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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of Aoi Sekai
Stats:
Published:
2021-07-05
Words:
3,476
Chapters:
1/1
Kudos:
4
Hits:
107

El niño de la estrella

Summary:

La estrella y un niño que se acompañan por las noches ocultan un triste secreto.

Work Text:

Cada noche, dentro del marco de mi ventana vacía, busco el rastro intermitente de una estrella blanca y preciosa.

Esa estrella que brilla como ninguna otra y por la cual no dejo de soñar despierto. Durante mis noches en vela, ¡oh qué sería de mi de no ser por ella! Tan milagrosa como una vela encendida en medio de una lúgubre noche sin luna.

Esa estrella, que me mira como yo a ella todas las noches sin falta. Dejo los anteojos, apenas por un momento, sobre la mesita de noche junto a mi cama y me dedico a observarla como si no existiera un futuro próximo ni un mañana sombrío, como si ambos fuéramos eternos.

Sonrío para ella. Así como sé que me mira, también he descubierto que le agrada verme feliz, ¡me quiere, estoy seguro! Porque resplandece en cuanto achico los ojos débiles y ensancho mi sonrisa, dejando entrever mis dientes recién lavados después de cenar.

¡Pero qué bonita es! ¡Quisiera ser como ella! Pienso siempre.

A la hora de correr las cortinas y quitar el seguro a la ventana la emoción recorre cada centímetro de mi pequeño cuerpo hasta darme algunos cosquilleos, ¡también yo la quiero mucho! No puedo dormir sin haberla estado observando al menos tres cuartos de hora, porque es el tiempo mínimo de una charla decente y es que eso es un problema, porque tarda mucho en responder e incluso hay veces en que no me responde nada para que me venza el sueño y me duerma.

¡Qué cruel! Y yo que le dedico mis —poco útiles— ojos solo a ella. Hmp, quisiera crecer pronto para poder desvelarme todo lo que los adultos pueden y los adolescentes hacen en realidad. Seguro sería fantástico ver y contar todas las veces en que titila como guiñándome un ojo, o respondiendo si le agrada mi compañía nocturna.

También creo que su luz me protege de las pesadillas, porque todas ellas cesaron cuando mamá, aquel día, me abrazó fuerte y se sentó conmigo a observar el cielo por horas, contándome sobre las constelaciones y su significado. ¡Lo lamento mamá! Soy un poco olvidadizo y ya no recuerdo casi nada de aquella basta explicación, pero hay algo que no podría olvidar nunca.

Esa linda estrellita sin nombre ni grandes hazañas contadas en mi libro de cuentos para dormir, aquella que nació tan solo para velar y cuidar de mi. Mamá no la mencionó porque no la vio, pero simplemente no pudo pasar desapercibida ante mí. En cualquier caso, los monstruos horribles escondidos bajo mi cama huyeron aterrorizados desde entonces, y pude dormir tan tranquilo que no quería despertar al día siguiente. Esa noche con sueños tan dulces como una cucharada de miel. Quisiera soñar así a diario, pero con estar lejos de los monstruos me conformo, sip, sip.

El día en que la conocí, a la estrellita, cambiamos los muebles de mi cuarto de lugar para hacer espacio, aunque nunca entendí para qué si todo estaba perfecto como antes. Bueno, tal vez para devolverle a la amiga de mi mamá esas cosas que se quedaron aquí, ¡pero sigue siendo innecesario!

Huh, hoy sigo esperando ansioso las siete de la tarde para poder ir y asomarme un buen rato a admirarla. ¡Una vez me quedé hasta las diez allí! Mamá tuvo que arroparme con cuidado para asegurarse que no me volvería a destapar. Lo malo es que hacía frío, y yo tenía miedo de pescar un resfriado.

Mmm, de nuevo me quedé pensando. Siempre me ocurre esto, no sé porqué. Por un instante me vino a la mente una imagen muy linda, pero pronto despareció y no alcancé a ver de qué se trataba. Bueno, recuerdo haber visto a una señora... ¡Por supuesto! Ella es la amiga de mamá ¿Eh? Qué raro, no tiendo a olvidar las caras de las personas así de fácil. Además, había una persona con ella, no, era un niño, ¿eh?...

No logro verlos más en mi mente. Es un sentimiento lejano, pero a la vez familiar, no lo entiendo.

