Work Text:
--
Daba igual lo mucho que quisiera alejarse, Vanitas siempre acababa regresando a aquel sitio. Caminaba oculto, contemplando el lugar al que su mitad más débil nombraba “hogar”. Solo pensar en él le llenaba de emociones negativas, algunas más que otras, aunque era algo a lo que estaba acostumbrado.
A fin de cuentas, él era oscuridad.
Unos pasos después ya se encontraba debajo de su ventana.
Otra vez estaba abierta. Se preguntó cuán cruel era verdaderamente el corazón de Ventus para hacerle creer durante unos breves minutos que nunca estaba cerrada porque seguía esperando. Como si a pesar de sus negativas y peleas en verdad quisiera cumplir el deseo de Vanitas de volver a ser solo un ser.
¿Qué demonios hacía allí? ¿Qué sentido tenía todo aquello?
Emprendió la marcha otra vez, ahora más irritado que antes. Al menos no estaban los estúpidos de Aqua y Terra por los alrededores. Se alejó rápidamente para poder abrir un pasaje de oscuridad sin llamar la atención.
Con lo que no contaba es que cierto rubio miraba con suma atención como avanzaba intentando ocultarse entre la maleza.
--
Algo no iba bien.
Después de alejarse bajando por una de las laderas empezó a sentirse extraño. A pesar de estar en pleno verano e ir tapado de cuello para abajo completamente debido a su vestimenta habitual notaba como su cuerpo comenzaba a temblar de puro frío.
Un mareo repentino le hizo perder un poco el equilibrio, quedando recostado sobre un árbol mientras intentaba controlar los escalofríos. ¿Qué le estaba pasando? Todo daba vueltas a su alrededor y aunque le cabreaba la sola idea de pensar en ello, empezaba a asustarse. ¿Acaso estaba desapareciendo otra vez?
No. No quería volver a pasar por ello.
Alzó la mano derecha, intentando crear un pasaje de oscuridad para al menos salir de allí, de ese mundo que tanto le desagradaba pero su cuerpo se volvió pesado y cayó, soltando un gruñido de dolor cuando su cabeza impactó contra el suelo. Sus ojos comenzaron a cerrarse y antes de perder la conciencia del todo, recordó aquella ventana abierta y ese sentimiento de rabia y desesperación al vislumbrar la idea de que Ventus solo estaba jugando con él en vez de simplemente cumplir su deseo de convertirse en un solo ser.
O matarle.
--
Vanitas se despertó al tacto de algo húmedo y frío en la frente. Aún sentía aquella sensación nauseabunda y notaba su cuerpo ardiendo y temblando a la vez. Ya no se encontraba sobre el duro suelo, sino sobre algo blando.
Abrió los ojos de golpe y se incorporó lo más rápido posible para llamar a su arma cuando por fin sintió la presencia de aquella persona desconocida.
Lo que no esperaba era ver a Ventus con el paño que hacía unos segundos estaba sobre su frente, alejado lo más posible de él.
- ¿Qué estás haciendo? - le abrumó lo débil que sonó su voz.
Sin esperar la respuesta de Ventus intentó levantarse. Ahí se dio cuenta en donde se encontraba.
La habitación de Ventus.
- No deberías hacer movimientos brusc-
- ¡No me digas que hacer!
Consiguió salir de la cama pero nada más dar un paso sintió como todo volvía a dar vueltas, aunque esta vez no se dio de bruces contra el suelo. Unos brazos le sujetaban con cuidado por la cadera y hombro.
- ¿Puedes por favor hacerme caso de una vez?
Vanitas alzó la cabeza y odió como los ojos de Ventus le miraban llenos de un sentimiento que desconocía. No le gustaba. Él era el más fuerte de los dos, no necesitaba que le mirara así, como si fuera uno de sus pobres amigos.
- ¿Y por qué iba a hacerlo?
Ventus suspiró cansado. Aún así, le ayudó a sentarse de vuelta en la cama. Vanitas sintió una cierta incomodidad al darse cuenta de la situación en la que se encontraba. Había dormido en la cama de Ventus.
- Porque tienes fiebre y necesitas descansar.
El moreno le miró confuso.
- ¿Qué es tener fiebre? Yo no tengo nada de eso -tosió levemente- es este lugar relacionado contigo y tus dichosos amigos.
Vanitas esperó el enfado. Esperó ver aquella mirada desafiante como la de la última vez que se enfrentaron. Incluso deseó por un momento que le echara de allí.
Pero Ventus nunca ponía las cosas fáciles.
En vez de enfado, los ojos del rubio reflejaban lástima y eso solo logró enfurecerle más. No necesitaba ni los cuidados ni que le miraran por encima del hombro. No le bastaba con quitarle la posibilidad de estar por fin completo, ¿también pretendía humillarle?
