Work Text:
- Amiga de la ignorancia -
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-El uniforme de verano siempre se ve extraño la primera vez que una se lo pone después de tanto tiempo –comentaba casualmente una de las compañeras de clase, mientras levantaba parte de su falda marrón.
-Ya era necesario el cambio –asintió una de las chicas que mientras esperaba a que comenzara la clase, se sentaba despreocupadamente en uno de los pupitres de la clase– el calor me está haciendo destrozos en el pelo – con un ligero movimiento, enredó su mano entre unos mechones rubios descoloridos, jugando con sus uñas completamente pulidas y su encrespado cabello.
Su conversación coloquial continuó mientras hacían algo de tiempo, pero una figura reconocida para mucha gente entró en el aula, recibiendo toda la atención de aquel pequeño pero extravagante grupo.
-¡Lisa! –llamó una de ellas, saludándola en medio de la clase, alzando su mano para conseguir la atención de la castaña.
La recién llegada, al ver que le hacían señas para que se sentara al lado de su grupo de amigas, hizo un pequeño gesto con las manos juntas y la cabeza gacha, susurrando un “lo siento”. Acto seguido, se sentó en su asiento, sacando algunas libretas para hacer algo que las chicas no consiguieron adivinar.
-Eso fue extraño… -comentó atónita la chica que hasta hacía unos segundos había sido el centro de atención por alzar de más la voz- ¿No le habrá dado tiempo a terminar la tarea? –preguntó como si esperara que alguna de las chicas que estaban reunidas con ella, le dieran la respuesta.
Se enfocaron más detenidamente en Lisa, quién se veía un poco más desordenada que de costumbre, su cabello no estaba del todo bien atado, algunos mechones se escapaban descuidadamente de su pequeña coleta, por otro lado, el sutil maquillaje que solía llevar en la escuela era casi imperceptible, casi podrían asegurar que no se había maquillado esa mañana y lo que llevaba, era del día anterior.
-¿No lleva sus pendientes? – lanzó la duda otra de las chicas, sonando un poco preocupada, a lo que las demás compañeras arrugaron un poco el rostro, mostrando la misma expresión.
Si en algo Lisa era popular, era en su gran sentido de la moda, siempre al día con las novedades, conociendo tanto las últimas tendencias como las próximas que serían. Por si fuera poco, su vestimenta y su maquillaje eran siempre perfectos, aun cuando no era extravagante ni exagerado, siempre conseguía el toque ideal para estar perfecta sin dejar de ser natural.
Pero por algún motivo, ese día parecía ser totalmente distinta, como si el castaño de su cabello fuera más oscuro y las pequeñas ondulaciones que siempre caían por su espalda fueran en realidad causadas por un trato descuidado más que por una extensa sesión con la onduladora. Por otro lado, su vestimenta era desordenada, la corbata marrón estaba mal atada, a la vez que doblada entre los pliegues de su camisa blanca, la cual sobresalía un poco de la falda, como si se hubiera vestido apresuradamente después de haberse quedado dormida.
Con ese pensamiento, una de las chicas miró el reloj de su teléfono, observando que aún quedaban diez minutos para que comenzara la clase.
Sus amigas, preocupadas, iban a acercarse a ella a preguntarle si había pasado algo, pero por algún motivo, el aura que rodeaba a Lisa esa tarde era totalmente distinta al habitual. La castaña siempre rebosaba de amabilidad, generosidad y una actitud positiva, pero por algún motivo, esa mañana un aura oscura la rodeaba, aun cuando ella mantenía su habitual sonrisa de gato, las bolsas debajo de sus ojos mal camufladas, mostraban otra historia.
Por alguna razón, ninguna de ellas se atrevió a acercarse, como si un cartel enfrente de Lisa que ponía “necesito estar sola” las parara a todas.
Lisa sintió un escalofrío, las miradas de sus amigas la estaban atravesando, sintiéndose tensa e incómoda, pero tampoco estaba sorprendida, ella misma no se reconocía esa mañana, desde el acontecimiento del día anterior, no había conseguido despejar su cabeza, la sensación era tan sofocante como tener una nube constantemente volando encima de su cabeza, aislándola de cualquier rayo de sol, dejándola en una oscuridad asfixiante y solitaria.
Me lo merezco.
Se repitió a si misma, como si de un mantra se tratara, había mantenido ese pensamiento desde que habló con Yukina.
Como si la hubiera llamado, la nombrada apareció por la puerta.
A diferencia de Lisa, se veía calmada, con su habitual expresión estoica y porte tranquilo, saludando calmadamente a las personas que la recibían, para finalmente, con un gesto inexpresivo, saludar a la que era su amiga de la infancia. La castaña quiso devolverle el gesto, pero inconscientemente, su mirada bajó al suelo, mostrando ignorancia. Yukina al principio dejó la mano levemente levantada, como si esperara alguna otra respuesta, pero al ver que no era el caso, continuó con su camino hasta su asiento, el cual se encontraba un poco más adelante del de Lisa.
Me lo merezco.
Volvió a repetir, cerrando los ojos con frustración, ella no quería portarse de esa manera, pero la vergüenza y la inseguridad era más fuerte que cualquier otro sentimiento.
Cuando se vio con valor, levantó la mirada, para posarla de nuevo en su cuaderno, el cual estaba completamente en blanco, simplemente lo había puesto encima de su escritorio para poder verse ocupada y que nadie se acercara a ella, ya que no sabía si podría mantener su sonrisa habitual ese día.
Los acontecimientos del día anterior no paraban de revolotear por sus pensamientos, todo pasó demasiado rápido, tanto sus acciones como sus palabras salieron sin un razonamiento previo, simplemente fueron un impulso. Giró su cabeza hasta vislumbrar el exterior del centro. En realidad, incluso si lo hubiera pensado con anterioridad, estaba segura de que hubiera llegado a la misma conclusión.
Unos minutos después, su primera profesora de la mañana llegó a la clase, pidiendo silencio y que cada alumno se sentara en su asiento, dando inicio así a la clase.
En el aula posiblemente habrían unas veinte personas, además del mismo número de mesas y de sillas, sin contar otros muebles o adornos, como las pizarras o los trabajos de historia japonesa que expusieron hace unas semanas, pero por alguna razón, Lisa sentía la clase totalmente vacía, quizás se debiera a como el aire frío la atravesaba sin miramiento, o el silencio que aunque fuera inexistente, ella experimentaba. De alguna manera, se sentía en medio de un gran mar, en una pequeña barca a la deriva que en cualquier momento podría desmoronarse y arrojarla a las aguas frías del océano.
Solo el pensamiento, la hacía sentir escalofríos.
¿Alguna vez se había sentido de esta manera?
Ella no estaba segura, pero después de mucho pensarlo, llegó a la conclusión de que nunca había experimentado algo tan agobiante como esto, el sentimiento de que estaba en un tira y afloja con ella misma era aterrador.
¿Pero era realmente de esa manera?
Lisa suspiró, desechando la imagen que estaba acostumbrada a mostrar, después de todo, en ese momento todo el mundo estaba pendiente de la profesora, no había problema en mostrarse un poco más seria que de costumbre.
Si lo pensaba detenidamente, realmente sí estaba teniendo una batalla consigo misma, o más bien, el combate se debatía entre ella y sus propios sentimientos. Por instinto se llevó una de sus manos al pecho, notando las pulsaciones que en algún momento, se volvieron dolorosas.
