Chapter Text
A sus veintiún años, la mayor emoción en la vida de Viktor era lo que deparaba su destino. Sabía que ese día conocería a su alma gemela, el amor de su vida, a persona con quien querría pasar su “felices para siempre”.
Sobre todo, sabía que ese era el día, y es que así funciona el mundo.
A los veintiún años no había tenido ese tan característico cambio de cuerpos, eso podía significar tres cosas:
- Su alma gemela era menor que él.
- Su alma gemela no había nacido.
- Su alma gemela había muerto.
Si ese día no se daba el cambio de cuerpo, significaba una de las dos últimas opciones.
Y solo pensarlo hacía a Viktor temblar de miedo.
El veinticuatro de diciembre cerró sus ojos, no sin antes rogar a cualquier entidad divina que al abrirlos no despertara en su propia habitación. Él necesitaba conocer a su alma gemela.
Cuando Viktor despertó, no reconoció de inmediato su techo, o mejor dicho, no veía absolutamente nada.
Mierda.
Cerró sus ojos y pensó, veía el mundo borroso, era extraño. Ese era su cumpleaños veintiuno.
Abrió los ojos de golpe, se sentó de tal forma que el mundo borroso daba vueltas a su alrededor, parpadeó varias veces y espero a que el mundo dejara de girar pero nunca parecía enfocarse.
Toco a su alrededor, en esperanzas de encontrar un par de lentes, por su suerte estaban a su lado.
Mucho mejor.
El cuarto era extraño, no parecía el “típico” cuarto ruso, pero había algo que llamó más su atención.
Estaba tapizado con posters suyos.
Pero más que saber que esa persona era su fan, le importaba descubrir como sería su alma gemela.
Se puso de pie inmediatamente y buscó un espejo, al verse en él notó algo a lo que no le había prestado mayor atención.
Era un joven.
Calculó que tendría diecisiete años, y quedó desde un principio embobado.
— ¡Mi alma gemela es tan lindo!—Llevó sus manos a sus mejillas, ojos brillantes de emoción y su rostro completamente sonrojado— ¡Y sus mejillas son tan lindas!
Inmediatamente bajó sus manos, apreciando el cuerpo de su preciosa alma gemela, llegando a su vientre y de nuevo moviéndolas hasta llegar a su trasero, lo apretó suavemente, boquiabierto apreciaba la sensación entre sus dedos, y moría por que fueran sus manos en su cuerpo.
— ¡Son tan firmes!
Definitivamente debía ser un deportista.
Miró a su alrededor, sonriendo al ver todos sus posters, desde que era un Junior hasta la fecha.
Realmente su alma gemela era un fan.
Busco por todas partes algún diario o algo para conocerlo, cuando él descubrió sobre su alma gemela, comenzó a hacer un diario en el cual actualizaba su vida, era la manera más fácil para reencontrarse, muchas personas hacían ello.
Era un diario en el cual se solía escribir dirección, teléfonos o cualquier información de contacto para que el día de cambio de cuerpos ambos supieran un poco más sobre el otro y tuvieran una forma más fácil de encontrarla.
Viktor no encontró nada.
Se encogió de hombros pensando que a lo mejor a su alma gemela no le importaba tanto encontrarlo como a él. Suspiró y pensó en qué se hacía ese día. Era su cumpleaños pero estaba en una casa desconocida, no sabía cómo funcionaba el idioma ya que el lugar no parecía ser Rusia.
¿Qué se hacía en esos casos?
Escuchó la puerta abrirse y observó a una mujer regordeta pero muy tierna entrar con una sonrisa preciosa en su rostro.
—Bebé, es hora de despertar—dijo sonriendo—, hay muchos extranjeros el día de hoy, puedes ir al Ice Castle si quieres.
No sabía cómo, pero Viktor entendió cada palabra.
En su mente hablaba ruso, de eso estaba seguro, pero las palabras que salían de su boca estaban en otro idioma también.
Miró a la mujer, tratando con toda su alma de saber qué hacer. ¿Cómo debía presentarse? Parpadeó varias veces, armando la oración en su mente y rogando que se entendiera.
—Estoy en el cuerpo de mi alma gemela.
Bien, no eran específicamente las palabras que quería decir pero al menos era algo.
La mujer llevo sus manos a su boca, sus ojos tenían un brillo particular. Sonrió y entró corriendo para abrazar el cuerpo de su hijo, hablando tan rápido que Viktor no podía entenderle.
—Me llamo Hiroko—dijo—, soy la mamá de Yuuri.
—Yuuri—Viktor murmuró, haciendo planas mentalmente para aprender cada dato que pudiera sobre su alma gemela, sin el diario, le sería muy difícil aprender sobre él—, mi nombre es Viktor. ¿Dónde estoy?
—Estas en Hasetsu—Sonreía mientras hablaba y estaba emocionada, recordaba el día en que cambió de cuerpo con su alma gemela, quien ahora era su amado esposo.
