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Summary:

Hi!

This is an adaptation of the novel '' Años Después" BY jacqueline Blair .

Notes:

Hi!

This is an adaptation of the novel '' Años Después" BY jacqueline Blair .

Chapter 1: Chapter 1

Chapter Text

Capítulo 1

 

Teh Krittikorn Saetan, de pie frente a la ventana de su oficina en China, observaba el paisaje de Shanghái, sin verlo.

 

Sonriendo, se pasó una mano por el cabello oscuro, con un brillo de triunfo en los ojos. ¡Lo había conseguido! Su padre, Theo Saetan, y el presidente de la multinacional Saetan y el presidente de la Multinacional Parada’s Enterprise, Top Parada, estaban a punto de firmar un acuerdo que convertiría a la empresa Saetan en una de las cadenas hoteleras más importantes del mundo.

 

Top Parada no estaba bien de salud y, al contrario que Theo Saetan, no tenía un hijo que pudiera encargarse del negocio familiar cuando él muriese. Por eso iba a firmar el acuerdo. Y al día siguiente lo celebrarían por todo lo alto con una fiesta.

 

Teh se volvió hacia su escritorio y miró el teléfono con el ceño fruncido. Tenía que hacer una llamada.

Pensativo, miró su Rólex de oro... podría llegar Bangkok a las doce. A Oh-aew no le importaría que llegara a medianoche.

 

Oh-aew Panwa Suramontha era un hombre preso de sus sentidos. Nunca había conocido un ser más sensual. Con el cabello de color negro, los ojos de color chocolate, una boca sensual ... Teh notó un cosquilleo entre las piernas y, por un momento, sintió

remordimientos.

 

Pero en la vida hay cosas más importantes que el sexo. Sobre todo, con un hombre tan ocupado como Oh-aew .

 

La ultima vez que fue a Bangkok sin avisar, él estaba en la oficina y cuando por fin volvió al apartamento solo pudo dedicarle media hora porque tenía que asistir a una cena de trabajo.

 

Después habían compensado el tiempo perdido, pero Teh  Krittikorn Saetan  no era el tipo de hombre que esperaba.

Varias veces había sugerido que dejara su trabajo, pero Oh-aew  se negaba.

 

No, estaba decidido. De hecho, la decisión había sido tomada semanas antes. Teh estaba en medio de las negociaciones con Parada cuando este le presentó a su hija Tarn .

 

La dulce e inocente joven era todo lo que él deseaba en una esposa.

Todo lo contrario que Oh-aew. Tarn no tenía ningún deseo de trabajar porque su única ilusión era casarse y tener hijos.

 

Era una chica chino-tailandesa y tenía los mismos valores que él, de modo que sería una esposa perfecta. Además, era el mejor momento.

Tampoco su padre se encontraba bien de salud y tras el último o infarto le había confesado su deseo de verlo casado y con hijos cuanto antes.

 

Su madre, que murió cuando Teh tenía trece años, había dejado una carta a los abogados de Saetan  con pruebas que demostraban que él era hijo de Theo y este le había dado inmediatamente su apellido. Siempre lo trató con cariño, como a un hijo más, y por eso le estaría eternamente agradecido.

 

Su hermanastro Hoon, mucho mayor que él, había muerto en un accidente de avión seis años antes y, sin dudarlo, Theo Saetan  le ofreció el puesto de director de la empresa

cuando terminó la carrera de Económicas. Y él le devolvió el favor ampliándola y aumentando los beneficios.

 

Por eso tenía que hacer aquella llamada. Teh tomó el teléfono y marcó un número que se sabía de memoria.

 

Oh-aew entró en su oficina con una sonrisa en los labios. Había comido con sir Khunpol Pongpol, el presidente del Banco Bass K., y seguía atónita por lo que él le había

revelado. Pero el sonido del teléfono interrumpió sus pensamientos. Debía ser Teh, pensó, corriendo hacia el escritorio.

—Oh-aew , me alegro de que estés en tu despacho.

—Hola, cariño. ¿Nos vemos mañana?

—Lo siento, pero no vamos a poder vernos hasta el sábado. Tengo cosas que hacer

en Shanghái.

La sonrisa desapareció del rostro de Oh-aew .

 

¿Qué podía decir? Teh era el director de la empresa Saetan  y viajaba constantemente a China y Bangkok.

