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Sorpresa de tres

Summary:

Akaashi Keiji no ha pasado un cumpleaños solo desde hace años. ¿El secreto? Tiene dos novios que darían lo que fuera por hacerle sentir como un rey.

Día 7 — discusiones.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Akaashi Keiji apenas iba despegando los párpados luego de una agitada noche, y desde la cocina ya podía escuchar las peleas en susurros entre dos jóvenes hombres de voz profunda.

Ni siquiera eran las ocho de la mañana, y ya estaban otra vez en esas andanzas.

—Le llevaré el desayuno a Keiji —dijo el más animado de todos ellos—. ¡Tú puedes venir por atrás!

—Por atrás la tuviste tú anoche —chasqueó la lengua la segunda persona—. Y ni hablar. Yo hice ese desayuno. Lo lógico sería que lo lleve yo.

Akaashi se acomodó la amplia camiseta que se calzó para no aparecer desnudo. Ni siquiera recordaba de a cuál de los dos pertenecía. En aquella casa los aromas y objetos estaban tan entremezclados entre sí, que la línea era muy difusa.

—¡No es justo…! —La primera persona dio un pisotón como si hiciera un berrinche—. ¡Habíamos quedado en que lo haríamos entre los dos, Samu!

Samu, o más bien Osamu Miya, no parecía muy convencido. No le creía al otro en absoluto.

—Kou, por tu culpa se me arruinaron los huevos revueltos. No quedaron a punto cremoso —Osamu gruñó—. ¿Qué hago yo si vas y tiras la bandeja del desayuno tropezándote por ir apresurado?

Kou, quien se llamaba en realidad Bokuto Koutarou, continuó lloriqueando por la prohibición de llevar el desayuno hasta la cama a Akaashi.

Quien, por cierto, continuó escondido hasta que su estómago le traicionó y gruñó como bestia de película de terror. ¿Cómo podría haberlo evitado si el olor de los huevos revueltos, el tocino, el arroz cocido, la mantequilla derretida y el café molido inundaban la casa como un invasivo perfume?

Tanto Osamu como Bokuto se giraron a mirarle, y Akaashi nunca se había sonrojado tan rápido.

No importaba que llevaran años juntos, o viviendo una infinidad de experiencias compartidas que nadie podría quitarles. Akaashi Keiji se sonrojaba como si no estuviera frente a sus dos novios desde hacía ya cuatro años.

Cuatro años, dio un respingo al pensarlo. El tiempo sí que pasa rápido.

Y claro que lo hacía. Sin darse cuenta, habían festejado juntos el Año Nuevo en una playa en Tailandia —luego de una tediosa pandemia que tenía sus altos y bajos—, pero tras unos cuantos parpadeos ya era otra vez diciembre del año 2021, y Akaashi cumplía sus veintiséis años de vida.

En cuanto a sus novios, Osamu los adquirió allá por octubre, mientras que Bokuto transitaba ya sus veintisiete.

Sonrió al pensar que continuaban juntos pese a las dificultades y el duro proceso que era la década de los veinte a los treinta años. Muchos cambios, desafíos y estilos de vida que eran probados; y, sin importar lo que ocurriera, los tres continuaban tan juntos como ese día que Osamu se atrevió a declarársele a ambos.

Muchos miedos, obstáculos y discusiones después…

Los tres continuaban de pie, dándose la mano a pesar de las adversidades. Acompañándose en los diferentes momentos de su vida —la apertura de las distintas sedes de Onigiri Miya, la publicación de la primera novela corta de Akaashi, el pase olímpico de Bokuto por primera vez en aquel mismo año…

No era fácil, como decía. A veces, discutían. Muchas otras veces, llegaban a pelearse. Osamu podía ser tan terco que cuando eso ocurría, se fugaba al apartamento de Atsumu, su gemelo, hasta que se calmaran las aguas. Bokuto se adueñaba de la habitación de invitados, y Akaashi quedaba solo en la inmensa cama.

Pero las cosas bonitas eran mucho más abundantes y le hacían olvidarse de cualquier discusión que pudiera haber entre los tres. Como, por ejemplo, el hecho de que sus dos novios claramente habían organizado un delicioso desayuno sorpresa para que Akaashi lo disfrutara en la cama durante el día de su cumpleaños.

Sorpresa que acababa de arruinar por completo.

Pudo ver las muecas de decepción en los ojos de Osamu y Koutarou.

—¡Keiji! —Bokuto rezongó—. ¡Se suponía que era una sorpresa…! ¡Regresa a la cama y finge estar dormido para el video mientras te cantamos el feliz cumpleaños y entramos con la bandeja!

—Con suerte, en unos años tendremos tan mala memoria los tres que seguramente pensemos que nuestra sorpresa no se arruinó en absoluto —coincidió Osamu, asintiendo y tapándose la mitad del rostro con su eterna gorra—. Todavía sirve, Kou… arrástralo hasta la cama.

Akaashi se llevó las manos a la cintura. Bokuto y Osamu tenían ambos las manos depositadas sobre una bandeja cargada de una gran variedad de productos para el desayuno: los mismos que había olfateado, pero también había pan casero, productos dulces de panadería, una jarra con limonada y chocolatines como los de los hoteles. Además, un tulipán amarillo sobresalía de una diminuta maceta que depositaron sobre otro jarrón y que utilizaban como decoración.

El corazón se le ablandó. ¿De verdad habían hecho todo eso para complacerlo en el día de su cumpleaños?

Como si la noche anterior, Osamu y Bokuto no hubieran utilizado el salón de Onigiri Miya para llenarlo de gente que apreciaba a Akaashi para recibir sus veintiséis años. Como si, además, no hubieran pasado la madrugada los tres juntos como más les gustaba hacer.

