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Intervención

Summary:

La fobia a la arena de Anakin ha ido demasiado lejos, y es hora de que sus seres queridos le den la intervención que necesita para vivir normalmente... o algo así.

Notes:

Juro que no tengo nada contra Ben Solo, de hecho me parece un gran personaje. Sólo me pareció gracioso escribirlo así.

Work Text:

Anakin Skywalker volvía a su casa después de otro día más como piloto espacial. Estacionó su X-Wing como pudo en el diminuto garaje de su casa, y se dispuso a entrar, listo para descansar. Había sido un día de trabajo agotador, y lo único que quería era poder descansar junto a su esposa y sus hijos. La espalda se le encorvaba de tanto luchar contra el peso de su agotamiento, pero era algo que debía soportar antes de sentarse en su sillón favorito. Entró por la puerta y, extrañado de que todas las luces estuvieran apagadas, encendió el interruptor de la sala.

Fue en ese momento cuando vio a toda su familia y sus amigos reunidos allí, sentados en el salón, con gestos de consternación en sus rostros. Anakin no pudo contener la alegría.

- ¡Oh, Dios mío! ¡Sabía que no olvidarían mi cumpleaños! ¡Y yo que pensaba que no me querían! – dijo, secándose lágrimas de felicidad.

- ¿Es… es tu cumpleaños, papá? – preguntó Leia, viendo a todos los presentes con cara de confusión, sólo para ser recibida con otros rostros igual de azorados.

- Tranquila, hija, la broma ya pasó.

- Amor… ¿tu cumpleaños no era la próxima semana? – preguntó Padme Amidala, incapaz de ocultar su incomodidad.

- ¿Qué? ¡No! ¡Mi cumpleaños era hoy! Si en verdad lo olvidaron, ¿por qué hay tanta decoración fiestera y globos en mi casa?

- ¡Ah, eso! ¡Aprovechamos que debíamos reunirnos todos en casa, y le hicimos fiesta de cumpleaños a R2-D2! ¡Hoy es su cumpleaños también! – dijo Luke.

- Bip bup bup bop, bu bu bop – dijo R2-D2.

- Sí, sí, muy gracioso, R2. Quizás ser enviado al depósito de chatarra te enseñe mejor material – dijo Anakin, bufando – Bueno, ahora que se que tengo a la peor familia y amigos del mundo, ¿qué quieren de mí? ¿Por qué celebrar en mi casa?

- A todo lo que hemos venido, celebrar no es – dijo Yoda, moviéndose lentamente para ocupar el centro de la escena – Una intervención esto es.

- ¿Una intervención? ¿Y qué puede ameritar una interve…? Enserio, si esto es por la tontería de no reponer las toallas en el baño, juro que me voy a dormir con Jabba.

- ¡Papá, esto es por lo del último sábado! – gritó Leia, poniéndose de pie para gritar.

Anakin se quedó unos momentos en silencio, reflexionando, hasta que se le ocurrió cuál podía ser la respuesta a aquel predicamento, y rodó los ojos a tal grado que vio la fuerza moverse en su cerebro.

- Hija, ya te dije que lo lamentaba. Además, no fue algo tan grave.

- Mataste a dos padres de familia porque hicieron un castillo de arena a tu lado – dijo Obi-Wan, haciendo acto de presencia.

- Como dije, no fue algo tan grave. En las Guerras Clon tuvimos que matar a muchos más – dijo Anakin, a la defensiva - ¿Cuál es tu punto?

- ¡Tu arenofobia, absurda es! – gritó Yoda – Más nos vale terminar con la intervención pronto, maratones de Rick Y Morty, yo tener a las diez.

- Esperen un momento, ¿quién hizo esta intervención?

- Yo soy la intervención - dijo el canciller Palpatine.