Lisa nunca eligió estar enamorada de su mejor amiga.
No recuerda el día en que llegó a esa conclusión, o cuando todo comenzó, pero sí sabía que una de las peores etapas de su vida, había sido cuando Yukina decidió aislarse para enfocarse únicamente en la música, alejando a todas sus amistades, siendo Lisa una de ellas. El simple recuerdo pesaba en su consciencia, después de todo, Lisa aceptó ese desarrollo, aun sabiendo que Yukina estaba pasando por un mal momento, no actuó según su juicio y no fue a ayudarla, simplemente siguió los deseos de la peligris, como si esa fuera la decisión correcta.
En realidad, actualmente ya casi no pensaba en eso, aun cuando en ocasiones se volvía melancólica, lo había aceptado, después de todo, el pasado no se podía cambiar, y Yukina ya habló muy seriamente de esto con Lisa, mostrándole que ella no había tenido culpa de nada, que fue la peligris quien la alejó y que no por eso, ella estaba obligada a seguirla.
La conciencia de Lisa se calmó un poco después de esas palabras, pero por otro lado, sentía que las palabras de Yukina eran una falsa excusa que se ponía ella misma para no sentirse más culpable.
Otro suspiro, hacía mucho que había dejado de prestar atención a la clase.
Para suerte o desgracia, no solo había aceptado su pasado, sino también su enamoramiento por Yukina, desechándolo como si fuera algo que nunca fuera a suceder.
Y esa era la razón por la que estaba teniendo tantos problemas actualmente.
En medio de sus pensamientos, su vista se acomodó en la chica que estaba sentada a un par de metros de ella, parecía estar concentrada en la clase, pero después de tantos años conociéndola, sabía que no era el caso. Los constantes giros que hacía con su bolígrafo entre los dedos, la mirada fija en la pizarra sin intenciones de seguir las explicaciones de la profesora, y las fugaces vistas hacia la ventana en repetidas ocasiones, la alentaban a que sus conjeturas eran ciertas.
Aun así, por su parte, tampoco estaba muy atenta de otra cosa que no fuera la neblina que arruinaba su cabeza y en aquella chica.
Se ve desorientada, ¿será por ayer?
De alguna manera, esa idea la alegró, pero acto seguido se sintió culpable, como si no debiera estar feliz por eso. Con un pequeño movimiento de su cabeza a los lados, se deshizo del pensamiento, si no, quizás aquella pequeña barca que aun la sostenía en el inmenso océano, se quebraría en dos, llevándola a un fondo del que no podría salir.
La pequeña posibilidad de que eso sucediera la asustó.
Aunque, en realidad, ¿no se encontraba ya en un pozo sin fondo?
Las clases continuaron su rumbo, aunque ninguna de las dos chicas sabía que ya era la hora del almuerzo por tener la cabeza en otro lugar, una vez se recompusieron un poco, Yukina fue la primera en actuar. Con paso seguro y completa tranquilidad, se acercó al pupitre de Lisa, acompañada de su bento.
-Lisa –el simple nombramiento le causó un escalofrío gratificante a la castaña.- ¿Deberíamos ir a la azotea? –preguntaba mientras levantaba la pequeña bolsita con adornos de gato.
Lisa no sabía que contestar, para ellas, lo normal era comer en la azotea, donde de vez en cuando se encontraban con el grupo de Afterglow, pero que de normal, estaba vacía. Pero por alguna razón, ese día no se encontraba con las fuerzas necesarias para acompañarla.
No soy digna de estar cerca de ella.
Fue lo primero que atravesó su cabeza, ayudando a que aquella neblina que la sacaba de la realidad, se hiciera más grande.
Ser digna de estar junto a Yukina, era aquel pequeño secreto que nadie sabía, una de sus mayores inseguridades. Para Lisa, no merecía estar al mismo nivel que Yukina, después de todo, la peligris era demasiado maravillosa para ella, era perfecta, incluso sus defectos podían llegar a ser virtudes para quien los disfrutara, además de su gran talento como vocalista, siendo reconocida por agencias discográficas que ni con un gran fajo de billetes delante de sus narices, se fijarían en Lisa.
No, no puedo pensar en esto ahora, no es el momento.
Yukina seguía esperando una respuesta, pero la cabeza de la castaña era un completo lio, parecía estar hundiéndose a cada segundo, y por si fuera poco, la peligris no era muy buena cuando se trataba de socializar o entender a otras personas, por lo que su resolución fue que estaba molestando a Lisa, lo cual, a causa del día anterior, veía bastante viable.
-Perdona, no quería molestarte –con total neutralidad, Yukina se disculpó, alejándose de su mejor amiga.
Por un breve segundo, Lisa elevó la mirada de su propio bento, mirando a los ojos a Yukina, quien estaba comenzando a darse la vuelta para irse por su cuenta.
Eso era…
Como si de un acto desesperado se tratara, agarró del brazo a Yukina antes de que se alejara más, sorprendiéndola. La peligris se giró un poco desconcertada a Lisa, quien con un rostro preocupado, le habló.
-¿Tienes los ojos rojos? –más que una pregunta, se trataba de una afirmación.
Los dedos de la peligris rozaron sus ojos ante el comentario, notando su piel irritada, cambiando por fin su estoica expresión a una más angustiada, como si hubiera sido descubierta.
-No he dormido mucho hoy –respondió con tranquilidad, aunque no fuera lo que estaba expresado en sus facciones- estuve toda la noche escribiendo nuestra nueva canción.
Mentía, Lisa lo sabía, Yukina estaba mintiendo.
Pero, ¿de qué le serviría indagar más?
El que Yukina haya estado llorando, era su culpa.
-Oh, ya veo –respondió imitando su sonrisa gatuna- deberías intentar descansar mejor esta noche, tenemos suficiente tiempo hasta nuestro próximo concierto –intentó sacar a relucir su lado maternal, soltando al fin del agarre a Yukina– tu salud es más importante.
Su voz salió natural, al igual que su sonrisa, pero por alguna razón, el ambiente se notaba tenso.
-Tienes razón –finalizó la conversación, volviendo a retomar su rumbo afuera del aula.
Con un gesto, Lisa se despidió, pero una vez la peligris se fue de su vista, todo su cuerpo se relajó, como si un gran peso hubiera sido quitado de su espalda.
El reloj siguió su curso, ya quedaba poco tiempo de la hora de la comida, y Lisa aún no había probado bocado. Cuando Yukina se fue, decidió tomarse el bento en su asiento, colocando el envoltorio como mantel, lo mantuvo abierto durante todo el tiempo, pero aun cuando sabía que debía de comer algo antes de que se acabara el descanso, su estómago no estaba por la labor de ingerir nada. Después de unos minutos más, lo acabó aceptando y cerró el bento, guardándolo intacto en su respectiva bolsa.
-Debería hacer algo –se dijo a si misma, buscando un apoyo personal- no debería dejar las cosas así, después de todo, es mi culpa.
No era la primera vez que tenían un problema en su amistad, y en todos los casos anteriores, se habían solucionado con bastante facilidad, al fin y al cabo, de por si eran bastante distintas, pero eso también hacía que se complementaran con facilidad, ayudándose a sobrellevar sus puntos más débiles. Era reconfortante poder tener ese tipo de apoyo en muchas ocasiones.
