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La mamá estaba con sus patitos, su corazón sonriendo en lo que ella los veía nadando por el agua. Amor visible en sus ojos, y una sensación tierna en su mano, ayudando a uno de los patitos limpiar sus alitas de oro, admirando a todos.
—¡Mama!¡ Mama! ¡Mami!¡¡ Mira!!—
Suspirando, la mamá miró hacia abajo. —¿Qué es Quackity?— preguntó, sintiéndose cansada en lo que Quackity le enseñaba un salmón que encontró.
—¡Lo cache para la cena! ¿Estás orgullosa de mí?— Sonrio el hibrido.
Su mamá miró hacia su otro hijo, y de nuevo a Quackity, —Si. Ahora, déjame terminar de limpiar las alas de tu hermano.— dijo en una voz de autoridad, espantando al chico. Cabeceo y empezó a alejarse de su familia.
Miro hacia atrás cuando ya estaba a kilómetros de ellos. Soltando el salmón y dejándolo flotar en el agua. Vio la manera en la cual su mamá le daba besos a sus hermanas y hermanos. Deseaba que ella lo tuviera así en sus manos. Acariciandolo y diciéndole cariños.
Quackity se comenzó a limpiar él solo, cada rato mirando hacia su mamá y copiando los movimientos que ella hacía.
Sus ojos empezaron a llorar cuando se percató de que no iba a poder limpiarse sus alas. El agua y el salmón siendo su la compañía unica al chico que lloraba lagos de tristeza en lo que dejaba salir sus emociones calladamente. Solo deseando a alguien que le de el sentimiento de amor que él necesitaba.
Quackity miró a su guitarra, y a su familia otra vez. Los callos en sus dedos suavemente tocaban los trastes, notas agrias y oscuras llenando el aire. A este punto, sabía que no lo querían en esta familia. Después de dieciséis años viviendo con ellos, el figuró eso.
Eso no quería decir de que ya se había ido todo sentir triste cuando él veía su mamá decirles amor a sus hermanos. No. Cada palabra de cariño, cada acción de amor que ella les daba sólo añadía el dolor y frustración que él tenía. Tampoco quería decir que odiaba a su mamá.
Ese odio era a él mismo. En cada nota de música que él creaba enseñaba el odio que tenía. Deseaba ser lo que ella quería en un hijo. Quackity sabía la imagen que ella creó en su mente cuando el híbrido había nacido, y también sabía de como nunca iría poder vivir a ese estándar.
Se perdió en su mente otra vez. Los ojos cafés miraron el cielo nublado. Ya era tiempo de ir a casa. Se levantó de la roca que lo sostenía y vio hacia el estanque que estaban en.
estaba vacío.
—¿Que?…— sostuvo su guitarra. Su mano fue a su pelo en lo que miraba alrededor. No había señal de su familia.
—¡¿Mamá?! ¡Mamá!— Gritaba. Corrió al estanque y vio su reflejo. La cara de un patito que se creía feo al otro lado. Lágrimas empezaron a tratar de caer, su cabeza latiendo a una velocidad rápida que él creía que algo malo le iba a pasar.
Su mano izquierda fue a su cabeza, jalando su pelo, y cayendo al suelo. No había suficiente aire llegando a Quackity. Sus pensamientos iban a una velocidad muy rápida. Haciéndolo que llore más alto. Espantando a los animales cerca.
—¿a donde está mi mamá?— suspiro. Un llanto escapó de su garganta, haciéndolo caer al suelo. Empujó su guitarra y dejó que sus manos se fueran a su cabeza, pegándose por la frustración.
Gritos saliendo, lágrimas de los ángeles en el cielo cayendo sobre Quackity. Nubes grises y negros rodeándolo en lo que se pegaba y gritaba.
El patito lloraba solo, como siempre. Pero esta vez, él sabía que nadie lo iba a recoger. Esta vez, dentro de su corazón, él sabía que estaba abandonado.
Sentado en la mesa, sonreía a Slimecicle. Miraba como él jugaba con los dados. Los dados que supuestamente eran para jugar un juego, pero ya se le había olvidado a Quackity.
—¡Este lado tiene un punto!— Slimecicle miro a Quackity, confundido por el diseño del dado. —¿Porque tienen más puntos los otros lados?—
Quackity sacudió su cabeza, —No- no lo se, slime. Nunca me e preguntado eso…—
No dijo más Slimecicle.
Suspiro, sus manos yendo a los collares que tenía. Empezó a jugar con ellos en lo que dejaba que su mente fuera a lados que casi nunca iba a.
Un collar en específico le trajo memorias de un tiempo, no hace mucho, pero definitivamente no hace poco.
La cadena era de oro adornado con una rosa. La rosa tenía un color rojo que lo hacía recordar a un demonio de fuego. Como ese demonio lo acariciaba, y hacía sentirse amado.
El demonio que iba por el nombre Sapnap, y el extraterrestre que se llamaba Karl. Los que podían hacer el día de Quackity mejor por solo decir un simple “te amo” o besándolo como si fuera la primera vez que lo hacen.
Quackity se recordó de como Sapnap lo abrazaba y lo llamaba su amor, y como Karl le dejaba saber que era muy orgulloso de él, y que nunca podría amar a alguien mas que el lo ama.
Extrañaba esos toques inocentes. Extrañaba a Karl y Sapnap. Él los quería allí con él, pero ni sabía si todavía lo amaban como él los ama. Su corazón todavía tenía ese deseo de que sí, pero su mente era un lugar diferente de su corazón. Su mente le recordó como nadie lo puede amar. Si su mamá no lo pudo amar, ¿Como va ser que Karl y Sapnap lo amen? Nunca va ser lo que las personas quieren de él. Nunca iba a ser la imagen que todos tenían del Gran Quackity de Las Nevadas. Era una pérdida de tiempo si trataba. Y Quackity sabía el lugar que parecía que siempre iba a tener;
Siempre el que ama, nunca el amado.
—¿Quack?— Sus ojos se fueron a los de Slimecicle, quien tenía la cara más confundida que nunca. —Te ves…no feliz…—
Carcajeó, cabeceó y limpió las pocas lágrimas que habían caído. —No, yo- yo estoy bien, Slime— sonrió una sonrisa falsa. Slimecicle ceño y se rascó su cabeza. Quackity suspiro y dejo la sonrisa caer, —perdón, Slime, por mentirte.— miro su cadena una vez más antes de que lo escondiera. —Son cosas del pasado, pero también son cosas personales.— empezó a explicar, —no quiero que sientas cosas pesadas.—
—¿Vas a estar bien?—
La mirada de Quackity cayó al suelo. ¿Iba a estar bien? —Un día chiquitín. Un día—
Miro a Slimecicle otra vez, su sonrisa haciéndolo sentirse mejor.
Él pensó en su mamá, y como él hubiera querido que ella lo hubiera escuchado. Siempre lo ignoraba, rara vez que le ponía atención. Quackity le preguntaba cómo estaba, y ella solo respondía con un simple “si.” o un simple “no.”, y era el fin de la historia.
Nunca quería ser como ella. El no quería que las personas que él quiere pensarán que él no los ama.
Su mirada fue a Slimecicle otra vez, un salto de felicidad yendo por sus venas cuando vio a Slimecicle sonreír cuando hizo una casa chiquita con las cartas de Quackity. — Ay, que linda casita —
— ¡¡Gracias Q !! —
Él definitivamente no era como su mamá.
