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Siempre le había parecido que había un vacío en su interior, aunque no sabía qué era lo que exactamente le faltaba.Simplemente sentía que era así y que no existía nada en el mundo que pudiera llenar ese extraño sentimiento. Era así desde que había tenido consciencia y ahora, a sus veinticinco años, no había cambiado en lo absoluto.
Akaashi contempló su taza de café, mientras trataba de dilucidar lo que sentía. Frunció el entrecejo, teniendo tantos problemas en su vida, aquel vacío en su corazón era lo que más le apesadumbraba. Era absurdo, era joven, tenía todavía mucho tiempo para encontrar aquello que le llenara por completo. Sin embargo, no dejaba de pensar que tenía que encontrarlo. Fuera lo que fuera que le estaba faltando.
Miró por la ventana de la cafetería, aunque no tenía un objetivo en particular. Se dedicó a contemplar a la gente pasar, intentando vanamente distraerse. Tomó otro sorbo de café antes de suspirar. ¿Acaso llevaba una vida tan fácil que su mayor preocupación era llenar su corazón? Le irritaba no poder deshacerse de aquel sentimiento.
La puerta se abrió, de par en par, con fuerza. ¿Cómo era posible que hubiera gente que se comportara así en un lugar público? Akaashi negó con la cabeza, con reproche. ¿De qué clase de personaje podría tratarse? Se dio la vuelta, molesto.
Sus ojos se encontraron y Akaashi creyó que se quedaba sin respiración. Era absurdo, ridículo. Sin embargo, sintió que algo en su cabeza hacía clic. Era como si un tornado hubiera entrado en su vida y decidiera dejarlo todo patas para arriba.
Recuerdos de una vida muy lejana vinieron a su mente. Era el mismo muchacho, quien se encontraba entre sus brazos, exhalando sus últimos respiros. Sus ojos dorados, fijados en él, mientras que sus manos intentaban limpiar las lágrimas que se derramaban por sus mejillas. Sentía que su corazón volvía a romperse en dos al pensar en ello.
— Nos volveremos a ver, Keiji. En otra vida, volveremos a estar juntos y nada más nos separará.
Las últimas palabras de Bokuto resonaban en su mente, como si hubiera ocurrido ayer. Se secó los ojos con la manga, ya que estaba llorando en plena cafetería, con un montón de extraños a su alrededor. Era una oleada de sentimientos, para el cual no estaba preparado para enfrentar.
Se dio la vuelta de inmediato, mientras intentaba apaciguarse. Tenía la respiración entrecortada. Cualquiera diría que acababa de ver un fantasma y de cierto modo, era cierto. Acababa de encontrar lo que estaba buscando y no sabía qué hacer con sí mismo.
Una mano se posó sobre su hombro y Akaashi pensó que se derrumbaría. Aquel toque le había hecho estremecerse de los pies a la cabeza. A pesar de que era la primera vez que le veía, aquella acaricia le resultaba tan familiar y la anhelaba como nunca antes había algo deseado en su vida.
—Afuera —Bokuto le susurró antes de retirarse de la cafetería.
Akaashi dejó su taza de café y el pago por el mismo, antes de seguir a aquel muchacho. Se suponía que tenía otro compromiso, pero podía esperar. Al fin y al cabo, encontrar al amor de tu vida no era un suceso que ocurría todos los días.
Al salir de allí, Akaashi no tuvo la oportunidad de decir algo. Bokuto no se lo permitió, ya que de un impulso, le tomó entre sus brazos y le plantó un beso en los labios. Al principio, Akaashi dejó los ojos abiertos, de sorpresa, pero pronto se dejó llevar.
Se separaron para poder respirar nuevamente.
—¡Al fin, te encontré! —Bokuto volvió a apretar a Akaashi entre sus brazos. Si era por él, no le volvería a soltar más.
—Eras tú, la respuesta eras tú —Akaashi murmuró más para sí mismo.
Ambos volvieron a mirarse a los ojos, una vez más. Akaashi no podía creer la fortuna que tenía. Los recuerdos aún eran difusos, se arremolinaban en su mente, pero sabía que era Bokuto a quien debía encontrar.
—Oye, oye! ¡Cumplí mi promesa! —Bokuto acarició la mejilla de Akaashi, con la mano temblorosa:—¡Esta vez, estaremos juntos para siempre!
Akaashi se permitió una sonrisa. Los tiempos eran distintos, ambos eran hombres libres y no existía impedimento alguno para que pudieran disfrutar de su relación. Sería distinto esta vez. Nada de guerras, dramas políticos. Solo ellos dos. Sin lugar a dudas, estaba ansioso por empezar un nuevo capítulo con Bokuto.