Da igual, acabo de ver el reloj y son las 6:45 pm. Está a punto de anochecer, ¡que emocionante!

—Eve, cariño —suena la voz de mamá desde fuera de mi cuarto, la puerta está entreabierta—. ¿Ya te lavaste los dientes?

—¡Sí mami! —respondo moviendo inquieto los pies. ¿Quién lo hubiera pensado? Tal parece que es verdad, soy medio desesperado algunas veces.

—Bueno, pero no te quedes mucho tiempo allí, ya empezó a hacer frío y no quiero que te enfermes —dice con ese tono que no me gusta. Como si estuviera triste, con una amabilidad poco creíble. ¿Qué será lo que me oculta?

—Noop —aseguro con una risita. Todavía no tengo sueño así que estaré el mayor tiempo posible aquí, pero mamá no se dará cuenta de ello, porque según recuerdo, hoy vuelve a venir a casa su amiga.

Es una señora muy amable hasta donde me acuerdo. Últimamente se hizo cercana de verdad a mamá, pero no me agrada ir a verla cuando están juntas. A ella la rodea un ambiente feo, creo que triste, demasiado triste. Eso no me gusta, porque si escucho sus palabras infelices siento como si los monstruos que la estrella ha espantado me miraran la espalda con ganas de atraparme entre sus fauces y garras gigantescas.

No necesito escucharla, tampoco quiero hacerlo. Estaré contento con tan solo en el silencio y compañía de mi estrellita.

¿Alguna vez mencioné lo brillante que es? Titila en cuanto me paro de puntitas sobre el banco y apoyo los brazos sobre el marco de la ventana. No me molesta ensuciarme un poco con el polvo, solo me hace estornudar de vez en cuando. Además si me da mucho frío o hace aire e intento calentarme las manos con el aliento se empañan mis lentes.

¡De todos modos! Eso no es ninguna molestia en absoluto, es parte de verla.

Oh, vaya. Mamá encendió el radio de la cocina y la interferencia suena feo hasta mi cuarto. Pronto se convierte en una melodía curiosa, es un poco aburrida pero a la vez diferente.

Creo que hay otro sonido viniendo desde más lejos. ¿La puerta? Eso parece. Alguien tuvo que haber llegado entonces. Debe ser esa señora triste.

Volteo a ver de reojo la hora. 6:57 pm. ¡Rayos! Mamá vendrá ahora a pedirme que salude a esa mujer y perderé mi tiempo. Oh no, ¿y si me oculto debajo de la cama? No, es muy obvio, aunque los monstruos ya no estén me sigue dando algo de miedo allí abajo. ¿El armario? Mejor no, me da claustrofobia y luego me cuesta salir.

¿Qué hago, estrellita mía?

Inflo los cachetes y aprieto los puños del coraje.

Tengo suerte, en invierno las noches duran más, así que podré tener algo más de tiempo para mirarla, ¿no es así? Hah... A veces me da la impresión que a mamá le preocupa o no le gusta verme tanto rato pegado a la ventana, pero igual nunca me dice nada a menos que se haya pasado mi hora de dormir. No hago algo malo, ¿verdad? Entonces, ¿por qué pone esa cara tan triste en cuanto me ve asomándome? Tampoco lo entiendo.

El reloj digital da unos cortos pitidos avisando el cambio de hora. ¡Ya sé que son las siete, no tienes que recordármelo!

—Eve —dice mamá abriendo la puerta—, ven a saludar, hay visita.

Me le quedo viendo sin contestar. No quisiera ir.

—Voy.

Ella no se mueve de su lugar. Me extiende la mano para caminar juntos fuera de la habitación y acepto sin más alternativas. Atravesamos el pasillo con dirección a la sala. El radio sigue encendido tocando música mientras la señora de ojos apagados me ve y mueve la mano.

—Hola Eve-chan, ¿te acuerdas de mi? —se alejó del sofá donde estuvo sentada para acercárseme.

—Hola señora... —me aferro a la falda de mamá, tratando de esconderme detrás suyo.

—Vamos Eve, no seas tímido —me acarició el pelo—. La conoces de hace tiempo, ¿no recuerdas? Cuando yo iba a trabajar muy temprano y no podía ir a dejarte a la escuela ella me hizo el favor de llevarte... De llevarte un par de veces porque tenía tiempo a esa hora, ¿verdad que sí?

