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Envenenado

Summary:

【One-Shot】Porque Kochō Shinobu traspasó la muralla de su anegado corazón, filtrándose como si fuera la dueña legitima, revoloteando cual mariposa en primavera y dejándolo envenenado de un amor imposible, pero ferviente, que, con el transitar de sus interacciones, lo volvía incontrolable e intransigente.

Kimetsu no Yaiba pertenece a Koyoharu Gotouge©

Notes:

¡Konnichiwa!

Han pasado 84 años desde que escribí GiyuuShino :'v

Desde que terminé NieR Automata, mi alma solo le pertenece a ese juego (que se pelea también con la precuela, NieR Replicant), y la verdad, no lograba escribir otra cosa que no sea él desde entonces ;-;

Sin embargo, puse todo de mi corazoncito para escribir este humilde regalo con todo mi amooor para mi querida OmEgACeNtAuRy que está de cumpleaños hoy :'3

Agradecimientos a mi poderosísima Onee-sama, Ozora no hime, por la ayuda en la ortografía y redacción, sin ella, nunca me hubiese sentido conforme.

¡Espero te guste, Maarit! TuT

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Capítulo único

.

Como una ráfaga de viento, la Pilar del Insecto, Kochō Shinobu, propinó varias estocadas mortíferas al grotesco enemigo que tenía en la mira. En respuesta, el demonio emitió unos gemidos guturales provocados por el lacerante dolor que recorría y quemaba su organismo de dentro hacia afuera.

La de orbes purpuras jadeaba del cansancio, el cual era notable por las venas que palpitaban en su frente y el temblor en sus delicados dedos que empuñaban la inusual Nichirin tō, entreviendo como aquel ente detestable se consumía lentamente.

Había sido una batalla de aguante entre ambos contrincantes que no querían dar el brazo a torcer.

A simple vista, parecía que Shinobu tenía las de perder, puesto que su adversario empleaba una técnica de sangre que manifestaba la segregación de veneno desde unos asquerosos orificios que cubrían las palmas de sus manos y ella temía que existiera la mínima posibilidad, de que el mentado demonio pudiera resistir la mezcla ponzoñosa creada para la ocasión.

Agregando que poseía unos altos reflejos y una piel dura que provocaba que la punta de su katana patinara sobre la superficie por cada tajo, en consecuencia, la pilar fue obligada a proceder a la ofensiva con reticencia y astucia.

No le preocupaba ser afectada por la técnica del enemigo, crear un antitóxico que neutralizara el veneno en tiempo real, era sencillo, ya que siempre venía preparara para tratar sus propias heridas o las de otros cazadores que se encontrara por el camino, pero tampoco deseaba estar en ninguna desventaja que consiguiera comprometer su victoria.

Perder contra un demonio que ni pertenecía a las Doce Lunas Demoniacas, sería deshonrar la memoria de su querida hermana Kanae y su mismo puesto de pilar que era admirado por los demás miembros de la organización.

De repente, en un último ataque desesperado, el demonio se enarboló agonizando y arremetió contra Shinobu con la sucia intención de envenenarla.

No se iba a ir de este mundo sin al menos llevarse la cabeza de la grácil cazadora del Haori de mariposa.

Sin embargo, antes de reaccionar a la defensiva, Tomioka Giyū, el taciturno pilar del agua, se interpuso de súbito entre los dos, recibiendo un prominente rasguño en el abdomen.

Y sin darle tiempo a cometer otro asalto, de un corte limpio, mediante su undécima postura de la respiración del agua, desprendió la cabeza del demonio, acabando con su mezquina existencia.

—¡¿Tomioka-san?! —proclamó Shinobu, atónita.

— Kochō… —musitó Giyū, tocando la presunta herida superficial y sintiéndose de pronto mareado, hincándose.

—Aguanta un poco, ahora creo el antídoto —declaró, sacando vertiginosamente el kit de primeros auxilios de su cinturón.

Dados los síntomas que experimentaban los humanos antes de desaparecer misteriosamente, según la información que había recabado, el veneno primero infectaba el estómago, iniciando con leves mareos que a posteriori se tornarían vómitos de chorrones de sangre, para luego mutar a una intoxicación sanguínea profunda que sobrecargaba las venas del corazón, causando una dolorosa muerte por deshidratación y asfixia.

El de océano mirar asintió en silencio, usando la respiración de concentración total para mitigar los efectos de la toxina arraigada en su cuerpo.

—Esto te arderá en las venas —reveló mostrándole la jeringa con la espesa sustancia salvadora —. ¿Estás listo?

—Cuando quieras.

