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Notre petitou

Summary:

Final alternativo para la cronología de Chat Blanc.

Desde la sombra de un sauce, tras varios años, Adrien revive los acontecimientos que sucedieron el día que Ladybug y Chat Noir logran vencer a Hawk Moth, pero su partida es un peso con el que Adrien deberá cargar durante mucho tiempo.

Notes:

Hey, es la primera vez que escribo un one shoot, así que sean amables :)

¿Cómo sería la vida de Adrien y Marinette si él no hubiera sido akumatizado? Quizá sería algo como esto. Los hechos se desarrollan después de la batalla con Hawk Moth en Chat Blanc, donde ya habían descubierto sus identidades.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La realidad lo golpea, el aire se torna demasiado espeso para que sea capaz de absorberlo, sus ojos, exageradamente abiertos no logran procesar la imagen que acontece justo frente a él. En estado catatónico intenta recobrar sus fuerzas, toma un respiro tembloroso y procura deslizar los dedos de la superficie en donde se encuentran reposados. Nada se mueve de su lugar, solo observa como el cuerpo bajo su mano se paraliza, con horror cierra los ojos antes de presenciar el desenlace de sus acciones. No tuvo la intención de hacerlo, no era el plan, no debía ser él, no pudo haberlo hecho, él no.

Luego de varios segundos sin emitir un solo movimiento, escucha el eco de una voz dulce que pronuncia su nombre con pesar.

- ¿Adrien? - él no responde.

La imagen de lo sucedido se repite una y otra vez en su mente, Marinette lanza un grito ahogado y siente el peso de su propio cuerpo sobre sus pies, se tambalea cuando quiere acercarse a él. Estaba agotada, sin una pizca de energía producto de la ardua batalla, aun así, sabía que no era momento de preocuparse por ella. Adrien la necesitaba. Intenta retomar su postura, pero antes de ser capaz de moverse, observa horrorizada al chico que se desvanece a unos metros de ella.

- No… - suelta un respiro entrecortado y siente la adrenalina mezclarse con miedo en su ser, impulsándola a correr hacia él.

Cuando sus rodillas impactan en el suelo emitiendo un sonido alarmante, ella no pudo sentir dolor, solo podía concentrarse en alejarlo de la escalofriante escena. En un movimiento rápido, coloca sus manos sobre sus hombros y lo atrae a su regazo mientras se arrastra con él hacia el lugar inicial donde ella se encontraba. Sus manos buscan con desesperación su rostro, apartando mechones rubios en su camino, sus ojos buscan con urgencia el color esmeralda iluminarse bajo la máscara negra que cubre la mitad de su rostro. Lo llama por su nombre una segunda vez y Marinette siente que regresa a la vida mientras observa como sus rizadas pestañas rubias revolotean antes de ser capaz de devolverle la mirada, el mundo se paraliza a su alrededor cuando azul y verde se encuentran.

Mon chaton - dice dulcemente, acercándolo a su pecho para poder depositar corto beso en sus labios. El alivio que sintió al tenerlo a salvo en sus brazos desaparece cuando observa como una lágrima tras otra se deslizan por el rostro de Adrien, ella intenta limpiarlas pero no es suficiente cuando esas lágrimas se convierten en sollozos ahogados.

- No… yo no quise… - él intenta hablar entre sollozos - Mari… dime que no lo hice.

- Shh, está bien, estás bien - susurra para él - estaremos bien.

Marinette lo sostiene contra su cuerpo y él se aferra a ella, como si su vida dependiera de ese abrazo, entierra su húmedo rostro en el espacio de su cuello mientras ella intenta calmar sus sollozos con caricias. Las comisuras de sus singulares ojos azules se humedecen y no puede controlar las lágrimas que pronto se derraman por sus mejillas, acompañando así, los sollozos del chico que se lamenta en su hombro.

Su mente no puede procesar el orden de los hechos, la verdad relevada, de la forma más cruel existente, fría y macabra como el hombre que la tuvo escondida durante tanto tiempo. El mismo que acaba de encontrar su final en manos de su propia víctima. Lo único que atormenta el corazón de Marinette es la idea de que el dulce chico en sus brazos nunca se perdone a sí mismo. Ella sabe que no fue su culpa, él los salvó, no podía dejar que ese hombre, aunque sea su padre, tuviera la osadía de seguir lastimando a las personas que más quería. No era justo. Durante mucho tiempo, personas inocentes pagaron las consecuencias de su enfermiza obsesión. Si existiera un culpable para lo ocurrido sería él mismo.