Quiso seguir hablando mal de él, de sus amigos, de aquel estúpido lugar. Cualquier cosa para que dejara de mirarle así e hiciera lo que siempre acababan haciendo: pelear. Abrió la boca pero no le salían las palabras. Lo achacó al dolor de garganta y cabeza que iban en aumento.
Las manos de Ventus le empujaron suavemente hasta tumbarle de vuelta en la cama. Durante unos segundos, ninguno de ellos habló. La habitación parecía mucho más pequeña de lo que Vanitas recordaba de la última vez que estuvo allí o tal vez era el silencio incómodo que parecía asfixiarle.
Sus ojos exploraron las diferentes imágenes que adornaban las paredes del cuarto y por fin, después de lo que habían parecido años, Ventus habló.
- Tener fiebre significa que estás enfermo y necesitas descansar. Te sube la temperatura corporal y bueno - agachó la cabeza- varios síntomas más como tos, dolor de cabeza o vómitos, por eso lo mejor es recibir cuidados- señaló el paño que usó antes- para combatirla.
Inconscientemente Vanitas rio con sarcasmo.
- ¿Y vas a cuidarme tú?
- Sí. - contestó rápidamente y sin titubear.
Ventus se sentó en el borde de la cama, sin atreverse a mirarle.
- ¿Tienes hambre? Puedo bajar a por algo de comer. -dijo en un susurro.
- Por qué ibas tú a cuidarme.
Vanitas odio lo dolido y débil que sonaba. La sensación de mareo no desaparecía y la contestación que le había dado Ventus no tenía sentido. ¿Qué hacía verdaderamente en el cuarto de Ventus? ¿Acaso merecía aquello? ¿Cuidados?
¿Acaso alguna vez desde su nacimiento los había recibido?
Pasaba de un pensamiento negativo a otro y antes de que pudiera darse cuenta, las lágrimas comenzaron a caer, deslizándose por sus mejillas. Oía de fondo a Ventus pero ya no distinguía las palabras. Su visión se tornó borrosa cuando una mano se posó con delicadeza en su rostro.
Volvió a desmayarse.
--
Esta vez, cuando abrió los ojos otra vez estaba solo. El sol aún alumbraba la habitación así que probablemente durmió unas pocas horas. La puerta estaba cerrada y se preguntó si Ventus había bajado para preguntarle a Aqua y Terra que hacer con él.
Se giró lentamente aún en la cama, moviendo con ligereza la manta que no sabía en qué momento le pusieron por encima. Inconscientemente se la acercó al rostro, cerrando los ojos otra vez. Olía a él.
Recordó que antes de desmayarse escuchó la voz de Ventus. Se preguntó qué cosas le habría dicho y también… se preguntó si el acariciarle el rostro había sido producto de su imaginación o Ventus lo hizo de verdad.
La garganta volvía a escocerle y sintió como su estomago rugía. “Así que desperté por hambre, patético” pensó. No tenía fuerzas para levantarse. Si esto de verdad era tener fiebre no quería volver a sentirla, sentirse tan débil le repugnaba. El dolor podía soportarlo pero el hecho de ni siquiera levantarse, irse e ir a por algo de comer le cabreaba.
Aunque en verdad no era como si tuviera un lugar mejor al que volver.
La puerta de la habitación se abrió lentamente. Aún con los ojos cerrados, sabía que era Ventus quien entraba. Escuchó como se acercaba hacía la cama, deteniéndose un momento, al parecer estaba colocando algunas cosas sobre la mesita.
- ¿Vanitas?
El tono que usó para decir su nombre le provocó unas sensaciones desconocidas. Abrió los ojos lentamente y se sintió abrumado por la vista.
Ventus se encontraba cerca de su rostro, con una ligera sonrisa. Y los ojos, Dios. Brillaban como nunca lo había visto. Se preguntó por unos instantes si estaba viendo a un ángel y realmente murió cuando se desmayó en aquella ladera. Intentó alzar la mano. No sabía por qué, pero necesitaba posarla sobre su mejilla y apartarle con suavidad aquellos mechones de cabello rubio.
Para su sorpresa, Ventus no le detuvo. En vez de eso, se dejó mientras él mismo ponía su mano sobre la frente del moreno y entonces, le escuchó reír levemente.
- Te ha bajado un poco pero sigues igual. He traído agua y algo ligero para comer, ¿puedes sentarte?
Vanitas no podía apartar la mirada de aquellos ojos y notó como Ventus se tensaba ligeramente ante su tacto. ¿Seguiría teniendole miedo aun con este aspecto tan débil? Dolido, apartó la mano pero Ventus la agarró al acto, sorprendiendole.
