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Language:
Español
Stats:
Published:
2021-07-12
Words:
3,567
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
38

your voice is made of honey

Summary:

iori abusó de su técnica maldita y perdió el habla.

kazuko decide ayudarla, pero puede ser que su receta solo la haga perder el habla a ella.

Notes:

es como mi cuarto os de estas dos pero el primero que van a leer (estoy más emocionadx por esto de lo que me gustaría omg). i'm so invested en este ship que se me fue de las manos.
por cierto, nadie sabe como es la técnica maldita de utahime así que eso de como funciona es invención mía. nada canon. en esta casa odiamos el canon.
en fin, ojalá lo disfruten y mueran de amor conmigo.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Lunes. Kazuko podría esperar lo que sea un Lunes. Aunque los hechiceros no tenían descanso (era un trabajo a tiempo completo  y por eso estaban como estaban) generalmente se respetaban los fines de semana. Hace unos años, un hechicero de cuasiprimer grado cayó desmayado del cansancio en medio de una batalla. Su desmayo le costó la vida, pues fue incinerado por la técnica de la maldición que enfrentaba. A los peces gordos no les quedó más opción que decretar 48 horas de descanso obligatorio para todos los hechiceros cada cinco días de trabajo. Como funcionaba en el mundo real.

Pocas veces era respetado, como en el ámbito laboral del mundo real, pero las pocas veces disponibles, eran disfrutadas como vino añejo.

Kazuko solo había disfrutado sus 48 horas dos veces en su corta vida. Cada vez que apoyaba la cabeza en los apoyabrazos de su sofá, alguien llamaba a su teléfono y le decía que había una maldición y que necesitaban su ayuda y bla, bla, bla. La mayoría de veces el discurso para pedirle ayuda estaba diseñado para endulzar su oído y hacerla ir a trabajar con una sonrisa. Otros días, tenía la desgracia de que Gojo fuera quien la llamara, delegándole su trabajo porque tenía un viaje de negocios. Para su desgracia, Gojo siempre cortaba la llamada sin avisarle, dejándola con los insultos al aire.

Ella amaba ser hechicera pero si pudiera tener un mes de vacaciones, sin tener que lidiar con horribles maldiciones de aspecto repugnante, bueno, aceptaría encantada.

El agotador y esplendoroso mundo de los hechiceros. Kazuko preferiría morir a estas alturas.

Es así que, ante los sonoros golpes en su puerta, preparó su mejor cara de fastidio, lista para enviar a Gojo a su dominio de una cachetada. Abrió la puerta con tanta fuerza que prácticamente la astilló y su rostro cayó al suelo al instante.

Se esperaba cualquier cosa ese Lunes, menos, a Iori Utahime parada en la entrada de su habitación.

Todo el enojo se le fue al instante y su boca comenzó a soltar balbuceos e incoherencias que la dejaban como una idiota, no como una hechicera de primer grado.

"¡Hime! ¿Qué haces aquí? ¿Tenemos una misión? Porque si la tenemos, yo no recibí ningún mensaje por lo que no es mi culpa no haber respondido en primer lugar y..."

El parloteo incesante se detiene cuando la mayor, posa suavemente una de sus manos en el pecho de Kazuko. La menor se desinfla al instante en su cómodo y gigantesco suéter. Se quedan en silencio unos segundos hasta que, entre señas, Utahime le pide permiso para entrar. Kazuko se aparta torpemente, invitándola a pasar. En ese momento, la hechicera deseaba ser tragada por la tierra. Su habitación era un caos total y era bastante obvio el hecho de que llevaba días sin entrar a ella. No era una excusa convincente pero era la verdad. 

Los ojos de la más pequeña cayeron en una pieza de ropa interior, colgando de su ventana. Se arrojó para quitarla de la vista mientras Utahime miraba las fotos de los años de estudiante que Kazuko mantenía en una pequeña repisa.

Encontrarse con la menor con el rostro contra el suelo, apretando algo contra su pecho, debajo de ella, no fue algo novedoso, así que la mayor la ignora, mientras sigue su búsqueda por la habitación.

Kazuko, a duras penas, se levanta del suelo, arrojando su ropa interior al canasto próximo en forma de una pequeña pelota. Limpió la tierra que había traído en sus zapatos las últimas semanas de su suéter de algodón. Se hizo jurar a si misma, que iba limpiar ese cuchitril que ya era imposible de excusar.

