Work Text:
Lo más tedioso de experimentar el amor
es saber cómo volver a ser uno
tras haber sido dos.
No necesitaba una cura.
Lo cierto es que no pensaba en ello, prefería no hacerlo. Pasaba las mañanas y las tardes en la calle, el patrullaje se había vuelto su remedio casero, su solución temporaria al problema. Por las noches la historia era otra. Se sumergía en un mar de papeles con la excusa de asegurar la eficiencia del caso que le tocara leer en ese momento.
Qué iba a saber él que su sistema se adecuaba demasiado rápido a la automedicación.
Intentó variar su rutina: ahora revisaba los papeles a primera hora. Pobre de sus empleados por los cambios repentinos de entrega, pero sabía que si no cambiaba, su mente volvería a rumiar esos pensamientos.
No podía permitírselo.
Este nuevo hábito habría durado un par de semanas más, menos de lo que pensó. Su cuerpo tenía voluntad propia. Era un robot en automático sin importar lo que intentara. Pero su mente. Ah. Su mente se había transformado en aquel vecino molesto que ponía música a volumen alto en los momentos menos indicados.
Solo que eso no era música.
Solo que eso era su voz.
Solo.
¿Cuántas veces más necesitaba callarse a sí mismo? Apagarse era el desafío en todo momento. A veces salía victorioso en medio de la monotonía. Otras veces, como hoy, caía a los pies de su yo interno. Las palabras le taladraban el pecho. Qué dolor para más intolerable.
En esos días refunfuñaba más, como hoy.
Jugueteó con el anillo, de hermoso color, sobre la mesa. Ya no había necesidad de usarlo. La verdad era que no lo usaba desde que la primera notificación llegó a su agencia, pero le molestaba la idea de ya no poder usarlo en un futuro.
Se vio aferrándose a un minúsculo objeto. Qué patético. ¿Cómo no serlo si este representaba a su familia? La única que le quedaba y que, por su descuido, se terminó haciendo trizas. Intentó pegar las piezas, realmente lo hizo, hasta pensó que estaba haciendo un buen trabajo. Esa notificación lo congeló por completo. Y, por primera vez, aceptó que su presencia sobraba en esa susodicha familia.
Él había terminado solo por los errores que no pudo enmendar a tiempo.
Errores que lo perseguían.
Tiempo que no tuvo.
¿Y si asumía otra zona para variar con su rutina?