- Te ayudaré a sentarte, ¿vale?
Asintió, mirando como Ventus no le soltaba la mano en ningún momento mientras acomodaba su espalda contra la almohada y se giraba para agarrar algo de la mesita.
- ¿Por qué? -susurró.
Ventus se detuvo de golpe.
- ¿Por qué me cuidas? ¿Por qué me haces sentir así?
- ¿Cómo te hago sentir?
Vanitas se tomó su tiempo pensando qué contestar. No es como si pudiera expresarlo bien con palabras. Todo esto era muy confuso, estaban destinados a llevarse mal, a enfrentarse. Vanitas quería estar completo y Ventus no por lo que no podía existir de otra forma. Pero entonces hacía cosas como darle incentivos de estar juntos, le cuidaba y le trataba con dulzura, como si él nunca le hubiera hecho algo malo a él y a sus seres queridos.
- Y no sé. -dijo de repente Ventus- Te seguí y de repente estabas en el suelo, temblando y asustado. No podía dejarte ahí. Y menos aún después de que…
- ¿Después de que?
- Después de que me llamaras.
¿Le llamó? No recordaba haberlo hecho pero aún así no pensó en que le estuviera mintiendo, viendo la sinceridad en sus ojos.
Como si no acabara de decir algo tan importante, Ventus le soltó y puso ante él una botella de agua, ya abierta. Vanitas la agarró con cuidado, le temblaban las manos. Bebió despacio, queriendo alargar el silencio. Podía notar como ese momento no era uno más de los que habían pasado juntos. Pasase lo que pasase, iba a ser algo importante que lo cambiaría todo y no sabía el cómo.
Cuando terminó de beber no le devolvió la botella, necesitaba tener algo entre las manos.
- Igualmente no tiene sentido. Tú me odias, ¿recuerdas? Podrías haberme dejado allí tirado, un problema menos.
- Vanitas, no eres un problema. Ya no. - contestó enseguida Ventus, desviando la mirada- y no te odio.
Sin pensar en lo que hacía, tiró la botella al suelo, cabreado.
- ¿Acaso te oyes? - comenzó a reír con crueldad - ¿que no me odias? ¿y dónde quedó el querer que desaparezca dentro de ti? ¿dónde quedó el tener que terminar conmigo para salvar a tus amigos?
Se levantó de la cama, ignorando el dolor que sentía. Que ridiculez. Nada de esto tenía sentido. Que le dieran al cambio importante en su "relación", solo quería alejarse de allí, ¿Que no le odiaba? una bonita mentira.
De repente, Ventus estaba delante suya. “Ah” pensó “ahí está esa mirada otra vez”.
- ¿Por qué siempre quieres huir antes de terminar de hablar las cosas? ¿Qué es lo quieres, Vanitas?
- ¡Lo que quiero es que todos me dejéis en paz!
Pasó por su lado, empujándolo con el hombro. Ahora no tenía fuerzas para usar la oscuridad pero no importaba, cuando saliese de allí todo estaría bien. Aunque el dolor en su pecho no se iba y ya no estaba seguro si era solo producido por la fiebre.
Ventus le agarró del brazo, frenandole en seco antes de que pudiera salir.
- No es así, ¡y tú lo sabes!
- ¡¿Qué sabes tú de mí?!
Vanitas se giró, apartando su mano y acercándose al rubio con paso decisivo. ¿Quería hablar las cosas? Pues eso es exactamente lo que iba a hacer.
- Venga, vamos a hablar, hablemos de que desde el día en que fui apartado de tu interior he estado esperando a cumplir el proposito de ese estúpido viejo de Xehanort solo para poder estar completos otra vez mientras tú jugabas a ser el niño bueno lleno de luz y bondad con tus amiguitos - Poco a poco reducía la distancia, fijándose en como el semblante decidido de Ventus se transformaba lentamente en uno de confusión - Hablemos de como ni siquiera pude desaparecer a tu lado cuando terminaste conmigo-
- Vanitas...
- No, tú no querías que huyera. Hablemos de cómo volví y tuve que esperar todo este tiempo a que volvieras, sin saber siquiera dónde estabas. - notaba como poco a poco le temblaba la voz- Puede que tú puedas vivir perfectamente sin mí pero yo siempre he estado contigo, siempre he sido tu sombra. Mientras que tú solo querías deshacerte de mí para no tener nada de oscuridad cerca de ti.
- Eso no es cierto.
- Demuéstralo. - susurró.
