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Language:
Español
Stats:
Published:
2021-08-06
Completed:
2022-01-01
Words:
9,721
Chapters:
2/2
Comments:
11
Kudos:
54
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7
Hits:
1,142

Lena... ¿¡QUÉ!?

Summary:

Lena ha estado comportándose de manera extraña y Annette saca sus propias conclusiones.

Este fic se ubicaría al final del tomo 4 de la novela, pero antes del epílogo.
El segundo capítulo se ubicaría antes del tomo 7.

Chapter 1: Lena... ¿¡Qué!?

Notes:

Holis~ Vi en twitter que alguien comentó que el 6 de agosto sería el día de 86 porque... pues los japos escriben primero el mes y después el día, así que queda 8/6 y pues, con eso me dieron la excusa para publicar esto XD Pensaba subirlo después de terminar otro fic de otro fandom (cofGiyuShinocof) pero pues, llegó este día XD

Como menciono en el summary(?) esta historia estaría ubicada al final del tomo 4, así que si solo has visto el anime pues saldrán uno o dos nombres que no conoces. Y hago mención a dos side stories, que si no estoy mal ao3 permite que ponga los links, así que irán en las notas finales. Ojalá a alguien le guste esto que empezó como un intento de comedia pero terminó... siendo difícil de definir XDu

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Si bien Lena estaba actuando un poco misteriosa yendo a la cafetería un poco más seguido de lo usual, Anette asumió que simplemente se trataba de sus clases de cocina —que de no ser por su orgullo también tomaría, pero había aprendido de su madre y no dejaría que nadie más le enseñara, mejoraría por sí misma… de algún modo, como hasta ahora— y como quizá estaba preparando algo para Shin, se moría de ganas por entrometerse, pero decidió esperar a que ella misma le comentara.

No obstante, lo que fuera que Lena estuviese haciendo, al parecer estaba afectándola más de lo que ella misma notaba, ya que llevaba varios días presentándose tarde en la oficina de comando. La Lena que conocía era tan diligente y exigente que tal falta a la disciplina era particularmente imperdonable en sí misma, aunque por supuesto, esto no causaba incidencia alguna en la calidad de su trabajo.

Aun así, Anette estaba preocupada, así que, debido a que ella aun no le había comentado lo que estaba haciendo para cansarse tanto, se limitó a señalarle discretamente sus llegadas tardías y bromeó con que no sería un buen ejemplo si su superior le llamaba la atención por eso. Su amiga pareció darse cuenta de sus acciones hasta entonces —otro comportamiento rarísimo en ella—, le agradeció por decírselo y continuaron hablando de manera normal sobre el trabajo y otras trivialidades… pero no dijo una palabra sobre sus actividades nocturnas.

No obstante, lo que Anette no esperaba era ver a Lena llegando puntual a la oficina de comando al día siguiente… pero con un rostro tan pálido que el mínimo maquillaje que solía utilizar era incapaz de disimularlo.

— ¿¡Lena!? ¿¡Estas bien!? – Anette estaba completamente alarmada. Su amiga le sonrió y le restó importancia con un gesto de la mano que dirigió tanto a ella como al resto del personal que voltearon a verla con preocupación.

— Buenos días, Anette. No te preocupes, me sentía un poco mal esta mañana, pero ya estoy bien.

Aunque ella dijera eso, la mente analítica de Anette ya estaba trabajando y dedujo que el malestar no había sido cosa de solo esa mañana. Era probable que Lena hubiese estado presentándose tarde porque tardaba en combatir o disimular su enfermedad.

Una comandante enferma no era beneficiosa para nadie, y una mejor amiga en problemas era algo que Anette no dejaría pasar. No esta vez.

— No estás bien, así que te vienes a la unidad médica conmigo ahora mismo. – sentenció al tiempo que la tomaba de la mano para salir de la oficina.

— Pero el trabajo… – protestó Lena tratando de oponer resistencia.

— Haz estado llegando tarde toda esta semana y te han esperado, pueden hacerlo un día más. – fue la respuesta de Anette, tan contundente como el agarre sobre la muñeca de su amiga.

Lena comprendió que estaba preocupada, por lo que suspiró y se dejó guiar, sabiendo que Anette no se tranquilizaría hasta que le hiciera una cantidad de análisis que no arrojarían ningún resultado claro.


— Bueno, ciertamente ya tienes mejor color que hace un rato… pero no me convences ¡es que estabas demasiado pálida!

Justo como Lena pensó, Anette no había encontrado nada en sus chequeos médicos —porque al final la llevó a su laboratorio en lugar de la unidad médica, su mejor amiga prácticamente se había convertido en su médico de cabecera y en tanto estuviese cerca, no delegaría a nadie más la responsabilidad de cuidar su salud—, pero seguía insistiendo que tenía alguna enfermedad porque cometió el error de admitir que había estado así todas las mañanas de esa semana. Así que insistía en que le hablara de los "síntomas".

— Ya te dije que solo he estado despertando con náuseas y se me ha hecho un poco difícil de manejar, pero luego de un rato y un vaso de agua fría ya estoy como nueva. – repitió Lena por enésima vez, luego de beber dicho vaso de agua fría.

— Lena, las náuseas no se repiten durante tantos días con un patrón tan exacto sin ninguna razón. – le respondió Anette con seriedad.