Al tener la aprobación del azabache, ella desabrochó la parte superior del uniforme de él, y pinchó la herida punzante e hinchada; Giyū formó una mueca de dolor al sentir la aguja incrustarse en su carne lastimada.

—Tengo que confesar, que mi medicina tendrá uno que otro efecto secundario —indicó, untándole un bálsamo natural en la cárdena lesión y vendándolo con paciencia —. El viaje de regreso a mi finca será largo, lo ideal es quedarnos unos días en una posada, así podré monitorearte más tranquila.

—No… es necesario… —articuló, luchando por levantarse con sus pies inestables.

—¡Tomioka-san! —regañó por interrumpirla —. Aquí la médica soy yo, así que, te pediré de favor que me hagas caso ¿o prefieres que te inyecte un somnífero~? —amenazó, mostrando una engañosa sonrisa amable.

El del Haori tricolor sopesó la clara advertencia de su colega, y suspirando, concluyó, a regañadientes, concederle la razón. Su organismo interno ardía como el infierno, percibía una migraña insoportable y las manos le tiritaban, lo más sensato era permitir que ella procediera con los cuidados adecuados lo más pronto que se pudiese para, de ese modo, regresar a su deber de asesinar demonios donde se les requiriera.

Shinobu le ofreció su pequeño hombro con la finalidad de que él se apoyara en ella, cosa que al principio Giyū se vio reacio a aceptar, porque no quería procurarle más molestias a su compañera.

Doblemente alerta, se encaminaron de regreso al modesto pueblillo comercial, y gracias a la bendición de la fortuna, al cabo de media hora, hallaron un albergue barato y cómodo, justo a tiempo de verse atrapados en un reciente diluvio.

Ignorando las indirectas de la jovencita ayudante de la dueña del local, —sobre si eran una pareja de casados—, Shinobu rentó una habitación espaciosa para ambos.

Al verse iluminados por las velas del lecho, la cazadora notó que el rostro de Giyū pasó a verse lívido, su boca se resecó en un instante y su frente, perlada de sudor, estaba muy caliente, era extraordinario que el Pilar del Agua hubiera aguantado todo el recorrido hasta allí sin desmayarse.

Una resistencia que, la de insondables ojos violáceos, no tardó en envidiar en sus adentros, ya que, en comparación, su físico era endeble; no por nada era la única pilar —y cazadora— de la organización que no era capaz de decapitar los cuellos de los demonios.

Autoritaria — conociendo la terquedad de su colega—, le indicó que se recostara en el futón mientras ella colocaba su botiquín en la mesilla de noche, para enumerar y seleccionar los artículos medicinales que utilizaría con él.

Sorpresivamente obedeciendo sin chistar, Tomioka, con marchas débiles, se recostó en el futón, batallando para mantenerse lúcido.

La lluvia arrecida en las afueras de la posada inundó la recamara compartida de un frio agradable, agradable para Shinobu, no obstante, para Giyuu era una navaja de doble filo. Cumpliéndose sus sospechas, la fiebre del cazador aumentó precipitadamente, teniendo que proveer unos cambios de paño en su frente y asimismo frotarlo sobre el atractivo cuerpo de él.

Por consiguiente, Shinobu soportó el rubor de sus mejillas, porque, al fin al cabo, Tomioka Giyū era un hombre apuesto, con una musculatura de ensueño cubierta de cicatrices que lo dotaba de un aire seductor, y, aunque lo negara públicamente un millón de veces, ella sentía una fuerte atracción hacia él.

Lástima que no deseaba atarlo a una vida miserable, porque Kochō Shinobu planeaba morir para cumplir su venganza contra la luna que mató a Kochō Kanae.

Afortunadamente, a medida que las horas de la madrugada circulaban con naturalidad, logró amainar los síntomas de su medicina que purgó el veneno.

Giyū, entretanto estuvo consciente, apreció los toques de Shinobu en su piel raposa, experimentando un encantador cosquilleo cada que los finos dedos de la fémina, lo manoseaban con esmero. Pero, no podía crearse ideas equivocadas, ella exclusivamente cumplía con su trabajo de atenderlo porque ese era su compromiso al ser médico. Además, él no merecía siquiera añorar felicidad.

Su vida se resumía a aniquilar demonios a diestra y siniestra, aun cuando no era un digno pilar de agua.

No veía correcto albergar sentimientos hacia su compañera, enterrarlos en su corazón era lo más conveniente, pues, en cualquier momento, sucumbiría por su propia debilidad.

Sabito hubiese sido un gran sucesor.

