Work Text:
Lo encontraron ahí, sin vida, en la habitación de Akihito. Sentado en su silla de trabajo frente a su ordenador; un brazo colgando con su beretta bajo él, caída en el suelo, y la otra en su regazo, quien sostenía unos trozos de papel de orillas sucias y maltratadas. Una escena llena de desesperanza, tristeza y angustia, horrible para los ojos que vieron todo lo que llevó a Asami Ryuichi tomar esa decisión.
No había mucho que hacer, encontraron el cuerpo rápidamente. Los guardias, siempre atentos, apenas escucharon el estruendoso sonido de un disparo corrieron a comunicarse con su jefe, sabiendo que provenía de su apartamento. Inmediatamente después corrieron a su interior y sintieron el vacío envolvente de ese lugar que solía estar tan lleno de vida hace algún tiempo. «Asami-sama, Asami-sama, ¿dónde está usted?» se podía escuchar, reverberando por cada recoveco de la planta, sin respuesta alguna. Buscaron habitación por habitación; la cocina sin nada que tocar más que innumerables botellas de distintos tipos de alcohol vacías, el salón con un vaso a medio tomar y un cenicero repleto de colillas, el balcón sin abrir desde quién sabe cuándo, la habitación principal desordenada, el baño con toallas caídas por doquier… sólo quedaba una habitación, una que había quedado huérfana, sin nadie que la llenase, sin nadie a quien acobijar. Sintieron miedo. Le habían mandado un mensaje a su superior, Kirishima-sama, para que estuviese alerta también; cualquier cambio debía ser inmediatamente informado a él. Mirando la perilla de la puerta de la habitación, con miles de incógnitas en sus cabezas, los guardias entraron. Se les heló la sangre y el pánico los invadió. Se acercaron mientras veían como chorreaba la sangre, vieron la pistola en el suelo, la cabeza ladeada y el cuerpo sin vida. Ningún rastro de algún signo vital. Observaron a su difunto jefe perplejos, congelados en el tiempo, pero con este avanzando sin perdonar a nadie. Ni siquiera el fuerte grito proveniente del pasillo les hizo volver a la realidad. «¡Dónde está Asami-sama!» se había oído a lo lejos, pero ahora tanto Kirishima como Suoh estaban bajo el marco de la puerta, ya en silencio, igual de paralizados que ellos mismos. No saben cuánto tiempo estuvieron así hasta que el hombre de lentes los espabiló, los sacó de la habitación y procedió a hacer un sinfín de llamadas. Todo ocurrió tan rápido, pero cada segundo dentro de ese apartamento se sintió como una vida completa.
—Asami-sama, por qué de todas las realidades que podrían haber sido… ¿esto tuvo que terminar así? —susurró Kirishima, mientras se sentaba en la cama del rubio con el cuerpo de su jefe aún frente a él. Se sacó los lentes tocándose la sien, «¿por qué… por qué después de todo…?» se repetía infinitamente, un fantasma que lo perseguiría para siempre.
Feilong fue el próximo a enterarse e inmediatamente voló hacia Tokyo. Se encontraron en el hospital, mientras los profesionales constataban el fallecimiento del hombre. Con Suoh como su apoyo, Kirishima procedió a explicarle lo mejor que pudo lo que pasó, cómo lo encontraron, que no pudieron hacer nada para evitarlo. El chino sudó en frío, estaba atónito. Decidió no preguntar más. Los tres hombres se quedaron en esa pequeña habitación sentados, intentando ponerles orden a sus cabezas, esperando que todo fuese una mera pesadilla de la cual pronto despertarían.
Las horas pasaron y los tres decidieron volver al apartamento; con el edificio tanto externa como internamente vigilado. Entraron a la habitación que presenció dicha desgracia, vieron la repisa de vidrio con todas las cámaras de Akihito, una zona llena de post-its y fotografías de políticos y empresarios, su ordenador de torre donde hacía y editaba todos sus trabajos, un marco con una fotografía en su interior al lado de él, donde tanto Asami como Akihito se les veía felices. Y frente a él, estaban las hojas que el mayor sostuvo hasta el momento de su muerte, con su escritura mirando hacia abajo, lleno de arrugas como si se hubiese doblado y desdoblado infinitas veces. Ninguno de ellos sabía qué tenía escrito, ni de quién provenía, ni sabían si estaban listos para leer lo que contenía. Pero dentro de él estaba lo que gatilló la muerte del jefe, ¿qué clase de escrito sería capaz de provocar tal desgracia…?