Después de pensarlo detenidamente, no se le ocurrió cómo resolver el problema esta vez, después de todo, era muy distinto a todos los anteriores, seguramente, este sería el acontecimiento más confuso entre ellas dos. Su corazón comenzó a palpitar demasiado fuerte al recordar el motivo de su incomodidad, pero no quiso darle demasiada importancia por ahora.
El día continuó su rumbo, Yukina no se volvió a acercar a Lisa después del almuerzo, y por otro lado, la castaña no se vio con la confianza suficiente como para plantarle cara.
La hora de regresar a casa llegó, de normal se iban juntas, pero después de mucho tiempo siguiendo su costumbre, cada una se fue por separado.
Lisa no podía dejar de darle vueltas al asunto durante todo el trayecto, esta lejanía forzada era ridícula, en unas horas se reunirían para ensayar con Roselia junto a las demás, volviendo a verse las caras. Acto seguido empezó a jugar con algunos mechones desordenados que caían a los lados de su rostro, se sentía nerviosa, pero feliz al mismo tiempo.
Siempre la hacía feliz ver a Yukina, aun cuando había un ambiente tan pesado como este, su cercanía la animaba.
Realmente había sido una idiota.
Una vez llegó a su casa, descansó un poco mientras hablaba con sus padres sobre su día, como ya era costumbre, aunque en esta ocasión no tuvo muchas anécdotas divertidas que compartir, ya que había pasado la mayoría del día sola. Terminada la reunión familiar, prosiguió a subir a su habitación para hacer parte de la tarea de ese día y poder estar completamente libre para la práctica de Roselia.
Un sonido la sacó de sus pensamientos, fue débil, pero consiguió aturdirla un poco igualmente, aquel ruido provenía del otro lado de su balcón, en la habitación de Yukina. Por un momento se asustó, no sabiendo si habría pasado algo o simplemente habría sido un pequeño accidente, al no escuchar nada más, se relajó, pero por poco tiempo.
Yukina había vuelto a inundar todos sus pensamientos.
Golpeó rítmicamente su bolígrafo contra la mesa, pensativa, intentando concentrarse en los ejercicios que tenía delante.
¿Se habrá caído? No parece escucharse nada.
Debería concentrarme y terminar esto antes de la práctica.
¿Podrá terminar los deberes de matemáticas ella sola?
¿Debería pedirle que salga al balcón y hablar?
Con cada idea, el tamborileo del bolígrafo se volvía más frenético, llegando al punto en el que no tenía ningún ritmo, solo eran golpes rápidos al azar.
Esto es bastante divertido en realidad, le queda a Ako.
A continuación hizo una pequeña parte de la batería de Ako cuando tocaban la canción de Louder, sonriendo al pensar en lo feliz que se veía la más pequeña del grupo cada vez que aporreaba los tambores.
Por un momento se detuvo, analizando una posible solución.
Podría intentar pedir consejo… no necesariamente tienen que saber que ha ocurrido, solo una segunda visión del problema.
La idea le gustó, no estaba acostumbrada a pedir consejos, pero sí opiniones, como cuando comenzó a escribir letras para Roselia y fue a las letristas de todas las bandas a buscar inspiración y conocer como lo hacían ellas para escribir sus propias canciones.
El problema sería elegir a la persona correcta para este tipo de cosas. Se llevó el bolígrafo a la comisura de los labios, arrugando el ceño pensativa.
La primera persona que le vino a la mente fue Moca, era una persona que si no la conocías, costaba entenderla por la cantidad de metáforas y palabras extrañas que usaba, pero en el fondo sabía que era una persona sabia y directa, pero no se encontraba del todo segura de querer contarle sobre su vida amorosa, ya que aunque no le especificara las personas involucradas, estaba segura de que lo acabaría adivinando enseguida.
Se levantó, abandonando la tarea que le quedaba, tumbándose en la cama.
Ako era demasiado inocente, aunque muchas veces ese tipo de mentalidades venían muy bien para buscar segundas opiniones, seguramente este no sería el mejor caso, no confiaba en que la solución fuera tan sencilla, necesitaba algo un poco más maduro.
Aquella última palabra la llevó inmediatamente a la guitarrista de su banda, pero al igual que Ako rebosaba de inocencia y pureza, Sayo era completamente nula en relaciones sociales, su mentalidad tan recta, franca y lógica la llevaría a obtener una respuesta inmediata y sin tacto, lo cual no era nada compatible a problemas del corazón. Se lo debatió por un poco más, pero acabó descartando a Sayo totalmente, estaba bastante segura de que su respuesta sería algo así como “actuar así es inútil, ve a hablar con ella”.
Lisa se rió, podía imaginársela con esas palabras en su boca.
Rinko era de las pocas opciones que le quedaban, y en realidad, si lo pensaba bien, ella podría ser la persona ideal para estos casos. Aunque se caracterizara por su timidez y tranquilidad, la pelinegra tenía la cabeza sobre sus hombros, comprendía los sentimientos de las personas y era muy observadora, Lisa se la podía imaginar teniendo una conversación sobre romance con ella y pedirle algún consejo.
-Aunque seguramente se sonrojaría -se rió tiernamente- podría intentarlo –sonrió.
Su objetivo ya estaba fijado, pero como si hubiera sido el destino, Rinko faltó a la práctica de esa tarde por un resfriado mal curado.
El mismo día que Lisa pensó en pedirle consejo a la pelinegra, Ako les comunicó al llegar a la práctica que la tecladista se encontraba con fiebre y que no podría aparecer, por alguna extraña razón, ni Yukina ni Sayo comentaron nada al respecto, simplemente siguieron ensayando las canciones como de costumbre.
Aquella actitud desconcertó a la castaña, pero no se atrevió a decir nada, ya que si las personas más formales respecto a la puntualidad y la asistencia estaban de acuerdo, no tenía nada que objetar.
Había una tensión en el ambiente, la voz de Yukina no salía tan fluida ni tan potente como de costumbre, el bajo de Lisa se descompensaba a veces, Ako iba demasiado rápido con la batería y Sayo cometía pequeños errores en los acordes, pero nadie parecía decir nada. Finalmente, la vocalista dio por finalizada la sesión una hora antes de la fecha límite de la reserva, argumentando que sin el teclado de Rinko, no podrían practicar bien.
Al día siguiente, Ako también faltó junto a Rinko, escribiendo en el grupo que tenían en común, que los padres de la pelinegra no podrían quedarse esa tarde a cuidarla y no quería dejarla sola. Sorprendentemente, las dos chicas más estoicas de la banda no comentaron nada ese día tampoco, por lo que se tomó su falta de palabras como una afirmación silenciosa.
Sayo y Lisa estaban con sus instrumentos preparados, pero apenas llegaron a tocar una canción, ya que Yukina aplazó la práctica a otro día, argumentando que con esas personas no podrían ensayar como era debido.
-Perder una práctica por falta de dos personas es contraproducente, podríamos poner una pista de batería y otra de teclado –dijo sin reparo la guitarrista mientras se cruzaba de brazos, mirando seriamente a Yukina.
Lisa estaba de acuerdo, era extraño que incluso en estas circunstancias, la peligris actuara de esta manera. La vocalista ensayaba muy a menudo sola en su habitación, con nada más que una partitura de la letra y la fuerza de sus pulmones, en este caso, contaría con dos apoyos instrumentales, pero casi no habían podido terminar la primera y última canción del día.
