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Sea Of Voices

Summary:

Lucas está de prácticas en el Acuario de Busan, él y su tutor, Kim Doyoung, se han desvivido por cuidar y preparar a Ten, un delfín rescatado del mar.
Sin embargo, aún no han podido devolverlo a su hábitat. Esto y su extraño comportamiento por las noches, han hecho que Lucas se quede por la noche a vigilar al cetáceo y ver qué ocurre.

Notes:

Primer fanfic de NCT que decido publicar, ¡espero que guste! Y, sobre todo, que sea fácil y entretenido de leer, algo soft en medio de la rutina y vida real.

¡Gracias por leer! :3

Chapter 1: Busan Aquarium

Chapter Text

El sol brillaba bastante alto y derretía sin piedad los helados de los niños. Algunos tenían las manos manchadas de chocolate y otros incluso las camisetas. Era otro fantástico día en el acuario de Busan. Lucas había llegado ese día tarde a sus prácticas: había tenido que pasar antes por la universidad para hablar sobre unas anotaciones del profesor en su trabajo final de carrera y se había entretenido más de la cuenta. Era justamente las doce del mediodía, la hora más fuerte del mes de julio.
El chico suspiró, pasándose el dorso de la mano por la frente para limpiarla del sudor, y a continuación miró las grandes letras azules de “Busan Aquarium” que el gigantesco tiburón de la entrada intentaba capturar y devorar. Su ánimo cambió enseguida y dejó a un lado el sofocante y horrible calor, pues seguramente en media hora estarían todos con paraguas, sufriendo otra tormenta de verano. Así era el tiempo en Corea, loco y cambiante.
Lucas avanzó con pasos largos, miró la hora en su reloj resistente al agua, y corrió hacia el edificio del personal. Debía cambiarse de ropa e ir al pingüinario, su tutor de prácticas seguramente estaría allí, monitoreando a las nuevas crías: Totoro, Ponyo y Kiki. Sí, el encargado del pingüinario y mejor amigo de su tutor era un obseso del estudio Ghibli.
Fue esquivando varios grupos de niños y niñas, que gritaban y jugaban de un lado a otro, mientras los adultos que los acompañaban intentaban poner orden sin morir en el intento. Aquello le hizo sonreír con amplitud, haciendo que sus facciones se iluminaran y sus ojos se volvieran más pequeños. Iba tan apurado y con la vista al frente, que no se dio cuenta que una pequeña de cinco años iba directa hacia él. El impacto era inminente, cada uno iba en las nubes, hasta que se escuchó un pequeño “boom”, seguido de un llanto.
—¡Oh, man! No, no…—Rápidamente Lucas alzó sus grandes manos e hizo gestos apaciguadores, tratando de tranquilizar a la niña. Sin embargo, esta al ver lo alto que era, empezó a llorar más mientras decía “gigante, gigante”.
Lucas rio ligeramente mientras llevaba una mano a la nuca, acariciando esta con suavidad, en un claro gesto de pena y timidez. Los niños se le daban bien, pero se convertía en un manojo de nervios cuando empezaban a llorar. Se encogió sobre sí mismo, agachándose a la altura de la niña y posó la mano en su cabeza mientras repartía pequeñas caricias.
—¿Ves? No tengas miedo, soy un gigante bueno. ¡Lucas el gigante! —dijo aquellas palabras con una sonrisa demasiado amplia y brillante, mostrando su dentadura.
La niña paró de llorar al escuchar aquel nombre y lo miró con curiosidad, sorbiéndose los mocos y frotando las manos contra los ojos.
—¿Un…gigante bueno…?
—¡Sí! Me gustan mucho los helados, ¿y a ti?
La niña no emitió palabra alguna, se quedó ensimismada mirando al chico y asintió con la cabeza varias veces, entusiasmada por hablar de helados.
—¿Cuál es tu sabor favorito?
—¡Fresa! ¡Y chocolate! Y de vainilla, de limón, de coco…—La niña empezó a enumerar todos aquellos sabores mientras iba levantando sus pequeños dedos, cosa que hizo que Lucas muriese de ternura.