Llevaban un año viviendo juntos, pero había aceptado que no podían verse todos los días. Ni siquiera todas las semanas. Él mismo tenía un puesto de dedicación exclusiva como corredor de bolsa en una importante firma china en Tailandia y entendía bien las presiones del trabajo.

 

—De acuerdo, pero no me hace mucha gracia. Ha pasado un mes desde la última a vez que nos vimos y mañana es nuestro primer aniversario. Además, tengo una noticia estupenda que darte.

—Yo también tengo que darte una noticia, pero lo haré el sábado.

No era la respuesta que había esperado y su confianza en él empezó a resquebrajarse. Pero se dijo a sí mismo que era una bobada.

Teh lo quería, estaba seguro. Aunque la última vez que se vieron él se enfadó muchísimo porque no podía salir corriendo de la oficina.

 

Por la noche, había sugerido de nuevo que dejara su trabajo, insistiendo en que un hombre tan rico como él no necesitaba un novio trabajador.

«Dejaré de trabajar cuando decida por formar una familia y adoptar, pero no antes», le había dicho Oh-aew . Esperaba que Teh le dijera entonces: «cásate conmigo», pero no lo hizo. Y no habían vuelto a verse en un mes.

—De acuerdo, pero te echaré de menos. Y espero que me compenses —intentó bromear.

—Lo siento, cariño. Hasta el sábado.

 

Oh-aew  colgó con una expresión más sonriente. Total, solo era un día más.

 

Pero cuando salía del histórico edificio donde estaban situadas las oficinas de la empresa Qiang, no pudo evitar un suspiro . Ella pensaba que la sorpresa era

maravillosa, pero... ¿se lo parecería a Teh?

 

Teh  Krittikorn Saetan  había aparecido en su vida como un vendaval y él había pasado de ser un alegre chico de veintitrés años, que no se había puesto un traje de diseño

en su vida, a ser un hombre sofisticado y elegante que era. Pero a veces cuando se miraba al espejo, no se reconocía...

 

Sujetando las bolsas y el maletín con una mano, Oh-aew  paró un taxi a toda prisa. Ni siquiera se percató de las miradas admirativas que los hombres y las mujeres lanzaban sobre él.

 

Con un metro ochenta de estatura, musculos notables y un pelo de color Negro azabache , era un hombre que llamaba la atención.

Tenía el rostro ovalado, la nariz recta y labios generosos. Pero lo más bonito eran sus Ojos color chocolate, con puntitos dorados.

—¿Dónde vamos, señor?

Oh-aew  le dio la dirección de sus amigos James y Jai.

 

Cuando llegaron al elegante barrio de Wireless Road, bajó del taxi y miró la casita pintada de blanco. Era difícil creer que habían pasado cinco años desde que murió su madre y

él se mudó allí con James, su amigo de la infancia, para empezar la carrera de Económicas en la universidad de Bangkok.

La casa era de Jai Saetan , un chico tailandés de descendencia china que les había alquilado dos habitaciones para poder pagar la hipoteca. Su tío, Teh , controlaba el dinero

que le dejó su madre y, según él, era peor que el demonio.

 

Oh-aew  llamó al timbre y esperó, con una sonrisa en los labios.

Había conocido a Teh un año antes, en el cumpleaños de Jai . Llegó inesperadamente y después de una acalorada discusión con su sobrino aceptó de mala gana tomar una copa.

 

Para Oh-aew  había sido amor a primera vista. Nada más ver a aquel hombre alto y moreno, vestido con un elegante traje de chaqueta italiano y mucho mayor que él, su

corazón le dijo que era el hombre de su vida.

 

Más de metro ochenta, hombros anchos, pelo oscuro, ojos negros... era el hombre más guapo que había visto en toda su vida. Tenía una presencia imponente y exudaba

masculinidad. Cuando después de charlar un rato le pidió que cenara con él al día siguiente, él aceptó sin dudarlo un momento.

 

Jai había intentado advertirle contra él. Le dijo que su tío era un depredador, un tiburón de los negocios que le rompería el corazón y que, a los treinta y cinco años, era demasiado viejo para él. Además, según Jai, le gustaban las mujeres elegantes, sofisticadas... mujeres con experiencia y no los hombres que todo aquello que pudiera surgir entre ellos, sería algo pasajero sin emociones.

 

Pero Oh-aew , ignorando sus advertencias, salió u cenar con él.