Sin saber bien cómo proseguir, Kirishima tomó las hojas y las dio vuelta. Era una carta. Mirando con ojos inseguros a sus dos acompañantes, estos le respondieron con una mirada llena de sus mismas incógnitas. Procedió a leer su contenido en voz alta.
Para Asami Ryuichi
No sé cuánto tiempo he estado aquí, encerrado en esta habitación sin más que una vela como iluminación. Me costó un poco saber qué había pasado, pero no tardé en recuperar mis recuerdos… O al menos eso creo, ¿a qué fecha estamos hoy? Ni siquiera se me ha permitió saber dónde estoy hasta hace poco, espero que al menos mi percepción del tiempo no esté tan arruinada, pero dudo mucho que así sea, ni siquiera sé cuánto tiempo estuve sin despertar… Hace frío aquí, pero no tengo derecho a hablar. Sólo acato órdenes, no puedo hacer más. Al despertar casi no podía mover mi cuerpo, no sentía mis músculos, mi cabeza no paraba de doler. Creo que me hicieron aunque sea un poco de rehabilitación, pero vino seguido de cosas que preferiría jamás te enteraras. Fue doloroso, no sabía cuándo paraba uno y venía el otro. Mi cuerpo dolía infinitamente, mi espalda ardía, me vendaban los ojos y yo no podía hacer nada. Ni siquiera tuve fuerzas para gritar más del dolor. No sé cuánto estuve así, lo sentí como una eternidad, pero un día llegó un hombre de cabello negro, alto e imponente, se veía algo viejo ya… Se parecía a ti, pero mayor. Me dijo que me sacaría de ese lugar con dos condiciones: que siguiera todas sus órdenes y que jamás levantara la voz ni lo mirase a los ojos a no ser que él lo permitiera. Me dijo que, si aceptaba y desobedecía, te haría daño, y si no aceptaba él se encargaría de matarte. No sabía qué más hacer. Perdón, Asami. Perdón. No tenía opción, espero que algún día me perdones.
Aún recuerdo ese día donde, intentando protegerte, me dijiste «¿en serio creíste que esa rata sería capaz de hacerme daño?». Fue ridículo en ese momento, donde me tenías en tus cálidos brazos, unidos como uno solo. Me sentí feliz de que realmente fueras capaz de protegerte y que tuvieses un equipo capacitado para ello, fui iluso, pero lo que realmente me motivaba detrás de ello es un sentimiento que, aunque estuvieses luchando contra un simple criminal de barrio, jamás se iría. Siempre estoy preocupado por ti, siempre quiero lo mejor para ti, quiero que estés bien independiente de la magnitud del problema. Y no me refiero sólo a físicamente… Eres un hombre gentil, Asami. Desde que te empecé a conocer un poco más logré vislumbrar algo que no sabía bien qué era, pero me llamaba inconscientemente a saber más de ti, de ver todas tus caras, algo que me decía que podía confiar en ti… y que tú podías confiar en mí. Era una vulnerabilidad que sólo me mostraste a mí, siempre supe que debía encontrar una forma de protegerle, de protegerla. Pero estaba demasiado ocupado luchando con mis propios demonios internos, constantemente tenía pesadillas sobre Hong Kong y esos rusos del final, no logré avanzar casi nada en mi cometido, y más importante… No sabía qué era yo para ti. Podrá sonar ridículo, no obstante, estaba lleno de inseguridades. Siempre fuiste bueno conmigo, incluso cuando le conté a los hombres de Feilong tu posición aquella vez y te lo confesé, estabas tan enojado… Pero no me heriste, no me mataste. Cuanto nos reunimos en aquel barco, me abrazaste y me pediste perdón, cuando estuvimos en privado hablaste conmigo y me llenaste de besos, nos unimos y continuabas abrazándome, «te sostendré hasta que dejes de temblar». Hiciste que nos quedáramos en una isla para sanarme a mí mismo pese a mis reclamos y cuidaste de mí, incluso me trajiste mi cámara cuando más la necesitaba.