Buscó con la mirada a su mayor, hasta encontrarla tratando de bajar una pequeña pizarra. Kazuko la miró por unos minutos, tratando de contenerse. Ver a la mujer de puntillas, tratando de alcanzar algo que claramente estaba fuera de su alcance, era notablemente adorable y divertido. Se aproximó y tomó a la mayor por la cintura, elevándola unos centímetros. Con un solo esfuerzo, la mayor tomó la pizarra y apretó las manos de Kazuko, quien comprendió la seña y la dejó en el suelo, con delicadeza. Utahime evitó su mirada y gracias a su cabello, el cual le cubría parte del rostro, la menor no se percató de sus mejillas rojas e hirvientes.

"Bueno... Si no hice nada, ¿Por qué no me hablas?" 

Iori busca una lapicera entre el desorden de la dueña de la habitación y lo encuentra debajo de unos shorts deportivos al lado de una planta seca que antes debió haber sido un precioso lirio de arena. La mayor mira seriamente a Kazuko a modo de reproche. Es casi satisfactorio, ver como se encoge en el suéter, ante el miedo de la reprimenda que tendría por haber dejado morir a su flor favorita. 

Cuando encuentra la lapicera, le quita encuentra el capuchón y toma la pizarra. Con delicadeza, escribe mientras Kazuko muere de los nervios. Son muchas cosas que tolerar un Lunes. Sería mejor tener que matar a una maldición a base de cartas de póker y energía maldita. Oh, si, un día normal en la oficina. 

La mayor devuelve el capuchón a la lapicera, al finalizar, y toma entre sus manos la pizarra, girándola para que quede disponible a la mirada de la menor.

Tuve una misión hoy. Perdí la voz. 

Oh, eso es malo. Pero al menos no fue su culpa, así que es una buena noticia para Kazuko. 

Iori toma uno de los extremos de la manta de la menor y limpia la pizarra con ella. Kazuko tiene que tragarse que eso, solo dejaría manchas de tinta negra en la tela pero luego se percata de la mancha de salsa de soya en otro extremo de la tela, no está en derecho de discutirle nada.

La pelimorada vuelve a escribir. Al finalizar, gira la pizarra nuevamente hacia la contraria.

Usé demasiado mi técnica maldita hoy.

Kazuko silva hasta que su silbido es demasiado grave para continuar sosteniéndolo. 

La técnica maldita de Utahime era un misterio para muchos, tanto en Kioto como en Tokio. Las personas que la han visto en acción podrían ser contadas con los dedos de una mano. Kazuko estaba en esa lista por error y Utahime deseaba que su menor, nunca la hubiera visto usarla en un combate. 

Habían sido asignadas una misión en conjunto. Su primer misión juntas. Probablemente fue un error, porque ambas trabajaban solas, como buenas hechiceras de primer y cuasiprimer grado. La misión se suponía que era simple, por lo que, enviar a dos hechiceras de tales niveles, podría ser tomado como un abuso. El problema, es que ninguna de las dos contaba con encontrarse con una maldición de categoría especial. Ambas mantienen a la maldición a raya durante un largo período de tiempo, pero por muy poco. Las habilidades con la katana de Iori, no bastaban para acabar con la maldición y Kazuko, estaba ya agotada de canalizar tanta energía maldita para sostener su técnica. Eran quienes llevaban la clara desventaja contra esa maldición de clase especial.

Acorraladas y sin posibilidades de salir de la cortina por otros medios, la mayor de las dos entonó una suave melodía ante la maldición. Kazuko se levantó con ímpetu, llena de terror, tomando una de sus cartas de póker, lista para usarla como un shuriken, sin embargo, la maldición se detuvo al instante y pocos segundos después, explotó en el aire.

La sangre llegó a manchar la camisa blanca de Kazuko y parte del miko de Iori. La mayor realmente se esforzó por hacerlo pasar por desapercibido pero pasada la excitación de la pelea, Kazuko no paraba de pedirle explicaciones sobre su técnica maldita.

Regresada a Kioto, Utahime tuvo que bloquear el número de Kazuko y después de ello, el de Gojo, porque la solicitud de explicaciones por parte de la menor, también habían llegado por allí.

A pesar de eso, no se pudo librar de una obligada conversación. Kazuko estaba convencida de que era la mejor técnica maldita que había visto en su vida. Iori entendía su sorpresa. La menor había quedado maravillada cuando conoció a Toge y lo vio usando el discurso maldito. Además, Kazuko, en ese momento, no conocía demasiado del mundo de la hechicería y la sola idea de que existían tantas técnicas malditas como hechiceros en el mundo, bastaba para ponerla a fantasear. 

