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Entonces llego el momento en el que me pregunte, ¿Qué era verdaderamente el arte?, el arte significaba muchas cosas para diferentes personas; principalmente belleza, divinidad y expresión. El arte era entonces una forma sencilla y compleja de expresar emociones, sentimientos e historias de parte de un autor.
Existían muchas maneras de llegar a aquello. Pero para mí, la pintura, los pinceles y mis lienzos, eran y son la manera en la que muestro mi arte a el mundo.
¿El arte realmente libre?
[…]
Edgar Valden, era el primogénito de la familia Valden, una familia con dinero y poder, llena de prestigio ante la sociedad. Cuando el primer hijo de esta familia nació, los cuidados llegaron sin falta alguna, ante la gente importancia tomo por su apellido. Algunos susurraban por la belleza del infante, heredada de su madre, y esperaban de él, el carácter de su padre.
Cuando cumplió su primer año, una gran fiesta fue organizada en su nombre. Regalos, halagos de la gente presente no faltaron. La familia Valden festejaba su nombre, era su único hijo, tenía que ser especial.
El infante inocente, sonreía a la multitud, mientras los obsequios se acumulaban bajos sus pies y a sus costados. Sus pequeñas y agiles manos jalaban el vestido de su madre, ella con cariño lo recogió de la silla donde estaba sentado y lo sentó en su regazo, le susurro cosas al oído, el niño impresionado movía sus pies, encantado.
Otra carta como muchas anteriores, se extendió y dejo sobre las piernas del niño, junto a esta un obsequio envuelto en un papel brillante. El infante miraba curioso el sobre en sus piernas, y en poco su madre tomo el papel en manos.
La mujer tomo de una bandeja un abrecartas, y con rapidez aquella pieza rasgo el sobre, una hoja salió del mismo.
Nuevamente el niño apretó los pliegues del vestido de su madre intentando captar su atención, su padre tomo la hoja en manos y leyó para el público su contenido. Aunque el niño no entendía la mayoría de las cosas que su padre leía, parecía intrigado por ello.
[…]
Siendo joven, bastante joven, encontró pasión en lo que era dibujar con pinceles y pintura.
El potencial del niño, impulso a sus padres a obsequiarle lo que necesitara para explotar aquel poco desarrollado talento.
Y más adelante, tubo entonces un mentor, un maestro.
[…]
Los colores de mis cuadros, las formas y texturas, contabas historias sin letras, eran como cartas sin reales destinatarios, para un público que fuera capaz de entender el mensaje de mi obra.
Pero no era perfecto, y nadie lo entendía o comprendía.
¿Él realmente lo hacía?
[…]
El joven chico de apellido Valden, observaba el horizonte mientras tenía su mano derecha una paleta de color, con colores esparcidos y combinados. El lienzo junto a él tenía un retrato simple y sin terminar, no era realmente interesante.
Su mente estaba fuera de si mientras intentaba encontrar algo en el fondo, no algo en específico. Era simplemente ese algo- que hiciera de su pintura algo más interesante.
¿Algún color? ¿Algún tipo de flor? ¿Algo siquiera?, no lo sabía ni parecía que lo encontraría, eso era lo que más molesto.
Pero su atención estaba tan concentrada en aquello que ignoro cualquier cosa que estuviera pasando a su alrededor, se tensó al sentir las manos de alguien sobre sus hombros, reconoció quien era cuando este le hablo, pero no supo lo que le decía por estar desconcentrado en la situación.
Cuando tuvo real conciencia de su entorno y se alejó de sus vagos recuerdos, noto entonces como su mentor manejaba su mano izquierda para llevarla al lienzo. Con cuidado miraba como el adulto movía su mano de manera que los pincelazos de Edgar parecieran más sueltos y relajados.
Nuevamente dijo algo que no entendió con claridad. Pero aun asi contestó.
- ¿Realmente lo será?
Despertó pocos minutos después, confundido, miro al fondo de su cuarto, el retrato seguía sin estar listo. Pero se veía diferente a como recordaba haberlo dejado.
[…]
Un retrato tras otro, su estudio se llenaba de lienzos de buena apariencia, pero nula satisfacción para su autor.
