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childhood friends to ¿?

Summary:

«Había veces en las que sus pensamientos viajaban de forma instintiva hacia su amigo, ya fuera en medio de algún entrenamiento o estando tirado en su cama comiendo techo. Tooru pensaba mucho, demasiado, analizaba las cosas no sólo por costumbre, al contrario que Hajime, quien seguramente estaría esforzándose por dar lo mejor de sí mismo en su primer semestre.
Razón de sobra para robarle un poco de tiempo»

Notes:

Un iwaoi así basiquito solo porque apetecía escribir a estos dos no entendiéndose 😬

Chapter 1: Julio 1/3

Chapter Text

 

7月

 

Era oficial; se iba de Japón. 

Se sentía muy extraño en realidad. Porque: ¿qué iba a hacer él allí? Tan lejos, apartado de su familia, sus amigos y compañeros, de todo lo que conocía… No tenía la menor idea, sólo sabía que tenía que hacerlo. Tenía una oportunidad y debía aferrarse a ella, podía ser la primera y la última. 

Decírselo a los demás había sido toda una experiencia que coincidía en un mismo patrón. Exclamaciones de sorpresa, felicitaciones, preguntas. Pero contárselo a Iwaizumi había sido diferente. Su amigo le había dado tales manotazos en la espalda cargados de júbilo que le hizo doblarse entero por la mitad entre quejidos. 

—¡Iwa-chan! ¡Me muero! —exclamó, llevándose una mano al costado al reincorporarse. 

Cruzó miradas con su amigo y su expresión se le contagió en seguida. Se podía ver a leguas que estaba más que contento por él, y si Hajime estaba feliz, Tooru también lo estaba. Era natural alegrarse por los éxitos del otro. 

—Así que el idiota va a terminar siendo famoso… —a pesar de que lo dijera por lo bajo, siendo apenas un murmullo, el atisbo de sonrisa seguía negándose a desaparecer de los labios del moreno. 

—Eeeexacto. Y por eso hay que celebrarlo, ¿no te parece? —Tooru, ya recompuesto, le dio varios golpecitos con el codo—. No te puedes negar, he hablado con los demás y ya está decidido. Si faltas me voy a poner triste Iwa-chaaan.

Hajime lo miro de reojo con sus afilados ojos grisáceos y un gesto de fastidio en su expresión. Bien sabía que no se fiaba ni un pelo de él y que tampoco podía reprochárselo. Al final, como única confirmación, murmuró:  

─Maldito seas mierdikawa, ish. 

Tooru ya tenía una media sonrisa perfilando sus labios única respuesta. 

 

…

 

Se pasaron tres pueblos. 

No había ni uno solo que no hubiera terminado contento, pero lo de Tooru era caso aparte. Quizás era porque no estaban acostumbrados a beber. Siempre habían tenido muy en cuenta su dieta y ni siquiera al cumplir la mayoría de edad habían tomado por costumbre salir a beber como hacía la mayoría de gente de su misma edad. Pero un día era un día, había que celebrar que pronto todos entrarían en la universidad y que sus caminos iban a ampliarse por todo un abanico de oportunidades muy diferentes. El comienzo de un nuevo periodo para todos. La idea, en el fondo del estómago, le causaba un miedo irracional a Tooru que esa noche había intentado esconder para que no saliera nunca más. Estaba mejor oculto bajo densas capas formadas por su actitud confidente y calculadora (en realidad en ese momento solo tenía alcohol en el cuerpo).

Según decía, todavía pensaba con claridad, una claridad cuestionable para el resto. Pero era verdad; podía escuchar y comprender con total certeza los gruñidos que Hajime llevaba soltando desde hacía rato. Escuchó una silla arrastrándose y de seguida todo le dio vueltas. «Ehhh, un momento» , pensó. Ni siquiera se había movido del sitio.

─Vamos. A casa, anda ─Era la voz de Hajime, esta vez dirigiéndose directamente a él. Había arrastrado la silla de Oikawa y agarraba su brazo, dispuesto a tirar de él si no se levantaba.  

Se acabó la fiesta. 

No sabía qué hora sería, pero muy tarde, eso seguro, porque toda la gente que quedaba en el bar parecía estar en la misma situación que él. El propio Hajime estaba haciendo un gran esfuerzo por mantenerse recto y sereno. A la mínima debilidad Tooru estaba más que preparado para empezar a reírse de él. Se despidieron de los demás y salieron de allí cuando logró ponerse en pie. Solo le costó un par de tambaleos llegar hasta la salida, lo que demostraba que no estaba tan mal, podía ser peor, y así se lo hizo saber a su amigo en su propia defensa. No se sentía indispuesto ni nada por el estilo, tan solo el mundo le daba vueltas y tenía muchas ganas de hablar. 

─Iwa-chan, ¿me vas a acompañar a casa? ─Hubo un silencio que duró un par de segundos y finalmente un gruñido, más que suficiente─. ¡BIEN! ¿Por qué no te quedas en mi casa? 