— Ya te dije que no es nada…

Mientras Anette la ignoraba para —seguramente— repasar en su mente todas las enfermedades que conocía que involucraban nauseas, Lena reprimió un suspiro y trató de mostrar una sonrisa tranquilizadora.

A decir verdad, sí había una razón y Lena podía nombrarla perfectamente, pero no estaba dispuesta a hacerlo. Tenía una idea de cómo se desarrollaría la conversación una vez que lo hiciera y temía terminar haciendo una confesión que pudiese herir a su amiga, así que decidió mantenerse firme en su posición.

No obstante, Anette pareció llegar a una conclusión cuando la miró de repente con los ojos muy abiertos. Lena tomó otro trago de agua preparándose para negar cualquier diagnóstico.

— Lena, tú… ¿estas embarazada? – preguntó Anette.

Lena se atragantó con el agua cuando trató de no escupírsela a la cara.

— ¿¡Qué!? – apenas pudo soltar un chillido ahogado mientras trataba de respirar, tenía la cara completamente roja, y no solo se debía a agitación producto de la falta de aire.

— Es que tienes nauseas matutinas, te escabulles a la cafetería seguido, tu talla de sujetador aumentó… ¡Y no me olvido de cómo te encontré en la cama con Shin hace un mes!

— ¡Y-ya te dije que no pasó eso! – pese a su tono agitado, Lena habló en susurros mientras le hacía señales a Anette para que baja la voz antes de que alguien más la escuchara y malinterpretara sus palabras – Lo encontré deambulando medio dormido, lo llevé a su habitación y supongo que tenía frío y me vio como una fuente de calor ¡eso es todo! – repitió la explicación que le había dado aquél día de manera frenética – ¡Además no es necesario mencionar lo de mi talla!

— Vamos a suponer que te creo. – Anette accedió a bajar la voz, pero a cambio le dirigía una mirada seria – ¿Pero que hay de los demás síntomas?

— ¡Solo lo estas imaginando, Anette!

— ¡Pero las náuseas tienen que tener una razón! ¡Y tú, que siempre eres estúpidamente honesta, me la estas ocultando! ¿¡Qué quieres que piense!?

Lena tuvo que hacer una pausa para pensar en una excusa que pudiese calmar los reclamos de su amiga, lo cual era difícil cuando su mente apenas podía sobreponerse al shock inducido por el "diagnostico" de Anette y todo lo que implicaba.

De repente, Anette se levantó de su silla.

— Voy a tener una charla con Shin. – anunció con una voz demasiado seria.

— ¿¡Qué!? ¡Pero te estoy diciendo que no es eso! – protestó Lena, levantándose también, con el rostro tan encendido que se sentía como si pudiera explotar de un momento a otro — Además ¿¡porqué metes a Shin en esto!?.

— Escucha, Lena… – empezó a hablar Anette, pero un toque en la puerta la detuvo.

— Disculpen. – fue una suerte que Raiden tuviese la delicadeza de anunciarse antes de entrar – Me pidieron que pasara a preguntar si Lena ya terminó su chequeo médico, al parecer la necesitan en el puesto de mando ahora.

Por un segundo el rostro de Lena palideció antes de volver a enrojecer a causa del pánico y la vergüenza que le causaba la posibilidad de que Raiden, el subcapitán y mejor amigo de Shin, hubiese escuchado las descabelladas suposiciones de Anette.

— ¡I-iré ahora mismo! – respondió nerviosa antes de mirar a su amiga – Porque no tengo nada.

— Eso lo decidiré yo. – respondió Anette de manera obstinada.

Al notar que Raiden les dirigía una mirada confusa, Lena se acercó a Anette para susurrarle con fervor —y de la manera más disimulada que pudo—:

— En todo caso, Shin no ha hecho nada malo ¡así que no vayas a reclamarle nada! – luego volteó hacia Raiden con una sonrisa que no lograba ocultar su incomodidad del todo – ¡Gracias por avisarme! – le dijo antes de salir corriendo hacia la oficina de mando.

Raiden tuvo la vaga intención de preguntar de qué se había tratado ese extraño intercambio, pero desechó la idea rápidamente. No solo no era de su incumbencia, sino que además aún no estaba seguro de cómo tratar a la profesora Penrose, a pesar de haber participado en su rescate. La conocía desde hacía mucho menos tiempo que a Lena, y si bien no se comportaba exactamente como los demás cerdos blancos y decía tener una historia con Shin, eso no significaba que él pudiese tratarla con la misma confianza que a su comandante.

No obstante, como Shin y Lena eran los únicos ciegos en ese lugar, sabía que la noticia de que la coronel había sido llevaba a control médico no tardaría en ir de boca en boca hasta llegar a oídos del capitán. Y por lo saludable que había visto a Lena, no valía la pena que ese idiota se la pasara preocupado hasta conseguir un poco de tiempo libre para ir a verla. Así que decidió ahorrar tiempo.

— Len… ¿La coronel está bien? – la chica alba por alguna inimaginable razón lo miró como si él tuviese la culpa de algo, luego cerró los ojos y suspiró, como tranquilizándose, antes de mirarlo seriamente.

— Escuche, teniente Shuga, puede que Lena haya perdido a su madre y a su tío que tanto la protegieron hace casi un año, cuando cayó la República, pero aún me tiene a mí. Así que, si Shin comete una estupidez con ella antes de formalizar las cosas, YO me aseguraré de que se haga responsable de sus actos.

