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En un mundo donde la identidad de las almas gemelas se determinaba mediante marcas de ramillete de flores en el cuerpo cada vez que uno de ellos adquiriere una cicatriz, había pocas cosas que podrían llegar a resultar medianamente extrañas. Y menos a alguien como Tony Stark quien, por sí solo, ya era una rareza.
Si bien no era extraño que en tiempos actuales las personas podrían dar con la identidad de su alma gemela en toda sus terrenales existenciancias (Tony consideraba que quién sea que haya inventado el modo de identificación de almas gemelas no había tenido en cuenta el gran detalle de la creciente densidad poblacional y la naturaleza perezosa del ser humano para prestarle atención a nimiedades tales como marcas de la piel, por más cool que estas pueden llegar a verse) el caso particular de Tony pudo haber sido tomado como caso de estudio de experto en la materia de las almas gemelas.
Él nunca había presentado marca alguna.
Durante años, no presentó ningún ramillete floral en toda su extensión de piel. Nada.
Jamás presentó ninguna marca hasta que, a la edad adulta de 45, durante un caluroso verano de 2015, sintió un ardor significativo en la piel de la parte superior de su muñeca derecha. Cuando fijó sus ojos en la zona para una inspección se topó aquello: una marca que seguían un hermoso y pequeñísimo patrón redondo de rositas. Era insignificante (no debería tener más de un centímetro de diámetro) para tratarse de una marca de alma gemela, pero allí estaba a la vista.
Finalmente, su primera marca había aparecido.
Quizás, para la imagen pública (y no pública, también), Tony no tuviera lo que podría describirse como una faceta romántica y muy probablemente se reiría en la cara de cualquiera que pudiera siquiera insinuárselo. Probablemente, también, su reputación de playboy tenía mucho que ver con ello.
No obstante, la realidad era que desde el primer momento en el que su marca había aparecido, no había dejado de rozarla con sus dedos de forma anhelante, casi con devoción mientras se perdía en sus pensamientos mirando a la nada.
Aquello ya le había traído sus dificultades: he sido tres veces en el que Pepper le había llamado la atención mientras trataba de darle un resumen de su apretada agenda y de los perfiles de las personas con las iba a reunirse hoy por estar en ese estado de introspección (sí, era cosa segura de que a esa mujer no se le pagaba lo suficiente para tener que soportar estas cosas tan temprano a la mañana ... casi a diario). Podría decirse que su asistente y mejor amiga estaba a un suspiro de distancia de asesinarlo si es que tenía que volver a repetir toda la interminable lista de nombres de los árabes con los que les tocaba tener su primera reunión diplomática del día (algo relacionado con acuerdos de paz y negociaciones petroleras por tratarse de Iron Man para ser la cara intermediaria de algún departamento de estado, no había escuchado muy bien los importantes detalles políticos).
Por alguna razón, acariciar su marca, lo tranquilizaba. Ahora finalmente sabía que no estaba solo y que su otra mitad estaba con él, conectada a través de aquel diminuto patrón de flores.
A lo mejor, ya no estaba solo.
Pasaron solo un par de días cuando nuevas marcas (esta vez mucho más grandes) decidieron acompañar al de la muñeca. La segunda en aparecer fue en el antebrazo izquierdo. Tenía forma de una línea que comenzaba en su codo y terminaba en su muñeca. A esta le siguió una en su espalda, donde sus costillas.
Otra en su pierna derecha, en la zona del muslo de quizás unos 10 cm.
Luego, a eso le siguieron varios patrones pequeños en la zona de las rodillas y canillas. No tenía idea de qué mierda era a lo que se dedicaba su "alma gemela" ni la razón repentina de tantos otros patrones y tan seguidos unos de, pero mínimamente podría considerar preocupante.
Tony pasó de no tener ningún tipo de señal de vida por parte de su otra mitad a estar cubierto por ramilletes de rosas en unos pocos días y, si era sincero, no podía estar más contento por este nuevo devenir.
Cuando Tony era solo un niño y había oído por primera vez la historia de las almas gemelas, no podía estar consigo ante la fascinante idea de que en algún lugar estaba la suya, escondida ya la espera de encontrarlo para ambos poder estar juntos como lo estaban su mamá y papá. Ambos conformados uno de esos casos raros en los que se han dado con sus almas gemelas y se encuentran conformados una familia luego de hallado y determinado la naturaleza de su vínculo.