Como si se conocieran de toda la vida, mientras la niña seguía enumerando helados, Lucas comprobó si se había hecho daño en las piernas o brazos, sin embargo, había sido más bien el susto. Le ofreció la mano a la pequeña y esta la cogió sin ningún problema, abriendo la boca sorprendida de nuevo por la altura del chico. Medía alrededor de 1’83 metros, pero para la niña parecía que medía como 200 metros.
—¿Quieres un helado?
—Gigante bueno, ¡gigante bueno! —gritó la niña bastante feliz, comenzando a dar saltos sobre sí misma mientras le sujetaba la mano al chico.
Lucas tomó aquello como una afirmación y fueron al puesto de helados más cercano, donde la niña pidió un generoso helado de tres sabores: nata, limón y vainilla. Después de aquella aventura, el chico acompañó a la niña, Karina, hacia el punto de información más cercano donde se encargarían de llamar por megafonía a su madre.
Se despidió de la pequeña agitando la mano mientras esta gritaba “gigante bueno, ¡te quiero!”. El chico rio con algo de vergüenza, volviendo a frotar la nuca, y se despidió del todo dando grandes zancadas y comenzando a correr, pues ya era casi la una de la tarde y aún no había ido al pingüinario. Lo más probable es que su tutor estuviese echando fuego por la boca, furioso por la ausencia del chico. Lucas tragó saliva preocupado por su vida y llamó a Mark, otro chico en prácticas de una universidad canadiense.
—Bro…Dime que Doyoung no está enfadado. —Lucas habló entrecortadamente, corriendo y corriendo con todas sus fuerzas, sujetando el móvil temblorosamente contra su oreja.
Mark rio al otro lado de la línea.
—Si quieres que te mienta…
Lucas ahogó un grito, comenzando a sudar y no precisamente por el calor. Le había costado ganarse el respeto y confianza de su tutor, Kim Doyoung, conocido por ser bastante serio en su profesión.
—Me va a mandar a la Atlántida y moriré a manos…¿Dientes? De una orca asesina.
Más risas al otro lado, esta vez de más gente.
—¿Estoy en altavoz?
—Al habla Kim Doyoung, si llegas en cinco minutos a la sala de reuniones…Solo te mandaré a limpiar el recinto de los caimanes con un traje de carne fresca.
Más carcajadas, incluida la de Doyoung. Lucas pudo respirar tranquilo, aunque aquello de los caimanes había sonado bastante real y serio…Así que dijo un escandaloso “yes” y apretó el paso, girando a la derecha.
No tardó mucho en llegar al centro de los empleados, un gran edificio rodeado de vegetación justo en el centro del acuario. Por fuera del edificio había varias columnas-peceras y estanques con carpas koi, todo distribuido de forma estética. Sin embargo, aunque el edificio parecía bastante sencillo por fuera…Por dentro era otro mundo. Tenía instalaciones subterráneas que conectaban todas las piscinas y todas las instalaciones del acuario. La mayoría de los empleados se movían por esos túneles si la distancia no era demasiado, otros utilizaban los carritos típicos de golf para ir de un extremo a otro del complejo.
Lucas se cambió rápidamente, poniéndose el polo blanco con el emblema del acuario bordado en el lado derecho de la prenda y se colocó bien el cuello. Se miró en el espejo de su taquilla, dejando allí su mochila y pertenencias, menos el móvil que lo guardó en una riñonera negra que servía también de cinturón para sus bermudas de color blanco. Dentro de aquel accesorio, además del móvil, tenía un bolígrafo, las llaves de diferentes recintos y unas chocolatinas, le gustaba picar entre horas, aunque a lo mejor en ese momento estaban ya derretidas.
La sala de reuniones del personal estaba en la planta -1, las paredes estaban adornadas con fotografías de diferentes años: el día de la inauguración del acuario, los diferentes premios que habían ganado a lo largo de su historia, la foto anual de la cena de Navidad, una foto del personal con el grupo idol SHINee que habían grabado un anuncio en sus instalaciones…Mirases a donde mirases solo había buenos recuerdos y muchas caras sonrientes.