¿Ahora que habrá hecho ese idiota? De hecho, ¿por qué yo tengo que recibir el regaño? …¿¡Y porqué demonios esto suena como una conversación de guardián a guardián!?

Tales fueron los pensamientos de Raiden ante la actitud y palabras de la profesora Penrose. Decidió esperar, si tenía suerte tal vez obtuviera algunas respuestas.

— Lena no ha sentido bien en toda la semana. – agregó la chica alba, por suerte – Lo descubrí esta mañana porque llegó demasiado pálida a la oficina de comando, pero solo me dijo que ha estado teniendo nauseas… mañaneras.

Raiden no comprendió el motivo tras la última pausa, pero tal información fue suficiente para que viera la luz.

— Ah… no me diga que la comida de Shin sí le afectó. – comentó tranquilamente, aunque luego hizo una mueca – Le dije que quizá fuera demasiado para el estómago de una señorita de casa criada en el primer sector, pero insistió en que era un desperdicio… aunque no tuvo piedad al criticar el sabor. – Raiden pensó que al menos sí había un reclamo válido para su capitán, pero al mirar el rostro estupefacto de la chica alba, no pudo más que extrañarse de nuevo – ¿Sucede algo, profesora Penrose?

— ¿Eh? ¡Ah! ¡Nada! – en ese pequeño momento de torpeza, Raiden pensó que en verdad parecía hermana de Lena – En todo caso, cuénteme más detalles.


Raiden no sabía muy bien cómo había surgido. Si bien había escuchado sobre la discusión de Shin y Lena acerca de ella aprendiendo a cocinar e invitándolo a él a hacer lo mismo, no tenía idea de que en algún momento terminarían en una especie de competencia. Él simplemente los había encontrado una noche en la cocina de la cafetería, discutiendo sobre si la comida de la comandante era mala o si las papilas gustativas del capitán estaban muertas.

Él no tenía intención de unírseles, pero su apoyo en broma hacia Lena ocasionó que esta le pidiese que probar su comida y dar un veredicto sobre su sabor. Aunque intentó negarse —aun antes de captar la mirada disgustada de su capitán—, la chica insistió tanto que el mismo Shin terminó ordenándole acceder… aunque con un precio a pagar: no probaría solo la comida de Lena, sino también la suya como punto de referencia.

Así fue como Raiden terminó haciendo de juez, para dolor de sus papilas gustativas. Era consciente de que Shin no tenía la menor intención de hacer alguna mejora en su forma de cocinar, pero Lena al menos tuvo la decencia de salvarlo —un poco— de su horrible destino y de paso poner en un apuro a Shin... de manera inconsciente claro. Ya que al ver que Raiden apenas comía una porción muy pequeña de la comida preparada por su capitán y la discusión de ambos por intentar que se la acabara, declaró que era un verdadero desperdicio y decidió comerse el resto.

Era evidente que quería probar la comida de Shin pese a que ya había sido advertida de lo mala que era, por lo que Raiden no pudo evitar sentir un poco de lástima al verla palidecer tras el primer bocado —no obstante, consideraba el perceptible pánico de su capitán como un karma muy bien merecido—. Aunque logró sorprenderlo al criticar el sabor y textura de la comida como si fuese una profesional en ello. De no haberse tratado de Shin, cualquier otro se habría apartado de las ollas un buen tiempo tras escucharla.

Desde entonces, Shin parecía estar en una verdadera encrucijada, ya que cocinaba de manera un poco más cuidadosa para Lena, pero no terminaba de decidirse a mejorar del todo porque Raiden comía del mismo plato y por supuesto debía hacerle pagar por tener que dejarle probar la comida de la chica también. Aunque seguramente su capitán no era consciente aun de que esos eran los sentimientos que lo conflictuaban, si se lo observaba con cuidado, estaba escrito en su cara.

— Confieso que sí le advertí que la comida de Shin sería demasiado para alguien acostumbrada a la comida procesada del primer distrito legislativo, pero no pensé que fuera a causar tanto daño. – comentó Raiden, causando que Lena bajara la cabeza avergonzada y Shin desviara la mirada con su habitual expresión neutra.

Aunque estaban reunidos en la cocina, el concurso de esa noche se había suspendido por orden de la profesora Penrose —la autoproclamada médica de cabecera y guardián legal de Lena—, quien fulminaba a los dos "aprendices de cocineros" con una mirada de fastidio.

— Perdón. – murmuró Lena.

— ¿¡Por qué te disculpas!? ¡Sh- El capitán Nouzen es el que debería disculparse por envenenarte!

— ¡Anette!

— No, tiene razón, Lena. – habló Shin con un tono tranquilo, finalmente animándose a verla – Tengo que disculparme por haber hecho que enfermaras. – pero su mirada sangrienta se volvió un poco fría cuando miró a la profesora Penrose – Solo me gustaría que no lo hiciese sonar como si lo hubiera hecho a propósito.

Raiden comprendía la molestia de Shin, y tenía claro que la chica alba no la había pasado por alto, ya que se veía un poco intimidada, pero como ella parecía buscar una manera de defenderse, el vice capitán pensó que lo mejor era estar atento. No obstante, Lena se le adelantó al levantar la voz.