Yukina pareció no prestarle atención y guardó su micrófono personal junto a un par de cosas que había traído en su bolso.
-¡Minato-san! –elevó la voz sin dejar de lado su seriedad, intentado llamar la atención de la otra persona- los problemas personales deben quedar fuera de la banda, esas fueron tus palabras cuando nos reun… -iba a continuar, pero fue interrumpida por una mirada dolida de la vocalista.
-¡Sayo! –El silencio se estacionó en la sala- detente...
Lisa no sabía que ocurría, pero Yukina miraba de manera dura a Sayo, intentando esta última mantenerle la mirada, pero aunque su posición era completamente rígida, su labio inferior temblaba. La castaña intercambió miradas con ambas, pero parecía estar fuera de esa conversación.
-Chicas, no es necesar… -esta vez fue Lisa la interrumpida.
-Nos vemos mañana –sin detenerse, Yukina salió por la puerta del estudio.
Lisa se sintió un poco culpable, como si todo esto hubiera sido ocasionado por ella, por lo que ocurrió hace unos días, por sus tontas e indecisas decisiones.
El silencio se apoderó de la sala, era tan incómodo después de que se fuera Yukina de esa manera, que Lisa casi podía jurar de que había bajado la temperatura del lugar drásticamente, causándole un escalofrío.
Su lado más maternal la alentaba a darle palabras de apoyo a Sayo, argumentándole que la peligris solo estaba molesta por no poder practicar bien las cinco, aunque sabía que no era por eso. Pero no se atrevió, el que la guitarrista la mirara con tanta molestia y enojo la hizo retroceder, llegando a la conclusión de que sería mejor dejarla sola e irse ella también.
Con cautela, empezó a guardar el bajo en su funda, sintiendo como la afilada mirada no se despegaba de su espalda.
Soltó el aire que había estado reteniendo inconscientemente, dándose la vuelta con la mejor cara que podía poner.
-Sayo, si necesitas hablar de alguna cosa, sabes que siempre puedes contar conmigo –le sonrió, intentando transmitirle confianza, aunque por dentro se sentía un completo desorden.
Si la peliverde ya se veía molesta, después de escucharla su ceño se frunció más, haciendo una mueca desagradable con los labios por el camino, como si los apretara para retener algo desagradable que no quería soltar.
O quizás si quería, pero no debía.
-En ese caso, me gustaría hacerle una pregunta, Imai-san –se acercó a la castaña, se veía desafiante.
-¿Sayo? –por inercia retrocedió un paso, sintiéndose intimidada por el enfado de la más alta.
De normal, Sayo no era una persona que transmitiera alegría u optimismo, pero esta vez se encontraba en otro nivel, Lisa nunca había visto este lado de ella.
-¿Por qué? –sus palabras salieron graves.
-¿Por qué? –repitió la castaña, no entendiendo la pregunta tan ambigua.
-¿Por qué rechazaste a Minato-san?
Lisa dejó de respirar por unos segundos, sabiendo perfectamente a qué se refería, pero no creyéndose que ella, entre todas las personas, lo supiera.
A diferencia de las ásperas palabras de Sayo, la castaña no conseguía juntar más de una vocal, quedándose atascadas en su garganta a falta de que su cabeza formara una frase coherente.
Como si fuera un huracán de emociones, de repente el recuerdo de hace unos días golpeó completamente a Lisa.
Aquella tarde en la que Yukina le mandó un mensaje, pidiéndole consejo sobre la nueva canción que estaba componiendo, lo cual se había vuelto bastante común desde que Lisa mostró su interés en aprender a escribir letras para sus canciones y de esa manera, aportar más en la banda. Todo comenzó como cualquier día normal, hablaron sobre diferentes ideas, hicieron las tareas de clase y practicaron un poco, Yukina cantando mientras Lisa tocaba su bajo.
No sabía en qué momento todo ese ambiente cotidiano cambió a uno más tenso.
¿Quizás se debiera a la revista sobre chicas que leía Lisa mientras Yukina terminaba su parte de la tarea?
¿Puede que fuera cuando la castaña se acercó a la peligris por la espalda, para mostrarle una nueva prenda de ropa que le había salido en las redes sociales, preguntándole qué tal le sentaría?
Recordaba el pequeño susto que le dio a la más baja, y el cómo sus mejillas se llenaron de un tono rosado por la cercanía.
Lisa no estaba segura, quizás no hubiera ninguna explicación y simplemente el destino así lo quiso.
Lo importante, era que Yukina se le había confesado de manera romántica a Lisa.
Y ella la había rechazado.
Aun recordaba su rostro, siempre tranquilo, siempre inexpresivo, pero esa tarde, se veía asustada, rota.
O al menos, eso le pareció a los pocos segundos de que le dijera, que solo podía verla como a una amiga.
-Lo lamento –habló Sayo, sacando a la castaña de aquel trance- imagino que no debí preguntar -aunque esas fueran sus palabras, Lisa no estaba segura de que aquella disculpa fuera sincera- es solo, que no lo entiendo.
-Yo tampoco –finalmente consiguió ordenar sus pensamientos- tampoco lo entiendo.
Sayo la miró de arriba abajo, buscando algún indicio que le dijera que no hablaba en serio, se sentía ninguneada con esa respuesta tan pobre. Lisa se veía perdida, como si no supiera qué hacer o qué decir, pero la guitarrista no quería dejar el tema así, quería encontrarle una respuesta a aquella incógnita que la había atormentado desde que habló con Yukina el otro día, su mente tan lógica y racional no podía quedarse sin comprender aquella situación.
Se acercó a la castaña, sus facciones se habían suavizado un poco, aunque sus verdes ojos seguían ardiendo en molestia por alguna razón.
-¿Qué sucedió ese día? –intentó comenzar por lo más básico.
-Yukina se me confesó –un gran peso salió de su pecho con esas palabras, no lo sabía hasta ahora, pero necesitaba hablar de esto con urgencia- no sé la razón de porqué en ese momento, pero me dijo que estaba enamorada de mí –Lisa se sentó en el suelo acercando sus rodillas a su pecho, acurrándose con ellas, su apariencia era bastante vulnerable- estaba realmente feliz de escucharla decir eso.
Sayo hizo una mueca que Lisa no consiguió descifrar, pero fue ocultaba rápidamente.
-Entonces, ¿por qué?
-No estoy segura –parpadeó nerviosa, le temblaba la voz- creo que tenía miedo –Sayo tuvo que hacer un poco de esfuerzo para escucharla, su voz salía muy débilmente- cuando me dijo eso, se podía ver que estaba siendo totalmente seria, aunque para empezar Yukina tampoco es una persona que bromee –se rió sin ganas- y menos en una situación como esa –la guitarrista guardó silencio, esperando que continuara, pero Lisa estaba ordenando sus emociones para poder ser lo más clara posible, aun siendo un completo desastre por dentro- estaba muy feliz, pero al mismo tiempo, sentía que no había nada bajo mis pies, como si estuviera cayendo.
Sayo de normal no entendía mucho ese tipo de expresiones, pero hizo un esfuerzo por empatizar con la bajista.
-Entiendo que tuviera miedo, pero no comprendo por qué la rechazó.