El pequeño e inocente anhelaba aquello para su futuro. Alguien con quien estaba incondicionalmente el uno para el otro, que se amaran mucho, pero que nunca se hicieran llorar como a veces papá hacía llorar a mamá. En su mente, la idea de encontrar a su alma y que fuera lo más mágico y estable del mundo era algo completamente probable, como solo la imaginación de un niño podía llegar a concebirlo.
Si bien sus padres eran almas gemelas había ocasiones en las que no se veía que eran felices. Esos momentos ocurrían con demasiada frecuencia en los últimos días (que parecía que era infantil algo relacionado con el trabajo de papá, pero tenía miedo de preguntar), por lo que no quería molestarlos con sus problemas.
El hecho de que probablemente las relaciones entre almas gemelas no exactamente como sus libros de cuentos y la televisión lo hacían ver, en lugar de desanimarlo, lograban incentivarlo aún más a querer encontrar a su otro igual en cualquier parte en donde sea que estuviese metida . No sería como su padre. No señor.
Él cuidaría de su alma gemela y le entregaría el amor más puro que pudiera darle con todo lo que tenía para dar (y que para ese entonces era muchísimo). Cuidaría de su vínculo (cualquiera sea el que establecieran tener), jamás lo mancharía con mentiras o verdades a medios junto a miles de secretos; muy probablemente de ese modo lograría que la otra persona tuviera confianza como para hacer lo mismo con él.
Ambos lo harían funcionar para ser lo que se supone que se esperaba de las “almas gemelas”: un vínculo inquebrantable entre dos mitades de una misma alma.
Lo sabía desde el fondo de su corazón.
Su vínculo sería de antología.
El tiempo pasó.
Los días se volvieron en meses y estos últimos en años. Aún así el pequeño nunca olvidó aquella "promesa" hecha a su desconocida alma gemela.
Y he allí el principal problema: que esta aún seguía siendo desconocida para Tony.
Y lo que era peor: no poseía ninguna marca por parte de su alma gemela ya empezaba a preocuparlo.
Y sí, ya para esas alturas, la idea de autoinflingirse alguna lesión para dejar una cicatriz visible fue llevada a cabo (lo que le llevó a llevarse como regalo una dolorosa lección con su respectiva evidencia en el antebrazo izquierdo), por lo que debería que considerar un nuevo plan.
Lo único que quizás tenía en claro era que quien era su alma gemela, sabía con toda certeza que no era ninguno de sus compañeros de salón. No existía forma alguna de que luego de haber roto el brazo no obtuviera reacción por parte de ellos (además de riguroso bullying que le brindaban a diario, claro está). Las opciones para encontrarse con otra mitad disminuían cada vez más.
¿Qué iba a hacer si no la fueron?
Con el paso del tiempo, esta incertidumbre sobre la identidad de su alma gemela junto con la razón por la que aún no poseía una marca fueron quedando en el olvido. La inocencia infantil también desapareció unos cuantos años más tarde por diversas razones y la consideración de que a lo mejor su destino no era otro que el estar solo por el resto de su vida empezó a asomar su fea cara.
“A lo mejor es lo mejor”.
"De todos modos, ¿quién querría serlo?"
“Solo sería para problemas”.
“Estoy bien así”.
El madurar a lo mejor significaba el saber darse cuenta de que los cuentos sobre las almas gemelas eran solo eso. Cuentos que servían para llenar de vacías esperanzas a un solitario niño.
Probablemente lo supo cuando lo vio por primera vez en vídeo durante aquel accidente de tránsito. O cuando estrechó la mano luego de haber arribado a su casa, pero aquel torpe adolescente de 15 años que siempre vestía mangas largas lo hacía sentir extraño.
Simplemente había algo en él que le causaba curiosidad. Todavía no descubre qué fue con exactitud lo que llevó a llamarlo para que conformara su grupo en aquel aeropuerto junto a los demás superhéroes. Solo era un niño.
Sin embargo, tenía algo que lo hacía querer tenerlo a su lado. Algo así como una especie de vínculo de posesividad y no, no era la ‘posesividad’ que podría fácilmente ponerlo tras unas rejas, muchas gracias, pero no era esa clase de pervertido.
A pesar que la mayor parte del tiempo lo sacaba de quicio con sus interminables preguntas y sus muy extensas referencias a películas o series geeks, no le molestaba tenerlo consigo en su taller y ESO ya era mucho decir. Por lo general, la gente lo estorbaba en el mejor de los casos, lo volvía colérico en el peor de ellos. Lo normal era que se cansara de la gente con extrema facilidad.
Cosa que, en el caso del chico, no sucedía.
