nuestras prácticas y taekwondo… de verdad no me queda tiempo.
Se veía genuinamente apenado, pero se recompuso pronto. — ¡Al menos Sunoo siempre va a verlos jugar!
—Oh, eso es cierto. — al oírlo, Jay miró a Heeseung con una sonrisa malévola. —¿No es lindo de su parte, Heeseung hyung?
Heeseung parpadeó ante la mención de su nombre y le devolvió la mirada. —¿Qué me ves?
— ¿Qué me ves? —Jay lo imitó, haciendo muecas. En el fondo, Heeseung sabía por qué Jay hacía lo que hacía.
No pudo responder nada inteligente.
Además, su cerebro se había desconectado de la conversación hace tiempo en su profundo intento por no observar tanto la manera en que los labios de Sunoo se habían teñido del más perfecto tono de rojo. Esperaba que no se notara demasiado.
Sonó la campana. Jungwon se separó de Jay y tomó a Sunoo de la mano, entrelazando sus dedos para llevárselo con él. —Hasta el almuerzo, estrellas. —Dijo sobre su hombro mientras se alejaba con Sunoo hacía sus clases. Sunoo volteó sonriente y los saludó con su mano libre.
Una vez seguro de que el par se había alejado lo suficiente como para escucharlos hablar, Jay volteó hacia Heeseung.
—¿Cuándo piensas decirle que cargas esas paletas sólo para él? — Preguntó. —¿Acaso sabe que ni siquiera te gustan los dulces?
—Pft. —Sunghoon resopló en su dirección. —Yo creo que Sunoo sabe mucho más de lo que aparenta.
Los ojos de Heeseung se agrandaron nerviosos al oír esa posibilidad, y Jay le puso una mano en el hombro para reconfortarlo
—Sunghoon, no le digas eso, que entra en pánico. —Dijo Jay. —Además, tú qué sabes.
—Pues, sé que ya sería tiempo de que Heeseung le diga a Sunoo lo que siente.
—No es que no quiera decirle. —Exclamó Heeseung, afligido. —Sí que quiero… Incluso lo he intentado, un par de veces…
Heeseung volteó hacia Jay con una mirada acusadora. —Pero tu novio siempre está pegado a Sunoo. Nunca puedo encontrar un momento a solas con él. ¿No podrías hacer que lo deje al menos por un rato?
Jay lo miró desconcertado. —Es broma, ¿verdad? Yo no puedo hacer que Jungwon haga nada, hyung . Tengo menos autoridad que un chihuahua cuando se trata de él. —Rió, y levantó las manos en señal de derrota.
—Lo siento, amigo. No podría ayudarte.
—Increíble. —Murmuró Sunghoon. —Mira, ustedes tienen un partido poco tiempo después del nuestro ¿o no? —Preguntó, a lo que Heeseung y Jay asintieron.
Sunghoon continuó. —Entonces, piénsalo. Sunoo jamás se pierde sus juegos, y además, Jungwon no estará con él. ¿Por qué no decírselo ese día?
—Pensar en que toda la escuela va a estar ahí suena bastante alejado de la idea de tener un momento a solas con él, Sunghoon. —Propuso Heeseung a modo de protesta.
Sunghoon lo miró, incrédulo. —Amigo, dime que es broma. ¿Acaso necesitas llevarlo a una isla desierta solo para decirle lo que sientes?
Heeseung no contestó y apartó un poco la vista. Sunghoon suspiró resignado.
—Hyung , sólo pídele un momento a solas después del partido, por Dios. No es como si fueras a proponerle matrimonio en el medio de la cancha.
Pero algo dentro de Heeseung le hacía pensar que, con o sin audiencia, se volvería un tembloroso desastre una vez que estuviera a solas, cara a cara, con Sunoo. Con su sonrisa, su alegría, y su burbujeante personalidad y todo aquello que lo traía de cabeza desde hace, quizá, ya demasiado tiempo.
Por mucho que no quisiera admitirlo, Sunghoon tenía razón.
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—¿Por qué nuestro uniforme tiene que ser tan aburrido?