-La rechacé nada más decírmelo –aclaró- realmente no lo pensé, mis palabras salieron solas -cerró los ojos, parecía dolida- pero creo que si lo hubiera pensado durante horas, mis palabras hubieran sido las mismas.
La guitarrista estaba perdiendo la paciencia, aquella conversación no avanzaba, solo divagaban en lo mismo, dando círculos sin sentido.
-¿Por qué? –Su tono volvió a salir grave como minutos antes, cruzándose de brazos.
-¿Por qué? –repitió la castaña.
-¿Por qué la rechazó? Esta vez espero una respuesta coherente –su dedo golpeaba insistentemente su brazo, dando a entender que no esperaba otra cosa que no fuera una contestación firme.
Lisa tragó grueso, esto no era fácil para ella, aunque sabía que después agradecería por ser escuchada, este tema le tenía con los pies fuera de la tierra.
-Yukina no se merece estar con alguien como yo –sus palabras fueron duras, pero intentó no estar tan sentimental como antes, al fin y al cabo, esto era algo que siempre había sabido- Yukina está en lo más alto, por el hecho de que haya mirado un momento hacia abajo, no quiere decir que deba fijarse en mí.
Lisa estaba a punto de llorar mientras miraba hacia el suelo.
Un golpe, un sonido que asustaría a cualquiera, como si una gran piedra golpeara contra el suelo de repente.
La castaña elevó los ojos, encontrándose con una imagen aterradora.
Sayo desprendía un aura intimidante, sus cejas estaban totalmente curvadas, su flequillo le daba un aspecto amenazante mientras sus ojos no se despegaban de los de Lisa, por otro lado, su puño había chocado con uno de los altavoces del estudio, parecía ser lo único cercano a la guitarrista. Su cuerpo temblaba, la castaña dedujo que por el dolor del golpe, o eso quería pensar. Su segundo puño estaba apretado, listo para golpear otra cosa que estuviera a su alcance, pero el autocontrol de Sayo pareció volver, aunque eso no escondió la mirada asesina que portaba.
Ambas chicas temblaban, pero por razones distintas, mientras Lisa estaba a punto llorar por lo que acababa de contar y asustada por la situación, Sayo era un manojo de enfado y molestia, estaba fuera de si, opacando la presencia tranquila y moderada de la que siempre hacía alarde.
-¡No debería tomar los sentimientos de Minato-san tan a la ligera! -Su grito fue escondido bajo aquellas cuatro paredes insonorizadas- ¡Cómo es posible que-…! –Agachó la cabeza, aguantándose las palabras- ¡Maldita sea!
-¿Sayo? –insegura, preguntó, acercándose a la mano herida.
La nombrada levantó la mano del altavoz, abriéndola lentamente, viéndose una gran hinchazón en su lateral, temblando a causa de la tensión que acumulaba su cuerpo por el impacto.
-¡Minato-san…! –Volvió a guardarse las palabras, soltando una enorme bocanada de aire- Minato-san siempre la ha tomado en serio… -se agarró la mano herida, intentando aliviar el dolor- no debería tener miedo, Minato-san nunca la miraría como alguien inferior –Lisa no estaba segura si la estaba intentando consolar o se estaba desahogando, su tono de voz se escuchaba dolido.
-Yukina siempre ha sido una buena persona –sonrió al pronunciar su nombre- pero yo… no pude hacer nada por ella.
Sayo la miró a los ojos, esta vez más calmada, finalmente se giró, para acercarse a su guitarra.
-Tiene miedo –una vez llegó a su objetivo, cogió su instrumento- pero ese miedo ha sido infundado por usted misma –la miró de arriba abajo- eso ha herido a Minato-san –ajustó un poco las clavijas- su miedo, ha herido a Minato-san –el tono agridulce volvió a su voz.
-Yo… -Lisa se levantó también- nunca esperé que esto pudiera ocurrir –observó su bajo, esquivando la mirada de Sayo- es un poco… asusta.
Con la cremallera recorriendo todo el camino, Sayo guardó su guitarra, mirando la funda por unos segundos sin hacer nada.
-Creo que eso, puedo entenderlo –finalmente se la colocó en la espalda- este tipo de temas, cuando se enfrentan, pueden ser difíciles –su tono comprensivo cambió a uno más serio- pero parece como si se hubiera rendido, eso no lo consigo comprender –giró rápidamente su rostro hasta estar cara a cara con Lisa, su mirada estaba llena de determinación- yo no me rendiré.
Una sensación electrizante recorrió toda la espalda de Lisa, la seriedad con la que hablaba, el coraje y la fuerza de voluntad destilaban de cada parte de Sayo, estaba confundida, no entendía a que se debía ese repentino cambio.
Casi parecía que la estaba retando.
La guitarrista comenzó a caminar hasta la puerta, su porte elegante y sereno había vuelto, aunque la rojez de su mano contaba otra historia.
-Si de verdad está enamorada de Minato-san, debería ir y decírselo –comentó tranquilamente- se lo recomiendo no solo como compañera de banda, también como muestra de nuestra amistad.
-Yo nunca dije… -Lisa se sonrojó, era cierto que lo que sentía por Yukina era más que amistad, pero sus sentimientos estaban yendo en la dirección contraria a sus razonamientos.
-Lo está, no me cabe duda –Sayo se acercó a la puerta, abriéndola- se puede ver en su mirada cuando Minato-san está cerca -la guitarrista jugó un poco con la puerta, pensativa, considerando el decir las siguientes palabras- después de todo, es la misma mirada que la mía.
Sin más comentarios, salió de la sala.
Lisa no era una novata respecto a estos temas, aunque personalmente no tenía experiencia, entendía los sentimientos de las personas, al igual que las indirectas en las palabras.
La castaña se cubrió la boca con las manos, extremadamente sorprendida.
Sayo estaba enamorada de Yukina.
El simple hecho de que Sayo viera a alguien de manera romántica ya la extrañaba, pero en este caso, no solo se había fijado en alguien, si no que era ni más ni menos, que la persona que le gustaba también a Lisa.
Se rió irónicamente.
-Tienes que estar bromeando… -volvió a sentarse en el suelo una vez se le debilitaron las piernas tras la noticia- entonces, eso realmente había sido una declaración de guerra… -se sujetó la cabeza con la palma de su mano- tienes que estar bromeando –repitió.
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Había pasado una semana desde la conversación en el estudio entre Sayo y Lisa, Rinko se recuperó días después y pudieron volver a practicar como de costumbre, o eso les gustaría decir, ya que la calidad de su música se había visto tocada a causa de que la mitad de sus miembros no conseguían enfocarse tanto como les gustaría. Ako no parecía percatarse de esto, ella se veía bastante contenta mientras pudiera estar con todas practicando y aporreando energéticamente los tambores de su amada batería. Por otro lado, Rinko por lo general era tímida y parecía incomodarse al estar rodeada de gente, pero el ambiente de la sala le había intensificado esta parte de su personalidad, no sabiendo muy bien qué hacer o qué comentar al respecto, llegando a la conclusión de que ella no podría hacer nada por mejorar el ambiente.
Para cualquier persona, quizás esta decisión por parte de la pelinegra no le parecería la más madura, pero quien se viera envuelto en una pequeña sala con una peliverde enojada, una castaña en las nubes y una peligris indecisa, sin saber ninguna de sus razones, seguramente optaría por la misma elección.