—¡Hola a todos! —exclamó Lucas nada más llegar, echándose el cabello castaño hacia atrás para colocarse una gorra negra, aunque en ese momento llevaba la parte de la visera hacia atrás.
—Bro! What’s up! —Le saludó Mark, chocando el puño contra él, haciendo un par de movimientos más de manos, siguiendo una rápida coreografía conocida como su saludo especial.
Los demás compartieron más saludos mientras se acercaba con respeto hacia Doyoung, quien estaba cruzado de brazos y con el ceño fruncido. Sentía miedo a pesar de que le sacaba una cabeza al mayor, aun así, carraspeó con suavidad y abrió la boca para disculparse. Pero entonces Doyoung lo recibió con una sonrisa y le dio un par de palmaditas en la espalda, indicándole que se sentara al lado.
—¿Qué tal con el profesor Park? ¿Sigue igual de cascarrabias?
—Sí, pero su humor mejoró cuando te nombré, hyung.
Doyoung alzó una ceja, aunque enseguida soltó una pequeña carcajada y se encogió de hombros, como queriendo decir que era normal, era su alumno favorito y siempre había sacado matrícula de honor en sus asignaturas.
—Normal…Entre cascarrabias se entienden —habló un chico de cabello negro a la derecha de Doyoung, que se inclinó sobre la mesa para saludar a Lucas con una sonrisa.
El susodicho cascarrabias emitió una rápida queja, poniendo los ojos en blanco, y le pellizcó el brazo a su mejor amigo.
—¡Auch…! —Se quejó el otro, pero no se quedó atrás y le dio un pisotón a Doyoung, quien vio las estrellas.
Este se giró, alzando los puños, preparado para pelear con el otro, cuando Lucas habló de nuevo, con un tono apaciguar y amable. La primera vez que los había visto de aquella forma, se había preocupado bastante, e incluso se había quedado pálido pensando que de verdad se iban a pelear, pero con las semanas descubrió que ambos eran mejores amigos, peleaban y se picaban muchísimo, pero ambos morirían por el otro.
—Taeyong hyung, ¿cómo están los bebés pingüinos?
—¡Ah! Ponyo ha dado sus primeros pasos…—Le contestó el chico bastante entusiasmado, sacando rápidamente su móvil para enseñarle un vídeo que había grabado aquella mañana de los pequeños bebés. Al momento Doyoung bajó los puños y se colocó bien sobre el asiento, dejando paso a Taeyong y su móvil y comenzó a comentar varias cosas sobre los tres pingüinos, ambos se veían como padres orgullosos.
Más conversaciones sucedían al mismo tiempo, Mark se dedicaba a ir de un grupo a otro, colándose en las conversaciones y danzando por el lugar sin poder estar quieto, ese día había tomado demasiado café.
En ese momento llegó el encargado del acuario y de los cuidadores, quien llevaba el mayor peso de las decisiones en cuanto a todo lo que sucedía en las instalaciones y el cuidado de los animales. Johnny llevaba los tres primeros botones del polo desabrochados, entre ese detalle y que el cabello le llegaba por debajo de la mandíbula, transmitía un aire bastante relajado y desenfadado, aunque en ese momento estaba algo estresado.
—¡Atención! Empezamos con la reunión, hay que discutir algunos cambios. Mark, ¿puedes apuntar los nombres de todos en la pizarra?
El mencionado se levantó rápidamente e hizo lo que le encargó el jefe, su tutor. Comenzó a hacer pequeños círculos, escribiendo los nombres de los tutores y si tenían algún alumno de prácticas o becario a su cuidado. Algunos de estos nombres eran: Doyoung-Lucas, Johnny-Mark, Wendy-Yeri, Jungwoo, Victoria…
Durante la reunión reorganizaron los espacios y tareas de las que se encargarían durante ese mes. Por ejemplo, Taeyong seguiría en el pingüinario cuidando de los bebés, pero también estaría a cargo de la incubación de los huevos de tortuga. Wendy y Yeri estarían con los leones marinos y se encargarían también de las tortugas rescatadas ese mes, de sus cuidados y rehabilitación para reintroducirlas en su hábitat una vez estuviesen listas. Por otro lado, Doyoung y Lucas seguirían siendo un comodín, estarían casi en todos lados, pero a la vez en ninguno. Esa situación podía pronosticar más tiempo libre, pero no era así, pues serían los encargados de que todas las zonas funcionaran correctamente, era el deber de la mano derecha del jefe.