Quería escuchar lo que fuera que tuviera para decir por más absurdo o tedioso que le pudiera resultar a los demás (Happy estaba a dos palabras de distancia de tirarse por la ventana si es que tenía que seguir escuchando a Peter hablarle de por qué las precuelas de Star Wars eran, en realidad, obras maestras no valoradas por la época en la que se estrenaron). Podía prestarle verdadera atención a cada cosa que decía o hacía, sin siquiera aburrirse.
Y además estaba el detalle de los trajes de Spiderman. En un comienzo había decidido tomar la tarea de hacerlo porque era algo que ya había hecho antes con otros de sus amigos Vengadores (podría decirse que era su hobby de ‘abuelita’), pero, con el tiempo, con Peter se había convertido en casi una necesidad.
Tony necesitaba asegurarse que Peter estuviera seguro combatiendo el mal como el amigable vecino, con las mejores las actualizaciones e IA a la vanguardia como solo Stark Industries podía brindar.
¿Que era algo exagerado? Bueno, probablemente sí. Probablemente lo era.
Quizás esa era su nueva normalidad y tendría que aprender a amigarse con la idea de querer cuidar a Peter (de una manera completamente excesiva y obsesiva) y que si estaba en sus manos el evitarle el mayor daño posible creando sus trajes, lo haría sin siquiera dudarlo. Absolutamente.
Verano del 2017, Tony había empezado a notar un detalle que probablemente no había prestado atención antes y que le llevaba un rato molestando. Podría decirse que era bastante obvio una vez que lo notabas, pero resumirlo a eso era simplificar demasiado la situación.
Desde que conoció al mocoso ‘arácnido’ de ahora 17 años, supo que algo no estaba bien con él. Sí, ya había aprendido a lidiar con eso.
No obstante, algo en la relación entre ellos había cambiado desde hace poco. Más bien, sus recientes actitudes con él eran el problema.
Siempre parecía que estuviera incómodo en su presencia y las interacciones entre ellos eran… incómodas. Entendía que le pudiera resultar intimidante su mera presencia a un adolescente de su edad (incluso era un efecto que causaba a algunos adultos), pero este chico lo llevaba a un nuevo nivel.
Ahora evitaba todo tipo de contacto visual, incluso cuando tenían una conversación de lo más trivial. Solo lo miraba (de un modo tan poco disimulado, vale agregar) desde la distancia cuando él no lo hacía.
También estaba el hecho de llamarlo ‘señor Stark’ al jodido final de cada dos o tres oraciones. Ya se lo había corregido muchas veces y que ‘Tony’ estaba bien, pero seguía haciéndolo de todos modos. Por alguna razón, oírlo llamarle así junto con el trato formal de ‘usted’ lo hacía sentir mucho más enojado de lo que debería sentirse sin ninguna explicación racional detrás de ello.
No sabía por qué, pero ese mero trato era motivo suficiente para, por ejemplo, ponerlo de mal humor (como ahora mismo estaba sucediendo).
一Niño, te juro que el próximo traje que te haga tendrá una bragueta tan oculta que ni siquiera podrás encontrarla para ir al baño si vuelvo a escucharte llamarme ‘señor Stark’ una vez más.
一P-perdón, señor Stark… 一Tony levantó una ceja en señal de advertencia antes de que pudiera continuar一. Digo... ¿Tony?
一Así está mejor. Ahora, pruébate el traje.
Incluso cuando ya sabía la respuesta del chico, Tony siempre hacía la misma sugerencia de probarse cada nuevo traje en el baño de su taller a modo de prueba. Quizás su lado sádico le gustaba ver a un nervioso Peter inventándose una nueva excusa ante esa orden.
一Ehm, sí… Sobre eso, creo que será mejor si me lo pruebo en casa y mañana le digo lo que necesita ajustar. Es decir… Ya casi es la hora de la cena y no le avisé nada a la tía May sobre llegar tarde hoy… Y eso.
Y ahí estaba de nuevo.
Una nueva y terrible excusa. Si no era por la tía May, era por Michelle o por Ned o incluso por Happy. Siempre llegaba tarde a algún compromiso con alguien más.
Pero no esta vez. No iba a dejar que se saliera con las suyas.
一No te tienes que preocupar por ella, chico. Ya le avisé por ti. La única condición es que debo acercarte hasta su departamento, así no lo postergues mas y pruébate el traje de una vez.
Así que era eso.