—¡Exacto! —forma una sonrisa forzada, ¿qué fue ese cambio de actitud de mamá?

—Creo que sí —rasco mi nuca, poco convencido.

—¡Oh, pero si solo fue hace unos seis meses!

—Así es. Bueno, seguramente Eve-chan tiene muchas cosas divertidas que hacer y no es tan importante algo así —ríe un poquito.

De la escuela no tengo tantos recuerdos que digamos. Llevo algún tiempo de vacaciones, tal vez sea por eso. Fui al kinder hasta los cinco años, luego entré a la primaria. En primero aprendimos a leer mejor, restar y sumar. En segundo empezamos las multiplicaciones y... Comencé a faltar mucho en mitad de año. Le pregunté a mamá porqué, y ella contestó que todo estaba bien, asegurándome que estuvimos muy ocupados como para hacernos cargo de la escuela. No le veo sentido a eso, los adultos siempre dicen que la ir a aprender a la escuela es lo más importante. Para cuando quise volver habían iniciado las vacaciones de verano. Me siento un poco solitario, ¡pero al menos sigo viendo a Sou! Eso me quita la soledad.

—Eso es cierto, le gusta mucho leer y se pone a dibujar o a jugar, es un niño muy activo.

La señora me sonríe antes de mirar a mamá.

—Bueno, ¿quieres cenar con nosotras dos, Eve?

—Yo..., ¿puedo cenar en mi cuarto, mamá?

Suspira. Casi nunca la abandono para la cena. Luego dice que sí. Me despido de la señora y vuelvo para ver a la estrella. ¡Ya voy tarde!

Por supuesto que recuerdo a esa mujer, pero no me agrada. Claro que no podría olvidarla, eso jamás. No porque sea un niño mi memoria es inútil. Tampoco confundo la realidad con mi imaginación, porque la realidad es mucho más fea y complicada. Ella es la madre de Sou, lo recuerdo perfectamente.

En ese corto saludo se fueron unos seis minutos. Dieron las 7:08 p.m. justo cuando entré a mi cuarto de nuevo. Me dirijo rápido hasta la pared donde está la ventana. Subo al banquillo para alcanzar el seguro, lo empujo con los dedos hasta que cede. Entra una corriente de aire fresco que me da escalofríos, la ventana se ha abierto de par en par. Las cortinas revolotean molestas en mi cara por el viento. Bajo del banco a alcanzar dos pedazos de hilos sobre mi mesita y vuelvo al lado de la ventana. Tomo un hilo y ato una mitad de las cortinas, luego hago lo mismo con la del otro lado. ¡Por fin dejaron de molestar!

Esa señora nos llevó a la escuela juntos durante casi un mes. La pasamos muy divertido. Sou es el niño más lindo que haya conocido jamás. Tiene un aura esponjosa alrededor suyo y hasta te dan ganas de abrazarlo apenas por estar cerca suyo. Sus ojitos un tanto oscuros brillaban de emoción cuando le hablaba de algo interesante, ¡él sabe escuchar! En un principio era muy tímido, creí que algo mío lo asustaba, pero después de un rato perdió el miedo y me seguía a todas partes en la escuela. Almorzábamos juntos, jugábamos y platicábamos todo lo que nos daba el tiempo. Ninguno de nosotros es demasiado sociable, por lo que nos volvimos cercanos en poco tiempo. Sou sonríe tan brillante como la estrellita, y de hecho, ahora que lo pienso, olvidé mencionar que él vive allí.

Me subo otra vez al banquillo. Apoyo los codos sobre la superficie lisa del marco metálico y me da frío. Niego con la cabeza, deshaciéndome de las incomodidades. A través de mis lentes miro al cielo oscuro. El espectáculo de las estrellas ya comenzó. Venus se ve muy claramente, por ejemplo. Es de las pocas estrellitas de las que recuerdo su nombre, porque lanza destellos realmente lindos. En este momento quisiera tener un telescopio a la mano, pero ni modo, quizás cuando sea grande y pueda comprarme uno yo solito me dedicaré a observar las constelaciones cuánto me de la gana. Por lo menos mi estrellita sigue dormida.