Sunoo se quejó mientras pellizcaba su camiseta a rayas que combinaba con sus shorts, idénticos a los que Jungwon también debía usar. —¿A quién se le ocurrió usar blanco y negro como los colores de una escuela? Es aburridísimo. Parezco un árbitro más que un animador.
Heeseung lo observó de pies a cabeza. Para él, se veía increíble con lo que sea que llevara puesto. Pero decidió no decirlo en voz alta.
—Tal vez deberías plantearte un cambio de carrera. —Sugirió Niki.
Sunghoon rió. —Sunoo nos da mucho espíritu y energía cuando nos alientan, y se aprecia, pero no sabe nada del juego en sí como para cambiarse de carrera. —Dijo, sólo para molestarlo.
Sin embargo, Sunoo suspiró y asintió. —No puedo discutir eso. Apenas si sé lo básico. —Admitió mientras se robaba el postre de Heeseung de su bandeja de almuerzo y se lo comía sin siquiera preguntar. —Pero volviendo al tema. Nuestros uniformes siguen siendo horribles.
—¿De qué color preferirías que fueran? —Preguntó Jake con curiosidad.
Sunoo parecía contento de sólo imaginarlo. —Oh, verde menta. Sin duda alguna.
A Sunoo se le iluminaron los ojos, como cada vez que hablaba de algo que lo hacía feliz —Menta es el mejor color, y el mejor sabor de helado, y las mejores cosas son sabor menta. Es mi favorito para todo.
Heeseung lo oía hablar, observándolo con su cara apoyada en una mano, ¿ cómo era posible que a alguien le brillaran tanto los ojos como a Sunoo? Es como si llevase la galaxia entera en la mirada, de verdad.
En medio de ello, Sunghoon hizo sonidos ahogados. —Oigan, como que ya es demasiado para mi estómago aguantarme las miradas de amor de Jay y Jungwon. ¿Acaso buscan que vomite?
Sunoo resopló y rodó los ojos, como si pensara que el asco de Sunghoon venía de su desprecio por el sabor a menta. —Nah, eso es por tu mal gusto. La menta es lo mejor de cualquier forma. Heeseung hyung está de acuerdo. ¿Cierto hyung?
Todos los ojos en la mesa voltearon hacia Heeseung, expectantes. Niki esbozó una ligera sonrisa, y Sunghoon lo observó desafiante.
Heeseung carraspeó. —Es mi favorito también. —Dijo, y se aclaró la voz. —Me gusta.
Triunfante, Sunoo ladeó la cabeza hacia Sunghoon con una sonrisa. —¿Ves? Es tu mal gusto, nada más.
Siguió comiendo su postre (de Heeseung) mientras Sunghoon sólo volteaba los ojos. Niki resopló una risa y negó con la cabeza. Heeseung sabía que sería motivo de burla para sus amigos al primer momento en que Sunoo no esté presente, pero la sonrisa que llevaba en el rostro hacía que valiera la pena.
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Directamente después de clases, Heeseung condujo hasta una tienda, y más tarde recogió a Sunoo de su casa para ir a apoyar a Jake y Sunghoon, como siempre lo hacían en los partidos de fútbol.
—Te ves genial. —Murmuró Heeseung mientras Sunoo entraba de un salto al asiento del copiloto.
Sunoo arrugó la nariz con disgusto, observando su propio uniforme. —Me veo aburrido.
—Nunca te ves aburrido. —Contestó Heeseung, sus palabras salieron sin que pudiera filtrarlas antes. —Pero te traje esto. Tal vez ayude.
Heeseung llevó su mano al asiento trasero y tomó una bolsa de papel para después dejarla en el regazo de Sunoo. —Para ti.
—¿Qué? —Sunoo observó la bolsa, luego a Heeseung. —¿Por qué? ¿Qué es?
—Nada. —Respondió Heeseung mientras comenzaba a conducir, sus ojos fijados en la calle frente a él.