-Intentemos subir un poco más el ritmo, no estamos llegando al rendimiento que se necesita en esta canción –con algunos gestos de la vocalista, reacomodó el micrófono por octava vez en esa tarde.
-Quizás beber un poco de agua ayudaría~ -tarareó la bajista, intentando verse natural mientras se acercaba a su botella de agua.
-¡Ako también! –la más pequeña se juntó a la castaña, buscando entre sus pertenecías.
Sayo solo pudo suspirar mientras se pasaba la mano por el rostro, intentando calmar su expresión rígida.
-Sayo, deberías beber un poco también, he traído toallas por si quieres usar alguna, ha empezado a hacer calor últimamente~ -comentaba Lisa mientras se abanicaba con la mano, pero no obtuvo ninguna respuesta.
Yukina miró a Sayo, reprimiéndola con la mirada, pero la guitarrista pareció no inmutarse.
La tarde continuó hasta que la noche cayó, avisándolas de que era momento de regresar a casa, finalizando de esta manera la práctica del día.
Sayo, como de costumbre, se quedó un poco más de tiempo en el estudio, avisando a sus compañeras de que cuando se fuera, reservaría la sala para la semana que viene, librándolas de cualquier responsabilidad. Ako y Rinko estuvieron hablando sobre el próximo evento de su juego online, manteniendo el entusiasmo y la alegría que siempre rebosaban cuando salía su tema de conversación favorito.
Yukina y Lisa regresaron a casa juntas, por alguna razón, lo que ocurrió entre ellas hace apenas una semana, no se volvió a sacar como tema de conversación, aunque por sus reacciones cuando estaban solas y los silencios incómodos, se podía ver claramente que el tema no estaba zanjado. Lisa era consciente de que si para ella ya era difícil hablar sobre algo como esto, para Yukina sería un verdadero tormento encontrar las palabras para comenzar la conversación, aun así, Lisa no se veía capaz de llevar la iniciativa en esta ocasión, refugiándose en esas pequeñas apariencias que intentaban mostrarle a la otra, como si todo estuviera bien.
Como si todo fuera como siempre…
La castaña no era una persona avariciosa, siempre había sido más devota a dar cosas que a recibirlas, pero por primera vez, había algo que quería con todas sus fuerzas, y eso era poder volver a estar como siempre con Yukina, el acercarse a ella casualmente, hablarle de cualquier cosa, concertar citas para ir a la cafetería o arrastrar a Yukina por el centro comercial. Todas esas cosas siempre le habían bastado para poder estar bien, como si esas pequeñas muestras fueran verdaderos regalos de felicidad, siendo tan fuerte este sentimiento, que se sentiría dichosa si pidiera más.
Como si no pudiera pedir nada más que eso.
Para Lisa, la Yukina que se cansaba después de ver dos tiendas de accesorios, la que le opinaba con el mismo rostro ilegible que todo le quedaba bien cuando Lisa buscaba opiniones sobre nuevos atuendos, la que se ruborizaba cuando se quedaba ausente al ver un gatito callejero… extrañaba esa Yukina.
La Yukina de la que se enamoró.
Actualmente, la vocalista mantenía las mismas expresiones estoicas y aburridas que siempre, pero cuando la bajista le hablaba, podía sentir que no le prestaba la misma atención, incluso cuando pequeños felinos pasaban por su alrededor, es como si su vista estuviera perdida en algo que no se encontraba entre ellas.
Yukina había cambiado.
Finalmente, las dos chicas llegaron a sus viviendas en silencio, despidiéndose cuando entraron por la puerta, siendo estas las primeras y últimas palabras de la caminata.
Yukina subió hasta su habitación, dejó la mochila con el micrófono en su escritorio y se tiró a la cama, por alguna razón, se encontraba inusualmente cansada. Con su mano libre, tanteó el lado izquierdo de su cama, encontrándose con un cómico cojín en forma de gato, tapándose la cara con él.
-Necesito continuar con la nueva canción –esas fueron sus palabras, pero no movió ni un músculo a continuación, el cuerpo le pesaba demasiado.
Desde que Lisa la rechazó, Yukina no se había encontrado con ánimo para hacer lo que más le gustaba, componer música.
Rodó por la cama, manteniendo el cojín en su lugar.
No es como si ella no hubiera antepuesto este resultado, pero una parte de ella estaba intranquila.
Colocó el cojín a su lado, clavando sus ojos en el color blanco de su techo, inundándose su cabeza de preguntas que no tenían ninguna respuesta.
Sobresaliendo entre ellas, una en especial, que la había privado del sueño desde aquel día.
¿Por qué Lisa se veía tan feliz y tan triste?
Yukina descubrió sus propios sentimientos hace no mucho, pensando que su obligación por tenerlos, era decírselos a Lisa, ni si quiera esperaba una respuesta, simplemente pensaba que su relación de confianza debía mantenerse de esa manera. Pero cuando pronunció esas palabras, se dio cuenta de la realidad, de cómo nada volvería a ser como antes.
Pero aun después de todo, ¿por qué Lisa sonrió cuando la escuchó?
Era tan deslumbrante, sus ojos centelleaban como grandes estrellas, sus dientes sobresalían de entre las comisuras de sus labios, se veía tan radiante.
Pero eso solo duró unos segundos.
Los labios de Lisa poco a poco se curvaron, sus pupilas se fueron apagando a cada momento, como si aquellas estrellas que acababan de nacer, murieran en ese mismo momento.
Después de eso, la rechazó.
Yukina volvió a rodar por la cama, cogiendo de nuevo el cojín de gato.
No es como si ella esperara que comenzaran a salir juntas, o que sus sentimientos fueran correspondidos, no fue su idea inicial cuando dijo esas palabras.
“Estoy enamorada de ti, Lisa”
Las recuerda, se le clavan en el corazón cada vez que lo hace.
Yukina suspiró, intentado aligerar el pesado trabajo de sus pulmones.
Elevó la mirada, encontrándose con una púa de guitarra turquesa por el camino.
“Minato-san, déjeme cuidar de usted, yo la ayudaré”
Otro recuerdo, otra espina en su pecho.
Cerró los ojos, queriendo que pasara el día, aunque la luz de su habitación siguiera encendida, y ella continuara con su ropa de calle, quería dormir en ese mismo instante.
Un pitido monótono la despertó de su ensoñación, percatándose de que se trataba de su teléfono. Estiró la mano sin mucho ánimo hasta poder cogerlo, llevándose la pantalla a los ojos, todavía tumbada.
Sonrió levemente al ver el remitente y el mensaje que contenía, desde que todo comenzó, mensajes como ese, eran bastante normales, y de alguna manera, la ayudaban a despejar la mente.
Estuvo contestando y compartiendo mensajes con la otra persona unos cuantos minutos, hasta que un nuevo contacto se hizo notar entre sus mensajes, indicándole que le estaba hablando otra persona.
Esta vez sí se sorprendió, se trataba de Lisa.
Aunque antes del suceso, era bastante normal tener mensajes suyos, durante esta semana, no habían compartido ningunas palabras por ahí.
La conversación acabó desencadenando en una petición por parte de Lisa, de verse en persona esa noche, quedando en el balcón.