La cercanía entre ellos le estaba asfixiando y aún así, sintió que estaba donde le correspondía. Por un momento pensó que Ventus no le había oído, hasta que de repente notó sus brazos rodeándole y antes de que pudiera reaccionar, los labios de Ventus estaban sobre los suyos.
Por unos instantes se quedó congelado en el sitio, abriendo los ojos con sorpresa. El rubio apretó más su agarre, como queriendo que reaccionara de una vez y Vanitas por fin se movió. Posando sus manos en la cintura, se acercó a él con fuerza, pegando ambos cuerpos mientras le devolvía aquel beso con ganas, provocando que Ventus soltara un pequeño gemido que le nubló por completo.
De repente ya no importaba nada más, Vanitas solo quería que volviera a hacer ese ruido y sentir su cuerpo apretado al suyo. Ventus ladeó la cabeza, queriendo profundizar más el beso y el moreno sentía como se perdía, cegado por el hambre repentina que despertaba dentro de él. Necesitaba más de él, más contacto, lo que fuera que estaba pasando en aquel momento.
Cuando se separaron unos momentos para tomar aire sin apartar la vista el uno del otro, un fuerte mareo le invadió de golpe y apoyó la cabeza en el hombro de Ventus para intentar recuperar el equilibrio, cerrando brevemente los ojos.
- ¿Vanitas?
Pero el moreno ya no contestó.
--
Vanitas abrió los ojos lentamente, suspirando molesto. Se estaba cansando de desmayarse y aparecer magicamente en la cama de Ventus.
Cuando aquel nombre cruzó por su cabeza, se incorporó de golpe. Llevándose una mano a los labios, palideció. Ventus le besó. Y él le devolvió el beso. En su mente se repetian en bucle aquellas imágenes. Los brazos de Ventus rodeando su cuello con fuerza, sus manos apretando con fuerza aquella pequeña cintura, la desesperación de no querer separarse de su boca...
Se giró lentamente, con las mejillas completamente ardiendo. Soltó un pequeño sonido de sorpresa al ver que el rubio estaba tumbado a su lado, completamente dormido. Tan relajado. Vanitas le miró con curiosidad, preguntándose qué pasaría cuando despertara. ¿Qué iba a ser de ellos después de aquello?
¿Qué sería de él sabiendo las ganas que tenía de que volviera a repetirse?
Con cuidado volvió a tumbarse, apoyando la cabeza en la almohada y posicionandola a la altura de la de Ventus. No podía apartar la mirada de aquel rostro y notaba como los sentimientos negativos de siempre se apoderaban de él. Se sentía confuso y asustado, a merced de la reacción de Ventus.
Siempre había sido así.
Temblando ligeramente, acercó su mano al rostro dormido de Ventus. Apartó con cuidado algunos mechones de su cara. Tragó saliva y sintió sus ojos humedecerse. Los cerró un momento, luchando contra las ganas de romper a llorar. Se sentía patético. Tal vez lo mejor sería huir, como siempre acababa haciendo. Así todo esto dolería menos.
- Vanitas.
Sobresaltado, intentó apartar la mano pero Ventus la agarró,entrelazando sus dedos. Cuando abrió los ojos se sintió abrumado ante la mirada del rubio.
- No te vayas. - susurró.
- No me digas que hacer.
Ventus rio levemente, cerrando la pequeña distancia entre ellos.
- Nunca me haces caso.
El silencio invadió por completo la habitación. Vanitas solo podía escuchar lo fuerte que le latía el corazón o al menos lo que quedaba de él. Necesitaba romper aquel silencio pero sentía que una vez lo hiciese ya no habría vuelta atrás. Ya no podría huir ni esconderse. Si antes era difícil mantenerse alejado de Ventus, a partir de este momento lo sería aún más.
Ventus seguía sin soltar su mano mientras le observaba con aquellos enormes ojos azules, esperando pacientemente a que dijera algo. ¿Estaría asustado también? ¿O solo era cosa suya? ¿Por qué en momentos así parecía que era Ventus el fuerte de los dos?
Vanitas no supo en qué momento las lágrimas comenzaron a caer de sus mejillas, solo las notó cuando Ventus las limpió con una suavidad que quemaba.
Y finalmente el silencio se rompió.
- ¿Qué será de nosotros?
- Lo que tú quieras que sea, Vanitas.
El nombrado suspiró, agachando la mirada. Podría pedirle cualquier cosa, ¿no? Entonces podría decirle lo que llevaba queriendo que fueran desde que supo de su existencia y de su cometido. Pero en lugar de eso, su voz se rompió, susurrando:
- No quiero volver a la oscuridad.
Ventus acercó su frente a la de Vanitas y besando cada lágrima que descendía de sus ojos, contestó.
- Quédate conmigo.