— ¿Nada ? —Sunoo rió, intrigado. Abrió la bolsa y respiró profundo en sorpresa cuando dentro halló una suave bandana de un brillante verde menta.
Una sonrisa se extendió en su rostro y rió mientras se dejaba caer contra el respaldo, sosteniéndola contra su pecho. —Hyung, ¿Es en serio?
Heeseung lo observó de reojo y asintió, dejando salir una pequeña sonrisa en su rostro al ver que Sunoo la ataba con entusiasmo en su muñeca en un bonito y llamativo moño.
—¿Sabes? —Comenzó Sunoo casualmente, mientras extendía la mano hacia adelante para observar la bandana. —En la era medieval, los caballeros usaban algo como esto a modo de amuleto de protección. O para la buena suerte, de parte de la persona que los amaba.
Heeseung se atragantó y empezó a toser. —¿Qué?
Sunoo levantó los hombros inocentemente y acarició la suave tela, ajustando un poco el nudo.
—No sé, sólo decía. —Había algo de risa contenida en su voz, y algo que Heeseung no supo descifrar. —Es una pena que no estés enamorado de mí.
Heeseung volvió rápidamente la vista al camino, antes de que se notara el pánico en su rostro y de que la vergüenza dejara sus sentimientos al descubierto. —Sí. —Murmuró con dificultad y con la respiración alterada. —Una pena.
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—¡Mira, tu animador vino otra vez! —Le gritó Jay a Heeseung por encima del ruido de la multitud, portando una gran sonrisa en su rostro.
Días después, los asientos estallaban de gente para ver su partido de baseball, todos tan apretados unos contra otros en cada fila al punto en que era imposible distinguir rostros, incluso aunque Heeseung lo intentara.
Y aunque podría, no buscó por Sunoo.
Si bien Sunoo jamás faltaba a ningún partido, Heeseung no se permitía buscarlo con la mirada, ni tampoco se permitía esperarlo. En su lugar, solo se dejaba sorprender cuando lo veía llegar.
En sus ojos, Sunoo no tenía un motivo real para estar presente en juegos donde no debía presentarse con su equipo como animador, y esto hacía que Heeseung temiera un poco el día en que Sunoo sólo se canse, y decida ya no asistir más.
Observó a Jay y rodó los ojos. —No voy a caer en eso.
Jay rió de nuevo y apuntó hacia la multitud. —No, en serio, mira.
Heeseung lo siguió con la vista. Era imposible reconocer los rasgos de alguien, pero sí pudo identificar un conocido uniforme a rayas blancas y negras, y el brillante verde menta de una bandana que se sacudía saludando en su dirección.
—¿Por qué no lo haces y ya? —Preguntó Jay. —Sólo díselo.
Las palabras resonaron en la cabeza de Heeseung al mismo tiempo en que levantaba una mano en el aire para saludar a Sunoo también.
Heeseung suspiró con fuerza. —Está bien. —Murmuró. —Si ganamos el juego… me confesaré.
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Y ganaron, por supuesto. Heeseung estaría mintiendo si dijera que en el fondo no sabía que ganarían. Siempre le tiene fe a su equipo, y hoy más que nunca.
Heeseung reconoció que, tal vez, se prometió hacerlo de esta manera porque ya no quería seguir posponiendo lo inevitable por mucho más tiempo.
Tan pronto como Sunoo lo encontró entre la multitud, se arrojó hacia sus brazos. Heeseung rió cuando el aire se le escapó del pecho por el impacto, y abrazó a Sunoo por un momento antes de separarse para verlo a los ojos.
—¡Sabía que iban a ganar! —Dijo Sunoo, emocionado. Sus palabras salieron con fuerza para que Heeseung pueda oírlo por encima del barullo. —Te animé todo el tiempo, ¿lo viste?
—Claro que sí. —Contestó Heeseung, sintiendo como su corazón se derretía un poco. —Siempre te veo.
Sunoo le sonrió tan brillante que Heeseung debió recomponerse por un segundo. Sintió como todo el valor que había juntado hasta ese momento corría peligro de desparramarse si no hablaba. Era ahora o nunca.