Anakin miró aquella sala, prestando atención al resto de quienes estaban allí pero aún no habían dicho palabra alguna. Su nieto Ben, el insoportable mercenario novio de su hija, y hasta el canciller Palpatine estaba presente. Todos estaban allí para esa supuesta intervención por su arenofobia. Anakin sabía que todo aquello no tenía sentido alguno, pero sentía que, si les decía a aquellos idiotas lo que querían oír, lo dejarían tranquilo y podría descansar.

- Bien, supongo que puedo perder una media hora de mi vida – dijo Anakin, tomando asiento en una silla para bebés, al ser el único asiento libre en toda la casa – Oigan, ¿no tienen una silla de verdad?

- Si quieres tener fobias de bebés, vamos a tratarte como a un bebé – dijo Obi-Wan, poniéndose de pie y viendo a su pupilo con un gesto que oscilaba entre el enojo y la pena – Anakin, nos conocemos desde que eras un niño en Tatooine, y has crecido para lograr muchas cosas. Eres un excelente guerrero, un gran amigo, y tienes una familia maravillosa. Supongo que puedes imaginarte por qué todos ellos se avergüenzan de ti cada vez que muestras tu fobia al objeto con el que un montón de niños juegan a hacer torres de diez centímetros de alto.

- Oye, estás siendo injusto. ¿Por qué es tan importante que le tema o no a la arena? Además, ni siquiera le temo a la arena, de hecho me da igual. Nómbrenme una vez donde haya probado odiar la arena.

- Bip bup bup bop, bip bip bip.

- Bueno, podrías decir que esa es una vez.

- Bip bop bip bip, bop bop.

- Bueno, sí, esa es otra.

- Bop bup bip, bip bip, bop.

- ¿De verdad hice eso? Mierda, lo había olvidado.

- Bup bup bup bi…

- ¡Está bien, ya entendí! – dijo Anakin, gritando e interrumpiendo a R2-D2 – Soy un idiota que le teme a la arena pero ¿qué importa? ¿Eso hace que ustedes me respeten menos?

Nadie abrió la boca, y todos los presentes se vieron con una expresión total de incomodidad. Anakin se quedó boquiabierto. Mientras todo eso pasaba, Ben Solo se puso de pie y carraspeó, listo para tomar la palabra.

- Abuelo, sabes que siempre te he admirado y siempre has sido mi modelo a seguir. Ni siquiera te odié cuando supe que habías entrado a las Juventudes Hitlerianas, lo cual de hecho me parece genial, y si ese problema sólo te afectara a ti, entonces no estaría aquí ahora, pero es que interfiere con mi vida. ¿Tienes idea de cómo me molestan los otros jedi en la Academia del Tío Luke? “Oh, ahí va el niño arena” “Oh, seguro que no le gusta Spider-Man” “Oh, vamos a llenarle de arena las botas y escondamos una cría de Sarlacc en ellas” A veces me dan ganas de asesinarlos a todos lentamente, de escuchar cómo sus patéticas vidas abandonan sus indignos cuerpos dejándolos como bolsas de carne sin valor. Cada tarde vuelvo a casa y escucho Pumped Up Kicks por horas, y horas, y horas, y horas, y…

- Bueno, bueno, supongo que ya es suficiente. Además, ya te pedí perdón por lo del Sarlacc, pero me parecía gracioso – dijo Luke, tomando la palabra – Padre, siempre he visto algo bueno en ti, incluso cuando te negabas a verlo, pero esto ha ido demasiado lejos. Tu arenofobia está interviniendo con nuestras vidas y te está haciendo daño. ¿Podrías abrirte con nosotros y contarnos qué te provoca la arena? Te prometemos que estamos aquí para apoyarte, no para juzgarte.

Anakin bufó profundamente, mientras tragaba saliva para evitar llorar ante todas las personas que quería. Sabía que tenían razón, y que su arenofobia estaba interviniendo con la felicidad de sus seres queridos, pero el recuerdo que desató su temor era demasiado doloroso para compartirlo, era una llaga que siempre sangraba y dolía. Aún con todo, sabía que no podía ocultarlo por más tiempo.