Claro, muchas razones para comprender la intensa emoción de Kazuko. Aunque eso no fue suficiente. La cachetada que recibió en una ocasión, por pedirle a Iori, grabar su canto para usarlo de tono de llamada y así, exorcizar a las maldiciones sin tener que luchar, fue suficiente como para adormecer esa idea estúpida y cualquier otra del cerebro de Kazuko. 

Y así acabó la charla sobre la técnica maldita de Iori Utahime.

"Hime, ¿Qué dijimos sobre usar en exceso tu técnica maldita?"

Se supone que debe ser un reproche, pero la sonrisa burlona en el rostro de la menor, no lo indica así.

Un sonido ahogado se escapa de la garganta de la mayor en un intento de arremeter contra la castaña. Asimila al graznido de un ave horrible y Kazuko, tiene que hacer un esfuerzo inmenso para no estallar a carcajadas. No quiere tener los dedos de Iori marcados en su mejilla por una cachetada durante cuatro días otra vez.

"¡Bueno!"  Exclama la menor, dando una palmada que sobresalta a la contraria. "Creo que este es un trabajo para mi y mis dotes en la medicina casera".

El pánico se apodera del rostro de Iori que cruza sus brazos, formando una equis delante de ella. Kazuko frunce el ceño, sintiéndose herida por la desconfianza.

"Para tu información, mis remedios caseros hicieron que a Toge le duela la garganta solo unas horas luego del uso de su técnica maldita."

La pelimorada toma su pizarra y se pone a escribir, antes de girarla hacia Kazuko.

"Igual que un jarabe para la garganta".

La hechicera de primer grado camina hasta la puerta y la abre. Hace una seña para que la contraria se retire de la habitación, pero Utahime se inclina en una reverencia, pidiéndole disculpas.

"Ya, ya."  Suelta la menor, cerrando la puerta de un empujón. "¿Te duele mucho?"

Iori asiente suavemente y mueve sus dedos sobre su garganta, mientras cierra los ojos, notablemente adolorida. Por el dolor que expresa y la posible magnitud de la herida, probablemente peleó con una maldición de categoría especial, por su cuenta, piensa Kazuko mientras se gira hacia el pequeño mueble que le funciona como farmacia natural.

Mientras Kazuko trabaja en algo que Utahime no quiere pensar en demasía, se permite registrar la habitación. La ropa está esparcida por todo el recóndito espacio, incluso, llegando a colgar de las ventanas y un ficus miniatura que está próximo a morir. Revolotea los ojos, pasando a otro lugar de la habitación. No entiende cual es el capricho de Kazuko de tener plantas,nsi a penas puede cuidarse a si misma. En las paredes, para su sorpresa, no hay manchas de moho o humedad, si no que cuelgan varios posters de grupos idol de chicas de las que la menor, es una ferviente fan. No es algo apropiado que debería tener una hechicera de primera categoría pero Iori no puede opinar, no es una. Su mirada finalmente se reposa en la única figura en la habitación a parte de ella.

Como habían pocos días libres y eran básicamente, imposibles que coincidieran con los de otro hechicero, Iori nunca había visto a Kazuko con otro atuendo que no fuera su camisa blanca y sus pantalones caqui. Hoy llevaba un atuendo, obviamente elegido para pasar un día aburrido en casa. Estaba descalza sobre el frío suelo de madera de la habitación, dejando al descubierto sus desnudas y tonificadas piernas. La mayor subió la mirada, percatándose de que llevaba unos shorts de gimnasia, de los que solo se asomaban el borde por el enorme suéter gris que rozaba sus muslos. Tenía el cabello suelto, cayéndole por la espalda. Prácticamente le llegaba unos tres o cuatro dedos por debajo de sus hombros. Era lo más largo que Kazuko había permitido crecer a su cabello desde sus días en el colegio.

"A ver, tómate esto". Soltó la menor. Iori dió un pequeño salto en su lugar, tomada por sorpresa. Kazuko luchó por suprimir la sonrisa que buscaba nacer en sus labios, a causa de lo adorable que se había visto su mayor, fracasando notablemente. Utahime ignora la sombra de la sonrisa en Kazuko y mira con desconfianza a la taza que la menor empuja hacia ella. "¡Es té con miel!"

