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El hilo rojo

Summary:

en donde Nubea es capaz de ver el hilo rojo que te une a tu alma gemela y Sirius Black acude a ella para que le diga quién es su alma gemela, final inesperado (no)

Notes:

Work Text:

Fue extraño la primera vez que lo experimentó, vio el hilo rojo de su madre unido al de una persona que no era su padre. como en aquel momento no tenía relacionados los conceptos, le preguntó a su madre que significaba aquello, su madre no se lo aclaró directamente, se separó de su padre y comenzó a salir con la persona a la cual su hilo rojo estaba unido: Alice Sprakle. se sintió mal en un principio, sentía que había arruinado a su familia pero con el tiempo, noto como su madre había cambiado: estaba siempre tan animada, sonreí y escuchaba absolutamente todo lo que Nubea tuviese que decirle, sin poner excusas de estar muy ocupada. Entonces Nubea comprendió que aquel hilo te unía a la persona que te hacía feliz. Así que, invirtió gran parte de su tiempo antes de ingresar a Hogwarts en  informar a todo el mundo que pudiese sobre a quién estaba unido. Solía tener éxito la mayoría de las veces y después era tan satisfactorio ver a las personas siendo felices juntas.

ah, el amor. Nubea amaba aquello.

Así que, el uno de septiembre de 1971, Nubea fue llevada a King Cross por sus madres. Alice era muggle, pero estaba fascinada con todo lo que tuviese que ver con el mundo mágico (al punto, que se había leído gran parte de los libros de Howgarts de Nubea).

Una vez entró a la estación nueve y tres cuartos, fue mágico (en todo el sentido de la palabra), había una aglomeración de gente y, por consiguiente, cientos de hilos rojos. Nubea no podía parar de sonreír, vio que había más de una pareja cuyos hilos conectaban pero otras muchas que no y, aunque quiso detenerse a informarlas, su madre no se lo permitió.

“hoy es tu día, cariño” le había dicho “deja el trabajo para después”.

Y, tal vez, su madre tuviese razón, en sus años de cupido se había dado cuenta de que los adultos no simpre estaban dispuestos a dejar su vida ya asentada por el amor su alma gemela, por mucho que les asegurase que esto les traería la felicidad plena. Por lo que Nubea se subió al expresó de Hogwarts con la promesa interna de que ayudaría a todo el mundo a encontrar a su alma gemela.

Le costó un poco hacer que la gente le creyese pero después de que en su segundo año hubiese logrado que Ava Duncan (la premio anual de Hufflepuff) y Samuel Varley (el capitán del equipo de quiddich de Slytherin) comenzasen a salir y Ava hubiese dicho que Samuel era realmente su alma gemela, Nubea consiguió una buena reputación y cada vez más personas acudieron a ella a pedirles que localizase a su alma gemela. Era algo difícil, porque a veces se llevaban muchos años y nadie quería enamorarse de un crío o también se podía dar el caso de que el hilo no estuviese unido a nadie de Hogwarts, en el peor de los casos, el hilo era gris y esto significaba que su alma gemela había muerto. Pero, fuese lo que fuese, Nubea se sentía realmente orgullosa de las parejas que había logrado formar, como Ted Tonks y Andromeda Black o Audrey McGregor y Artemis Scamander.

Así que, para cuando en su quinto año, Sirius Black se sentó junto a ella en la biblioteca, Nubea ya sabía lo que quería.

— Estas muy guapa hoy, Fawley — fue lo primero que dijo, tras haber esperado unos segundos a que notase su presencia.

Nubea rodó los ojos.

— Es Volant-Sprakle, aprendete mis apellidos si quieres pedirme algo — Nubea regresó su vista a sus apuntes y escribió un par de palabras en el pergamino antes de volver a levantar la vista al escuchar la risita sarcástica de Sirius.

— Es cierto, tu madre se casó este verano, ¿no es así? Lamentó no haber podido ir.

— Ni siquiera estabas invitado.

— ¿Y? Me encanta ver como los sangre pura llevan la contraria a su familia y simplemente son felices — Nubea no pudo evitar sonreír.

— Está bien, ¿entonces quieres encontrar a tu alma gemela? — Sirius se encogió de hombros.

— No encontrarla como tal, pero si tenerla ubicada — Nubea miró el dedo anular de Sirius y se sorprendió al ver que era dorado.

Jamás se había encontrado con un hilo dorado, pero había investigado sobre los hilos rojos en general y sabía que uno dorado era especialmente fuerte, Nubea tenía la teoría de que significa que aquellas personas se encontrarían en todas sus vidas. Era maravilloso pero, siendo sincera, el hecho de que alguien como Sirius Black tuviese uno le pareció injusto. No es como si estuviese muy al día con la vida de Black y su grupo de amigos pero sí que sabía que más de una chica había acudido a ella para preguntarle si Sirius era su alma gemela. Él jugaba con los sentimientos de las personas sin pararse a pensar en el daño que les podía provocar.

— ¿A que viene esa cara? ¿No tengo hilo rojo? — Nubea había fruncido el ceño.

— Al contrario, deberías sentirte afortunado, pero no te diré porque, no mereces saberlo.

— No seas así conmigo, Nubi, solo soy un chico, frente a una chica que quiere que le diga quien es su alma gemela — siendo sincera, tenía bastante curiosidad de saber quien sería el alma gemela de Black. Por lo que se levantó y guardó sus cosas en su mochila.