Hajime lo miró de reojo y luego negó con la cabeza. En sus ojos advirtió un leve síntoma de mareo por el brusco movimiento, pero Tooru no se carcajeó aún. 

─No debería, mañana tengo cosas que hacer. Además, dormiré más cómodo en mi cama.

Tooru le dedicó una expresión de fastidio y le sacó la lengua, haciendo un sonido acorde al gesto. Sabía que eso le iba a molestar bastante. El moreno lo estaba sosteniendo por la cintura para evitar que fuera dando bandazos de un lado a otro y, en consecuencia, la distancia entre ambos era inexistente. Eso le permitió acercarse a su oído para ser incluso más fastidioso con sus burlas. Vio como el chico apartaba un poco la cabeza y chasqueaba la lengua otra vez. Lo hacía a menudo. Luego escuchó un suspiro, mientras unos dedos se apretaban en su cintura, señal de que se estaba ganando una buena. 

Tooru se echó a reír a carcajadas. 

─¡Shhhh! ¡No hagas tanto ruido! Verás que nos echan la bronca…

Hajime parecía molesto de verdad. Podía ver su labio superior sobresaliendo y, al segundo, cómo se mordía el labio inferior. Parecía estar conteniendo el suspiro más intenso de su vida.

─Iwa-chan te pones tan adorable cuando te enfadas. ¡Además! Mira, tienes las mejillas coloradas, eso debe ser porque has bebido mucho también. Vaya, vayaaa...

Tooru se siguió acercando al rostro de su amigo para mirar el perfil que tenía sólo para él. Le gustaba verlo así, de cerca. Pocas veces tenía la oportunidad de hacerlo porque, en seguida, Hajime solía apartarse de él o terminaba dándole algún golpe. No entendía cómo podía ponerse tan nervioso después de la cantidad de años que llevaban siendo amigos. Para Tooru era natural acercarse a él, tanto como las ganas de chincharle día sí y día también, aunque no le gustase tanto recibir una tunda por ello. 

─Más vale que cierres el pico si no quieres bajar rodando la cuesta, mierdikawa del demonio.

Su expresión parecía estar suplicando paciencia interna. Sus ojos no terminaban de estar en un lugar fijo y alguna gota de sudor le caía por la sien debido al esfuerzo. 

Así pasaron el resto del camino: Tooru acercándose a él, bromeando en su oído con cosas que hacían a Hajime gruñir y quejarse, ambos tambaleándose en más de una ocasión. Fueron cerca de quince minutos que se hicieron largos para uno y cortos para el otro. 

La casa de Tooru hacía esquina al final de la calle. Hajime siempre le decía que le parecía grande, pero para él era bastante normal. Aunque tenía jardín, cosa de lo que estaba agradecido porque de pequeño había pasado muchas horas practicando ahí cuando no podía hacerlo en otro lugar. El silencio que reinaba en la calle era más pesado que de costumbre y la iluminación tan escasa que apenas alcanzaba a la puerta de entrada de su casa. Todos debían estar durmiendo. 

─Shhhh.

─Shhh… Shhhh… 

Entraron a trompicones, entre susurros y alguna que otra queja. Lo peor llegó a continuación, cuando Tooru se apresuró al interior y no recordó la existencia de unos maceteros y bolsas que habían dejado almacenados junto a la puerta principal para tirarlos más adelante. Tropezó, como era de esperar, y no tuvo los reflejos suficientes para agarrarse a ningún lugar donde no estuviera agarrado ya. Efectivamente; a Hajime. Tiró de su camiseta y lo llevó con él, yendo directos al césped. Le cruzó el absurdo pensamiento de estar agradecido a su yo de hace unos días que había pasado horas arreglando el jardín -por obligación-, aunque eso no amortiguó la caída. El suelo siguió siendo igual de firme y el impacto doloroso como se esperaba. Estaban acostumbrados, sabían de sobra lo que venía. 

─Es que lo sabía. Lo sabía. Que iba a pasar, lo sabía, ufff ─escuchó refunfuñar a Hajime muy cerca de él.

Estaba tirado en el césped a su lado y se había cubierto la mitad del rostro con el brazo. Tooru estaba segurísimo de que todo le estaba dando tantas vueltas como a él en ese instante y veía cómo su pecho subía y bajaba con cierta agitación. 

Se tuvo que echar a reír porque en su opinión la situación lo requería. Se ganó una buena patada por ello, pero ni siquiera se quejó. Se estuvo riendo entre dientes hasta que su pecho se desinfló y entonces le vinieron un montón de pensamientos a la cabeza, todos de golpe. Al mundo dándole vueltas se le habían añadido imágenes que no habían existido, no habían estado ahí segundos antes y de pronto estaban. No eran reales, jamás lo habían sido, pero súbitamente quería que lo fueran. Era un ahora o nunca. No preguntó y debería haberlo hecho. Fue un impulso que lo llevó a tirar de nuevo de la camiseta de su amigo, esta vez a conciencia. Le hizo girar y él giró también para quedar de costado y poder alzarse lo suficiente para alcanzar los labios de Hajime. 