— Está bien. – dijo la chica con firmeza, imponiendo su autoridad sin hacer alarde de ella – Anette se expresó de manera inadecuada, pero es solo porque está preocupada. Y Shin no hizo nada malo a propósito, además fui yo la que insistió en probar su comida para empezar ¿verdad, Teniente Shuga? – Raiden asintió – Así que no es necesario molestarse. – como Shin apartó la mirada y la profesora Penrose suspiró, Lena sonrió con confianza – Además, si es por mí en verdad no hay nada de qué preocuparse. Les juro que, incluso comparando con la comida procesada tanto del interior de los muros de la República o la del sector 86, he comido cosas peores.

Los chicos le dirigieron miradas confundidas ante ese último comentario. Sabían que Lena había sido la heredera de una casa ex nobiliaria, y si bien al parecer había peleado un tiempo en el verdadero campo de batalla luego de la caída del gran muro, aún se les dificultaba pensar que había comido las raciones con sabor a explosivos plásticos del distrito ochenta y seis, que era lo único que consideraban peor que la floja cocina de Shin, mucho menos podían imaginarla consumiendo algo digno de ser catalogado como "peor".

Pero la profesora Penrose habló con un tono tenso.

— Lena… ¿Acaso estás hablando… de mis… postres?

El rostro de Lena palideció tanto que los chicos dieron un paso instintivo en dirección hacia ella, listos para atraparla si colapsaba.

— N-no… yo… este… sí – admitió bajando la cabeza, para luego ofrecerle una sonrisa apenada a su amiga – P-pero cuando tus postres tienen buen sabor también son seguros de comer. – intentó consolarla.

— ¿¡Por qué no me lo dijiste!? – explotó la profesora Penrose, ignorando el consuelo ofrecido – ¡Siempre fuiste honesta respecto al sabor y la apariencia! ¿¡Pero porqué te guardaste algo tan importante!?

— E-es que es de mala educación devolver la comida justo después de ingerirla. – se defendió Lena débilmente – Además, ya soy lo suficientemente dura criticando el sabor y la forma…

— ¡Esa consideración va a matarte!

Por lo que pudieron entender, lo único que Lena consideraba peor que la comida con sabor a explosivos o la cocina de Shin, eran los dulces que fabricaba la profesora Penrose. Dichos dulces eran tan malos que también causaban un efecto de envenenamiento, pero ella, sintiéndose mal por ya haber criticado la forma y sabor de los postres, se había acostumbrado a disimular el malestar que le provocaban para no ofender a su amiga vomitando frente a ella.

Aunque Raiden encontraba divertido que este giro de acontecimientos respecto a la autoproclamada guardiana, no podía evitar preguntarse qué tan grave era todo el asunto para que la profesora Penrose se preocupara tanto por el cómo le afectaba su comida y explotara de esa manera. Además, en verdad le resultaba difícil creer que alguien podía ser peor cocinero que Shin.

— ¿Pero la comida de la profesora Penrose realmente es tan mala? – preguntó Shin cuando la aludida finalmente terminó de regañar a la coronel. Lena lo miró alarmada.

— La verdad es que dudo que haya algo mucho peor que la comida de Shin, así que tengo un poco de curiosidad. – exteriorizó Raiden.

Lena los miró como si acabaran de firmar su sentencia de muerte y la profesora Penrose mostró una sonrisa torcida que reforzaba esa impresión, aunque estaba lejos de intimidarlos.

— Entonces supongo que debería dejarles probar mis dulces. – dijo con un tono sombrío – Aunque quizá tengan suerte y logre hornear un postre delicioso. – agregó con amargura mientras hacía un puchero.

Los tres fueron echados de la cocina mientras la profesora Penrose preparaba su postre. Durante ese tiempo, Lena intentó convencerlos de negarse a probarlo.

— Yo me encargaré y conseguiré que Anette nos perdone a todos. – dijo.

— Eso no estaría bien, Lena. – dijo Shin – Ya admitiste que también te hace daño. No podemos arriesgarnos a que te enfermes. – la chica lo observó un poco estupefacta.

Como eran dos idiotas sin remedio y Raiden no quería empalagarse antes de tiempo, habló antes de que se olvidaran de que estaba presente.

— Es cierto, sería un problema si nuestra coronel a cargo de la planeación estratégica se encuentra enferma al momento que la necesitemos lista para pelear.

— ¡Sería más problemático si fueran dos de nuestros mejores procesadores! – protestó Lena.

Raiden no pudo contener una sonrisa incómoda e indulgente. Era evidente que Shin era un recurso más valioso como procesador, rastreador y… bueno, también fuera del ámbito profesional, pero Lena también se había preocupado por él.

Al final, se decidió que solo uno probaría el dulce preparado por la profesora Penrose. Y aunque ninguno de los dos consideraba tener un estómago débil, para tranquilizar a Lena —quien, según suponía Raiden, en el fondo probablemente querría evitar que Shin comiera algo que le preparó otra chica—, se decidió que el capitán sería el eximido. Además, Raiden era el "juez oficial" en el improvisado concurso de cocina —aunque Lena no cambió su expresión trágica, los chicos pensaron que era un poco refrescante que la causa de dicha expresión no fuese una misión casi suicida o la estupidez de los cerdos blancos—.

Justo después de que tomaron esta "decisión estratégica", Shiden y su escuadrón aparecieron para interesarse por la salud de Lena. Aunque también parecía que estaban molestando a Theo para que les hiciese retratos.