Nuestro inicio viviendo juntos pudo haber sido mejor, pero dentro de él convivíamos normalmente. Recuerdo lo mucho que te gustó el Tonkotsu que hice una vez y lo podía ver en tu expresión todas las veces que lo cociné para ti. Sin contar todas las veces que nos sentamos a ver películas o series por petición mía y te unías sin decir nada. Un día misteriosamente desperté a tu lado, con pijama puesto, en tu habitación luego de una noche de esas, ¿fuiste tú quien me llevó ahí? Me hubiese gustado verte a mi lado en ese momento. Pero tenía muchos conflictos. Siguen resonando palabras en mi cabeza, palabras que a este punto no sé cuáles son tuyas y cuáles son del resto. «Ve y anda a prostituirte» «Puta sucia» «Lo último que llamarás serán las drogas» «¡Anda a drogarte y véndete!» «Te venderé» «¿Cuánto cobras la noche?» «¿De verdad creíste que existe algo como el amor entre dos hombres?» «Eso significa no reconocer a tu pareja y mirarlo como alguien inferior» «Escoria inmoral» «Deberías llorar sabiendo que soy lo único que tendrás» «No tienes ese tipo de valor» Nunca paraban, estaban ahí a cada momento. Las sigo escuchando de vez en cuando. ¿Cómo podría alguien como tú amar a alguien como yo? ¿Cómo podrías amarme después de las cosas que me hiciste en un inicio? ¿Cómo podrías amarme sabiendo que soy nada? Hasta tú mismo lo dijiste… Quería huir, quería irme de allí y jamás voltear para tu mundo de nuevo. Pero me mantuve atado a ti, porque me volví adicto a tu calor, mi racionalidad fue arrastrada… Hasta que me lo dijiste.
Fue una de las primeras cosas que recordé cuando recuperé mi memoria. Lo dijiste claramente, después de abalanzarte hacia mí para protegerme de los disparos. Dijiste que me amabas. Tus palabras, tu boca, tus ojos, todo eso borró cualquier ápice de duda en mí y me llené de desesperación… ¿por qué justo ahora? ¿Qué había salido tan terriblemente mal que todo estaba a punto de terminar de esa manera? Ni siquiera pude retornarte el sentimiento, todo empezó a caer y lo único que hice fue abrazarte. Cuando desperté, lo primero que vi fueron a esos hombres… Sakazaki estaba con ellos, fue él quien les dio la orden para llevarme también. De aquí volvemos a lo que te conté al inicio. El hombre que me sacó de ese lugar me ordenó matarte. Me ordenó hacer que tú perdieras toda esperanza y fe en mí, que todo lo que sintieras fuese odio y traición. Y más valía no intentar huir, porque tú sufrirías las consecuencias. Unirme a él, según sus palabras, era la vía pacífica para lograr lo que él quería. Ahí empezaron a entrenarme. Recordé todo lo que me enseñó el monje cuando estuve escondido en las montañas y no fue difícil. Se encargaron de poner en orden mi salud física y fui trasladado a un lugar decente. Ahora estoy encondido en una de las habitaciones sin huésped de este lugar, escribiéndote esto. No tengo escapatoria, Asami, en este momento me están buscando. Tengo que terminar esto rápido sino quién sabe qué es lo que me harán, tanto a ti como a mí. Pero necesitaba un tiempo a solas, después de lo que hice. Intenté clavarte un cuchillo, intenté lastimarte cuando me mirabas con tanta esperanza y consuelo, estando vulnerable. Jugué contigo, sabiendo que aún estabas recuperándote de las heridas de bala. Jamás olvidaré esos ojos, estabas tan dolido, tan enojado, la rabia fluía a través de ti y todos los recuerdos de nuestras primeras interacciones volvieron a mí. Estaba en pánico. Había hecho que toda nuestra relación se esfumase por una simple acción. Perdón, Asami. Ni en un millón de vidas sería capaz de mirarte a la cara. Perdón por lastimarte de esta manera. Perdón por no hacer más por ti. Perdón por ser un estorbo. Perdón. Perdón. Perdón. Pese a que ya no tengo el derecho de decírtelo a estas alturas, necesito hacerlo. Te amo, Asami. Desde que te conocí sólo he podido pensar en ti, has vivido en mi mente como si fuese tu casa y has invadido mi corazón sin siquiera proponértelo. Extraño tanto que me abraces cuando estoy teniendo pesadillas, que me beses cuando más lo necesito, que tu brazo envuelva mi cintura cuando dormimos… Desearía volver en el tiempo y poder disfrutar de esas cosas, decirle al viejo Akihito que disfrute de ti, que disfrute su vida tanto como pueda antes de que se acabe. Heh… Sería increíble que esta carta llegase hacia ti, que este pequeño pedazo de mi ser tocase tus manos y tu corazón… Qué cruel sería el destino de reunirnos de esta forma después de todo lo que pasó y pasará.