Sou antes vivía con su mamá, como yo con la mía, pero poco después de que ella dejara de llevarnos a la primaria dejé de verlo. Nuestra maestra preguntó por él en el salón, como por cuatro días. Más tarde paró de llamarlo hasta en la lista de asistencia. Le pregunté porqué, pero dijo que Sou se había cambiado de escuela.

Suspiro con un poco de desespero, pensando demasiado.

Eso es imposible, porque ni Sou ni su mamá lo mencionaron. Sou no estaba nervioso por irse antes de aquello, y su madre seguía en la misma casa. Eso era raro. Me llevó a la escuela cerca de dos veces después de que él desapareciera, pero no me daban ganas de preguntarle por la cara que ponía en el camino. Como de tensión, intentando esconder algo a toda costa.

El cielo está cada vez más negro, ya no se ve al sol, sino a la luna llena. Hay muy pocas nubecitas allá arriba, la noche estará despejada y será larga, estoy seguro.

Le hablé a mamá para ver si ella podía enterarse de lo que en realidad ocurría con mi tierno amigo, a fin de cuentas ella es una adulta y los adultos pueden tratar de todos los temas que nunca nos quieren revelar a los niños. Puede que en verdad Sou se haya cambiado de escuela y su madre me vaya a dejar antes o después de hacerlo con él, eso o su papá lo lleva por las mañanas, pero todo se sentía sospechoso. ¿Por qué todos tenían una versión diferente de la historia?

Mamá dijo que mi querido niño había enfermado, pero no podíamos ir a verlo porque me podría contagiar de lo que sea que tuviera, así que no fuimos. Me entristecí por no verlo. Lo extrañé tanto que, cuando mamá me vio llorando por él dentro del baño de la casa hizo una cosa medio inusual. Bonita, pero inusual.

Me llevó de viaje al mar una semana entera. ¡El mar es enorme y frío! De lunes a viernes tragué agua salada e hicimos castillos de arena sobre la costa. Nos dormíamos contando cuentos en la noche en el hotel y desayunábamos muy rico en todos lados. Paseábamos o perdíamos el tiempo sin hacer nada, o dormíamos a pierna suelta si hacía demasiado calor para salir. A decir verdad, con tantas cosas bonitas dejé de afligirme por Sou, me relajé bastante.

¡Hump! ¡Mira que brillitos tan espléndidos han aparecido en el cielo, es mi estrellita! ¡Llegó porque me puse a pensar en Sou-chan de nuevo!

Después de aquello volvimos a casa. Estuve tranquilo, pero mi amigo de pelo castaño clarito todavía no iba al escuela. Es muy tímido, casi nadie lo conocía a la hora de mencionarlo en una conversación. Le costaba platicar con los demás y evitaba la interacción. No podía tampoco hablar de eso con mis demás amigos. Mafu y Soraru son buenos chicos, me ayudaron a investigar, pero tampoco pudieron encontrar algo de utilidad.

Ilusionado, me quito los lentes y los dejo encima del marco. Me tallo los ojos e intento enfocar con claridad a mi estrella, pero es difícil, se ve todo un poco borroso estando tan lejos del cielo. ¿Algún día podré ir hasta allá? No sé si quiero ser un astronauta, ¡pero ser astrónomo no suena mal! Por lo menos así podría ver más seguido a mi estrella, y por supuesto, puede que alcance a ver a Sou otra vez.

Luego volví a preguntar, no siendo tan obvio, a mamá. Y ella dijo algo así como: "Sou se fue lejos... Tuvo que irse con su papá a un lugar lejano por cosas de su trabajo. Eso fue lo que me contó su mamá hace unos días. No creo que haya ocurrido otra cosa, tú sabes que ella no miente y nos quiere mucho. Además, supongo que al pequeño Sou lo tomó por sorpresa también y por eso no te lo dijo anteriormente, pero no te preocupes ni te revuelvas, ¿te parece?".

Me cuesta mantener los ojos entrecerrados para no perder de vista mi objetivo, tan pequeño y bonito, así como Sou-chan. Lo sigo extrañando sin importar las horas o meses que pasen, aunque supongo que así las cosas van mejor para él, ¿no? En otras palabras, hay una buena razón por la que sé que él se fue a vivir allá arriba. Hay una razón, pero no he descifrado la explicación, ¡y es que solo así tiene sentido que nadie sea capaz de decirme porqué no aparece en ningún sitio ni mantener una versión de las cosas!