- Detransformación - murmura e inmediatamente parte de la gran habitación se ilumina de rojo, él no tiene la fuerza para hacer lo mismo. Sin el traje, ella puede sentir la piel de sus húmedas mejillas bajo sus delgados dedos, ahora descubiertos. - Oh, mon minou - se lamenta - no dejaré que tu corazón cargue con la culpa.

En el frío suelo de metal, cerca a la imagen presente de su madre, yacen los dos jóvenes exhaustos, incapaces de encarar la verdad que los azota, oponiéndose a aceptar cualquier realidad excepto la que viven uno en los brazos del otro. ¿Cómo serán capaces de afrontar la vida después de lo ocurrido? ¿Después de que él se ha ido?

 

                                          •●•

 

Ella se sintió tan pequeña, hundida en el sofá blanco de terciopelo durante el tiempo que permaneció ahí. Su mirada divagó a través de los objetos, cuadros y demás detalles que decoraban la habitación donde se encontraban. Apenas había cruzado palabra con la mujer a su costado, ambas a la espera de alguna reacción. Nadie la obligó a pasar la noche en ese lugar, su sentido de responsabilidad le dijo que era la opción más adecuada. Llamó a sus padres y en un intento de no alarmarlos trato de persuadirlos diciendo que los padres de su mejor amiga tendrían que ausentarse con urgencia esa noche y que Alya necesitaría ayuda para cuidar a las gemelas, ellos no protestaron, se regañó a sí misma por no decirles la verdad, pero sabía que no era el momento de confesiones, no estaban listos para descubrir su secreto. 

En el momento que Emilie, por fin pueda abrir los ojos, solo ella y Nathalie podrán ser capaces de contarle la verdad, por eso debía quedarse. Adrien no podía hacerlo, la culpa no lo dejaba. Marinette observa a la mujer que parecía descansar plácidamente en la cómoda cama ubicada en el centro de la habitación. Las facciones tan delicadas, la nariz respingada, el cabello rubio, Adrien era la viva imagen de su madre. Un remolino de pensamientos invadía su mente, la incertidumbre de saber cómo ella reaccionaría ante los recientes acontecimientos la estaban consumiendo. ¿Qué hará cuando se entere que el hombre que amó se desvaneció de este mundo?, ¿Qué dirá al conocer las atrocidades de las que fue capaz?, incluso de estar a punto de destruir a su propio hijo. Adrien… ¿sería capaz de rechazar a su hijo cuando se enterará? No… no quería pensar en esa posibilidad, él no lo merecía.

- Lo sospeché - la voz de Nathalie la aleja de sus propios pensamientos.

- ¿Qué? - pregunta en voz baja.

- Sobre Adrien, su identidad. - gira su rostro hacia Marinette - quise creer que no era cierto, sabía que Gabriel no iba a detenerse, pero no pude suponer que usaría a su propio hijo como un arma, lamento no haber sido capaz de detenerlo a tiempo.

- No fue tu culpa - responde con toda su bondad.

- Espero que el regreso de Emilie pueda compensar su dolor, no debió suceder de esta manera. - una punzada atraviesa su corazón y hace que se lleve una mano al pecho involuntariamente, toma un respiro y continua - Al final él no lo logró, pero ustedes fueron capaces de traerla de vuelta.

- Es lo mínimo que podíamos hacer, solo temo que él no pueda ser capaz de quitar ese enorme peso que atormenta su corazón.

- Con tiempo y amor lo hará, tú le brindas eso, Marinette - sus palabras transmiten seguridad y ella solo quiere creerle.

- Iré a ver a Adrien, necesito asegurarme de que esté bien - dice mientras se levanta del sofá.

- Han pasado menos de 20 minutos desde que la última vez que fuiste a verlo, deberías intentar descansar un poco.

- No puedo… no quiero que se sienta solo.

- Gorilla, Tikki y Plagg están con él - ahora que no existía peligro, ella prefería que su pequeña amiga le brinde un poco de compañía al chico, no es que desconfiara de las palabras que podrían salir de la diminuta boca de Plagg, pero Tikki era más sensata.

- Debo ir, Adrien me nece… -

- ¿A… Adrien? - las palabras abandonan sus labios y se detiene en seco cuando escucha una voz temblorosa proveniente del centro de la habitación. Es Emilie.

