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¿Cuántas caídas tuvo que pasar para darse cuenta que no era buena idea correr cuando era de noche? Muchas, sus rodillas junto con sus palmas probablemente tenían la cuenta exacta, pero su cerebro en ese momento no. También Harvey tenía la cuenta exacta, siempre que regresaba a la granja su esposo se encargaba de regañarla mientras con extremo cuidado curaba los raspones que se pudo causar; ni siquiera había malicia en su voz, o no podía captarla en ese momento, su mente estaba pensando en cómo su esposo siempre prometía lo que le había dicho en sus votos de nunca quitarse aquel collar de sirena. Siempre le hacía sonreír notar ese pequeño detalle.
Y Harvey siempre hacía pequeños detalles que le hacían sentir amada en todas las formas posibles, hacía la cena, siempre que ambos salían de la cabaña en la mañana Harvey le decía un “Te amo” para darle un beso en la mejilla, siempre la llenaba de cumplidos que iban más allá de su apariencia o físico, atendía desde sus heridas hasta sus dolores musculares, siendo siempre paciente y cariñoso aunque sus palabras fueran con otra intención. Incluso había hecho que la cabaña se sintiera un refugio, algo vivo, por así decirlo. El recordar que antes solamente tenía una cama para ella y su mascota le hacía sentir vacía, aunque se iba rápidamente ese pensamiento cuando escuchaba a Harvey comentar sobre el libro que estaba leyendo.
Era obvio que ella no entendía de lo que estaba hablando.
Sus pensamientos hicieron que bajara un poco su velocidad, en esos momentos había llegado -sin darse cuenta- a la tienda de Pierre. Algo que le detuvo correr fue ver una luz tenue saliendo de la ventana de la clínica. Vio su reloj, eran más de las doce de la noche. Dudaba mucho que quién estuviera en la clínica fuera Maru, Harvey, siendo él, no se lo hubiera permitido, probablemente le hubiera recordado que tan malo era para el cuerpo no dormir aproximadamente ocho horas; ¿O eran seis? No podía recordarlo, cuando Harvey le dio aquel sermón ella estaba pensando en decirle sobre su nueva colonia y como olía mejor que la anterior. Sería un lindo detalle que ambos volvieran juntos, ni siquiera recordaba cuando fue la última vez que hicieron algo así. Así que, pensando en una broma que decir entró a la clínica, viendo como en la recepción se encontraba Harvey desplomado, dormido.
No, no era la primera vez que algo así sucedía, pero si era la primera vez que pasaba en la clínica.
Podía comprender que, como el único doctor del pueblo, fuera exigente consigo mismo, pero no podía soportar ver hasta qué punto llegaba aquella autoexigencia que comenzaba a parecer un autocastigo. De cierta manera le recordaba cuando trabaja horas extra y su pago fuera una pizza que tenía que compartir con sus compañeros que al igual que ella, querían llorar por el cansancio. También sabía en silencio que esa autoexigencia llegó a otro punto desde que comenzaron a vivir juntos, siempre le intentaba recordar que con lo ganado gracias era suficiente, pero al parecer eso no era suficiente.
Llegó a su lado, apagó aquella radio portátil y quitó algunos mechones de la frente de Harvey.
“¿Aún tiene citas, doctor?” Bromeó cariñosamente, dejándole un beso en la sien. “Despierta, cariño”
Movió su mano al hombro del contrario cuando escuchó como se quejaba suavemente mientras despertaba “¿(T/N)?” La voz somnolienta de Harvey le hizo pensar que probablemente llevaba unas dos horas dormido; rió entre dientes, viendo como Harvey aún siendo invadido por el sueño comenzaba a reaccionar.
“Vámonos a casa”
(...)
La mañana comenzó como siempre, lo único diferente eran las nulas fuerzas que Harvey tenía para levantarse; incluso podía comparar su falta de fuerza en ese momento a cuando era un interno. Aunque no volvió a dormirse por un fuerte olor a café, cuando destapó su cabeza vio como su esposa entraba a la habitación sosteniendo una taza de café. Diciéndole un buenos días se talló los ojos, sintiendo como ella se sentaba a su lado, a la orilla de la cama. Cuando abrió los ojos vio como ella le ofrecía en silencio la taza.
Rápidamente se sentó en la cama, aunque no pudo evitar soltar un quejido de dolor gracias a su espalda, aunque ambos rieron. Apoyando su espalda en la cabecera de la cama tomó el café, y al primer sorbo notó que era como le gustaba; sin nada de azúcar. Solamente se lo dijo una vez a (T/N) y había sido por que ella, cuando apenas comenzaban a salir tomó de su café y al momento se arrepintió, convirtiendo aquel desayuno en uno de los mejores recuerdos que Harvey tenía.
“Me estoy preocupando por ti, Harvey” Comenzó, tomando la mano libre del mencionado. “Te has desplomado por el cansancio como cinco veces en lo que llevamos de otoño… De verdad no tienes que preocuparte por el invierno”
“¡No es por invierno, cariño! Es por que soy el único médico en el pueblo” Contradijo, tranquilo.
Pero, ¿Cómo podía mantener esa mentira, si después de decirla evitó contacto visual con su esposa? Ella no se mostró molesta, incluso rió suavemente.
“Cariño, agradezco tu preocupación, pero siento que me estás dejando a un lado, quiero decir, yo también vivo aquí, ¿No?” De nuevo rió. “¿Tengo que recordarte que nunca más estarás solo?”
Aunque la pregunta había sido con ironía, Harvey le siguió el juego, preguntándole qué pensaba hacer para demostrarle aquello. Ella se acercó más a él, incluso se sentó en sus muslos encima de las cobijas, él entre risas dejó la taza de café en la mesita de noche. “Te demostraré que nunca más estarás solo” fue la frase que le dijo, aunque entre cada letra le dejaba varios besos en todo el rostro. Después de que ambos pararan de reír, ella, aún con aquella sonrisa llena de amor que solamente le mostraba a él siguió hablando;
“Recuérdalo bien, ¿Sí? Los inviernos ya no los pasas solo, somos un equipo”
Él únicamente pudo darle un suave y corto beso, dejándole claro que cambiaría aquello.
“¿Qué dirían los del pueblo si vieran que en realidad tú eres la cursi?”
Eso hizo reír a la contraria acompañada de un suave sonrojo. “¿Es una amenaza? ¡Dos pueden jugar eso!” Al ver la cara burlona del mayor ella continuó hablando imitando la voz de Harvey “Oye (T/N), me acordé de un buen chiste, ¿Quieres oírlo?”
“¡No fue tan malo!”
“¡Eso es lo peor, no fue malo! ¡Fue humor negro!”
