Work Text:
Egipto, 2004
Hoy maté a un hombre.
Egipto es una nación completamente moderna, mucho más de lo que imaginé cuando miraba la foto de mi padre y escuchaba las displicentes historias de mi madre sobre cómo lo conoció aquí. El Cairo es una ciudad con un ritmo de vida veloz. No he visto camellos, pero muchas personas, mucho sonido, mucha vida, letreros de neón en árabe, el hedor del escape y el tráfico de parachoques a parachoques.. También tiene esos lugares únicos, por así decirlo. Lugares llenos de magia, donde puedes pararte en tu balcón y ver el Nilo moverse en largas láminas de agua verde botella.
Fugo y la escolta me trajo hasta esta casa Art Deco de los años veinte. Es una de las propiedades que obtuve al robar la identidad del anterior jefe: cegadoras paredes encaladas, puertas de hierro atornilladas y amplias ventanas arqueadas que llevan a un jardín con varios limoneros. Hay una fuente, esta pequeña mezcla de piedra caliza en ladrillo, vista del desierto desde el dormitorio principal, acantilados de piedra caliza roja y el patio tiene una vista del río. Puedes ver los veleros subiendo y bajando las lentas aguas, los juncos moviéndose por la brisa caliente. Es una propiedad de primera categoría, en verdad cara, e incluso tiene un sirviente.
Me pregunto si mi padre disfrutó de algo así.
En el avión, medité por la privacidad que quería aquí, porque este es mi primer viaje a Egipto, así que inevitablemente estaré pensando en mi padre. También por la obvia tensión funesta que la palabra Egipto trae a Polnareff, quien se quedó en Nápoles junto a Mista que está al mando durante mis ausencias.
Hay café por la mañana: me desperté con la cama vacía porque Fugo atendería algunos asuntos de contrabando, olía a limón por las ventanas abiertas y ojeé la cuidadosa lista de Fugo en una hoja pegada en la primera página del periódico local en inglés. “Terminaré el negocio. No volveré hasta la tarde, GioGio. Disfruta la estadía, si necesitas algo haz que el chico lo haga.”
Lo previsto. Se suponía que este era un viaje de negocios de Passione para él y yo me invité al último minuto para descansar, así que decido deleitarme con un café solitario en el jardín, aún sonriéndome por la charla amena que acababa de mantener con Mista ante el teléfono, disfrutando de la luz fuerte, el lento burbujeo de la fuente de agua, dejando que el calor se filtre en mis huesos, alejando el frío madrugador mientras recuerdo lo ocurrido tiempo atrás...
La noche anterior fue fría, pero hubo muchas mantas y mucho Panni; el sueño fue tranquilo y agradable, las noches egipcias son hermosas.
No suelo salir de noche, pero llegamos de noche. Fugo me presentó al sirviente, y luego aprovechó la oportunidad para mostrarme la casa, el jardín amurallado, la fuente de agua, el mirador. Luego me llevó afuera para mostrarme el Nilo corriendo lento y lánguido a seis metros de distancia. Señaló mis murallas... y señaló el lado más alejado de la orilla, donde hubo un rápido parpadeo en la corriente, una onda en el agua, y vi ojos brillantes mirando directo hacia nosotros.
—Cocodrilos del Nilo, —explicó Fugo señalándolos con su diestra.
—Crocodylus niloticus, —recuerdo respirar, medio asombrado, sobretodo impresionado—, El segundo animal más peligroso de África. Más muertes por año que todos los grandes depredadores felinos de la sabana,
—Sí, pero estos son viejos y la mejor guardia que encontrarás aquí..., —Fugo parecía vacilar en su habla—, El administrador anterior de esta casa, un subordinado de Polpo, los tenía como mascotas y me dijo que se deshacían de los invitados indeseados a través de ellos. Los cocodrilos eran sus trituradores de basura personal,
Le sonreí.