—Y tenemos otro problema…Ten.
Todo el mundo enmudeció al escuchar el nombre del mamífero.
—¿Problema? —Repitió Doyoung con cuidado, haciendo hincapié en cada sílaba, en cada letra, con fuerza, determinación. Ten no era ningún problema.
Johnny suspiró, cerrando los ojos, y se llevó una mano al cabello, paseándola por este en un intento por relajarse y enfrentarse a la mirada ceñuda y nada agradable de su mano derecha.
—Doyoung...Lleva casi un año con nosotros, está en perfectas condiciones. Está mimado...
—¿Mimado? —preguntó Lucas sin entenderlo, mientras Doyoung arqueaba una ceja y fulminaba con la mirada a su jefe.
—Está muy mimado. —Interrumpió Wendy, posando ambas manos sobre la mesa. Su expresión era seria, pero conciliadora. No quería meter más leña al fuego, solo quería hacer ver que el animal realmente estaba muy mimado.
—¿Cuántas veces hemos intentado devolverlo a su hábitat?
—¡No está preparado! Le da miedo...—Contestó rápidamente Doyoung, siendo bastante sentimental y golpeando la mesa con ambas manos. Miró a Johnny con rabia contenida, sabía que no debía encariñarse así con ninguno de los animales rescatados, al fin y al cabo...debían volver a su hábitat.
—Sé que nuestra hipótesis es que otros de su especie le atacaron...Y es bastante pequeño para su edad, pero es hora de prepararlo...psicológicamente. —Añadió Johnny con tacto, dando a entender que estaría un tiempo más con ellos, pero que deberían mentalizarse: el delfín volvería al mar.
Doyoung cerró los ojos por un momento, llenando sus pulmones todo lo posible de aire antes de dejar escapar un sonoro y cansado suspiro. Lucas lo miró de reojo e hizo una pequeña mueca, ninguno de los dos quería ni podía separarse de Ten. Ambos lo habían encontrado varado en la playa cerca del acuario, estaba malherido, en los huesos y casi no respiraba. Además, tenía los ojos infectados a tal grado que al inicio pensaron que el animal quedaría ciego para siempre. Pasaron día y noche en el acuario, saltándose comidas, trasnochando, solo tenían un objetivo: salvar a aquel animal que los miraba suplicante, con miedo y que no luchaba por huir.
Lucas sacudió la cabeza ante el recuerdo y posó la mano derecha en el hombro de su tutor, apretando este suavemente. Doyoung no era muy dado al contacto físico, pero con Lucas había desarrollado una amistad tan rápida y fuerte, que era uno de los pocos que dejaba invadir su espacio personal.
—Está...bien...—No le quedó más remedio que aceptarlo, apretó la mandíbula y pestañeó varias veces para no acabar llorando allí, frente a todos sus compañeros.
Johnny no quiso presionar más a su amigo y carraspeó con suavidad, señalando entonces la pared tras su espalda. Se echó a un lado y dejó que proyectaran unas imágenes del recinto de Ten. En las imágenes se veía al pequeño delfín, bastante pequeño para sus cinco años aproximadamente, nadaba bastante tranquilo de un lado a otro en círculos, cambiando el ritmo, luego subía a la superficie a respirar o hacer volteretas o saludar a sus cuidadores. Solo dejaba que se acercaran Lucas y Doyoung, a los demás los miraba con desconfianza y solía esconderse en las profundidades, no importaba qué, podía quedarse bajo del agua, aunque necesitase oxígeno. Era inteligente, pero también bastante cabezota.