- Padme, amor… ¿tomarías mi mano, por favor? No quiero estar sólo mientras hago esto…

Padme fue a tomar la mano izquierda de Anakin entre las suyas propias con toda la firmeza de la que fue capaz, y Anakin supo que no estaba sólo. Sonrió con cierta amargura, pero sabiendo que estaba rodeado de la gente correcta y creyendo que, quizás, no estaba sólo, y podría superar aquella fobia a la arena, esa que tantos años de felicidad le había costado.

- Todo empezó cuando yo era un niño. Fui… fui el hijo de una esclava hasta que Obi-Wan me rescató, y yo fui un esclavo también. Cada día lo vivía con incertidumbre de no saber si sobreviviría o no… y cada noche podía oír a mi madre llorar, y yo lloraba también – dijo Anakin, luchando por contener sus lágrimas – Lo que más recuerdo en medio de todo ese horror es… la arena, esa puta arena. Arena hasta donde alcanzaba la vista, arena que se metía por todos lados en mi cuerpo, hiriendo aún más mis partes azotadas cuando me equivocaba en alguna orden… Arena hiriendo a mi madre – Anakin no pudo más con aquellos tortuosos recuerdos, y rompió en llanto, mientras Padme apretaba su mano más y más – Es por esto por lo que… le temo a la arena, me da fobia. Aún recuerdo aquellos días y… y siento que todo esto es una mentira. Toda esta felicidad, toda esta hermosa familia y amigos que tengo… siento que se difuminan cuando estoy cerca de esa cosa… Siento que todos ustedes desaparecen como arena en las manos, y vuelvo a estar ahí, con… con sólo la arena recordándome de dónde vengo y a dónde volveré…

Anakin sollozó en silencio, mientras el resto de los presentes se quedaron en silencio, incapaces de encontrar las palabras exactas ante semejante demostración de debilidad. Finalmente, Han Solo fue quien rompió el silencio.

- ¿Eso es todo?

Anakin levantó la vista para confrontar a aquel contrabandista.

- ¿Disculpa?

- No, no… Han tiene razón – dijo Padme, soltando la mano de Anakin - ¿De verdad ese es el gran secreto? ¿Esa nimiedad?

- ¿Nimiedad? ¡Fui esclavo durante toda mi niñez! ¡¿Tienen alguna idea de lo que es eso?!

- ¡Oh, gran cosa! ¡Todos sufrimos en la vida! – gritó Leia, más enojada que antes - ¡Mi primer beso fue con mi propio hermano!

- ¡Sí, y mi primera paja fue con mi hermana! – gritó Luke.

- ¡Sí, y yo aún no sé si los hermanitos siguen viéndose a escondidas para tener sexo a mis espaldas! ¡A veces creo que Ben es hijo de Luke! A decir verdad, que sea hijo de hermanos explicaría muchas cosas – dijo Han.

- ¡Oye! – gritó Ben.

- Una decepción tu secreto es – dijo Yoda, sacudiendo la cabeza de un lado al otro.

- Ya les dije que tenía un mal presentimiento sobre esto.

- ¡Pero esa es tu respuesta a todo! – gritó Leia.

- Bip, bup – dijo R2-D2, sacudiendo la parte superior de su cuerpo de derecha a izquierda.

- Bueno, chicos. Dejen en paz a Anakin – dijo Obi-Wan, interfiriendo con la escalada de odio y rechazo – No tienen derecho a odiarlo sólo porque sea un bebito chillón. No tienen derecho a insultarlo sólo porque es un niño que aún usa pañales, y tampoco tienen derecho a burlarse de él porque sus peores traumas nos dan risa, y tampoco tienen derecho a ridiculizarlo porque…

- Maestro… ya entendí, de verdad – dijo Anakin, callando a Obi-Wan.