Fue una noche maravillosa. Teh le habló sobre su vida y él le contó que acababa de terminar la carrera con unas notas excelentes y había conseguido trabajo como corredor de bolsa en una de las empresas más prestigiosas de Bangkok. Le contó todo, incluso que era hijo de madre soltera, pero él no pareció sorprendido.

 

Teh le invitó a pasar las vacaciones en la isla privada que su familia poseía en Filipinas y Oh-aew aceptó, encantado. Curiosamente, se despidió con un simple beso en

la mejilla... y eso le decepcionó.

 

Por eso, al día siguiente se gastó todo el sueldo en ropa y en peluquería. Para convertirse en la clase de hombre sofisticado que a Teh le podría gustar.

Durante las vacaciones conoció a su padre, Theo Saetan , que le trataba como si fuera un niño. Igual que Teh.

 

De vuelta en Bangkok, salieron a cenar media docena de veces, pero la relación no pasaba de un beso en la puerta de casa. Cada uno más apasionado que el anterior, pero

nada más.

Cuando Teh se fue a Shanghái, Oh-aew  pensó que se había olvidado de él. Pero dos semanas más tarde, de nuevo en Bangkok, volvió a invitar a cenar y acabaron

durmiendo en su habitación del hotel Saetan en Phuket .

 

Teh era su primer amante, de modo que no podía compararlo con nadie, pero no le hacía falta. Sabía que había encontrado a su alma gemela. Teh solo tenía que mirarlo

para hacer que se le acelerase el pulso, solo tenía que tocarlo para encender una pasión que nunca había conocido.

 

Tenía impresa en la mente la imagen del poderoso cuerpo desnudo, los anchos hombros, el vello oscuro que cubría su torso, los brazos largos y musculosos mientras le

enseñaba lo delicioso que era hacer el amor con alguien a quien se quiere.

 

Una semana después, Oh-aew  se había ido a vivir a su apartamento, un lujoso dúplex con vistas al río Chao Phraya, y su relación se había hecho más seria.

—¿Y esa sonrisa? —la pregunta de James  interrumpió sus pensamientos.

Oh-aew  miró al joven rubio que había abierto la puerta.

—Recuerdos felices —contestó, besándolo en la mejilla—. ¿Dónde está Jai ?

Traigo un regalo para él.

—¡Hola, Oh-aew !

—Feliz cumpleaños, Jai  —sonrió él, dándole un abrazo—. Toma, tu regalo.

—Qué honor. El formidable Teh  Krittikorn Saetan  te ha permitido venir a visitarme el día de mi cumpleaños. Hace seis meses que no te vemos el pelo.

 

—No te pongas tonto, Jai  —replicó él—. Abre tu regalo. Me ha costado mucho encontrarlo.

—Perdona, cielo. Es que me has pillado en mal momento. Me siento viejo —sonrió

el joven.

—¿A los veintitrés años? No me hagas reír.

—Pues tú mereces unas risas, Oh-aew . Te mereces ser feliz.

—Y lo soy. Abre el regalo de una vez, pesado.

 

Dos minutos después, Jai lanzaba un grito de alegría.

—¡Me encanta! Pero debe haberte costado una fortuna —dijo el joven, mirando el grabado de dos luchadores griegos—. Es un auténtico grabado del siglo XIX, ¿no?

—Por supuesto. No iba a comprarte una falsificación —rió él.

Jai odiaba su trabajo en los hoteles de la familia Saetan y lo que quería era abrir una galería de arte.

Desgraciadamente, hasta que cumpliera veinticinco años o contrajera matrimonio no podría reclamar la herencia de su difunto padre, que Teh controlaba con mano de hierro. Aunque recibía un buen estipendio todos los meses era un derrochador nato, siempre sin dinero, siempre quejándose.

 

A Jai no le interesaba el negocio familiar y él había intentado convencer a Teh de que le adelantase parte de la herencia, pero la respuesta siempre era la misma: «no te

metas en los asuntos de mi familia».

La facilidad con la que se volvía un ser frío y distante lo asustaba, pero eso era parte de su personalidad.

—Seguro que mi tío no sabe que te has gastado una fortuna en mí —dijo Jai

entonces, colocando el grabado sobre la chimenea.

—Yo me gasto lo que quiero, bobo. A finales de abril recibiré una paga de

beneficios de... escuchad atentamente chicos, ¡doscientas mil libras!

—¡Bien hecho, Oh-aew ! Siempre supe que eras un genio de las finanzas —exclamó

James .

—Tenemos que celebrarlo. Saca el champán —rió Jai —. Los tres mosqueteros vuelven a ponerse en acción.