La marca de una gran rosa ubicada exactamente en el pecho del muchacho sobre su torso desnudo acompañado de otros miles de hermosos patrones de flores en los lugares exactos en donde Tony había sufrido heridas y a las que ahora solo le quedaban unas feas cicatrices.
Simplemente, eran... hermosas.
Esto le daba mucho sentido a muchas cosas. En especial aquello que les unía a ambos.
Ese vínculo tenía todo el sentido del mundo ahora que finalmente. Desde el comienzo hasta ahora, el vínculo.
Aunque no esperaba tener que enterarse de ese modo… y debiendo aclarar aún el malentendido que ocasionó todo ello.
一Ok… definitivamente no era a esto con lo que me refería…
一Espere… ¿no era esto de lo que hablaba...? Yo pensé que ya lo sabía que yo… Que nosotros somos...
一¡Por supuesto que no lo sabía, Peter! ¡Cómo diablos iba a saberlo cuando tú eres un menor al que obviamente nunca pensaría verlo desnudo para comprobar cuáles son sus marcas!
La compresión iluminó el rostro del muchacho. No sabía cómo sentirse al respecto con el hecho de que siquiera hubiera considerado tal detalle o peor aún, que lo haya considerado pero que no le hubiera dado mucha importancia. Al menos no la misma importancia con la que Tony valoraba su libertad fuera de las rejas.
一 Oh.
一Exacto. Oh.
一E-eso quiere decir que nosotros nunca podremos… en un futuro, ya sabe.
Este mocoso… ¿en serio estaba sugiriendo lo que creía que estaba sugiriendo?
一¡Dios, no! ¡Tienes 17 jodidos años!
一Tiene razón. Pero no los tendré por siempre.
Por el bien de su salud mental, simplemente dejaría pasar aquel último comentario. Este niño definitivamente sería su muerte.
一¿Por qué nunca me lo dijiste? 一trató de cambiar de tema por un aspecto que consideraba aún más importante en estos instantes. Si Peter se dio cuenta o no de tal desvío, no se lo marcó en lo absoluto.
一Creo que la respuesta es bastante obvia y usted ya lo dijo, señor Stark. Solamente, míreme y mírese a usted. ¿Acaso siquiera me hubiera creído si desde el momento en el que vino a mi departamento le hubiera dicho que había nacido con las marcas de su alma gemela?
Tenía razón. Muy probablemente, no lo hubiera hecho.
Ni siquiera lo hubiera considerado si eso hubiera sucedido. Aunque considerando lo que había sucedido recién y por un mínimo malentendido el chico había decidido desnudarse para demostrar su punto, estaba seguro que hubiera encontrado una forma de convencerlo incluso con la tía May presente en la sala.
Lo que también necesitaban aclarar algo lo más pronto posible...
一Peter… ¿Tú sabes que el vínculo de almas gemelas no necesariamente debe ser del tipo romántico verdad?
La joven mirada marrón repleta de determinación se posó sobre la de Tony. El chico lo tomó de las manos con una madurez que definitivamente no era la habitual en el chico de Nueva York.
一Cuando dije lo de que no tendré 17 para siempre, hablaba en serio… Tony.
Bien. Definitivamente entendía ahora el por qué el “señor Stark” era algo que debía perdurar entre ambos hasta que Peter tuviera sus correspondientes 21 años de edad.
一Supongo que tendremos tiempo de definir los detalles de nuestra relación mucho más adelante. Aunque tendrás que apurarte, yo no me hago precisamente más joven.
Para cerrar su promesa, Tony le dio un fuerte beso en la mejilla derecha del adolescente. Sinceramente la naturaleza de su relación era algo que no le preocupaba en aquel momento sabiendo que Peter estaría a su lado.
一Ya lo verá, señor Stark. ¡Cuando crezca me convertiré en la mejor alma gemela que pueda tener! 一 “Ya lo eres, mi niño” 一. ¡Solo espere unos años y verá!
一Ajá. Me muero por verlo, mocoso.
Era el año 2098, una dulce primavera cuando una estatua conmemorativa fue puesta inaugurada en el Central Park.
Una pequeña conmemoración a una de las parejas de superhéroes más amados y recordados por la humanidad: Tony Stark y su marido, Peter Parker.
Al final, un pequeño Tony había tenido lo que siempre había deseado: un vínculo de alma gemela de antología e inolvidable junto a su otra mitad.
Seguro, en donde sea que estuvieran ahora mismo, ahora estarían juntos uniéndose para formar una de las almas más bellas que la existencia pudo haber puesto sobre el planeta Tierra para que siguieran unidos. Esta vez, para siempre.
*** FIN ***