Obi-Wan volvió a su asiento y, por primera vez en toda la noche, Palpatine se levantó de su silla para hablar, tan lacónico como siempre.

- Obi-Wan tiene razón, no podemos odiar a nuestro amigo y familiar, sino ayudarlo… ¿alguna vez han oído hablar de la terapia de shock?

- No… - dijo Padme.

- Lo suponía, un conductista no te la contaría. Es una teoría del medioevo – dijo Palpatine, acomodándose su traje – Para hacer que el paciente supere su fobia a algo, hay que confrontarlo directamente con la fuente de su miedo, o dicho de otra manera, necesitamos hacer que el joven Anakin sea enterrado hasta el cuello en arena, como suelen bromear los niños, hasta que su fobia desaparezca.

- ¡Es una gran idea! – dijo Ben – Además, me dará tiempo a irme pronto. Tengo cita con Rey esta noche.

- Conozco a Rey, Ben, y no te conviene ilusionarte, ella es lesbiana. Sólo cree que te quiere porque la heterosexualidad compulsoria sigue siendo moneda corriente en la galaxia – dijo Luke.

- ¿Qué? ¿Ahora eres Nyarlath? – dijo Ben.

- ¡Ya, atrápenlo! – dijo Yoda, saltando para inmovilizar a Anakin.

Anakin quiso luchar para zafarse del agarre del enano verde, pero pronto todos los presentes se sumaron a atacar para llevarse al Skywalker de rehén a su propio X-Wing. En apenas unos pocos minutos, la nave aterrizó en un planeta playero, donde Anakin fue enterrado hasta el cuello frente al mar, contemplando el espectáculo de las olas nocturnas.

- ¿Lo ves, querido? La arena no es tan mala. Sólo en la playa puedes ver un espectáculo tan hermoso como este – dijo Padme, comprensiva.

- ¡Mi pie en sus traseros va a ser más hermoso que esto! ¡Sáquenme de una vez!

- Anakin, hacemos esto por tu bien – dijo Obi-Wan – Cuando todo esto pase y te hayas curado, prometo hacer todo lo posible para que te confieran el cargo de maestro jedi.
- ¡Me cago en todos los maestros jedi!

- ¡Entonces tú eras! – gritó Yoda, asqueado.

- Papá, no te preocupes. Veo valentía en ti por afrontar esto – dijo Luke – Por más que tu fobia sea aburrida e infantil, no vamos a dejarte sólo. Prometemos quedarnos a tu lado hasta que todo haya pasado.

En ese mismo momento, un destructor estelar aterrizó en las costas de aquel planeta justo al lado de donde se encontraban los jedi. La rampa tocó el suelo y, lentamente, el Conde Dooku, Darth Maul, el General Griveous, el Supremo Líder Snoke y J.J Abrams descendieron por ella.

La caminata de los villanos se detuvo cuando vieron a los jedi, con ambos bandos viéndose confundidos.

- Oh no, no, esto no es lo que creen – dijo Abrams – No venimos a atacar a nadie, sólo queremos descansar. ¿Quizás podamos tener una tregua?

- ¡Nos ofrece una tregua! ¡A ellos! – gritó Obi-Wan.

Los jedi saltaron a atacar a los sith, ya todos ellos con sus sables láser activados, en una confrontación sangrienta y brutal que se iba alejando cada vez más de la orilla de la playa.

- ¡Oigan! ¡Oigan! ¡Sáquenme de aquí! ¡La marea está subiendo! – gritó Anakin.

Las primeras olas del mar empezaron a golpear su cara.

- Ay no…

 

 

Dos horas pasaron, y los guerreros jedi estaban regresando a casa de Anakin tras aquel salvaje confrontamiento. Todos reían a excepción de Ben, quien se veía más golpeado y atacado por rayos láser que el resto.

- ¡Oh. Por. Dios! ¡La mejor pelea de la vida! ¿Sacaron fotos? ¡Necesito subirlas a Insta-raan! – dijo Leia.