No acertó bien a la primera porque todo era un popurrí de imágenes y sensaciones en el interior de su cabeza, y había cerrado los ojos por instinto. Esperaba el rechazo; lo hacía, con total certeza, iba a llegar en cuestión de segundos en forma de patada, empujón o un fuerte cabezazo si era muy desgraciado. Esperó y esperó, sin detenerse. Sus labios abriéndose paso entre los ajenos y éstos lo recibieron al instante. Se estaban besando. Cuando quiso pensarlo, era real, no se estaba deteniendo porque Hajime había correspondido al beso desde el inicio. Nuevas sensaciones se agolparon en su pecho y todas las imágenes se hicieron reales. En cuestión de segundos todo lo que sentía era el cuerpo de su amigo presionado contra el suyo, debajo de él, y las vibraciones que explotaron en su pecho se fueron esparciendo por todo su cuerpo. Había pasado a colocarse encima sin ser del todo consciente, por pura necesidad de mover sus caderas con total libertad. Qué estaba haciendo. Mejor dicho, qué estaban haciendo. 

En ninguna de las posibles alternativas de esa noche existía esa realidad que estaba viviendo en la que se besaba con su mejor amigo de la infancia. Tenía que recordárselo, como si así fuera a sentir el impulso de apartarse, pero no le venía por ninguna parte. No existía en él ningún tipo de rechazo a lo que estaba haciendo, ninguna incomodidad o extrañeza a aquel cuerpo que se apretaba contra el suyo, y que tantas otras veces había visto sin ropa, pero que en ese momento estaba sintiendo con todo su ser. Era algo totalmente diferente, y un cosquilleo que había nacido de alguna parte se concentró por debajo de su abdomen ante la forma en la que Hajime apretaba las manos en su cintura. No, un poco más abajo, y un poco más, hasta que sus dedos se hundieron en sus nalgas, por encima del pantalón, y Tooru nunca antes había odiado tanto una prenda de ropa como en ese instante.

Los rodeaba una quietud notable en el ambiente, pero ninguno de los dos la escuchaba porque al cabo de varios minutos lo único que llegaba a sus oídos eran los jadeos ajenos y respiraciones entrecortadas. 

Como tantas otras veces habían iniciado un juego en el que tenían que compenetrarse, y a la vez existía entre ellos una competitividad pactada sin palabras, aunque esa vez fuera de un modo muy diferente. Perseverantes por llevar la iniciativa de los besos, como si tuvieran que demostrar quién se aferraba más al cuerpo ajeno, por si no era bastante evidente la necesidad que se estaba manifestando por parte de ambos. Hajime parecía sentirse cómodo con el peso del cuerpo de Tooru sobre él porque no hizo amago de cambiar la posición; también podía ser que el mundo siguiera dándole vueltas o influía el hecho de que las caderas de Tooru siguieran aprisionándolo con una intensidad y un ritmo que mantenía sus cuerpos encendidos. 

Sin embargo, las manos de Hajime no tardaron en moverse, si es que habían dejado de hacerlo alguna vez, y recorrieron cada parte del cuerpo Tooru que tenía a su alcance. Era mucho. Sus caderas, sus muslos, su abdomen, podría derretir cada músculo en tensión sólo con la calidez de sus manos. Tooru nunca se había parado a pensar en lo grandes y firmes que eran las manos de su amigo, pero claro, tenía sentido. Tanto como que hubiera crecido en su pecho la necesidad de que las manos de Hajime tenían que seguir acariciándolo, y no parar jamás. Hasta aprenderse de memoria su cuerpo y cada vibración que le provocaba cuando tocaba determinadas zonas. Tooru no sabía qué más quería de él, o sí, pero aún le quedaba un mínimo de conciencia como para saber que aquel no era el lugar. Quizá el momento sí. Quizá siempre podría haber sido el momento de besarlo como lo estaba haciendo. 

Hajime dejó escapar un gruñido y alzó las caderas de golpe. Un gemido escapó de la garganta de Tooru, incontrolable, y se separó de sus labios solo para encontrarse con una mirada que lo dejó aún más sin aliento. Con esa sola mirada habría podido hacer muchas cosas que no hizo. Echó la cabeza hacia atrás y el mundo volvió a darle vueltas, tenía mucho calor. Se apartó con un resoplido de frustración, volviendo a quedar tumbado boca arriba sobre el césped, con los ojos cerrados y la respiración agitada. Podía escuchar a su amigo en la misma situación, su suspiro, y no sabía si era su propio cuerpo, el ajeno o ambos palpitando a la par, pero escuchaba la sangre bombeando en sus oídos. 

Volvió a hacerse el silencio. 

Las respiraciones se fueron debilitando. 

Ninguno dijo nada.