La ayudaron a incorporarse, todavía estaba muy débil, le temblaban las manos y parpadeaba con frecuencia, ajustado su vista a la tenue luz. Cuando las divisó pudo reconocer a Nathalie y una ligera sonrisa se dibujó en su rostro. Marinette no supo cómo reaccionar en el momento que sus grandes ojos verdes la hallaron. Era hermosa y su rostro transmitía serenidad, pensó que se sorprendería al encontrar a una desconocida en su habitación, sin embargo, le sonrió pacíficamente. Pudo sentir como se le formaba un nudo en la garganta cuando volvió a preguntar por Adrien, pero esta vez también preguntó por Gabriel. Nathalie y Marinette cruzaron miradas rápidamente y supieron que era momento de empezar con la verdad.

Débiles rayos de sol abrían su camino a través de la ventana, tardaron lo que quedaba de la noche, pero fueron capaces de usar las palabras correctas para describir y revelar la verdad ante ella. Acordaron en omitir los detalles, pero no pudieron evitar que con cada palabra el rostro de Emilie reflejará el impacto, en diferentes niveles, que causaba la irremediable realidad en ella. El profundo dolor en su corazón se divisaba en sus ojos, preocupación, temor, tristeza... odio. Cada sentimiento mezclado con lágrimas que empezaban a brotar de sus ojos. Marinette supo que no sería fácil, la expresión de emociones en su rostro le hicieron pensar que sería imposible verla reír en algún momento de su vida. ¿Se recuperaría con el tiempo? Adrien merecía volver a reír junto a su madre.

- ¿Puedo verlo? - susurró - antes necesito un momento a solas, pero me gustaría hablar con él. 

- Por supuesto, cuando estés lista… - antes que Nathalie pueda añadir otra palabra, Marinette interfirió.

- Creo que debería asegurarme de que él también esté listo - dijo tratando de adoptar el tono más suave del que era capaz. Al parecer sería difícil eliminar la costumbre de que decidieran por él, por lo menos en Nathalie, quién al darse cuenta de su acción bajo la vista ligeramente.

- Comprendo - murmuró Emilie, alzando su mirada hacia Marinette - sospecho que eres la única capaz de conocer ese momento, así que cuando esté listo, dile que lo espero aquí.

Marinette asintió y tal como Emilie lo había pedido, ambas abandonaron la habitación. Apenas cruzó el umbral, sintió que el corazón le urgía para correr hacia él, así que lo hizo. Corrió por el pasillo, descendió y ascendió las escaleras principales con un poco de torpeza, cuando llegó a la puerta de su habitación se le revolvió el corazón al no encontrar a nadie custodiando la entrada. Sin pensarlo dos veces abrió la puerta y entró, sus ojos lo buscaban con rapidez y se tranquilizó de sobremanera al encontrarlo en el sofá, una manta lo cubría hasta el pecho, en donde reposaban los dos pequeños kwamis. La imagen la enterneció y solo pudo quedarse ahí observándolos por un momento con una ligera sonrisa. Finos rayos del amanecer iluminaban su figura y su cabello brillaba armonizando el color del sol, su bello rostro transmitía una energía apacible. Marinette haría lo necesario para mantener esa imagen en él. Se acercó despacio, bordeando el sofá, sin querer despertarlo. Cuando estuvo cerca, Tikki pudo sentir su presencia y despertando a su compañero, la saludaron con sus pequeñas patitas antes de tomar distancia, desapareciendo en la enorme habitación. Una vez frente a él, se arrodilló a un costado del sofá dudando sobre su próximo movimiento.

- Hey - susurró cerca de su rostro, acariciando los mechones de cabello en su frente - Bonjour, mon soleil - al sentir su pequeña mano recorrer su rostro, Adrien abrió lentamente los ojos y lo primero que encontró fue su mirada. Oh, esos brillantes ojos azules.

Bonjour, m'lady - dijo alcanzado la mano que descansaba sobre su mejilla y se derritió en su toque. Rápidamente se percató de la posición que había adoptado sobre la alfombra y apartando un espacio en el sofá, le hizo una invitación silenciosa para recostarse juntos. No era la primera vez, así que cuando ella se dejó caer a su lado, la sensación de cercanía entre sus cuerpos se hizo familiar.

- ¿Cómo me llamaste? - preguntó envolviendo sus brazos alrededor de su cintura.   

- ¿Lo escuchaste? - respondió mientras le devolvía el gesto, colocando sus delgados brazos bajo de los suyos y escondiendo el rostro en su pecho.