La mayor recibe la taza, desconfiada. Sin embargo, la hace a un lado prontamente, recuperando la pizarra y escribiendo velozmente en ella.

No es jugo de arándanos con polvo para hornear ¿Verdad?

Kazuko coloca su mejor cara de pocos amigos pero Iori, la sigue viendo con desconfianza.

"No, ese remedio es para las náuseas y tú te quejas pero Ieri no se quejó".

La mayor borra sus palabras anteriores con el extremo de la manta y vuelve a escribir.

Porque se desmayó de lo asqueroso que era.

La hechicera de primer grado no piensa discutir con la mayor sus efectivos remedios caseros. Recupera la taza que Iori dejó atrás momentos antes y la coloca en las suaves manos de la mayor. 

La pelimorada sabe que es de mala educación pero no puede evitar oler el aroma que desprende la infusión.

Siente la fuerte esencia de las hebras de té negro y también, el dulzor de la miel. 

El gesto de orgullo de Kazuko, cae al suelo cuando ve a Iori dejar la taza nuevamente en el suelo y tomar la pizarra.

Esto es más que té con miel.

La hechicera respira profundo. Si hubiera sabido que iba a tener una paciente tan conflictiva y desconfiada, hubiera suplantado a Gojo, con gusto, en su misión de hoy.

"Tiene menta y canela. Es para que te mejores más rápido."  Explica, aún así, la sombra de la desconfianza no abandona el rostro de la mayor. Kazuko vuelve a tomar la taza, y la pone en las manos de la mayor, otra vez. "¡Ya bébelo!" Exclama la menor con impaciencia. 

Iori le dedica una mala mirada. Finalmente, la baja a la infusión y traga pesado. El dolor se hace notar con más fuerza y sabe que no tiene más opción que aceptarla, así que, respira profundo y engulle todo el líquido. Espera que el sabor horrible se disperse en su boca.

Pero, eso no pasa.

Abre los ojos, sorprendida por el dulzor del té y es, hasta más delicioso que el té común.

Por la mirada de Kazuko, probablemente ya se dio cuenta de que su té, pasó la prueba con cinco estrellas gourmet.

La mayor traga finalmente. Kazuko espera delante de ella, como un chef novato ante un juez experimentado y casi estalla de orgullo cuando Utahime asiente en su dirección.

"¡Te lo dije! ¡Te lo dije!" Exclama contra el rostro de la mayor. Claro, si refregar sus victorias en el rostro de Iori eran su cosa favorita. "Verás que antes de que te des cuenta, podrás usar tu técnica maldita de nuevo."  La mayor sonríe, alegre ante la posibilidad de poder recuperar su voz. No es una fanática de estar en silencio. No comprende como Inumaki lo resiste con tanta facilidad.

Deja la taza vacía en el suelo junto con otras tazas sucias, que espera Kazuko lave pronto y recupera su pizarra.

Eso estuvo delicioso. ¿De verdad es un remedio?

La menor asiente con suficiencia. Utahime está bastante sorprendida. Debe darle el beneficio de la duda a su menor más seguido.

Ante el silencio, Kazuko toma asiento en su cama, al lado de la mayor. La pizarra descansa ahora en su hakama roja mientras sus dedos juegan con la lapicera.

Una sola cosa cruza por la cabeza de la menor: Incómodo.

Le gusta estar con Iori pero la mayoría de las veces, el tiempo que pasaban juntas, se volvía incómodo si no había una maldición de por medio e incluso, en esas ocasiones, era difícil saber que decir. Kazuko sabe que ella, es probablemente, demasiado torpe como para agradarle a Utahime pero bien, no es su culpa que las asignanen juntas a misiones y tenga que ser su compañera. 

¿Por qué está pensando en eso? No es el momento.

Su mirada viaja disimuladamente por la figura de su contraria. Le gusta mucho su rostro. Iori es tan bonita que conoce a un puñado de hechiceros que están perdidamente enamorados de ella pero nunca la vio interesarse por algunos de ellos. Mejor, era muy superior como para salir con ellos. Le agrada ver la cicatriz surcar su rostro. Puede sonar extraño pero, Kazuko lo considera como una prueba de valor real. 

Tener alguna imperfección en el mundo de la hechicería siendo mujer, era ya bastante. No bastaba con ser fuerte, se debía ser hermosa a la vez, como le había escuchado decir a una de las alumnas de Kioto, en el festival de intercambio.

