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Un flechazo, era eso únicamente.
Exacto, no había manera de que se encontrara hechizado por la fuerte manera de ser del mayor, su ímpetu en lograr sus objetivos, cada consejo actual que era completamente efectivo y de su confianza que era el lazo más fuerte que alguna vez habría podido imaginar con alguien.
Era completamente ridículo imaginar que deseaba con cada milímetro de su ser quedarse observando esos ojos que lo hipnotizaban como si fuera la primera vez que los veía, su sonrisa perfecta pero no sincera en su mayoría, su cabello rubio que complementaba realmente bien con su personalidad impulsiva y hasta borde algunas veces, la manera en la que el traje sacaba lo mejor de cada parte de su cuerpo.
Todo era muy irreal como para ser cierto cuando estaba con su mentor, cada salida para comer ramen, cada plato invitado por el adulto y su amabilidad disfrazada en desinteres hacía palpitar realmente fuerte su corazón atrapado en su pecho, y agradecía eso último porque podría jurar que de no ser así saldría volando.
Pero obviamente no era real.
De no ser un amor rápido, remplazable, desechable, ¿Qué se suponía que debería hacer? No veía la salida a su mirada atrapada en la persecución al más alto.
Solo suspiró dentro de la bufanda que utilizaba por el incesante frío de la época, su mirada subió para encontrarse con la silueta que quería encontrar y evitar a la vez, sin ningún arrepentimiento en su inexpresivo mirar.
"Mobu, ¿Todo bien? ¡Camina más rapido, va a cerrar el restaurante!"
Sus manos escondidas en sus bolsillos se volvieron puño al pasar un viento helado por su cara, solo seguir el ritmo con el mundo, caminos que fueron entrelazados por azares del destino tenían sentido en su cabeza.
"Sí, lo lamento."
Solo era eso después de todo, un flechazo.