Las grabaciones no mostraban nada raro hasta la hora del cierre del acuario: ni cuidadores (exceptuando los de guardia) ni visitantes. Reinaba la calma, la libertad y Ten parecía saberlo porque tras nadar un par de veces más alrededor del recinto bajo la superficie, de repente, aceleraba y...Desaparecía de la visión de las cámaras de seguridad. Absolutamente ninguna conseguía captar al animal, ni si quiera un centímetro de alguna aleta. Nada.
—¿Se esconde en los puntos muertos de las cámaras…? —preguntó Yeri sorprendida. Sabía que Ten era bastante inteligente, siempre les sorprendía con todas las pruebas que le habían hecho, pero en esa ocasión no supo ni cómo reaccionar. El delfín estaba al mismo nivel que un ser humano o, incluso, más allá que uno corriente.
Lucas frunció el ceño, algo bastante inusual en él, ya que siempre mostraba un rostro bastante risueño y alegre. Se llevó una mano al mentón y comenzó a acariciar este, pensando, meditando. La verdad es que no le sorprendía la inteligencia del mamífero, pero había algo que no le cuadraba…¿Qué hacía el animal durante tantas horas fuera del rango de las cámaras? ¿Era simple casualidad? No. ¿Iba a comer a esos puntos muertos? No, lo había visto comer en otras ocasiones, es más, él mismo le daba de comer la mayoría de las veces.
No volvió a prestar atención a la conversación, escuchaba de fondo las voces de los demás, sobre todo de Taeyong y Doyoung haciendo diferentes teorías de lo que podría hacer. Ambos eran fanáticos del comportamiento animal. El joven salió de su ensoñación cuando se comentó la idea de ver a escondidas qué es lo que hacía el animal. Es más, estaban hablando de que alguien se quedara de noche para espiarlo.
—Deberían ser los de prácticas, como una misión secreta...—Comentó Jungwoo, con una sonrisa socarrona, claramente quería quitarse el muerto de encima y quedarse en casa, descansando o salir de fiesta. No era de los que sacrificaba su tiempo libre por el trabajo y mucho menos si otro podía hacerlo por él.
—Pero no podemos dejarlos sin supervisión, ¡sería irresponsable! —Opinó Doyoung, por algo era uno de los superiores más centrados y que más amaba su trabajo.
Vivía por los animales marinos y más por aquel pequeño cetáceo tan inteligente, él y Lucas se habían desvivido por su programa de rehabilitación. Ya hacía un año desde que lo habían rescatado y habían intentado en más de cinco ocasiones devolverlo al mar. Sin embargo, el animal justamente en esa semana dejaba de comer y su estado físico no era el mejor para devolverlo a su hábitat natural. En más de una ocasión se habían planteado si era una treta de aquel espécimen tan inteligente y avispado...Y ahora les presionaban para acelerar el proceso de rehabilitación.
—Yo...Yo puedo quedarme, para compensar las horas que he faltado hoy. —Se ofreció Lucas, en un inicio con un tono de voz algo inseguro y suave, pero el cual iba aumentando poco a poco.
—Me quedaré contigo. —Respondió firmemente Doyoung, lo cual ganó un suspiro por parte de Johnny y Taeyong casi al unísono.
—¡No puedes! Tenemos que irnos de viaje esta noche o no llegaremos a la boda de tu hermano...
—Y eres el padrino. —Añadió Johnny poniendo los ojos en blanco y cruzándose de brazos.
—Bueno, pues podemos esperar a que venga y lo hacemos juntos...Ten es nuestra responsabilidad. —Doyoung se cruzó de brazos también y alzó el mentón de forma orgullosa, desafiando a su amigo.
—No. Doyoung, no. No podemos esperar más.
Doyoung abrió la boca para contradecirlo, sabía que no debía, pero no podía evitarlo: era su lado paternal y sobreprotector el que estaba llevando las riendas de sus acciones. Sin embargo, Taeyong colocó una mano en el muslo del menor e hizo una ligera presión, negando con la cabeza. Incluso le lanzó una mirada de comprensión, pero también de advertencia: debía desistir o asignarían el cetáceo a otro equipo.