— ¿Hasetsu?
Hiroko llevó su mano a su boca dándose cuenta que a lo mejor Viktor no era de su propia patria.
— ¿De dónde eres tú, Vicchan?
“¿Vicchan?”
—Rusia…
— ¡Oh! Estás en Japón, cariño.
¡¿Japón?!
— ¡Mi alma gemela esta tan lejos!—Se quejó mirando a otro lado, se sentía fatal, siempre pensó que su alma gemela estaría en Rusia, esperando que viviera en algún lado cerca, no en otro país con horas de diferencia.
Viktor miró a su alrededor preocupado, quería recordar todo eso. No pensó que su alma gemela viviría tan lejos, no se preparó lo suficientemente bien.
Porque, después de todo, tenía no más de un año para encontrarlo.
Eso era lo que tanto temía Viktor. El cambio de cuerpos duraba solamente un día, luego de ello, cuando ambos regresaran a la normalidad, poco a poco perderían la memoria de ese día hasta que no recordaran nada más que el momento existió, que por un día fueron alguien más.
Pero el recuerdo de voces, rostros, lugares y personas simplemente se desvanecería.
— ¿Cómo se llama? —Preguntó a Hiroko— ¿Cómo se llama mi alma gemela?
—Su nombre es Yuuri Katsuki, ven conmigo, vamos a la sala—La voz de la mujer parecía querer tranquilizar a Viktor, sonrió haciendo que sus ojos se vieran aún más pequeños de lo normal y tomó la mano del cuerpo de su hijo para guiarlo por los pasillos hasta llegar a un lugar donde pudieran hablar tranquilamente.
Viktor debía tratar de tener toda la información posible antes de que fuera demasiado tarde.
Mientras tanto, en Rusia era una historia totalmente diferente.
Cuando Yuuri abrió los ojos, supo que algo estaba mal desde el momento en que no veía nada borroso. La pared era diferente a lo que estaba acostumbrado, no era su cuarto o el cuarto de ninguno de sus amigos.
Se levantó, mirando por doquier sin tener una idea de donde estaba. Miró sus manos y luego bajó su mirada hacia su cuerpo.
Estaba completamente desnudo, y más importante, no habían senos voluptuosos, solamente un precioso pene completamente erecto.
Se tapó con las sábanas avergonzado, tratando de tranquilizarse y pensando una y otra vez.
Él aún tenía diecisiete años, eso quería decir que su alma gemela acababa de cumplir veintiún años y solamente conocía a una persona cuyo cumpleaños era exactamente el día de navidad.
Debía ser una broma o un sueño.
Se levantó corriendo hasta llegar a un espejo, viendo el reflejo de un guapo hombre de piel pálida, ojos color cielo y cabello despeinado y color plata.
—Mi alma gemela es Viktor Nikiforov.
Llevó su mano a su garganta estupefacto, no era su voz, era la voz de Viktor que tan bien conocía, tampoco hablaba japonés, estaba hablando perfectamente ruso aún si en su mente era su propia voz hablando en su idioma madre.
Tocaba su rostro, acariciaba su cabello, pasaba sus dedos por sus propias mejillas, labios, cejas, nariz, nuca y parpados. Se pellizcaba, sobando luego el área y pidiendo perdón por dañar la hermosa piel, pero es que simplemente no podía creerlo.
Viktor Nikiforov, el hombre del que Yuuri estaba enamorado, era su alma gemela.
Debía ser un sueño, no podía ser real. Nunca en su vida había tomado esa posibilidad y es que Viktor era demasiado perfecto para los ojos humanos, incluso su vista era perfecta —No como él, que debía utilizar lentes para no tropezarse—. Sobre todo rondaba una pregunta en su mente.
¿Por qué rayos estaba desnudo?
Se apresuró a buscar por doquier algo de ropa hasta que encontró su ropa interior, todas eran tangas. ¡Él no podía utilizar algo así!
Buscó hasta finalmente encontrar un par de boxers normales, los colocó en su cuerpo sin mirar y cuando sintió el elástico en su piel, suspiró finalmente.
Estaba tocando la ropa interior de Viktor Nikiforov.
Se tapó el rostro sin poder creerlo del todo, sonreía como idiota y quería explotar de felicidad, buscó ropa, quedando fascinado por todo lo que el hombre tenía, notó finalmente pantalones deportivos y camisetas tiradas en la parte más oscura del armario.
Cuando salió de closet —por segunda vez— se apresuró a buscar el diario. Sabía que muchas personas tenían uno, la mayoría de sus amigos tenía uno y todos estaban lejos de cumplir veintiuno. A él jamás le interesó, nunca pensó mucho en la idea de tener un alma gemela, nunca pensó que ese día llegaría porque él solamente tenía interés en Viktor, así que no le emocionaba el día de cambio de cuerpo.
Pero vaya que se arrepentía ahora.