Sou es un niño bueno, tal vez demasiado. Llegué a creer que era una pequeña especie de angelito con alas invisibles con miedo de los turbados humanos, jeje. Bueno, no tal cual un angelito, pero si alguien muy especial, en un buen sentido. Sin contar lo importante que es para mí, por lo que nunca olvidaría su preciosa carita. Entonces, quizás para un niño tan bueno y frágil era difícil vivir entre nosotros. Yo soy menos inseguro, e incluso así no me agrada del todo este tipo de vida. ¡Por lo que...! Sou decidió dejar de padecer en este mundo. Sou eligió su propia forma de vida, en un lugar lejano donde nadie pudiera molestarlo por ser tan callado o distraerse en clase con facilidad.

Sus papás son gentiles aunque algo, ¿fríos? No sé cómo describirlo, sin embargo él se sentía culpable de muchas cosas, por lo poco que hablaba de sí mismo.

Sou vive en la estrella. Sou encontró la forma de ir hasta allá sin una nave espacial ni un cohete de la NASA. Él desapareció de este feo lugar, se mudó a la estrella. Encendió la luz que vivía en el interior y la utiliza por las noches, sabiendo que a esa hora las estrellitas aparecen en el cielo. Y me saluda, me dice cientos de cosas indescifrables hasta verme bostezar o cabecear. Sospecho que aprovechó cuando estuve de viaje con mamá para subir hacia allá porque tuve un mal presentimiento un día de esos, en la noche también. Estuvimos en la playa con los pies húmedos por la marea baja, la luna estaba casi ausente. ¿Habría sido luna nueva? El punto es, aquel día, cuando acomodamos los muebles, fue apenas tras volver del viaje. Eso quiere decir que Sou me saludó de vuelta desde su nuevo hogar ese día, él vio que lo necesitaba y tenía ganas de verlo inmediatamente. ¡Es demasiado amable!

Huh, mi pecho vuelve a sentirse pesado. Tengo comezón en los ojos y la nariz. No sé porqué, no comprendo. ¿Será el frío o simplemente quiero volver a llorar porque no creo poder volver a ver a mi amigo en carne y hueso? Se forma de a poco un nudo en mi garganta; y quema. Me quema un montón. El frío es lo menos importante ahora.

¡Está bien, Sou! ¡Te perdono por no decirme que no te quedarías a mi lado en la forma que quise! ¡No me importa que hayas mentido diciendo que estaríamos juntos por siempre! ¡No necesitas disculparte siquiera! ¡Olvidé decirte lo mucho que te quiero! ¡Te extraño mucho!

—¡Sou-chan, vuelve por favor! ¡Regresa de tu estrella! —le rogué con lagrimitas asomándose por mis frágiles ojos.

Mi vista se ha nublado peor. No pude enfocar bien en todo este tiempo, por lo cual me frustro. Mamá no me escuchará porque su radio sigue encendida y sigue con la mamá de Sou, platicando en la sala. Mis gritos bajitos no pasan más allá de la puerta cerrada. Eso me tranquiliza, no quisiera alertar a alguien.

Pero Sou, ¿me escucharás si grito más fuerte? ¿Me extrañarás tu igual? ¿Por qué no te quedaste...?

Finalmente, las lagrimitas se acumularon rápidamente. Me arden de pronto las mejillas y los ojos. Siento las gotitas deslizarse por mi cara. Caen mojando el marco de la ventana una tras otra, y ya no puedo detenerme. Perdí el control. Mi nariz también se humedece y moqueo. Trato de enjugar mis lágrimas con el dorso de mi mano, en vano, pues siguen y seguirán precipitándose. Ya no quiero llorar, quiero estar feliz por él, pero aún así...

—¿Sou, por qué? ¿Por qué me dejaste? —el nudo en mi garganta y mi tristeza me impiden soltar dichas palabras más que en un murmullo inaudible. Sollozo sobre el banquillo, mis piernas tiemblan.

Seguiré pensando en él y sus lindos ojitos brillantes. Lo recordaré el tiempo que pueda. Miraré a nuestra estrella todas las noches que vengan a través de esta ventana, haga frío, calor o lluvia. ¡Porque yo quiero mucho a Sou!

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