- Ventaja auditiva, aunque me gustaría escucharlo de nuevo.

Mon soleil - pronunció y se apartó ligeramente para mirarlo. Al escucharla, Adrien no pudo evitar sonreír. El corazón de Marinette se agitó, era la primera vez que sonreía después lo ocurrido el día anterior, fue un pequeño gesto, pero le brindaba esperanza - es verdad, representas el sol para mí - ante su confesión, la atrajo más hacia él y depositó un beso en su frente, se quedaron en ese momento durante unos minutos. Marinette sabía que la incertidumbre lo estaba consumiendo, pero antes de contarle sobre su madre, él habló.

- Despertó, ¿verdad? - ella asintió un poco confundida - lo sé porque tu rostro no refleja la misma preocupación de la última vez que viniste a verme, además, tardaste mucho en regresar... supongo que ya lo sabe - luego de un momento ella habló.

- Quiere verte, solo cuando estés listo.

- No lo sé, yo… - suspira - ha pasado tanto tiempo, y si… - Marinette lo detiene, colocando un dedo sobre sus labios.

- Adrien, ella no lo hará, no sería capaz de culparte. Nadie sería capaz de hacerlo, eres la persona más amable en este mundo, nunca le hiciste daño a nadie, ni siquiera a él. Espero que algún día lo puedas comprender, siempre estaré contigo para recordarte lo maravilloso que eres - con los ojos húmedos por sus palabras, Adrien tomó una de sus mejillas y acercó sus labios a los de ella. En ese beso trasmitieron la marea de emociones que los invadía como consecuencia de lo ocurrido. Miedo, agonía, culpa, esperanza y amor, sobre todo amor.

Cuando el sol se elevó a un punto medio en su ventana, Adrien supo que era el momento adecuado para reencontrarse con su madre. Le susurró a Marinette, quien descansaba en sus brazos, odiaba tener que despertarla, más aún cuando no había descansado toda la noche, pero necesitaba que ella estuviera con él en ese momento, no podría tolerar una mirada herida de su madre, especialmente si era por su culpa. La despertó con un par de besos en ambas mejillas y cuando estaban listos para abandonar la habitación, la tomó de la mano para recobrar fuerza. El corazón le latía desbocado y le era difícil sentir sus pasos al caminar por el pasillo. Su madre estaba viva, era una realidad tan difícil de creer, tenerla de nuevo con él avivaba su corazón de esperanza, tenía mucho que contarle, probablemente estaría orgullosa de la vida que llevaba ahora, tenía tantos abrazos y besos que quedaron en el aire para ella, temores que buscaban ser disipados en sus brazos y lágrimas que llorar en su regazo mientras le cantaba una nana como solía hacer cuando era pequeño.

La imponente puerta de la habitación estaba frente a ellos, Adrien no había ingresado a ese espacio de la mansión desde que ella desapareció.

- Esperaré aquí - le dijo Marinette - si me lo pides entraré contigo, pero creo que es un momento que solo ustedes deben compartir - le sonrió delicadamente - entraré cuando hayan terminado de hablar, quizá también tenga algo que decirle.

- Esta bien, creo que tienes razón - ella le apretó la mano antes de soltarla. Adrien respiró hondo durante unos segundos y con un burbujeo de emociones que se acumulaban en su interior, giró la manecilla de la puerta.

La primera imagen que vio en esa habitación fue la amplia sonrisa de su madre, ese simple gesto llenó su espíritu, una diferente sensación de alegría lo invadió, era la felicidad que había perdido cuando ella desapareció. Le devolvió la sonrisa, la más amplia que pudo expresar. Corrió hacia ella cuando Emilie extendió una mano para que se acercara, trepó en la cama y apenas pudo tocarla, se acurrucó en su regazo y lloró, liberando toda su culpa y temor.

Mon petit chou - susurró en su cabello mientras dejaba un beso en su sien, lágrimas empezaban a correr por sus mejillas, había extrañado la sensación de tenerlo entre sus brazos, lo arrulló por un tiempo hasta que los sollozos terminaron, él se reincorporó siendo capaz de mirarla.

- Me hiciste tanta falta, maman - dijo tomando sus manos.