- ¿Que si sacamos fotos? ¡Mira esto! – dijo Luke.

Luke le extendió el celular a su hermana y al resto de los presentes, y pudieron ver la foto exacta que este había sacado. En ella, Obi-Wan estaba usando a Ben como escudo humano ante los disparos láser del Conde Dooku. Yoda, quien se había detenido segundos antes en la pelea, estaba apuntando a la escena con lágrimas de risa en los ojos.

Todos los jedi empezaron a reír mientras Ben se frotaba los ojos, pero de repente, Luke se detuvo en el acto.

- Oigan… ¿y papá?

Las risas cesaron al instante mientras Padme, asustada y no queriendo encarar su olvido, abrió la puerta de la casa.

Fue ahí cuando encontraron a Anakin como un fantasma de la Fuerza, azul, transparente, y flotando sobre el suelo con expresión de pocos amigos. Lentamente, todos los presentes tomaron conciencia de lo que había pasado, y sus rostros se desencajaron.

- Ani, amor… ¿cómo te va?

- ¿Cómo me va? Pues diría que se ve sólo, ¿no? ¿Alguno de ustedes tiene idea de lo que se siente ahogarse hasta morir?

- Me congelaron en carbonita, ¿es tan relajante como eso? – preguntó Han.

- No, contrabandista, no es nada relajante – suspiró Anakin – Sin embargo, si tengo que ser honesto… debo agradecerles por esto.

Los jedi se quedaron confusos, viéndose entre sí mutuamente, aguardando a que Anakin se explicara a sí mismo.

- Tenían razón. Lo que necesitaba era confrontar a mi miedo a la cara, y vaya si lo confronté en aquella playa, junto a unas cuantas medusas de las cuales realmente no quiero hablar. Ahora entiendo que volver a ser un esclavo no era lo peor que podía pasarme, sino que lo peor acaba de ocurrir. La vida es curiosa, al fin y al cabo… pero bueno, el punto es que ya no le temo a la arena, y es todo gracias a ustedes, así que decidí traerles algo para agradecerles.

Anakin levantó ambas manos, y enormes montones de arena surgieron en su casa, ante los ojos azorados de todos los presentes, quienes no lo podían creer. Pronto no quedó una sola parte visible del suelo blanco, y la arena brotó incluso desde las paredes hasta que los granos taparon las rodillas de todos los presentes.

- Para mostrarles lo mucho que amo la arena ahora, decidí hacer que ustedes tengan su propia playa aquí en casa, ¿no es genial? Permítanme que les regale el mar – dijo Anakin escupiendo en el suelo – Muy bien, ahora ya está. No se preocupen, sé que es poca arena, pero mañana voy a traerles más, ¡nos vemos!

Anakin empezó a reír, y fue riendo como se despidió de sus antiguos amigos y familiares. Estos últimos simplemente se quedaron ahí, con las bocas abiertas de par en par, observando aquella aberración arenística hacer acto de presencia en aquel hogar. No alcanzarían los años para limpiar por completo.

- ¡El último en dejar la casa limpia todo! – gritó Han.

En apenas cuestión de segundos, todos habían abandonado el hogar Skywalker salvo por el joven Ben, quien seguía demasiado confundido para entender qué pasaba, hasta que fue demasiado tarde. Una vez cayó en cuenta de lo que debía hacer, se tragó sus insultos y fue caminando a buscar la escoba, luchando como podía por no caerse en la arena y cantando por lo bajo para animarse.

- All the other jedis with their pumped up lasers better run, better run, outrun my gun. All the other jedis with their pumpued up lasAUCH – rugió Ben, interrumpiendo su canción.

Cuando levantó su pie para ver qué lo había herido, se dio cuenta de la verdad. Una cría de Sarlacc acababa de morder su pie izquierdo, desgarrando el cuero de su bota.

- ¡ANAKIIIIIIIIIIIIIIIN!