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Prólogo
"Eres mi otro yo Megumi"
Vivir en el campo no sería tan malo, es solo que vivir en el pueblo significaba no aspirar a nada más que un agricultor, no había mucho que hacer también, solo entretenerse con la radio, salir al lago a pescar algunos peces, o correr sin razón por los campos verdes, diría que es aburrido si se lo preguntaran, pero sus días al lado de su amiga habían hecho que ese pueblo simplón y abandonado por dios se convirtiera en un mar de posibilidades.
Ella se había mudado a la casa de enfrente cuando tenía seis años, al principio no le causó ningún interés, esa niña de ojos pequeños y par de colitas tenía una mirada arrogante y malhumorada, sintió que sería una molestia tan pronto como la vio, y a pesar de que Megumi se apresuró a juzgarla en la primera impresión no se había equivocado. Recordaba ese momento tan claro que parecia una cinta de video en su propia cabeza, su vecina anciana estaba en el marco de la puerta saludando a su madre, entonces Megumi y su hermana Tsumiki fueron llamados desde la puerta para saludar, sin embargo Megumi intentó excusarse en sus auriculares para fingir que no había escuchado a su madre.
Mantuvo sus piernas balanceándose mientras hacía un intento por tararear "Love song" de The cure con los ojos cerrados, su estado de pacifismo fue interrumpido pronto por el puño de su hermana mayor la cuál se había atrevido a golpear su cabeza, se sintió irritado cuando vio a Tsumiki tan campante en su habitación, su hermana mayor era una pesada.
—Mamá pide que bajemos, ella quiere que saludemos a nuestra pequeña vecina nueva, anda Megumi chan, vamos.—Tsumiki lo ánimo a levantar su trasero de su cama llevándose una mala cara de su hermano como protesta.
—No quiero conocer a nadie, de todos modos... ¡Sal de mi habitación Tsumiki!.—La chica levantó una ceja por el berrinche de su hermano, ¿Quién se creía? Antes de que Megumi volviera a echarse en la cama lo tomo de la oreja y lo hizo bajar.
—Nuetra vecina es tan buena Megumi y tú solo te quejas, ¿Quién te hizo dulces cuando supo que cumpliste años, dime? Se un buen niño y saluda.—Tsumki y Megumi llegaron a la puerta, su madre puso una sonrisa y los presento.
"Niños, esta es su nueva vecina, la nieta de o bachan, tiene la misma edad que tú Megumi, espero que puedas ayudarle cuando vaya al colegio, seria bueno tener un amigo que ya conoce."
Lo primero que pensó Megumi fue: "Engreida"
La niña lo miró de arriba a abajo escaneando su persona y resoplo, era como si el tiempo que había esperado no valiera la pena, la boca de Megumi se torció cuando la niña miró a otro lado de manera indiferente, ¿Que tenía de bueno ella? Si él no era excepcional ella tampoco lo era, sus ojos eran pequeños, su pelo era demasiado lacio, tan lacio que sus broches para el pelo estaban por caerse, su cara era demasia redonda y a pesar de tener la misma edad ella era más baja, si le pintara bigotes sería Doraemon.
Tsumiki ignoró la guerra interna que había entre los dos pequeños y se acercó a la niña sonriendo, "Mi nombre es Tsumiki, soy la hermana mayor de Megumi, puedes verme como una hermana mayor también, ¿Que dices?"
Megumi se cruzó de brazos, era obvio que esa niña no cedería, la personalidad molesta de su hermana la haría volver a su casa, en el peor de los casos sería ignorada sin más. Sin embargo en cuanto Tsumiki le tendió la mano los ojos de la niña brillaron como nunca, la niña habia cambiado completamente de actitud, incluso había sonreído.
"Si la señorita mayor dice que está bien que la considere mi hermana lo haré, yo siempre quise tener una hermana."
Ahí fue cuado se dio cuenta que habían dos huecos en la sonrisa de la niña, ella estaba mudando de dientes, Megumi se preguntó si eso había hecho que su expresión se viera como una mala actitud.
"Oh" se dio cuenta tarde, había atrapado a Megumi observandole y se tapó la boca con miedo. "No te rías, los otros niños se rieron cuando les saludé, los niños son groseros."
"No tengo ganas de reír, no hay nada divertido aquí de cualquier manera..." Megumi levantó sus hombros, se había sentido mal al mal interpretarla asique se aclaro, de igual manera el no era un tarado que se reía por cosas así.
La niña pronto le sonrio a él también, y se pegó a Tsumiki para preguntarle si Megumi podía ser su hermano también con toda la emoción que tuvo, tal parecía que ahora ya no le desagradan tanto los niños.