Los ojos de Oh-aew  se llenaron de lágrimas al recordar cómo solían llamarse los tres compañeros de piso.

James  sacó el champán y brindaron por Jai , por la carrera de Oh-aew  y por todo lo imaginable.

Como en los viejos tiempos.

Dos horas más tarde, con los tres tirados en el sofá, Jai  lanzó una bomba:

—¿Sabes que Teh quiere casarse? Ayer estuve con mi abuelo y me ha dicho que

está decidido.

De repente, a Oh-aew  el mundo le parecía un sitio maravilloso.

—¿Te lo ha dicho él? ¿Teh quiere que nos casemos? —exclamó, emocionado—.

No puede venir hasta mañana, pero... ¡me ha dicho que tenía que darme una noticia! Jai  y James  intercambiaron una mirada de preocupación.

—Según mi abuelo, Teh tiene que darte una noticia, pero... —empezó a decir

Jai .

—Cállate —lo interrumpió James  entonces.

—Por favor, dime qué te ha dicho tu abuelo. Lo conozco muy poco, pero sé que le

caigo bien.

—Desde luego que le caes bien... pero no tanto como tú crees.

—Jai , déjalo —volvió a intervenir James —. Lo estamos pasando bien y...

—Oh-aew  es amigo mío y merece saber la verdad. ¿Quieres que se entere por Teh?

Perdido en sus sueños de felicidad eterna, Oh-aew  apenas los estaba escuchando.

—¿Por qué estáis discutiendo?

Los dos hombres se miraron.

—Tienes razón —dijo James —. Merece saber la verdad.

—¿A qué te refieres?

Jai  se levantó del sofá, nervioso.

—Prefiero que te enteres por mí y no por el canalla de mi tío.

—¿Otra vez? ¿Por qué no aceptas que nos queremos? Nosotros estamos felices de  que James  y tú sois pareja, ¿por qué no nos devuelves el favor?

 

Cuando se fue a vivir con Teh, Jai  hizo todo lo posible para desilusionarlo. Le contó que su tío era hijo ilegítimo de Theo, que su madre había sido una prostituta de lujo,

conocida en Phuket por una cadena de amantes millonarios, y que Teh no era mejor

persona. Aquel día Oh-aew  no quiso escucharlo y tampoco lo escucharía en aquel momento.

—Es que no quieres verlo. Mi tío es un bastardo...

—¿Ah, sí? Entonces, supongo que yo también soy un bastardo. Ya sabes que mi

madre no se casó nunca.

Jai  la miró, apenado.

—Perdona, Oh-aew . No quería insultarte. Pero tienes que saber una cosa: Teh no te

considera su novio, solo su amante.

—Solo los hombres casados tienen amantes —replicó él—. Además, tú no sabes

nada sobre mi relación con Teh. Y creo que es hora de marcharme.

—Escúchalo, Oh-aew . Es por tu bien —intervino James .

—Teh me quiere y eso es lo único que necesito saber.

—Tú eres un hombre muy listo con los números, pero no conoces a los hombres,

Oh-aew  —insistió Jai —. Teh es tu primer novio.

—Es el único hombre al que quiero conocer.

—Yo sé con quién va a casarse mi tío y no eres tú.

Oh-aew  lo miró, incrédulo.

—Estás mintiendo porque no puedes soportar que viva con Teh —dijo, con lágrimas en los ojos—. Solo quieres hacerle daño porque no te da la herencia de tu

padre. Te gusta dominar a todo el mundo y me parece muy bien que James se deje, pero yo no voy a hacerlo. Y Teh tampoco.

Jai  sacudió la cabeza.

—Estás ciego, Oh-aew  —murmuró, apenado—. Piensa lo que quieras, pero hazme un favor. Mañana por la noche ceno con mi abuelo en el hotel Saetan . Da una fiesta

para celebrar no sé qué contrato y me ha pedido que vaya contigo.

Como Teh no llegará hasta el sábado, supongo que puedes venir. ¿Quieres?

Él no sabía qué hacer. Estaba enfadado con Jai , pero...

—¿De verdad tu abuelo te ha pedido que me lleves?

—Sí. De hecho, insistió varias veces.

—En ese caso, iré.

—Vale. Iré a buscarte a las ocho.