—No podemos retrasarlo más, Doyoung...Es parte de su rehabilitación y tiene que volver al mar cuanto antes junto a los suyos.
—Quienes lo rechazaron por ser más pequeño...—susurró Doyoung para sí mismo, en un tono de derrota y de reproche.
Lucas entendía cómo se sentía, también quería protestar, quería gritar. No quería ver a su tutor de esa forma, siempre era muy energético y dedicado con su trabajo, en ese momento solo parecía que quería abandonar la sala y rendirse. Pero también por Ten, era su primer rescate y tenía un significado especial para él. El animal siempre lo animaba cuando estaba triste, parecía entenderle cuando le hablaba. Lucas se había fijado en más de una ocasión que el animal tenía un brillo de comprensión en sus ojos negros, esos que casi pierde y que ahora brillaban con fuerza. Nunca se habían rendido con él y tampoco lo harían ahora.
—No nos rendiremos, esta noche lo vigilaré. —Declaró Lucas con seriedad, con fuerza en su voz. Nadie se atrevió a llevarle la contraria, ni siquiera Doyoung, quien suspiró abatido.
—¡Decidido! Se levanta la sesión, todos a comer o a trabajar, ¡vamos! —Johnny dio dos palmadas e hizo gestos con las manos, echando a todos de la sala.
Mark cogió la tablet con todos los apuntes que había cogido y comentó a todos que después de la hora de comer enviaría por correo el acta de la reunión con todos los cambios y los acuerdos a los que se habían llegado. Jungwoo se levantó el primero y aunque se quedó bromeando un poco por la zona, fue el primero en salir de la sala en dirección hacia la cafetería, lo más probable es que hubiese quedado para comer con su nuevo interés amoroso del mes. Por otro lado, Wendy y Yeri salieron de la estancia junto a Mark y otros compañeros, estaban hablando de hacer un pedido de pizzas.
Johnny se guardó las manos en los bolsillos, balanceándose hacia delante y hacia atrás, le dijo a Mark que le pidiera una pizza con mucho queso y carne y, tras ello, se acercó a Doyoung, Taeyong y Lucas. Doyoung tenía los ojos algo rojos, sabía que estaba siendo algo infantil, pero le importaban muchísimo todos los animales, como aquella tortuga que rescató y que, al liberarla, al cabo de unos meses apareció enredada en una red y muerta. Odiaba el mar abierto, odiaba a los humanos por hacer aquellas cosas, por no cuidar nada a su alrededor...Simplemente imponían su presencia y sus reglas, no respetaban.
—Doyoung...—Empezó a hablar Johnny, apoyando la mano en su hombro, cuando de repente Taeyong le agarró de esta y tiró de él, haciendo que se agachara para mirarlo con ferocidad a los ojos debido a la diferencia de alturas—. ¡Auch!
—Prometiste hablar primero con él...¡Lo prometiste!
—Taeyong...No mezclemos el trabajo con lo pers...—No fue capaz de terminar la frase pues Taeyong le soltó la mano de golpe y lo miró con incredulidad, sin poder creer lo que estaba escuchando.
—Johnny, no. Entramos los tres de prácticas y los tres nos quedamos...Hemos estado los unos para los otros, hemos pasado por muchas cosas juntos. —Aquella última frase no solo se refería a su amistad entre los tres, sino que iba más allá y Johnny lo sabía perfectamente, sabía que esa frase era solo para él.
Lucas no entendía qué estaba pasando, además, se sentía un tanto incómodo. Así que se levantó con cuidado y miró a Doyoung, quien estaba un poco ausente; no sabía si debía irse a hurtadillas, si cortar la tensión que se percibía en el ambiente o qué...Así que hizo lo que mejor se le daba: ser torpe y sonoro.
—Eh...Ah...Yo...¡Bueno, hasta luego, hyung! —Hizo una exagerada reverencia, más allá de un ángulo de noventa grados, y salió corriendo de allí antes de que explotara la bomba de relojería de Kim Doyoung: comenzaba a ver cómo se le hinchaba la vena mientras Johnny y Taeyong seguían con su tira y afloja.