- Desde ahora, me tendrás siempre - Emilie sabía que había un pesar en el corazón de su hijo y antes que este lo siga invadiendo, con todo su amor, le habló - Escucha... tu alma es tan pura como tu corazón es noble, sé que nunca serías capaz de realizar alguna acción motivada por la maldad. Durante este corto tiempo he tratado con todo mi corazón encontrar una razón para lo que él hizo, pero es imposible hallarla. No te culpes, mon chou, solo eres una víctima más de su crueldad. Si realmente me amaba, nunca se habría atrevido a hacerte daño, fui una excusa para sus acciones, no lo puedo perdonar por ello. Tu fuiste, eres y siempre serás lo más importante en mi vida, Adrien.

Era todo lo que necesita escuchar, después de las palabras que pronunció su madre, su corazón se sintió más liviano y aunque la culpa no desapareció por completo de sus hombros, sabía que era un peso con el que debía cargar por un tiempo. Se volvió a acurrucar junto a ella, pero esta vez sonrió, motivado por la vida que lo esperaba.

 

                                        •●•

 

Los recuerdos de su vida pasada se impregnan en su memoria como distantes pesadillas que aún lo atormentan, sin embargo, el efecto que estas causan en él ya no lo obligan a derramar lágrimas. Sentado en el borde de un mantel rosa y celeste, colocado armoniosamente sobre el conjunto de hojas que derivaban del sauce más antiguo, cargado de historias y sabiduría, él observa el blanco campo de margaritas y dientes de león en donde resalta la imagen de una joven que lleva un vestido rosa a la altura de sus tobillos, este baila con la brisa y lo ajusta a la figura de su cuerpo dejando notar el pequeño bulto apenas creciente en su vientre. Ella le sonríe, mientras sostiene el sombrero que el viento amenaza con robar, su cabello azabache acaricia sus hombros en un perfecto desorden. Su corazón late fuerte ante la vista que representa su felicidad y siente la abrumadora necesidad de correr hacia ella. Lo hace, ella lo espera y cuando sus cuerpos se encuentran en medio del campo, ella se coloca en puntitas de pies para alcanzar la altura perfecta y depositar un tierno beso en sus labios, él la sostiene suavemente por la cintura, ambos sonríen en este beso, ambos saben qué significa, es la confirmación de un presente y futuro, por el que tanto esperaron y lucharon. En la esquina de sus ojos una lágrima corre, una que representa felicidad, él siente el salado en el beso, se aparta ligeramente para reposar su frente contra la de ella.

- ¿Está todo bien, buginette? - ella sonríe de lado y asiente.

- Encontré una flor perfecta, pero no tuve corazón para arrancarla de su lugar.

- La flor más perfecta eres tú, Marinette y nadie te alejará de mi lado - esta vez él inicia el beso, la atrae contra su cuerpo con cuidado de no estrecharla demasiado, en este beso ambos depositan su corazón tratando de que sea suficiente para que el otro pueda sentir todo el amor que sienten, pero no parece existir un límite cuando con cada beso vuelven a enamorarse, aunque resulte imposible contener tanto amor en el corazón sin que llegue a estallar.

Je t'aime - ella susurra entre besos.

Ma belle, decir te amo no parece justo - beso - je t'adore - beso - je t'aime beaucoup.

Ahora su mente recuerda sin dolor el vacío que estrujaba su joven corazón antes de hallar la libertad. Ella representa esa libertad. Cuando siente un nudo en la garganta y las esquinas de sus ojos comienzan a quemar mientras su corazón se aprisiona de sentimientos, interrumpe el beso y se queda quieto, Marinette que sabe leerlo tan bien, estira la mano para acariciar su mejilla.

El nuevo temor que invade su corazón surgió el día que supieron que dejarían de ser solo ellos dos. Un poco más rápido de lo pensado, pero nadie podría decir que era inoportuno. Apenas estaban acostumbrándose a su nueva vida como recién casados y ahora debían lidiar con detalles como el color para la habitación del bebé. El día que lo sintió moverse dentro de ella por primera vez, la invadió el miedo por los peligros que la vida representa, el mundo debería ser perfecto para ese pequeño y ellos se asegurarían de que así sea. No podían pedir una vida más feliz de la que ya tenían, a pesar de ello, algo dentro de Adrien lo atemorizaba, la idea de no ser el padre que son petitou merecía.

- Prometo dar todo de mi para mantenerlos a salvo - dice colocando una mano en su vientre - y para ser el mejor padre que… - ella lo detiene.