Yukina sentía contradicciones dentro de ella, por un lado la felicidad la inundaba, aunque visualmente no lo mostrara, pero ese flujo de agradables sentimientos se mezclaban con una fuente de asombro e incomodidad.
Acabó aceptando, arreglándose un poco los mechones platinos que se les habían revuelto al estar rodando en la cama.
A diferencia de ella, Lisa se había puesto ya la ropa para dormir, incluso podía apreciar como su cabello seguía un poco mojado después de darse un baño, su mirada divagó brevemente por los sedosos mechones castaños, apreciando el resultado del gran cuidado que tenía Lisa con su cabello.
-Perdona por llamarte a estas horas, Yukina –su semblante se apenó un poco, mostrando una disculpa silenciosa.
-No había comenzado aún a componer, no tienes de que preocuparte –la miró de vuelta, obviando lo bien que le quedaba el pijama.
Lisa se rió, intentando disimular un poco la gracia que le hacía escuchar a Yukina decir eso. Al parecer, la vocalista no se había percatado de como sus cortinas estaban abiertas, dándole bastante visibilidad a Lisa de como rodaba por la cama con el cojín de gato en su rostro.
Intentado dejar de lado las ganas de avergonzar a Yukina, Lisa se puso poco más seria, sin abandonar la dulzura que siempre ponía en sus palabras.
-Se siente como si hubiera pasado una eternidad desde que hablamos desde aquí~ -elevando los brazos, se estiró casualmente.
-Ha pasado un tiempo.
Lisa sabía de qué quería hablar, pero aun cuando había estado ensayando en la bañera esta conversación, le costaba un poco juntar ideas.
-¿Crees que volverá a pasar tanto tiempo hasta la próxima vez? –en su tono se notaba un ápice juguetón, pero su mirada decía otra cosa, como si en realidad fuera una pregunta dolorosa.
-No puedo saber eso –respondió Yukina como si fuera la respuesta más obvia, no notando el segundo sentido de las palabras de Lisa.
La castaña nunca podría cansarse de la inocencia de Yukina.
-¿Sabes~? Ha comenzado la temporada de primavera –Lisa juntó las manos, emocionada- me gustaría poder dar una vuelta por el centro comercial y ver las nuevas prendas para este año –jugó un poco con sus propios dedos- ¿crees que podríamos ir en alguna ocasión?
-Mientras no se interponga con Roselia.
La vocalista no ayudaba a que la conversación fuera un poco más fluida, pero en realidad no era algo que le molestara a su compañera, más bien, estaba un poco acostumbrada, además de que sabía que simplemente era la personalidad de la peligris.
Lisa continuó jugando con sus dedos, poniéndose un poco nerviosa de que los temas de conversación que había pensado en su relajante baño se le acabaran.
-Cierto~, el otro día escuché a Sayo murmurar algo de un café de gatos, al parecer han abierto uno en la ciudad, podríamos dar una vuelta y verlo, seguro será divertido –su sonrisa era bastante grande, notando como Yukina reaccionó por fin.
Ante la mención del nombre, la vocalista se puso un poco incómoda, pero Lisa lo malinterpretó pensando que se trataba de los gatos, ignorando sin darse cuenta de que no había sido esa la razón.
La peligris no respondió, mirando a diferentes puntos del balcón, acabando juntándose sus dorados iris con los grises de su amiga.
Esa mirada…
Yukina la conocía, esa expresión, la había visto antes, en un pasado no muy lejano.
Oh, ya entiendo…
Cuando ella se separó de Lisa, cuando cambió y se aisló, le daba la misma mirada continuamente, por eso no la había olvidado.
Esos ojos le estaban pidiendo que no la abandonara, que volviera a ser como antes.
Le dolía, un nudo le quemó la garganta, no solo por los recuerdos de cuando hirió a Lisa por su terquedad, sino porque lo estaba haciendo de nuevo.
Lisa quiere que todo sea como antes.
El pensamiento la penetró como una daga, incrustándose en lo más profundo de ella, obligándola a mantener la respiración para ver si así el dolor se pudiera aliviar, intentando que la sangre que brotaba de ese filo, no siguiera desprendiéndose de ella.
Su energía vital desapareció de ella momentáneamente.
-Me parece bien –respondió lo más natural que pudo, consiguiendo una sonrisa radiante de parte de la castaña.
-Sabía que te gustaría~.
La conversación siguió un par de minutos más, pero Yukina no se percataba de nada a su alrededor, simplemente respondió con monosílabos, hasta que Lisa se percató de que la peligris se notaba bastante cansada, proponiendo de esa manera, que se fueran ya cada una a dormir.
Yukina estuvo totalmente de acuerdo, despidiéndose de su amiga de la infancia, para encerrarse en su habitación.
Cerró las puertas de cristal, corrió las cortinas hasta que la visión fuera nula y apagó la luz.
Dolía, seguía doliendo.
Cuando Lisa le dijo que la veía sólo como a una amiga, se sentía muy diferente a esta vez.
¿Es así como realmente se siente un rechazo?
No lo sabía, no lo entendía, sólo quería que parara.
Lágrimas comenzaron a caer de sus ojos, notándolas cuando empezaron a caer en sus rodillas.
Para ella, ya de por si era muy difícil entender los sentimientos de las otras personas, no siendo los suyos mucho más fáciles.
-Por favor, detente.
No sabía a qué le hablaba, sólo quería que alguien la escuchara, que alguien la ayudara.
Los sollozos de esa noche fueron ocultados bajo un maltrecho cojín de gato, procurando que la chica al lado de su balcón, no se percatara de su condición.
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La música resonaba en el escenario como una tormenta, la voz de Yukina golpeaba las paredes de la sala de conciertos, mezclándose con la emoción de la gente que había ido esa tarde para poder ver su actuación. La guitarra junto a la batería sobresalían en el fondo, haciendo que la canción ganara aún más fuerza, siendo seguidas por un leve pero armonizante coro del teclado y los graves acordes del bajo, creando de esta manera una sinfonía que solamente podía nacer de esos cinco miembros.
El público vitoreaba, disfrutando del resultado que había nacido de horas y horas de prácticas.
Una canción tras otra, poco a poco el nivel decreció, sin bajar ni un ápice su calidad, hasta que finalmente, el concierto finalizó, despidiéndose cada integrante del público que sólo podía gritar de emoción, aclamando el nombre que las unía.
-Buen trabajo –Yukina fue la primera en hablar una vez llegaron a los camerinos.
-Hemos conseguido hacer toda la playlist programada sin ninguna pérdida de rendimiento, buen trabajo –continuó Sayo, acercándose a la toalla que la esperaba al lado del estuche de su guitarra.
-¿¡Escuchaste eso Rin-rin!? ¡La batería resonaba en toda la habitación mientras los siervos de la oscuridad proclamaban su… su…! –según iba comentando Ako, su voz se iba relajando, acabando en susurros mientras buscaba las palabras adecuadas.
-¿A-aprobación? –intentó ayudar la pelinegra a su querida amiga.
-¡Exacto! ¡Su aprobación a las gobernantas de la oscuridad, Roselia! –alzaba energéticamente sus baquetas en el aire.
Rinko solo pudo reír ante los gestos de Ako.
-Aaaah~ Eso realmente salió genial, fue un gran concierto –suspiraba cansada Lisa, siendo la última en entrar al camerino, complacida con el resultado, dejando el pesado bajo en su atril.