Para Shinobu, era común ser participe cuando sus pacientes — delirando por la alta temperatura corporal que emanaban sus cuerpos sudorosos—, balbuceaban palabras inentendibles, no obstante, en esta oportunidad alcanzó a comprenderlas por completo.

¿Quién era Sabito? ¿Un familiar? ¿Un amigo? ¿En verdad el hermético y apático Pilar del Agua también portaba el manto de un caído cercano?

La menuda mujer no pudo detener la oleada de preguntas que apaleó su mente cual violento tifón, pero era demasiado orgullosa como para preguntarle de manera directa en cuanto se mejorara.

Se resignó a vivir con esa duda por el resto de su vida.

Era mejor así, debía pelear en oposición para retener esos sentimientos indignos dentro de sí, ella ya tomó una decisión y arrastrar a Giyū hacia su arrevesado capullo de lombriz, la transformaría en una total egoísta.

«Más de lo que soy…».

Entre forzar a su hermanita, Tsuyuri Kanao a culminar su venganza, y abandonarla junto a las demás niñas de la Finca Mariposa al fungir como carnada, sabía que les causaría un enorme sufrimiento.

Pero es que ella comprendía que la ira que no demitía de crecer en su interior, solo lograría ser apaciguada con su muerte y vendetta.

Suspiró y retornó su labor hasta donde le fue posible; le ayudaba a distraer el vórtice de pensamientos pesimistas que asaltaban su cabeza.

A la mañana siguiente, Tomioka fue el inicial en abrir sus parpados pesados, recapitulando en sus memorias lo que lo condujo a esa situación:

Recordó que el cuervo kasugai de Shinobu lo interceptó desesperado solicitando su asistencia, guiándolo en torno al fiero encuentro de ella y salvándole el pellejo producto del desliz de la agotada cazadora.

Todo fue tan rápido que, aún con su mejor postura, los restos del demonio se las arreglaron para rozarlo en el abdomen.

Lo consecutivo que le vino a la mente fue sentirse mareado, sus transidas pisadas para amortiguar el peso que cargaba Shinobu en su tierno hombro, los rezongos de ella y un ímprobo calor que turbó su cuerpo.

«¿Qué más…?».

Cierto, las atentas caricias de Kochō que atormentaban su consciencia ahogada en un mar turbulento de pesares y culpas.

Se sentó en el medio del futón y la buscó con sus luceros impacientes, situándola apoltronada en la silla con sus bellos iris cerrados.

Irguiéndose adolorido, se acercó paulatinamente a ella y se percató del contenido de la mesilla, repleta de reemplazo de vendajes, paños húmedos, medicinas e inyecciones, y su corazón se encogió a descubrir el brío con el cual Kochō cuidó de él, a costa de descansar, aun sabiendo del combate que tuvo anteriormente.

Tuvo que hacer gala de su autocontrol, pues, aquellos impulsos que lo azotaban, deseaban hacer de las suyas.

¿Besarla en la frente se consideraba un buen premio?

Caviló y caviló, dubitativo de si cumplir ese capricho que se originaba desde lo más profundo de su alma solitaria.

A pesar de estar libre del veneno que agolpaba su cuerpo, irónicamente aún a alojaba uno mucho peor y letal.

Porque Kochō Shinobu traspasó la muralla de su anegado corazón, filtrándose como si fuera la dueña legitima, revoloteando cual mariposa en primavera y dejándolo envenenado de un amor imposible, pero ferviente, que, con el transitar de sus interacciones, lo volvía incontrolable e intransigente.

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Notes:

No es mucho, pero es trabajo honesto. j p g

Ok no...

Lamento que esto no me quedara más largo ;-;

Inclusive, mi idea original fue modificada casi por completo, desviándose de mis planes iniciales hasta resultar un escrito donde lo único que comparte, es la mención de Sabito de la boca de un Giyuu herido X'D!

Adoro tanto tus GiyuuShino como no tienes ni idea, que me inspiré en ellos para crear esto! Creo que se nota mucho (?)

Agradezco a tu husbando, Artorias, por decirme tu fecha de cumpleaños con antelación y así poder prepararme como era digno para usted!

¡La quiero un montón! *-*

Desde lo profundo de mi corazón, te deseo la mayor de la felicidad en tu vida matrimonial, y que, la hayas pasado muy bien en tu día~ 7u7

Sin nada más que decir, a los demás lectores de igual forma, ojalá haya sido de su agrado, no olviden dejar sus comentarios, ya que son el alimento para mi alma, porque ¿Quién sabe? tal vez regrese con más GiyuuShinos en cuanto menos se lo esperen, jues jues éue

Sayonara~