— Vamos — Sirius, que la había estado mirando confuso mientras recogía, se levantó casi de un impulsó y se situó a su lado —, mientras buscamos a quien te une tu hilo rojo, cuéntame algo de tu vida.

— ¿En que sentido?

— Tus relaciones, ya sabes...

— Oh, comprendo — Sirius asintió con una sonrisa en su rostro — quieres saber si espero que mi alma gemela sea una chica o algo así, para tu información, no le hago ascos a nada. Los chicos tienen su aquel, que lo sepas, si mi alma gemela es un chico no me molestaré, si es mi alma gemela por algo será, ¿no? — Nubea se sorprendió ante el comentario de Sirius, aún recordaba como el año anterior Nott había intentado lanzarle una maldición solo por decirle que su alma gemela era un chico. Tal vez hubiese juzgado mal a Sirius.

— Esta bien saberlo pero me refería a algo más como si estás saliendo con alguien y esperas que esa persona sea tu alma gemela porque te aseguro que yo no puedo controlarlo, tu alma gemela es quien es — Nubea se había visto obligada a informar de aquello desde que en su primer año uno de los hermanos McKinnon la había acusado de mentirosa y embustero cuando le dijo que su alma gemela no era la chica con la que estaba saliendo en ese momento.

— No importa quién sea, no planeó dejar mi estilo de vida por ahora, solo quiero saber quien es, tal vez algún día quiera tener una familia y quiero que sea con la persona que me hará feliz.

— Entonces, ¿tu alma gemela debe esperarte a ti pero tu no a ella? ¿Qué pasa sí ella si busca una relación ahora o si para cuando tu decidas que es el momento ella ya tiene una vida formada?

— Simplemente no me siento suficiente para alguien en estos momentos — fueron las palabras más sinceras que había escuchado desde que se dedicaba a formar parejas.

— Tal vez, no está en Hogwarts, y aún somos jóvenes, tal vez tu alma gemela este más preocupada de aprobar exámenes que de pensar en cuando quiere tener familia — le dijo, después de sentirse demasiado culpable.

— Sí mi alma gemela no esta en Hogwarts, al terminar los estudios tienes que venir con nosotros a buscarla — Nubea soltó un suspiro, cuántas veces había tenido que hacer esa promesa.

— Vale, pero tendrás que pagarme tu el viaje.

— Sí, lo que sea.

Siguiendo el hilo de Sirius, llegaron al jardín. Hacía un día caluroso y aún faltaban varias semanas para llegar a la época de exámenes, así que gran parte del alumnado de Hogwarts se encontraba allí, disfrutando del día. Había una cantidad incontable de hilos rojos, pero como el de Sirius era dorado llamaba la atención sobre los demás. Se sorprendió, al ver que el hilo se iba acortado.

— Tu alma gemela esta en Hogwarts — Sirius sonrió.

— ¿Dónde está? — su mirada analizó las cientas de personas que se encontraban en los jardines, como si él también pudiese ver el hilo.

Nubea regresó la vista al dedo anular de Sirius y siguo el hilo hasta llegar frente a un árbol bajo el que se encontraban los amigos de Sirius: James Potter, Peter Pettigrew y Remus Lupin. James y Peter daban vueltas alrededor del árbol, tratando de atrapar una snich dorada mientras que Remus estaba sentado a la sombra leyendo un libro. Y era justo allí, en el dedo anular de Remus, donde el hilo dorado terminaba. Se cercioro, regresando su vista a Sirius (que caminaba hacía ella un tanto confuso) creyendo que, tal vez, Remus también tendría un hilo dorado, pero no, una vez que Sirius se posicionó a su lado, se hizo evidente que el hilo dorado era uno: Remus Lupin y Sirius Black eran almas gemelas.

— ¿Qué pasa? — gritó James, a la vez que se lanzaba sobre Sirius para abrazarlo. James noto la presencia de Nubea y su expresión se tornó sería, mirando muy seriamente a Sirus le dijo:— ¿se confirma que tu y yo somos almas gemelas?

Sirius rió pero después miró con cierta seriedad a Nubea, esperando que confirmase o desmintuese la información.

Nubea negó y James se separó de Sirius dramáticamente.

— Nooo, Sirius, si no puedes ser mío no puedes ser de nadie — saco su varita del bolsillo interior de su túnica y lanzó un hechizo paralizante a la snich dorado, haciendo que Peter pudiese dejar de correr tras ellas. James se acerco para alcanzarla y Peter se dejó caer en el suelo mientras no hacía más que soltar alagos a James.

Nubea noto como Sirius miraba a Peter con cierta tensión, se preguntó que le estaría pasando por la cabeza. Dio un leve toque en la mano de Sirius y, una vez que captó su atención, hizo un movimiento de cabeza en dirección a Remus. Sirius pareció confuso en un principio pero al instante comprendió lo que decía y su boca se abrió ante la sorpresa. Espero que entonces Sirius se acercase a Remus y le dijese que eran almas gemelas y que después se besasen, como simpre solía pasar, pero no fue así. Sirius sonrió, parecía realmente contento con aquello pero en vez de acercarse a Remus, fue con James y Peter y les dijo que si iban a jugar al quiddich que lo hiciesen bien. Acto seguido, los tres se marcharon con el plan de robar algunas escobas del colegio y jugar un partido real.

Así que Nubea se quedó allí de pie frente al árbol bajo el que Remus seguía leyendo y con una sensación parecida a la decepción.

Esa fue la primera lección de Nubea sobre el amor, a veces decides ignorarlo aunque lo tengas delante.