- Shh, Adrien - dice mientras reposa su mano sobre la de él en su vientre - eres la persona con el corazón más puro y noble que he conocido. Hemos pasado por mucho y tú… - necesita encontrar las palabras precisas - sigues brillando, iluminando todo a tu paso, vas a ser un padre increíble, mil veces mejor y más compasivo de lo que el tuyo alguna vez fue. Seremos muy felices solo con tenerte, tú eres la razón de mi felicidad. Estaremos bien, confía en mi - y antes de que pueda responder, ella sabe que dirá.

- Siempre.

 

Bajo la sombra del sauce que los resguarda del brillante sol, descansan juntos sobre el mantel con restos de dulces horneados, él la atrae más cerca a su costado, eliminando cualquier distancia entre ellos, ella inclina la cabeza sobre su hombro descansando una mano en su pecho, al sentir el suave toque, Adrien sujeta su mano y la eleva ligeramente para entrelazar sus dedos en el aire. Marinette siente la misma energía de aquella primera vez que chocaron sus manos bajo el paraguas en la lluvia, recorrer cada centímetro de su ser. Quizá Adrien aún no logre comprender el efecto que causa en ella. Un suspiro largo se corta entre sus labios cuando él besa la palma de su mano mientras la observa con esos ojos esmeralda que ella tanto adora, una risa burbujeante vibra en el espacio cuando nota el color en sus mejillas, es increíble como después de tantos años aún logre sonrojarla.

- Por favor, nunca dejes de hacer eso, te ves tan hermosa.

- ¿Hacer qué? - ella pregunta con el ceño ligeramente fruncido, ante su reacción, él se muerde el labio suavemente. Oh, como adora ver esa mueca en su delicado rostro.

- El rubor en tus mejillas, mon cœur - ella siente como su rostro se calienta con más intensidad y tiene la necesidad de esconderse, así que entierra su rostro ruborizado en el espacio de su cuello, la acción lo invade con afecto y solo puede responder depositando suaves besos en sus mejillas coloradas.

- Hey, no es mi culpa que aún no puedas superar el hecho de estar casada con el modelo más guapo y famoso de París.

- Oh, cállate – sonrió para sí mismo un poco orgulloso de haber logrado la reacción que esperaba.

Adrien la mantuvo en esa posición, ella tampoco hizo algún intento de moverse, realmente se encontraban donde pertenecían. Una brisa tan suave como la textura de los dientes de león susurra entre las hojas del gran árbol, provocando sonidos pacíficos que se combinan con el latir simultáneo de sus corazones, él acaricia su oscuro cabello con la yema de los dedos. El corazón se le acelera, tan lleno de amor por ella.

Esta es la vida que se merece, el final utópico que no se quedó en sueños vívidos, estuvieron hechos para convertirse en esto. El miedo no se irá, pero su amor es suficiente para mantenerlos a salvo, ellos saben la fortaleza que sostienen juntos, aunque se aproxime la noche más oscura, de algún modo estarán bien. En medio del bosque, dónde solo existen ellos dos – dos y medio -, rodeados del aroma que irradia el campo de flores combinado con la esencia que transmite la joven que descansa en sus brazos, él siente que son invencibles y entonces la frase que caracteriza su unión, sumada a la promesa hecha el día que Marinette descubrió su identidad secreta, se sienten completamente realizadas.

- Te prometí que todo estaría bien, tú y yo contra el mundo, ¿recuerdas? - una verdad destinada a ser escuchada solo por ella.

Cuando sus palabras la alcanzan, ella retira su rostro de donde estaba escondido y reposa un brazo sobre su pecho para poder encontrar su mirada, sonríe en la forma más dulce posible, sus ojos, tan azules como el cielo, brillan con la certeza de que jamás volverá a encontrar oscuridad en la mirada que él le brinda, tan pura y llena de luz como los rayos de sol que descansan en el campo. Marinette se derrite al sentir el suave toque de sus dedos sobre su mejilla, justo donde se dibujan sus ligeras pecas. Él está bien, su corazón es libre. Todo es perfecto.

Toi, moi et notre petitou contre le monde.

Notes:

One shot escrito para el concurso de Torneo MLB en TW (@TorneoMLB)

Y ya que promocionamos cuentas de twitter, ahí existo como: @moonbeamagic

Vocabulario francés:

• Mon soleil: mi sol.
• Mon cœur: mi corazón.
• Mon petit chou: mi pequeño repollo (forma cariñosa de llamar a los hijos o niños).
• Son petitou: su pequeño todo
• Toi, moi et notre petitou contre le monde: Tu, yo y nuestro pequeño todo contra el mundo.