Una vez fuera de aquella sala, Lucas suspiró totalmente aliviado. No le gustaban los conflictos y menos en el trabajo, siempre le hacían sentir incómodo y fuera de lugar, aunque intentara mediar entre ambas partes...No sabía cómo lo hacía, pero siempre estaba en medio, como aquella vez en su trabajo de verano de hacía dos años...Quedó atrapado en una guerra de comida en la cocina del McDonald's. Sacudió la cabeza, alejando aquel tormentoso recuerdo, hacía tiempo que no sabía nada de Yangyang y Hendery, quizás debería llamarlos un día para quedar y ver si han conseguido quitarse por fin todo el kétchup del cabello. Como se sentía un poco agobiado y ahora mismo su tutor no estaba disponible para asignarle tareas, decidió ir al recinto de Ten. El simple hecho de verlo nadar le tranquilizaba.
Caminó tranquilamente por el acuario, entre la multitud divisó a la niña que había encontrado esa mañana, comiendo más helado junto a su madre. Aquella imagen le hizo sonreír con amplitud, se alegraba un montón de que la pequeña estuviese bien. Siguió su camino por los caminos de adoquines, fijándose en las expresiones de curiosidad y sorpresa de los visitantes, no solo de los niños, sino también de los adultos.
Le gustaba aquel acuario porque se centraba mucho en educar a los espectadores y tenían varios programas de respeto al medio ambiente, muchos de ellos impulsados por Doyoung. Recordaba muy bien el día que él y sus compañeros de carrera tuvieron que elegir varias opciones para sus prácticas. Muchos lo tenían bastante claro desde el momento que comenzaron la carrera y otros lo fueron decidiendo a medida que avanzaban, sin embargo, él no estaba seguro: ¿qué quería hacer? Él quería salvar a todos los animales, quería preservar la biosfera marina, evitar que especies preciosas y muy antiguas cayeran en el olvido por la extinción, quería limpiar los mares...Pero la vida de activista era muy dura y sus padres no lo aprobarían.
El profesor Park, el cascarrabias, era un alma activista, pero había escogido los libros y las aulas como su principal trabajo. Sin embargo, él fue el que le había dicho que era muy joven y que quería abarcar demasiado, que lo mejor era empezar a cambiar pequeñas cosas y entonces le habló de Kim Doyoung y sus esfuerzos por convertir el Acuario de Busan en un activo muy importante para la educación, la protección tanto de los hábitats como de las especies en peligro de extinción, incluso había ganado varios premios nacionales e internacionales que reconocían su impecable labor.
Lucas salió de su red de pensamientos y recuerdos cuando llegó a la entrada del recinto donde estaban los delfines. Era un espacio bastante grande, con varias piscinas, con un entorno bastante vegetal alrededor. Incluso había una piscina central con gradas para el público ya que tres veces al día se hacía un pequeño espectáculo lúdico y educativo para los visitantes. Sin embargo, Ten no participaba en ellos ni estaba en otras piscinas con más delfines. Lo habían intentado en varias ocasiones, pero los demás no parecían terminar por aceptarlo o le tenían miedo o se unían en pequeños grupos y lo atacaban. Por ello, tenía la piscina más pequeña y alejada de la piscina principal, la más tranquila.
El joven caminó por las pasarelas, saludando a los entrenadores y demás cuidadores que estaban por allí, se quedó hablando con un chico que había empezado a trabajar allí ese mismo verano, se llamaba Jeno y ayudaba a Jaehyun con los entrenamientos de los delfines y leones marinos. Tras un rato agradable se despidió y continuó con su camino hasta llegar a la piscina adecuada, iba a silbar para llamar al cetáceo, pero este ya había asomado la cabeza y había emitido un pequeño y agudo ruido.
—¡Wow, man! ¿Me esperabas?