La castaña sonreía radiantemente, disfrutando del ambiente de su banda.
Habían pasado dos meses desde los acontecimientos con Yukina, de alguna manera, poco a poco todo fue volviendo a la normalidad, ahora Sayo mantenía un semblante más relajado, suavizando también sus palabras hacia el resto, mientras tanto, Yukina se mantenía estoica y tranquila, pero esta vez, su visión se enfocaba en las cosas importantes, su mirada ya no era melancólica y su amistad con Lisa había vuelto a su momento inicial.
En este tiempo, no hablaron sobre el incidente, por un lado, la castaña no estaba segura de si estaría bien dejar el tema así, pero después de unas semanas, llegó a la conclusión de que si a Yukina le parecía bien, ella no se opondría, agradeciendo que todo volviera a ser como antes.
Los pequeños pedazos de felicidad con los que siempre estuvo conforme, volvieron.
-Yu~kina –se acercó a la nombrada- estuviste increíble, tu voz salió más potente que nunca.
-¿Tú crees? –sonrió tenuemente.
Aunque los sentimientos de Lisa, no cambiaron en este tiempo.
Tampoco lo hicieron sus inseguridades.
Pero no le dio importancia, después de todo, eso no era algo nuevo.
Lo más importante es que Yukina había vuelto.
-Hiciste un gran trabajo, Minato-san –la peliverde le sonrió orgullosa.
Un grito agudo se escuchó de fondo.
-¡¡Roselia es increíble!! –expresó con toda la energía de la que rebosaba Ako, siendo reprendida por la mirada de Sayo por lo fuerte que había gritado.
Como si fuera contagiosa, Lisa también se llenó de energía, estando completamente de acuerdo en la afirmación de Ako.
Todas mantuvieron pequeñas conversaciones mientras guardaban sus instrumentos y se recomponían un poco del cansado concierto que acababan de tener.
La hora de volver llegó, yendo Lisa sola a casa, a causa de que Yukina le pidió que se adelantara, por unos asuntos que tenía en el centro de la ciudad. La castaña se sorprendió un poco, pero no le dio importancia, seguramente iría a la tienda de música a por algún disco, por lo que se despidió con un gesto de mano, y se dirigió a su casa.
Su cansancio pareció desparecer una vez entró en su bañera, tarareando una de las canciones que interpretaron esa tarde en el concierto.
-El bajo es el mayor enemigo del esmalte de uñas –acercándose y alejándose el dorso de su mano, apreció como la pintura roja que se había puesto el día anterior, había sufrido diferentes problemas a causa de todas las horas que estuvo tocando, pero realmente no le importaba, disfrutaba sus sesiones de maquillaje en general- podría probar con un nuevo color, el rosa pálido es un tono perfecto para la primavera.
Divagó un poco más sobre qué podría quedar bien en la nueva estación que habían entrado, saliendo poco después de la bañera.
Con el pijama puesto y el cabello más o menos secado, se acercó a su escritorio, eligiendo el color que se aplicaría esta vez en las uñas, comenzando de esta manera con su sesión nocturna de manicura.
-Egao afureru yasashī fūkei… -cantaba mientras el pequeño pincel hacía su trabajo, deleitándose del bonito color que ahora adornaba sus uñas.
Después de un trabajo bien hecho, decidió que era la hora de dormir, se había hecho un poco tarde, y al día siguiente, tenía trabajo en la tienda de conveniencia por la mañana.
Apagó la luz, pero su cuarto aún se sentía iluminado.
La luz del cuarto de Yukina todavía estaba encendida.
Lisa miró la hora, fijándose en que era más de media noche, pero no se veía sorprendida, después de todo era muy común que Yukina se quedara despierta hasta tarde.
Una sonrisa gatuna apareció en sus facciones.
Disimuladamente, se acercó a la ventana, esperando ver a una Yukina completamente metida en su propia música, o quizás durmiendo en el escritorio, rodeada de bolas de papel.
Pero en ningún momento se planteó lo que vería ahí.
Sayo estaba junto a Yukina, alrededor de una pequeña mesita en el centro de la habitación, ambas sentadas en el suelo, disfrutando de unas galletas con forma de gatos y perros.
El ambiente se veía tranquilo, como si se debiera a una reunión casual entre dos miembros de la banda.
Pero Lisa no podía verlo de esa manera, aunque sus expresiones fueran serenas y en gran medida, serias, sus ojos contaban otra historia.
No dejaban de mirarse con anhelo.
La mesa entre ellas parecía no existir, aunque no físicamente, ambas se encontraban completamente unidas.
El pecho de Lisa comenzó a doler, su ceño se frunció preocupada.
Entonces, la castaña se percató de otro detalle.
Sayo llevaba un adorable pijama con estampados de perritos.
Una gemela con trenzas le pasó por la mente, seguramente la idea sería de ella.
Yukina en cambio, llevaba un pijama a rayas grises, pero que igualmente, se veía adorable.
-Ah…
Lisa dejó escapar una bocanada de aire al ver como Sayo se sonrojaba, aunque no sabía de qué estaban hablando, Yukina sonreía de una manera dulce, mientras la guitarrista miraba las galletas como si fueran su única opción.
No quería mirar más, la bajista quería cerrar las cortinas, meterse entre sus sabanas y esperar a que el nuevo día llegara, pero su cuerpo no se movía, sus brazos no se despegaban de su pecho, como si quisiera mantener algo escondido, mientras que sus ojos, no enfocaban otra cosa que no fuera a ellas dos.
No sabía cuánto tiempo llevaba en esa posición, pero después de un arduo trabajo, bajó la mirada.
Negro, eso era todo lo que veía, aun cuando su cuarto no estaba completamente oscuro, no percibía ningún color.
Su mundo se había vuelto gris.
Se mordió el labio, no queriendo ceder ante malos pensamientos o situaciones que su mente se inventase para hacerla sentir peor.
Ella ya tenía a Yukina, tenía a su amiga de la infancia, tal y como quería, no debía pedir nada más.
No me lo merezco. Pedir más que esto sería…
Pensamientos intrusivos la inundaron, quería salir de ese trance, volver a ver algo que no fuera ese asfixiante negro.
Finalmente elevó la mirada.
Sayo estaba besando a Yukina.
Fue fugaz, casi imperceptible, pero indudablemente tierno. Sayo sonreía, si veía tanto amor en cada una de sus expresiones, mientras que Yukina también parecía estar feliz, contemplando a Sayo de una manera un poco más inexpresiva, pero igualmente llena de dulzura.
Lisa cerró los ojos, prefería hundirse en aquel temible color, antes que seguir notando como iba creciendo el dolor que estaba experimentando.
Se sentía una idiota, simplemente había sido egoísta, queriendo que todo volviera a ser como siempre, sin ningún cambio, no haciendo nada más que mirar a otro lado para beneficiarse de la ignorancia.
-Yukina…
Aquel nombre dolía, al mismo tiempo que tenía un sabor dulce.
Lisa se mantuvo con los ojos cerrados, deseando que la tierra se la tragara.
Pero eso no sucedería, e incluso si por algún capricho de los dioses, se le fuera concedido.
Sabía que nunca escaparía de aquel pensamiento que la golpeaba incansablemente.
Si sólo no me hubiera conformado con este pedazo de pastel, y hubiera ido por el dulce completo… ¿esto podría haber sido diferente?