—Sunoo… ¿podemos hablar un minuto?
Sunoo no se vió sorprendido ni preocupado por el repentino pedido, sólo un poco curioso por la forma en la que Heeseung lo observaba. —Sí, hyung. Claro que sí.
Heeseung posó su mano en la muñeca de Sunoo y lo guió gentil fuera de la cancha, lejos de la concentración de gente.
El sonido fue disminuyendo a su alrededor hasta llegar a un cómodo silencio, y se detuvieron. Solos, como Heeseung lo había estado esperando. Sunoo aguardó pacientemente por lo que fuera que tenía que decir.
—Te he estado mintiendo. —Heeseung soltó finalmente. —Te he estado mintiendo sobre muchas cosas.
Sunoo le sostuvo la mirada con firmeza, expectante. —Lo sé.
Heeseung pareció confundido al oírlo, y Sunoo continuó con calma, con esa sonrisa compleja que Heeseung tanto conocía pero que aún no lograba descifrar del todo. —Pero aún así, cuéntame, ¿a qué te refieres, específicamente?
Heeseung respiró profundo. —Cuando era pequeño me gustaban mucho los dulces. —Comenzó. —Me gustaban tanto que mi mamá los tenía que esconder en casa para que no me los coma. Pero un día encontré una bolsa. Y era una bolsa grande. Una bolsa muy grande, en realidad.
No era lo que Sunoo esperaba oír, pero si estaba desconcertado por la repentina historia, hizo un buen trabajo en que no se le notara.
—Y me los comí todos. Todos . —Heeseung sólo continuó su torbellino de palabras sin hacer ninguna pausa. —Fueron demasiados, y me enfermé, de verdad, estaba muy mal. Y ahora ya no tolero los dulces. No me gustan. Tampoco me gustan las paletas. Ningún tipo de paletas… Ni siquiera las de cereza.
—Lo sé. —Dijo Sunoo.
—Y, bueno, en realidad tampoco me gusta demasiado la menta en particular. Es decir, el color es bonito, y te queda aún más bonito cuando lo usas tú, pero el sabor en sí… no me fascina. No es que lo fuera a rechazar si me lo ofrecen ni nada por el estilo pero te dije que es mi favorito cuando en realidad no es así y… —Heeseung se quedó sin aire. Sus explicaciones saliendo una detrás de otra sin pensarlas demasiado. —...Y no me gusta la menta.
—Lo sé. —Sunoo sonrió. —¿Algo más?
—Y me gustas.
Heeseung sintió su corazón revolucionarse en su pecho. —Lo siento. No me gusta ninguna de las cosas que te he dicho que me gustaban, pero nunca te dije que sí me gustas tú.
Y Sunoo respondió. —Lo sé.
El pecho de Heeseung se sintió demasiado pequeño para sus pulmones. Todas las veces en que sus amigos lo molestaron al respecto cobraban sentido. ¿Había sido siempre tan transparente acerca de lo que sentía? ¿Era tan obvio?
Sunoo debió notar cierta inquietud en su rostro porque se rió suavemente y tomó sus mejillas entre sus manos. El contacto hizo que Heeseung olvidara todo lo que podía llegar a preocuparle.
—Anímate, hyung. —Susurró Sunoo. —También me gustas.
Sunoo acercó su rostro, y Heeseung encontró sus labios a medio camino. Suave, y de un sabor tan, tan dulce, que Heeseung decidió que este tipo de dulzura no le parecía nada mal.
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Tal vez Heeseung no haya mentido del todo. En realidad, le gustan esas paletas de cereza cuando le trae una a Sunoo cada mañana y el rostro se le ilumina. Le gusta el sabor a menta por cómo sabe en los labios de Sunoo. Le gusta ese mismo tono de verde en el abrigo que no pudo evitar comprarle a Sunoo al ver lo bonito que se veía en su piel.
Le gustaban todas esas cosas porque le gustaba Sunoo, y eran un recordatorio de que Sunoo lo quería también.
Y, ¿cómo no animarse ante algo así?