Ver a Iori, aceptando esa cicatriz, sin importarle en lo más mínimo lo que unos cerdos misóginos podrían decir, era digno de admiración. 

Aunque todo lo que ella, hacía era digno de admiración a los ojos de Kazuko.

"¿Sabes que es lo mejor para recuperar el habla?" Suelta de repente, llamando a la atención de su muy esperanzada mayor. "Recibir mimos." Indica con una sonrisa. Iori amenaza con romper la pizarra en la cabeza de la menor, así que la idea de acurrucarse con ella queda olvidada.

Luego del gesto de pánico en el rostro de Kazuko, Iori ríe en silencio y apoya su cabeza en el hombro de la menor.

Bueno. La idea de acurrucarse no queda descartada del todo.

Kazuko no quiere moverse. Si lo hace, probablemente va a arruinarlo. Sip. Ella es una experta arruinando cosas. Si pudiera evitar respirar para no incomodar a su mayor, lo haría con gusto. Permanecen así unos cuantos minutos hasta que Kazuko se acalambra y pierde el control de su cuerpo, cayendo de espaldas sobre el colchón. El rostro de Iori acaba en su pecho y las mejillas rojas de ambas es un combo divertido. Para Gojo, este sería el mejor show de comedia del mundo.

"¡Lo siento!"  Se apresura a disculparse. "Es culpa de mi pésimo estado físico, juro que no fue intencional..."  Sus palabras nuevamente son silenciadas. Los suaves dedos de Iori sobre sus labios bastan, para que lo que iba a decir, se quede atascado en su garganta. Kazuko apenas si ve el ceño fruncido de la mayor y su respiración se corta cuando siente la suave presión de la mejilla de Iori contra su pecho. 

Ni en sus más grandes sueños hubiera pensado estar con una Iori afónica, acostada en su pecho en su día libre.

"Te aseguro que con esto te recuperarás en un instante." Presume, como si realmente los mimos fueran un remedio efectivo para el dolor de garganta. Iori levanta la cabeza y arquea sus cejas. La desconfianza hacia Kazuko parece no abandonarla ni por un segundo. "¡Oh vamos! Deberías confiar más en mi, ese té que bebiste estaba delicioso, ¿No?"

Utahime revolotea sus ojos, restándole importancia al asunto del té. 

Luego de unos minutos, en silencio, toma la pizarra junto con la lapicera y comienza a escribir con ella. Kazuko comienza a pensar que Iori es una contorsionista en su tiempo libre, pues sostiene la pizarra de una forma tan extraña que le es imposible a la menor, ver lo que escribe sin importar lo mucho que se estire.

Finalmente, la mayor gira la pizarra hacia la contraria a su lado.

Gracias por cuidarme.

Kazuko lucha por esconder sus mejillas rojas con su cabello, apartando la mirada. "Oh, si, bueno, aquí tienes a la mejor médica natural del mundo y si mis remedios sirven para ayudar a Toge después de usar una palabra maldita de alto nivel, pues, puede con lo que sea, no es que tú no tengas el mismo poder que Toge, creo que están bastante igual..."

Nuevamente las palabras de Kazuko son silenciadas. Los suaves labios de Iori, hacen un buen trabajo callándola, mientras presionan los de la menor. 

No sabe lo que está pasando pero, okay, eso le gusta.

La pizarra queda olvidada mientras Kazuko toma las mejillas de Iori para profundizar su beso. Su espalda, rápidamente choca contra el respaldo de la cama y las manos de Iori, viajan hasta su cintura. Cuando el oxígeno no basta entre ambas, el beso se rompe. Iori se ve bastante fastidiada por ello pero rápidamente, sonríe al ver el desastre caliente y carmesí que es la hechicera bajo ella.

Kazuko no quiere mirar a los ojos a su mayor pero finalmente lo hace, encontrándose con sus labios dulces y húmedos, curvados en una suave sonrisa.

Iori busca con la mirada la pizarra, encontrándola en uno de los extremos de la cama. Inclina su cabeza hacia allí, señalándola y una agitada Kazuko vuelve a leer la frase en el objeto olvidado.

"A-Ah, s-si, de nada." 

La mayor asiente satisfecha y vuelve acurrucarse en su lugar predilecto, tomando la mano de la menor para colocarla alrededor de su cintura y dejando su mano sobre la de Kazuko.

Kazuko le va a solicitar a Masamichi que le dé más días libres.

Notes:

utahime usando su técnica maldita supremacy.