¿Cómo se podía amar tanto a dos personas?

Su familia no se lo tomó muy en serio la primera vez que se los contó; de hecho, sus tíos se burlaban pasivo-agresivamente cada tanto en las cenas de fin de año. Las hermanas de Bokuto también tardaron un poco en entenderlo.

Al final, solamente los Miya —y en especial Atsumu, junto con su novio, Kiyoomi— fueron los únicos que tomaron el asunto con la misma seriedad que lo hicieron ellos tres.

Aunque no le preocupaba mucho lo que unos idiotas con mentalidad de hacía tres siglos podrían pensar, le preocupaba un poco lo que la discriminación casi continua afectaba en el estado de ánimo de Bokuto.

Entre él y Osamu intentaban hacerle entender que las opiniones del resto no eran relevantes, pero también era consciente de que no podía ser fácil para una figura pública lidiar con el acoso de la gente que conformaba su círculo laboral.

—¿Qué tal si desayunamos afuera los tres? —propuso Akaashi mientras Osamu y Koutarou seguían discutiendo sobre si debían noquearlo hasta la cama, o tal vez arrastrarlo—. Creo que no hace tanto frío pese a ser diciembre… deberíamos aprovecharlo, ¿no?

Los ojos grises de Osamu zumbaron hacia los dorados de Koutarou, y viceversa. Los dos intercambiaron una mirada de soslayo que, en parte, asustaba a Akaashi. Quizá sus novios sí lo arrastrarían de regreso a la cama con tal de llevar a cabo su sorpresa.

No era sencillo compartir la misma neurona entre los tres, pero mucho menos lo era ser quien cuidaba de dicha neurona la mayor parte del tiempo.

Al final, tanto Osamu como Koutarou sonrieron. El primero permitió que Bokuto tomara la bandeja mientras se apresuraban a su encuentro, y le rodeaba la cintura con ambos brazos para poder besarle en la punta de la nariz.

—Te amamos —dijo Osamu contra su oído—. Feliz cumpleaños, Keiji.

—¡Ven aquí, mi pastelito de arroz cocinado por Samu! —pidió Bokuto mientras obligaba al mencionado a que sujetara la bandeja—. Que este sea mi otro novio no quitará el hecho de que lucharé por tu atención el día de hoy.

Osamu rio. Ninguno de los tres era excesivamente celoso, así que poco les importaban las bromas sobre dar más amor a uno que otro durante las fechas importantes o momentos de vulnerabilidad emocional.

Bokuto le sujetó por los muslos para elevarlo en el aire y hacerlo girar. Besó ruidosamente su mejilla mientras Akaashi reía; Osamu se les sumó casi al instante depositando otro beso sobre su sien.

Le desconcertaba ser el centro de atención algunas veces. Incluso después de todos esos años juntos; con discusiones incluidas y todo lo demás.

—El cumpleañero es el jefe hoy, así que su palabra es ley —agregó Osamu después de los despliegues de afecto—. Así que va a hacerse todo lo que tú digas.

—Si Keiji habla, yo escucho. Si Keiji tiene muchos fans, yo soy uno de ellos. Si Keiji tiene dos fans, esos somos Samu y yo —Bokuto recitó solemnemente tras llevar el puño hasta el pecho—. Si Keiji no tiene ningún fan, significa que Samu y yo hemos muerto…

—No digas esas tonterías —bufó Samu—, mientras Keiji siga vivo. Tú y yo no tenemos permitido morirnos. Ya después es otro tema…

Akaashi rodó los ojos. En realidad, quería ocultar el hecho de que las bromas sobre muerte siempre le ponían los nervios de punta. Pero no quería enfrascarse en eso; no planeaba invocarlas o manifestarlas, como declaraba uno de sus mejores amigos y también astrólogo, Tendou Satori.

Quien, por cierto, desde ayer estaba acosándole a mensajes para que almorzaran juntos. Incluso se ofrecía a pelear con espada contra sus dos novios con tal de que le regalara un ratito de su tiempo.

Cuando sus novios dejaron de discutir por nimiedades, Akaashi les permitió que lo condujeran hasta el futón que compraron para la galería que daba al jardín. La mañana estaba fresca, pero también muy bonita. Dejó que Bokuto lo envolviera en una manta —y descubrió, también, que se había puesto la vieja camiseta del mismo— y sus brazos por encima, mientras Osamu acomodaba todo el desayuno sobre la mesita diminuta delante del mueble en que descansaban.

Los tres se recostaron, comieron, rieron, e incluso se contradijeron hasta el hartazgo en algunas cosas. Salir con un Miya significaba acostumbrarse a ser molestado solo porque este deseaba ver tu rostro enojado; pero salir con un Bokuto también igualaba a resignarse a que vivirías algunas escenas dramáticas durante el día.

Entre el desayuno delicioso, los mimos y caricias, Keiji se sintió tan adormilado que se recostó sobre el pecho de Osamu. Palmeó su costado para que Koutarou se le sumara, y Osamu se dedicó acariciarles el cabello a los dos mientras tarareaba alguna canción más vieja que los tres juntos. A su novio le gustaba lo retro.

En medio de su cumpleaños número veintiséis y un día demasiado bonito para ser casi el invierno japonés, Akaashi Keiji se dio cuenta que su vida estaba exactamente como quería que lo estuviera.

Con discusiones, desarreglos y desperfectos, él sabía que las cosas buenas y la felicidad superaban ampliamente a las minucias negativas de su relación de tres personas.

Notes:

Me atrasé por problemas familiares, pero espero poder subir el día 8 en la noche y estar otra vez al día uwu gracias por leer <3

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