— Pocas veces me he alegrado tanto de encontrar a Lena. – bufó el rubio cuando el escuadrón dejó de prestarle atención para dirigirse a su reina, aunque era una verdad a medias – Estas chicas son demasiado insistentes y no escuchan cuando uno les habla.

Raiden y Shin soltaron una risa baja, comprendiendo que, si Theo accedía a hacer el retrato de una sola persona, lo más seguro era que pronto tuviese una fila esperando para darle más y más trabajo. En realidad, desde la pelea que Shiden perdió contra su capitán, había algunas pequeñas "escaramuzas" en las que ella y su escuadrón molestaban a los compañeros de Shin. Como si no fuera suficiente ver a los dos líderes discutiendo por cualquier tontería cada vez que se encontraban.

— Por cierto ¿Qué están haciendo reunidos aquí?

Antes de que pudiesen darle una respuesta a Theo, la puerta de la cocina se abrió para revelar a la profesora Penrose, quien lucía una sonrisa aun más torcida.

— ¿Listos? – preguntó. Shin y Raiden asintieron. Lena volvió a poner una expresión angustiada.

— ¿Qué sucede? – Shiden seguida de su escuadrón y Theo también entraron a la cocina sin esperar invitación alguna.

— No es de tu incumbencia. – como ya era costumbre, Shin le respondió con un tono tosco.

— Shin… – Lena lo reprendió suavemente, causando que Shiden mostrara su sonrisa de cocodrilo – Estamos eh… en una especie de concurso de cocina. – explicó con una sonrisa forzada.

— Raiden va a decidir quién es peor cocinero entre Lena, la profesora Penrose o yo – completó Shin con un cierto matiz de molestia en su voz normalmente indiferente.

— ¿Eh? ¿Solo el teniente Shuga? – la profesora Penrose levantó una ceja.

— Lo siento, Anette, es por motivos de seguridad.

— Si algo sale mal, aun tendremos a los altos mandos a salvo. – Raiden se encogió de hombros.

— ¡Por favor! ¡Lena los has comido durante años y está… bueno… viva! – protestó la chica alba pese a haberse visto tan angustiada antes – Ustedes crecieron en un ambiente mucho más hostil, así que no habrá problema. ¡No hay necesidad de tanto drama!

La protesta de la comandante Penrose hizo que Theo mirara una vez más a sus amigos en busca de explicaciones, pero ellos simplemente se encogieron de hombros.

Lena no quiso escuchar nada y no dejó de mirar a Raiden como si lo estuviese sacrificando en el frente de batalla. Antes de dejarlo acercarse al pastelillo cremoso que había preparado su amiga, lo inspeccionó personalmente como si se tratase de una nueva arma en desarrollo.

— Bueno, no es tan malo. Al menos no parece una rana aplastada en la carretera. – suspiró antes de mirar a Raiden con seriedad – Aun es posible que no pase nada, pero por favor se cuidadoso, no te confíes y toma una porción pequeña.

— Sí, sí, relájate, Lena. – dijo Raiden restándole importancia.

Shin y los demás 86 miraban la escena un poco entretenidos, la profesora Penrose hacía pucheros.

No obstante…

Cuando Raiden tomó ese mínimo bocado que la mirada severa de Lena le permitió, no pudo evitar agradecérselo mentalmente. El sabor era tan atroz que por un momento creyó que su lengua estaba siendo derretida por algún tipo de ácido. Su primer impulso fue escupirlo, pero al encontrarse con la mirada preocupada de la princesa llorona que solía vivir al otro lado del muro por encima de las sorprendidas de los demás, no pudo evitar pensar en lo patético que sería perder contra ella, por lo que se obligó a masticar y tragar.

— ¿Raiden? – preguntó Theo.

— ¿Teniente Shuga? – la profesora Penrose empezaba a verse un poco culpable.

— La verdad es que sí es… – pero antes de que terminara de emitir su veredicto, su cuerpo rechazó por completo el "alimento" ingerido y lo obligó a vomitarlo.

Apenas tuvo tiempo de correr al bote de basura.

— ¡Raiden, resiste! – Lena fue a darle suaves palmadas en la espalda mientras expulsaba el veneno de su cuerpo. También había preparado un vaso de agua helada en algún momento.

— ¿T-tan malo es? – preguntó la profesora Penrose consternada – Aunque ahora entiendo a qué se refería Lena con lo de no querer ser grosera. – murmuró haciendo un puchero – Que vomiten tu comida en tu cara es bastante hiriente.

Shin y Shiden miraron a Raiden y Lena, luego cruzaron miradas entre sí.

— ¿Qué pasa, diosecito de la muerte? ¿No vas a probar tu valía? – le sonrió Shiden de manera presuntuosa.

— Lamentablemente la coronel Millize me prohibió tocar ese postre, pero si quieres arrojarte al vacío sin paracaídas con gusto te empujaré. – Shin respondió con tono condescendiente.

— ¡Ja! Si los subordinados son reflejo de sus líderes, estas en mala posición, diosecito de la muerte. En cambio, yo voy a mostrar la grandeza de su alteza. – respondió Shiden acercándose al plato con confianza.

— ¡Espe...!

La dos albas presentes intentaron detenerla, pero ella ya había tomado un bocado ligeramente más grande que el de Raiden... quince segundos después se encontraba junto a él vomitando en el basurero.