Encontró finalmente el diario y quedó embobado de lo hermoso que era. El cuaderno estaba delicadamente puesto sobre la mesa de noche, la portada negra tenía un precioso corazón dorado y una caligrafía impecable que decía “Para mi alma gemela”.
Yuuri tomó el cuaderno entre sus manos y lo abrió para encontrarse en la primera página. Era bastante reciente, justo ese año lo había comenzado.
“Para mi amada alma gemela:
Quiero decirte que noche tras noche sueño contigo. ¿Cómo serás? ¿Cuál es tu nombre? ¿Qué te gusta? ¿Cómo llegaré a enamorarte?
He comenzado de nuevo este cuaderno el primero de Enero del año presente en esperanzas de que este sea el día el año en que te conozca, el año en que abra mis ojos y despierte en un lugar desconocido, añoro de todo corazón el día que pueda verme al espejo en tu cuerpo, estoy seguro que eres un ángel y que me enamoraré de ti desde el primer instante.
No puedo esperar para leer tu diario.
Déjame presentarme: Mi nombre es Viktor Nikiforov, soy de Moscú, creo que es obvio pero este año cumplo veintiún años, estudio en la universidad y soy patinador profesional, estoy en la división Senior y soy uno de los mejores de mi país”
Yuuri leía embobado sobre la vida de Viktor, empapándose de sentimientos que jamás pensó existían, notando lo humano que era el hombre que tanto admiraba y eso no hacía más que acelerar su corazón.
Leyó dirección de casa y su teléfono móvil, maneras de contactarlo, emails, redes sociales, etc.
Yuuri leyó una y otra vez, él nunca fue muy interesado en redes sociales de moda, en teléfonos o aparatos similares, si Viktor era de Rusia, no tenía idea si había forma de comunicarse y las llamadas eran muy caras.
El japonés siempre fue de esas personas quienes preferían comunicarse por foros que por teléfonos y en realidad, había arruinado su celular poco antes, por lo que no tenía forma de dejarle esa información a su alma gemela.
Tomó un lapicero, pensando en escribir sus datos cuando un teléfono sonar. Se apresuró, viendo en el mismo teléfono letras rusas que por suerte logró entender.
“Yakov”
¿El entrenador de Viktor?
Contestó y antes que pudiera decir algo escuchó los gritos del hombre. Solamente logró entender un “es tarde” y un “irresponsable”. ¿Cómo debía responder?
—D-disculpe—tartamudeó—, soy… su alma gemela… No suya… De, uhmm, Viktor…
Hubo silencio sepulcral por un largo rato. Se escuchó un suspiro al otro lado de la línea y luego el mismo hombre —a quien Yuuri solo había visto en pantalla— habló.
—Ya veo, entonces Vitya si tenía alma gemela. Viktor vive solo, no encontrarás a nadie en su apartamento que te diga sobre él. Quisiera poder ayudarte, niño, pero no puedo alejarme de la pista en estos momentos. Quédate en el apartamento, por favor no hagas nada que pueda lastimar la imagen de Viktor.
—No señor, no se preocupe—murmuró con sus manos temblando, ¡estaba hablando con Yakov Feltsman!—, prometo mantenerme fuera de problemas.
—Al parecer, eres más educado que Vitya—Se escuchó un suspiro al otro lado del teléfono y Yuuri tuvo que reprimir una risita—. Bien, tienes mi número, si ocurre un incidente, llámame.
Dijeron sus respectivas despedidas y colgaron, Yuuri se sentó en la cama, admirando su alrededor y lo pulcro que era el lugar, tan hermoso como Viktor.
No habían fotografías o nada de su familia o similar, fue cuando escuchó su estómago gruñir y pensó que sería buena idea ir a la cocina por algo de comer.
Se puso de pie, hacía frío, a lo mejor Viktor estaba acostumbrado al frio pero Yuuri no, y ahora Yuuri era quien estaba en ese cuerpo que al parecer tenía bastante resistencia. Miró a su alrededor tratando de encontrar un termostato, al encontrarlo, vio que la temperatura la calle era simplemente inhumana, subió la calefacción y se dispuso a buscar un suéter en las gavetas.
Su corazón se detuvo al abrir una en específico.
La gaveta estaba llena de condones, pruebas de embarazo y medicamento para el día siguiente. Tomó un paquetito en sus manos, dándole vuelta y sintiendo su corazón contraerse. Cerró los ojos y suspiró, Viktor estaba durmiendo desnudo. ¿Significaba que al salir iba a encontrar a una mujer cocinando?
Se encaminó hacia la mesa de noche donde había notado un pequeño basurero, se acercó un poco para poder ver su contenido y cerró los ojos con fuerza cuando en efecto, había un preservativo usado.
Yuuri quería vomitar, no quería pensar en lo que estaba pasando, no era el hecho que Viktor utilizara preservativos o siquiera que no fuese virgen, todos esos detalles tenían a Yuuri sin problema.
Le aterraba el hecho de que Viktor Nikiforov fuera un hombre heterosexual.
