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Pertenecer a una de las familias más prestigiosas del país, vivir rodeada de lujos y tener prácticamente todo al alcance de la mano no es tan maravilloso como creen. Hay un montón de reglas estrictas que debes cumplir a cabalidad; no puedes tener tus propios sueños porque las cabezas de la familia ya trazaron tu destino; no puedes ser tú mismo, sino aparentar una imagen que haga quedar bien a la familia. Por momentos, te sientes atrapada en un agujero negro, uno del que afortunadamente logré salir.
De niña estuve prácticamente apartada del resto del mundo. No pisé una escuela hasta mis quince años, y el único contacto con gente de mi edad era Sumire, la hija de nuestro mayordomo, a quien considero una hermana. Toda mi educación me fue dada por profesores particulares, quienes me inculcaron una y otra vez que debía ser un ejemplo a seguir para una sociedad que en ese entonces me era casi desconocida. Y digo casi porque gracias a los mangas que me facilitaba Sumire a escondidas y a las aficiones más mundanas de mi padre, tuve algo de conocimiento sobre el mundo exterior.
Fue gracias a él, que contra el consejo de su padre y su suegro decidió cumplir mi deseo de asistir a una escuela, que conocí a mis amigas y compañeras de banda. Aquellas chicas que me acogieron sin dudar; que fueron las primeras en provocarme sonrisas auténticas y no aquellas que fingía por mera cortesía; que, aun sabiendo mi origen, me siguen tratando como una más y no como alguien a quien venerar. Y fue por ellas que decidí enfrentarme a aquellos dogmas familiares que me impedían ser como en verdad soy.
Todo sucedió cuando estaba cerca de cumplir 25 años, una época bastante agitada en la historia de la banda. Por esas fechas Yui-chan y Azusa-chan luchaban por hacer legal su unión marital, esto mientras terminábamos una gira de la que Ricchan estuvo ausente la mitad del tiempo por un accidente que tuvo. Ese accidente tuvo repercusiones económicas en el grupo, las que mi abuelo quiso aprovechar para intentar hacerme renunciar a mi vida para ser simplemente la heredera de los Kotobuki. Según sus palabras, ya estaba en la edad en que debía dejar de jugar a la estrellita de rock y centrarme en los negocios familiares. Obviamente no estuve de acuerdo e intenté defenderme, pero me sentí maniatada cuando él amenazó no solo con despojarme del apellido y los "beneficios" que traía, sino con hacerme pagar todo lo que había dado a la banda desde que se fundó, incluyendo los postres y tés que les he dado por años a mis compañeras, la enorme rebaja que pedí para que Yui pudiera comprar su primera guitarra, y los gastos que el accidente de Ricchan originó.
Maldije para mis adentros al sentirme impotente. No quería volver a lo que viví de niña, a sentirme como una muñeca viviente, a estar dando sonrisas fingidas, a sentirme dentro de un calabozo. Aunque no tenía la certeza de lograr salir de eso, plasmé mis sentimientos en un borrador de letra de canción, poniendo mi fe en que algún día vería la luz.
En un principio quise resolver todo por mi cuenta, no quise involucrar a mis amigas en algo tan personal, pero al ver que mi abuelo impidió que los abogados de la familia tomaran parte a mi favor, tuve que recurrir a Nodoka para que me diera una mano. Ella se indignó bastante cuando le expuse mi situación, haciéndose cargo de inmediato de todos los trámites legales que conllevaban impedir que mi abuelo se saliera con la suya. Una luz de esperanza se vio cuando ella se alió con un amigo de mi padre que también quería llevar el caso. Fueron varios meses de arduos ires y venires a los juzgados, pero logramos salir avantes. El juez determinó que intentar despojarme de mi apellido y/o de mi libertad de actuar iba en contra de mis derechos como persona, por lo que mi abuelo no podía amenazarme con ello por no actuar conforme a sus caprichos.
Hoy, gozando de una libertad "plena", puedo mirar hacia atrás y recordar aquello como una anécdota. Sigo preparándome para el día en que tenga que tomar las riendas de los negocios de la familia Kotobuki, pero eso será cuando mi padre decida retirarse. Mientras tanto, sigo dedicando una buena parte de mi tiempo a la música, componiendo tanto para mí misma como para la banda. Mi abuelo quiso intentar volver a enjaularme, pero su vida finalizó un par de meses después de todo ese enredo.