— ¿Seguro que no vas a hacer un intento, Shin? – preguntó Theo al notar como su amigo observaba a Lena darle palmadas en la espalda a Shiden también mientras le pedía a la profesora Penrose que le pasara otro vaso de agua.

A decir verdad, Shin se sentía un poco tentado a tomar la prueba. Pero tampoco quería verse tan patético frente a Lena y los otros, por lo que decidió devolver la pregunta.

— ¿Y tú?

— No estoy loco. – respondió Theo encogiéndose de hombros con una sonrisa nerviosa.

— Vamos, chicos, ¿seguros que no quieren intentar lucirse un poco? – dijo una de las subordinadas de Shiden al tiempo que levantaba la cabeza de manera altiva.

— Sí, sí, están haciendo quedar muy mal al primer escuadrón de su majestad. – se burló otra mientras se acercaba con decisión al pastelito.

Antes de que alguien pudiese detenerlas, las miembros restantes del escuadrón de Shiden terminaron organizando un concurso para ver quien tardaba más en vomitar ese postre infernal y Shin fue designado como árbitro.

Y aunque en el transcurso se unieron más 86 que pasaban por la cocina en ese momento, ninguno logró alcanzar la marca de Shiden. Mucho menos vencieron a Raiden, ya que fue el único capaz de tragar y pronunciar algunas palabras luego de ello.

Cuando se acabó el postre y los 86 que aún no habían concursado pidieron que la profesora Penrose hiciese otro, Shin miró el rostro preocupado de Lena, que iba de un lado a otro pasando vasos de agua helada y dando palmaditas en la espalda, por lo que decidió que no iban a perder más tropas, así que dio por terminado el concurso.

Hubo muchas protestas, pero Shin las acalló con una mirada antes de tomar con calma un sorbo del sustituto de café que Theo le preparó durante el concurso.

— Pero… hay que ver… que nuestra reina es… definitivamente digna de serlo. – dijo Shiden esforzándose por hablar con su tono confianzudo de siempre.

Los 86 que no habían visto el inicio del concurso la miraron confundidos.

— Cierto… Lena lleva años comiendo esto sin vomitarlo de inmediato… – asintió Raiden mirando a Lena un poco sorprendido, aunque sin poder reprimir por completo una sonrisa de orgullo digna de un hermano mayor.

— No solo eso, también logró ocultarme la magnitud del daño que hacía todo este tiempo. – agregó la profesora Penrose a modo de queja.

— No es gran cosa. – dijo Lena al recibir tantas miradas asombradas – Solo pensé que era muy grosero devolver la comida frente a Anette y me acostumbré a aguantar hasta estar sola en casa.

Todos los 86 la miraron incluso más estupefactos, especialmente los que habían probado el postre. Un nuevo respeto hacia Lena nació en sus corazones.

— ¡Su alteza! ¡Permítame renovar mis votos como su fiel soldado! – dijo una de las chicas con estridencia al tiempo que se arrodillaba frente a Lena de manera exagerada.

— N-no es necesario. – empezó a protestar, pero los 86, que habían pasado tanto tiempo en el campo de batalla con pocas cosas para entretenerse, decidieron que sería divertido tener una ceremonia de nombramiento de caballeros.

— Oigan, ¿alguien sabe cómo hacer un juramento de caballero?

— ¿No es la reina la que debe hacer los nombramientos?

— ¡Necesitamos una espada! ¡O algo parecido a una espada!

— ¡E-esperen!

Mientras Shiden se encargaba de convencer a Lena para que los nombrase "formalmente" como sus caballeros, ella miró hacia Anette, Shin, Raiden y Theo pidiendo ayuda. Anette aún estaba un poco resentida, así que decidió ignorarla al aceptar la taza de sustituto de café que le ofrecían, Shin consideraba que ya le había quitado una diversión a los chicos como para quitarles otra que era por mucho, más inofensiva -además, la expresión atribulada de Lena le parecía graciosa- y Raiden y Theo simplemente preferían no entrometerse.

— Por cierto, profesora Penrose, ¿puedo hacer una pregunta? – dijo Raiden de repente.

— No estoy dispuesta a discutir mis métodos de cocina. – respondió Anette haciendo un puchero.

— No se trata de eso. – dijo Raiden – Es solo que acabo de recordar que parecía estar en algún tipo de malentendido cuando le hablé de lo que Shin y Lena habían estado haciendo. – Shin y Theo le dirigieron una mirada inquisitiva – Estaba hablando de que Lena no está sola y que aun la tiene a ella para defenderla si Shin cometía alguna estupidez… o algo así – respondió a esa mirada. A decir verdad, en ese punto Raiden solo recordaba con claridad que había sido un reclamo de guardián a guardián y esa era la razón por la que sentía la suficiente intriga para preguntar.

Los extrañados chicos miraron a la profesora Penrose esperando a que respondiera. Ella se sonrojó primero, luego mostró una sonrisa maliciosa y finalmente habló con fingida despreocupación.

— Ah… eso... – la profesora Penrose tomó un sorbo de sustituto de café observándolos por encima de la taza – Como me alarmó el asunto de las náuseas mañaneras y otros síntomas que coincidían, por un momento consideré la posibilidad de que Lena estuviese embarazada.