Intento terminar el retrato frente a él, era una pintura que le había solicitado su madre, pero la mujer del cuadro no contenía vida, ¿qué clase de gracia tenía si no conseguía traer vida a su obra?
Si tuviera más libertad… ¿Sería capaz de crear algo realmente bueno?
Escucho la voz de una sirvienta en la puerta, pero ignoro lo que le decía, intento ignorar todo para prestarle total atención al lienzo frente a él.
Cuando la puerta se abrió, presto un poco de atención a quien había entrado, pero no escucho con claridad lo que decía, el hombre que había entrado a la habitación para instruirlo.
- ¿tú lo entiendes verdad?
Susurro el joven, el adulto detrás de él se quedó unos segundos en silencio, confundido.
- ¿Entender qué?
Respondió el hombre.
[…]
Nuevamente estaba frente a aquella puerta, cuando esta se abrió, admiro el lugar llamativo donde varios cuadros de verdadero valor y grado de perfección se colgaban en paredes, de una manera pulcra y minimalista, elegante para la multitud.
Su vista fue a parar en sus propios cuadros, cuadros que de no ser por sus padres no estarían dentro del gran cuarto.
Miraba con el ceño fruncido a aquellos cuadros, que le resultaban vulgares, que no merecía. La gente que se unía a él, le soltaban halagos mientras reían. Lejos de sentirse alagado, Edgar miraba un tanto molesto la copa de vino que traía en manos, con el mismo vino que todos portaban en sus copas.
‘’hipócritas’’ pensó mirando a los que lo rodeaban, ‘’buscan aprobación de alguien mas en la aristocracia, que pena me dan’’
Su vista se volvió a sus cuadros, se concentro tanto en estos, que en un punto creyó haberlos escuchado chirrear en las paredes, gritas y chillar. Comparo este sonido que le ensordecía los oídos, con la gente que lo alagaba a su alrededor y en toda la sala.
Por un momento deseo incendiar cuadro por cuadro en aquella parte del lugar, para dejar de sentirse miserable.
Salió de la sala con una mueca en el rostro. Recordando lo que presencio de sus cuadros dentro del lugar, derramo el vino en el suelo. '' el rojo es gentil '', dijo otra vez para si mismo y se retiró, sin intenciones de continuar en la velada.
[…]
'' un retrato sin rostro
El no pretendía actuar de aquella manera solo por gusto propio, la gente que se dedico a criarlo le tienda enseñado a ser como ellos, actuar como ellos, mirar para si mismo, se alguien que solo mirara en su propio eje.
El arte era lo único que realmente le importaba, no había más, con el tiempo, fue incapaz de entendre lo que realmente significaba el arte, nadie nunca fue competente en aquel tema, nadie podía darle una respuesta. El arte se volvió a su razón de vivir.
Pero no era libre para pintar, sus manos siempre fueron guiadas a pintar lo que se le pedía. El arte no era libre, el no era libre. Creyó encontrar en su mentor, alguien realmente competente para hablar y compartir del arte, pero él era como los demás.
Sr. Sarai era incapaz de apreciar realmente el arte, el mentía sobre su amor arte, el solo era bueno para trazar, no sabia lo que hacía. Era un maldito hipócrita.
Hipócrita
Hipócrita
Hipócrita interesado.
Un artista sin nombre ''.
Cartas se extendían en el escritorio del estudio, la pintura se esparcía sobre el suelo, manchando la ropa de ambos.
Su respiración era agitada, apretaba sus manos con fuerza mientras insistía en mantener al hombre mayor quieto, tratando de quitarle el aire.
Su mirada era inexpresiva, como si estaba fuera de él, como si no fuera consciente de lo que estaba por ocurrir. Era contrario a la expresión que mantenía su mentor, su victima tenía una expresión llena de pavor, rogando por su vida intentaba soltarse del apretado agarre el joven.
Los brazos de Edgar estaban cubiertos por arañazos y su propia sangre, herida que se había hecho con anterioridad se abrió, su rostro tenia los mismos arañazos, producto de los constantes intentos del Sr. Sarai de escapar de la terrorífica escena.