Te extraño. Con el egoísmo que me queda, rezo para que me perdones algún día, pero sé que no lo merezco. Incluso cuando me pediste que no te dejase, cuando yo mismo te dije que sin importar a dónde vayas, yo estaría a tu lado, te abandoné. Perdón, lo hice lo mejor que pude, realmente lo hice. Gracias por todo lo que me diste, eres responsable tanto de los mejores como peores recuerdos de mi vida, y pese a ello, en mi corazón sólo está el Asami cálido, amoroso, que le gustaba molestarme y hacerme sonrojar. Espero que puedas ser capaz de volver a tu antigua vida cuanto todo esto se acabe. Sé feliz, Asami. Te amo.
—Takaba Akihito
Kirishima no había notado que una lágrima había brotado de su ojo con esas últimas palabras. Y después otra, tras otra, tras otra. Miró al frente y Suoh tenía una mirada vacía, mientras que las lágrimas de Feilong caían sin control, con el ceño fruncido, una mirada afligida. Cuando notó que el de lentes lo miraba, se sentó en la cama de Akihito, cubriendo su rostro levemente con una de sus manos.
—¿Por qué…? ¿Qué es lo que hicimos? —se lamentó el chino, su voz se rompía mientras hablaba.
—Feilong-sama, a estas alturas… No podemos hacer más que lamentarlo. Todos fuimos cómplices —le calmó el secretario, ¿o era para calmarse a sí mismo?
—Takaba-sama era alguien de un espíritu inquebrantable, después de todo lo que le pasó, era increíble para nosotros que pudiese seguir adelante y más al lado del jefe —añadió Suoh.
—Pero yo y mis subordinados… el tipo que traicionó a Asami, los rusos, Chernobog, y ese hombre… —un suspiro ahogado salió de su boca—, ¿cómo es posible…? Él jamás debió ser involucrado, era alguien tan bueno, cualquiera de este mundo se volvería adicto a él. Incluso después de todo lo que le hice, él lloró por mí, cuando se reencontró con Asami, se interpuso entre nosotros dos para que él no me dañase… No lo entiendo, ¿cómo puede existir alguien con tal bondad? ¿Cómo llegó alguien así a nuestras manos? Y nos aprovechamos de eso, nos burlamos de él, lo lastimamos una y otra vez, lo miramos con si fuese nada cuando él lo tenía todo. Y él se lo creyó. Incluso pidió perdón cuando él es quien menos debería pronunciar esas palabras. Con todas las cosas que Asami le pudo haber hecho y dicho, pero nosotros no sabemos, lo amó también. Él es… Increíble.
—Takaba-sama tenía un carácter particular, distintivo, imperturbable y al mismo tiempo muy sensible —Kirishima se sentó a su lado—, todos pensamos que sólo era un juguete del jefe, pero lo hacía actuar tan irracional que era una molestia para nosotros. Él lo estaba cambiando. Jamás habíamos visto a Asami-sama tan feliz, aun siendo yo el que lleva más tiempo con él, era la primera vez. Él era su luz. Cuando empezamos a darnos cuenta de ello, ya era demasiado tarde y él nos tenía preparando fuegos artificiales para una noche con Takaba-sama. No supimos apreciarlo ni supimos protegerlos bien. Era nuestro trabajo y ni siquiera eso pudimos hacer.
El silencio cayó en la habitación.
—¿Es este… el final? —preguntó Suoh, sin mucho más que poder decir. Estaba demasiado tocado como para poder hacer algo más, pero compartía el mismo sentimiento que su compañero de lentes, con quien más de una vez compartió opiniones y críticas hacia el rubio, críticas que ahora se estaban devolviendo hacia él de la forma más cruel posible.
—Ambos se habrán reunido, después de todo lo que vivieron creo que donde quiera que estén es mejor que este mundo.
—La muerte es el único lugar donde podrán vivir en paz.
Con esto último, el trío dejó el apartamento y fueron despojados de sus deberes por lo que restaba del día. Necesitaban descansar. Un capítulo se cerraba en sus vidas y quedaría marcado en sus almas para siempre. La historia de cómo un fotógrafo criminal y un mafioso se enamoraron, y como ese amor los llevó hasta la muerte. Será una cicatriz que quemará durante toda la vida y se asegurarán de recordarla por la eternidad.
«A tu lado, por siempre… hasta el final del abismo»