El delfín hizo más sonidos, respondiéndole a su pregunta, y comenzó a nadar por la piscina, nadando en círculos e incluso hizo alguna pirueta en el aire. Lucas se quedó embobado, observando cómo el pequeño cuerpo del mamífero giraba de forma elegante sobre sí mismo, esparciendo diferentes gotas por el aire. No pudo evitar reír con una sonora carcajada y aplaudir varias veces, animando inconscientemente a Ten a hacer más piruetas y demostrarle de lo que era capaz. Desde luego al animal le encantaba exhibirse.
Tras unos segundos más, el chico miró a ambos lados y se acercó al borde de la piscina, descalzo, con cuidado de no resbalarse. Antes de entrar en el recinto se había desinfectado, siguiendo el estricto protocolo del acuario. Metió los dedos en el agua y los movió, mandando ondas a través del agua, las cuales fueron captadas por Ten al momento. El cetáceo nadó con bastante velocidad hasta allí y salió a la superficie, justo con la mano del chico sobre la cabeza, la cual le cubría del todo.
—Buen chico, ¿qué tal hoy? ¿Me has echado de menos? —Comenzó a acariciarle con suavidad, aprovechando que ahora Ten se había dado la vuelta y quedado boca arriba para acariciarle la barriga varias veces—. Hoy tuve que ir a la universidad, ya queda menos para terminar el trabajo…Nunca pensé que analizaría el entorno de los delfines y cómo la contaminación os está afectando, mate…Pero has sido mi inspiración, hm.
Aquello pareció complacer bastante a Ten, tanto que volvió a darse la vuelta, moviendo ambas aletas, y miró a Lucas fijamente. Aquellos ojos negros trasmitían bastante inteligencia, pero también…¿timidez? ¿Acaso era posible que el animal se sintiera tímido por aquellas palabras?
Sin duda era un halago, pues Lucas había pensado más en estudiar las relaciones entre el Gobierno y los activistas, así cómo estos eran tratados. Sin embargo, tras las palabras de su profesor y con la idea de poder hacer algún cambio en el mundo, decidió que se arriesgaría por aquellos mamíferos tan inteligentes y fascinantes y si ayudaba a que sus hábitats estuviesen más limpios, también ayudaría a otros animales del mismo ecosistema. Dos pájaros de un tiro.
Lucas se mantuvo junto con el animal durante una hora o más, siempre perdía la noción del tiempo cuando estaba allí. Jugó con él a la pelota, se la lanzaba siempre de forma diferente, haciendo poses raras y graciosas, provocando que el animal aplaudiese con sus dos aletas laterales. E incluso una vez el chico se había resbalado y había acabado de culo sobre el suelo resbaladizo del recinto. También le dio algunos peces pequeños e incluso algún que otro calamar picado como premio. Sin embargo, llegó un momento que se mareó ligeramente y recordó que no comía desde las siete de la mañana.
—Ten, tengo que irme…Nos vemos esta…Hasta mañana, ¿sí? —Carraspeó ligeramente cuando casi reveló sus planes de verlo aquella noche, siendo cuidadoso y consciente, pues el animal siempre parecía entender todo lo que hablaban: así dejaba de comer siempre que alguien comentaba algo sobre su liberación en el mar.
El delfín pareció bastante triste, se notaba bastante que le gustaba pasar tiempo con el chico, además, debía de sentirse bastante solo en aquella piscina sin la compañía de los de su especie. Lucas suspiró bastante triste, no quería que el pequeño se fuera, pero sabía que no había mejor lugar para él que el mar. Con bastante pena, le acarició por última vez el morro y la lengua, cosa que le gustaba bastante al animal.
Tras despedirse, Lucas se fue a comer a la cafetería la cual solo tenía en ese momento gofres y cosas dulces por la hora que era. Se pidió un gofre cargado de helado de fresa, nata y almendra molida por encima. Necesitaba recuperar fuerzas para esa noche, la cual esperaba que no fuese muy larga porque el helado le había relajado bastante y la idea de tirarse en su cama en ese momento le parecía demasiado tentadora. Pero no, esa noche descubriría qué hacía Ten en los puntos muertos de las cámaras.