—¿Es por eso que el administrador anterior ya no está aquí?,
Fugo apartó la mirada tan rápido que me di cuenta que existía algo más aquí. Cuando volvió a girarse hacia mí, parecía estar disculpándose y adoptó una postura formal.
—Lamento habértelo ocultado, GioGio. Sucedió la primera vez que vine aquí, tuve que matarlo o él me asesinaría... Purple Haze lo estranguló con una de sus manos, su cabeza estalló como una calabaza, y lo que quedó de él se lo di de comer a sus mascotas. La casa ha estado vacía desde entonces, ellos devoraron la mano que les dio de comer,
Le tomé de la mano y luego me encargué de aliviar nuestros pensamientos entre besos mientras entrabamos en la cama.
Cuando desperté noté que él ya se había ido, las ventanas estaban abiertas, el lugar brillaba por el Sol y olía a limones, y yo quería disfrutar el café en el jardín. Pero el sirviente apareció poco después con dicho café, en una bandeja de plata, con tres hogaza pan de pita y un ful medames. Mientras preparaba la mesa del desayuno en el balcón, supe, gracias a su inglés forzado pero gramaticalmente correcto, que era nuevo. Este fue su primer trabajo en esta parte de la ciudad. Tenía diecinueve años. Vivía en la Ciudad Vieja. Tenía cuatro hermanos, dos hermanas. Le gustaba el fútbol y estaba ahorrando para comprarse una motocicleta de carreras.
Y blandía un estilete mientras intentaba estrangularme:
Él quería robarme supongo. No era un asesino entrenado o, al menos, no era un asesino de la mafia. Habría sabido usar el sigilo. Habría sabido que yo no soy un buen hombre.
Me las arreglé para esquivar la primera estocada con mucha más gracia de la que esperé.
Mis reflejos son rápidos, pero el problema es que desde hace tiempo no los uso. Mis estimaciones en combate cuerpo a cuerpo son pésimas sin GE, y a veces olvido que mi Stand puede reflejar ataques.
Entonces, tal vez era muy posible que hubiera rezumado rojo cuando me apuñaló con el estilete.
Pero lo que los ojos ven es diferente a la realidad...
Así que cuando él se inclinó para girar y deslizar de nuevo el estilete, la estocada se reflejó en él con toda su fuerza. Se oyó un crujido y se balanceó de forma bastante dramática, luego cayó de rodillas con un gemido lento, un hilo de sangre goteando por su boca cuando el estilete cayó al suelo. El otro golpe reflejado lo hizo quedarse quieto sobre los paneles, mientras yo giraba hacia los cocodrilos.
Y sí, lo hice. Con GER lo llevé los noventa metros hasta la playa. En ese momento, él despertó de nuevo, aturdido, susurrando, y gritó, agonizó e hizo ruidos agitados cuando guiado por GER lo arrojé al agua, directo hacia los cocodrilos que tomaban el sol, los cuales saltaron para saborear la carne humana por primera vez en meses.
Lancé el estilete hacia el lado opuesto del río y regresé, sabiendo que él desapareció satisfactoriamente bajo los cuerpos agitados y chasqueantes, luego cerré la puerta del jardín detrás de mí y me lavé las manos en el fregadero, concentrándome en restregar las pequeñas salpicaduras de sangre en mis dedos con mucho cuidado. Después recalenté el café y me dispuse a beberlo, disfrutar el desayuno, realizar una llamada telefónica a Mista y leer el periódico en el jardín.
Nunca llegará a la verdad.
…
—El almuerzo y los quehaceres están hechos, Panni,
—Así que, tú cocinaste porque le diste el día libre al sirviente, ¿… Y él te dijo que se iría a nadar?,
Fugo gira hacia mí con esa graciosa expresión en blanco que suele tener cuando no puede adivinar mis acciones.
Y yo sólo le sonrío y me encojo de hombros con fingida inocencia.
—Te dije que quería privacidad, siéntate conmigo y relajémonos,
Disfrutamos del almuerzo en la tranquilidad del jardín soleado y verde de vida.., donde hoy maté a un hombre.