Edgar impaciente intentaba apretar el agarre hasta que el adulto se dejara de mover. Pero en un impulso, el adulto escapo de su agarre empujándolo con toda la fuerza que le quedaba. Cuando se reincorporo intento correr a la puerta. Pero la puerta no abría, estaba atorada, trancada con alguna cosa
Edgar había sido empujado contra su escritorio, cosas se han caído del mismo por el impacto, agarro algo al azar que cayo junto a él, y se reincorporo.
- Mi apellido me deja sin nombre, cuando escuchaste de mi ¿viste la oportunidad de conseguirte algún favor con ellos ?, ¿Cuánto puede valer un apellido?
Ambos respiraban irregularmente, él hombre lo miraba perplejo, sin palabras, solo intentaba abrir la puerta. Edgar se acercó con el paso apresurado y con toda la fuerza que su ira le permitía, enterró aquel objeto que traía en manos, en la espalda del hombre. El hombre retrocedió aturdido por el punzante dolor, quejándose a gritos.
- Eres incapaz, como todos, eres un incompetente.
Sacando con fuerza el abrecartas de la carne, empujo con fuerza al adulto contra el suelo empapado de pintura roja.
Edgar con los ojos algo llorosos, con ira clavo el abrecartas en el pecho y rostro del hombre. La sangre se esparció junto a la pintura, cuando se detuvo noto entonces que el hombre ya no respiraba. Al tomar real conciencia, arrojo el arma que utilizo para concretar el crimen, y se alejo arrastrándose del cuerpo inerte del mentor. Sus manos estaban empapadas por la sangre del hombre y la propia, convidada del ataque que hizo y los arañazos que el hombre le proporciono en los brazos, la sangre era asquerosa, pero sintió curiosidad por el color.
El tono que contenía era tan interesante, ensimismado en esto, olvido el crimen atroz que acababa de cometer. Se acerco apresuradamente a un lienzo vacío pero listo para empezar a pintar sobre él, y con sus propias manos, empezó a intentar hacer un retrato, y cuando termino de figurarlo, tomo pinceles y mejoro los trazos que sus dedos habían formado, era perfecto.
No supo en que momento su madre lo apretó contra su pecho, chillando de angustia. Uno o dos sirvientes miraban horrorizados la escena que el primogénito de los Valden había hecho. Su padre, contrario a su madre, les ordenaba a otros deshacerse de todo y limpiar la escena.
Su madre susurraba palabras de consuelo, repitiéndole que todo estaría bien y que ellos se harían cargo.
Edgar estaba desconectado de la situación, solo miraba el lienzo frente a él.
[…]
Los días pasaron, en el periódico se habló sobre la desaparición de un hombre.
Edgar no había salido de su cuarto desde entonces, no respondía y mantenía la puerta trancada.
Dormir ya no era una prioridad, las grandes ojeras en sus ojos, solo demostraban las largas horas sin descanso que el mismo pintor se había privado. Poco dormía y poco comía. Lo único a lo que le prestaba atención era a sus lienzos.
Pero nada le salía como él quería, nada era perfecto, ni siquiera era capaz de replicar la misma energía y vida de su anterior cuadro. Nada era perfecto, ya no tenía gracia, la inspiración se había agotado.
Se había quedado sin nada.
-
Solicitudes de diferentes personas se acumularon en cartas, cartas las cuales no contesto, no las necesitaba, no necesitaba pintar para nadie, no lo haría de nuevo.
Cuando el cansancio era extremo, se dedicaba con una vela, a quemar las varias cartas que personas escribían para poder ser retratados por él.
En momentos, se desmayaba del cansancio, y cuando no podía más, comía lo que necesitara para mantenerse al menos con vida.
Una de las cuantas cartas que quiso quemar, le llamo la atención, cuando la abrió, esta se le hizo mas curiosa.
La dejo entre algunas cosas, y siguió pintando.
[…]
Sus ojos se abrieron cuando escucho la voz de un hombre diciéndole que habían llegado a su destino. Ahí estaba ahora, la oportunidad que necesitaba aun escuchaba en un zumbido la voz de su madre suplicándole que no se marchara, pero él había hecho caso omiso.
Ahora estaba frente a una peculiar mansión, que lo invitaba a entrar y encontrar lo que necesitaba. La inspiración que necesitaba.
¿La carta cumpliría lo que anunciaba?