Lo dijo justo cuando los chicos estaban tomando un sorbo de su bebida, por lo que causó se atragantaran. Fue una suerte para ellos que la tos que siguió no fuese lo suficientemente violenta para llamar la atención de Lena, quien ya estaba nombrando a sus caballeros de mala gana.

De inmediato Raiden y Theo miraron a su camarada con los ojos abiertos de par en par, recordando la noche que Lena se había emborrachado, Shin la había llevado a su habitación para calmarla y luego los llamó para pedirle que se la quitaran de encima. ¿Qué habían hecho ellos? ¡Cerrar la puerta sin hacer el menor esfuerzo por ayudarlo!

Por supuesto, la profesora Penrose no tenía forma de saber sobre ese incidente —la propia Lena no lo recordaba— pero si de algún modo…

No obstante, la mirada lúgubre y sangrienta que Shin les dirigió los devolvió a sus sentidos. A diferencia de ellos, Shiden había ido de inmediato a rescatar a su reina. Siendo ella, no había forma de que dejara a Shin aprovecharse de Lena… o viceversa. ¿Verdad?

— ¿Y… porqué… eso… – Shin habló con dificultad tratando de calmar la tos, aunque Raiden aun detectó un dejo de frialdad en su voz – sería mi… responsabilidad?

La profesora Penrose soltó un suspiro. Raiden y Theo volvieron a tomar un sorbo de sus respectivas tazas, aunque el rubio ya temblaba al tratar de contener la risa.

— Por favor, capitán Nouzen, eres lo suficientemente cercano a Lena para tener el tiempo de convencerla. Además, la mayoría de soldados de la base están aterrorizados de lo que puedas hacerles si se atreven a ponerle una mala mirada encima. No creo que alguno tenga ganas de morir por tu mano, así que eso reduce bastante las opciones.

Bueno, ese también era un planteamiento válido…

— Ya que estamos, aprovecharé la oportunidad para decirte algo, capitán Nouzen. – la profesora Penrose se puso seria de repente, por lo que Shin se obligó a lucir su serenidad habitual – Lena es mi actual mejor amiga. Y si bien, ella perdió a las personas que velaban por ella en la gran ofensiva, yo aún estoy aquí. Y aunque sé que no puedo protegerla de muchas cosas y en muchos aspectos es mejor que personas como tú se encarguen, no quiere decir que me quedaré de brazos cruzados cuando pueda hacer algo. No lo haré de nuevo. – murmuró con amargura – Por supuesto, tampoco pienso actuar como una madre sobreprotectora. Si mi diagnostico hubiese estado en lo correcto, pero el involucrado estuviese dispuesto a hacerse responsable, me limitaría a darle mi bendición. – finalizó con un tono más ligero.

— ¿Por qué yo soy el responsable en el peor de los casos, pero en el mejor, habla de manera general? – replicó Shin sin poder ocultar del todo su molestia.

— Ara, ¿quería que siguiera considerándolo responsable? – preguntó Anette con una sonrisa astuta.

Shin se quedó sin palabras, y aunque logró disimularlo con su expresión habitual, la sonrisa no se borró del rostro de la chica alba.

— Lena… embarazada... – repitió Theo sin poder contener ya la risa, el "de Shin" quedó flotando en el aire sin necesidad de decirlo – Es una imagen interesante. – comentó el rubio viendo con malicia a Shin – Podría intentar dibujar eso.

Antes de que alguien pudiese reaccionar, Shin tomó la pequeña cantidad de crema del postre de la profesora Penrose que quedaba en el plato y obligó a Theo a tragarla con la mayor brusquedad.

— Si ya sabes como es este tipo ¿para qué lo provocas? – suspiró Raiden mientras iba por un vaso de agua. Theo se encontraba vomitando la cena mientras Anette no podía disimular su sorpresa por la reacción tan violenta de Shin.

El terror que inspiraba la Parca estaba más que justificado.


Shin entró a su habitación y se dejó caer en la cama como un bulto muerto. Aunque se las había arreglado antes, lo cierto es que su mente aun seguía alterada por el escenario planteado por la profesora Penrose. Sobre todo, le estaba costando mucho trabajo no pensar en todo lo que implicaba que Lena estuviese embarazada y en el incidente de su borrachera.

Si la profesora Penrose hubiese propuesto semejante hipótesis de manera general, quizá su agitación habría sido menor, ya que él habría sido el primero en buscar al responsable para ponerlo a disposición de la legión de la manera más dolorosa posible. Pero no, tenía que plantear un escenario donde él era el responsable.

Él, con Lena.

Y para colmo había pasado eso… por segunda vez Shin estaba agradecido por la intervención de Shiden.

Aunque a decir verdad, Shin también estaba un poco indignado porque lo vieran como alguien tan poco digno de confianza —por mucho que tratara de suprimir ese sentimiento al pensar que la profesora Penrose, a pesar de decir que había sido su amiga en la infancia, aún era un alba criada en la república. No ayudaba que sus camaradas también hubiesen dudado de él—, ya que sería incapaz de engatusar a Lena con motivos tan irrespetuosos.

Es decir, si se acercara de esa manera a ella, sería con intenciones serias.

No, eso no estaba bien. Definitivamente no había forma de que se acercara a ella de esa manera. No sin alguna circunstancia fortuita de por medio.