Antes de meterse en la cama, Oh-aew paseó, inquieto, por la habitación. Las palabras de Jai lo habían preocupado más de lo que quería reconocer. Nervioo, abrió uno de

los armarios y pasó la mano por los trajes de Teh. Cuando respiró el olor de su colonia se sintió un poco más seguro. Teh lo amaba... Pensando eso, se metió en la

cama y se quedó dormido.

 

Oh-aew  se miró al espejo por enésima vez. Estaba más guapo. Más que guapo, despampanante.

 

El pelo le llegaba hasta la frente,  liso con la raya en el medio.

 

Había elegido un escotado un traje negro de Ermenegildo Zegna con el que podía lucir a la perfección los gemelos que Teh le había regalado.

La cadena de oro blanco con su inicial brillaba a lo largo de su cuello de cisne. Para completar el atuendo, se calzó unos zapatos negros de Alexander Wang.

 

Tomando su billetera y las llaves del duplex, bajó la escalera de caracol que llevaba al amplio vestíbulo del apartamento. Le encantaban los pulidos suelos de

madera, los preciosos sofás y la hermosa alfombra persa del salón. De hecho, le encantaba su casa.

Pero, ¿dónde estaba Jai ? Llegaba diez minutos tarde.

Mientras esperaba, decidió llamar a Teh. Pero recibió la misma respuesta que una

hora antes: la voz de su secretaria en el contestador. Llamó también al hotel de Shanghái en el que se alojaba, pero tampoco estaba allí.

En ese momento, sonó el timbre.

Jai llevaba un elegante esmoquin... y una pajarita de color rojo.

—Estás muy guapo. Pero lo de la pajarita...

Mira que eres rebelde.

—Tú estás tan divino como siempre —dijo Jai .

Pero no sonreía. Todo lo contrario; estaba muy serio.

—¿Qué te pasa?

—Tienes que escucharme, Oh-aew ...

—¿Otra vez? —suspiró él, irritado.

—Teh estará en la fiesta.

La sinceridad que había en los ojos oscuros de su amigo no dejaba lugar a dudas.

—Pero... no puede ser. Está en Shanghái y no llegará hasta mañana.

—Lo he visto esta tarde en el hotel. Estaba con dos personas, Top Parada  y su

hija Tarn . ¿Te suena la multinacional Parada?

—Sí, claro...

—Teh y Top Parada  han firmado una fusión comercial esta misma tarde. Y

mientras lo hacían yo he tenido que entretener a Tarn .

—Bueno... Teh ha firmado un acuerdo. ¿Y qué? —murmuró él, intentando

disimular su angustia.

¿Por qué no le había dicho que estaría en Bangkok?, se preguntaba.

—Tarn  Parada tiene dieciocho años y es parte del trato, Oh-aew  —dijo Jai

entonces.

—No puede ser. Teh nunca me haría eso —dijo él con firmeza. Pero una

vocecita le advertía que algo raro estaba ocurriendo.

Jai  suspiró, cansado.

—¿Cómo crees que mi abuelo levantó su empresa? Se casó con la hija de un empresario importantísimo, una mujer diez años mayor que él. Pero mi abuela no era

tonta. Siempre supo que tenía amantes y la madre de Teh era una de ellas. Por eso conservó la mitad de las acciones. Cuando murió, la mitad fue para mi abuelo y la otra

mitad para mi padre... y para mí, claro.

 

—Pero Teh no necesita casarse por dinero...

 

—Teh es exactamente igual que mi abuelo. Lo único que le importa es el negocio.

Mi tío va a casarse con Tarn Parada, créeme. Y si no fuera ella, sería otra. Él solo te ve como... como mi abuelo veía a sus amantes.

 

—Tú no conoces a Teh como yo —replicó Oh-aew , con un nudo en la garganta—.

Quizá solo está engañándolo para firmar el trato.

 

¿Qué estaba diciendo? ¿Prefería ver a Teh como un tirano, un hombre de negocios sin escrúpulos antes que aceptar que lo estaba engañando? ¿Tan desesperado estaba?

—Si eso es lo que quieres creer... Muy bien. Vamos a la fiesta —dijo Jai

entonces—. De hecho, me encantaría que montases una escena. Entonces todo el mundo

sabría qué clase de canalla es mi tío Teh.

—¿De verdad crees que va a casarse con esa chica?

—Si vienes podrás comprobarlo con tus propios ojos.

Oh-aew  nunca se había negado a aceptar un reto y no pensaba hacerlo en aquel

momento. Además, no creía a Jai . Su corazón no le permitía creerlo...