Pero…

Su línea de pensamiento se detuvo al escuchar que llamaban a su puerta. Aliviado por la distracción —ya que sus pensamientos estaban tomando un camino confuso y seguramente peligroso— abrió la puerta sin pensar… para encontrar a la mismísima Vladlena Millize frente a él.

— Shin ¿Estas bien? – preguntó con su voz de campana plateada.

No, no estoy bien. Estoy pensando y recordando cosas que no debo.

— Sí. – de algún modo se las arregló para disimular su estado agitado, o al menos eso esperaba, mientras mantenía su mirada fija en un solo mechón de cabello de Lena por miedo a que ella intuyera de algún modo el curso de sus pensamientos.

— Vi que Theo también probó el pastel de Anette a pesar de haberse negado antes, como tampoco te vi después, pensé que quizá también te habían convencido… – respondió Lena mientras lo observaba en busca de algún signo que delatara algún malestar.

Shin no pudo evitar desviar por completo su mirada, en parte porque no le agradaba preocuparla, especialmente cuando ni siquiera había un motivo real, y en parte porque quería olvidar la conversación que llevó a que Theo probara los restos del pastelito.

— No. – se limitó a responder.

— Entonces está bien… – Lena no estaba convencida, quizá por el hecho de que Shin evitaba mirarla. Tras un silencio reflexivo que a Shin le habría gustado romper, pareció llegar a una conclusión – ¡N-no me digas que..! ¡A-Anette te dijo!

Al animarse a mirarla de reojo —porque las expresiones de Lena siempre eran algo que valía la pena ver— Shin descubrió que ella tenía los ojos abiertos de par en par y su rostro estaba tan rojo que habría podido iluminar una habitación pequeña.

Decidió que lo mejor era no responder para evitar alterarla más —o decir algo inapropiado—. No obstante, fue suficiente para que Lena comprendiera y se llevara las manos al rostro para cubrirlo, antes de hacer una profunda reverencia.

— ¡P-por favor ignora todo lo que Anette dijo! ¡Ella lo malinterpretó todo y llegó a una conclusión demasiado extraña!

— Lo se, no te preocupes. – respondió, esperando que su voz no delatase su propio estado de agitación.

Aunque por una parte se preguntaba si la profesora Penrose le había dicho que sospechaba de él… mejor no pensar en eso, solo lo llevaría a sentirse más avergonzado y lo último que quería era que Lena lo notara.

Quizá si hubiera estado más calmado, Shin hubiera podido hacer una broma para despejar el tenso silencio que siguió. Pero le resultaba difícil mirar y conversar con Lena al tiempo que intentaba alejar las imágenes tanto reales como hipotéticas que su cerebro quería conjurar respecto al tema que abordaban.

— Todo está bien, no te preocupes. – repitió al tiempo que levantaba una mano para acariciarle suavemente la cabeza, una peligrosa hazaña que solo logró al intentar mirarla como miraría a Kurena o Frederica – Más importante, será mejor que vayas a dormir. Especialmente ahora que tu cuerpo descansará del veneno que la profesora Penrose y yo te hemos estado dando.

— No es como que fuera veneno. – Lena hizo un puchero y Shin no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa – Además, si tú quisieras, podrías mejorar más rápido que Anette.

— Entonces me pondré como meta cocinar apropiadamente cuando tú cocines algo que pueda ser calificado como "delicioso".

— ¡Shin!

Finalmente pudo bromear de manera natural con ella. Y pese a su protesta, tras un momento, Lena rio junto a él.

— Bueno, me voy tranquila sabiendo que tu salud no está comprometida. – finalmente Lena le sonrió – Buenas noches, Shin.

— Buenas noches, Lena. – respondió él correspondiéndole.

— ¡Y por favor olvida lo que dijo Anette!

Quizá Shin habría podido irse a dormir si Lena no hubiera vuelto a mencionar eso justo cuando se iba. No obstante, al menos ahora tenía la privacidad necesaria para estrellar su cabeza contra la almohada y retomar la lucha contra sus propios pensamientos.

Y aunque podía sepultar el recuerdo de aquella ocasión, purgar de su cabeza todo lo relacionado a la creación de un bebé —con un considerable esfuerzo—, por alguna razón, la imagen de Lena sonriendo plácidamente mientras cargaba un infante de cabello plateado en brazos se resistía a desaparecer de su mente. Era demasiado pura y adorable.

Era una suerte que, después de la violencia desplegada contra él, lo más seguro era que Theo se negaría a hacer ese dibujo para él si se lo pedía ahora.

Notes:

Bueno, supongo que primero los links de las side stories:

— Shin abrazando a Lena (está en inglés): https://hellping.org/86-2/86-side-stories/86-side-stories-help/

— La borrachera de Lena (está en chino, la leí con google traductor): https://w.linovelib.com/novel/2342/123578.html

La verdad es que escribí esto en mis primeras semanas de obsesión con 86 (supongo habría terminado de leer el tomo 4 y la primera side storie) por lo que aun no estaba segura de como se relacionaban algunos personajes entre sí, así que seguro estan OC :'v y la segunda side storie la leí hace poco, así que la integré en la edición que hice el lunes que vi el tweet del día de 86, así que lo siento si no se siente natural :'v

Aun así, si le saqué una sonrisa o sorprendí a alguien como a Lena y los muchachos con el diagnostico de Annette, me daré por satisfecha XD