Actions

Work Header

La tormentosa maldición de la juventud

Summary:

En un AU moderno donde nadie muere por los titanes y la humanidad no vive encerrada entre murallas, Sasha, Jean y Connie intentan descubrir quiénes son. Cada uno es protagonista de su propia historia, y es momento de que este trío nos cuente la suya.

Iniciar esa amistad fue el primer paso, pero aún les queda mucho camino por recorrer. Entre risas, llanto y discusiones, cada uno trata de resolver los conflictos típicos de la juventud mientras asisten a la Universidad de Trost

Chapter 1: Comienzos difíciles

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

• Sasha •

Nunca he sido una chica muy lista, o muy bonita, o con una personalidad tan fuerte que todos los que se crucen en mi camino me respeten. No, yo soy una chica graciosa, a la que le gusta la comida y que sólo ha sido reconocida por eso desde que tiene memoria.

Quizás fueron todos esos años en que recibí burlas de mis compañeros por hablar con otro acento y expresiones de pueblo; quizás fue la presión de mi padre por actuar "como una persona normal", cuando simplemente estaba siendo yo misma; quizás fueron los dolores de cabeza por esforzarme demasiado en tratar de subir mis notas para no terminar reprobando el año. La cosa es que por alguna de esas razones (o todas), me resulta difícil amarme a mí misma, creer en mí.

No sé que clase de persona sea detrás de los problemas que sigo cargando. Porque soy más que una chica graciosa, estoy segura; pero aún no he podido averiguar de todo lo que soy capaz.

Sin embargo, no quiero que me malinterpreten, no todo es malo. En este tiempo he conocido a personas que hacen de mis días algo más alegre, personas que me quieren como soy y me ayudan a mejorar. Claro que nadie lo dice, supongo que todos somos demasiado orgullosos o muy poco maduros para hablar de sentimientos y el poder de la amistad (sí, es una referencia a My Little Pony, ¿y qué?); pero aún así, en el fondo sabemos que seríamos capaces de hacer lo que fuera necesario por cualquiera de nosotros.

Las cosas mejoraron para mí en el segundo semestre de prepa, cuando terminé castigada junto a Jean y Connie. El primero por haber golpeado a un compañero (adivinen quién), y el segundo por haberse quedado dormido a mitad de una conferencia... y no despertar hasta que habían cerrado el auditorio, sin darse cuenta de que lo dejaron allí. Sé que no suena como un buen comienzo, pero créanme que con el tiempo esos dos tontos se convirtieron en los mejores amigos que hubiera podido pedir.

Aquel día de castigo nos quedamos después de clases para recoger botes de plástico y otras cosas que sirvieran para reciclar. Sobra decir que Jean fue un amargado la mayor parte del tiempo, yendo hasta los basureros de otro edificio para no tener que pasar tiempo con nosotros, y refunfuñando mientras aplastábamos las botellas afuera del aula del club de ecología. En todo ese rato ni siquiera supe sus nombres y apenas intercambié un par de palabras con Connie, que parecía estar demasiado entretenido con lo que fuera que escuchara en sus audífonos.

Sin embargo, cuando por fin terminamos y comencé a caminar hacia la parada del camión, me di cuenta de que iría todo el camino tras ellos. Traté de no prestar atención cuando Jean volteó hacia atrás y me vio, pero entonces se detuvo y habló dirigiéndose a mí.

—Oye, chica patata, ¿traes feria de 20 pesos?

Sí, definitivamente fue un mal comienzo.

—No me llames así —respondí en voz baja.

—¿Huh? Pero eres tú, ¿no? —dijo con una sonrisa de lado— La chica patata...

—¡Que no me digas así! —estallé dando un paso al frente, haciendo que se callara a mitad de la frase.

Connie, que iba un poco más adelante al otro lado de la calle, cruzó deprisa quitándose los audífonos de un tirón y se paró entre Jean y yo.

—¿También la estás molestando a ella? —reclamó.

—Yo... Lo siento. No volverá a pasar —dijo el castaño. Connie giró hacia mí, preguntándome con la mirada si estaba bien.

—Descuida, sólo me llamó por un apodo y me enojé. Gracias.

—Oh —respondió y relajó sus brazos—, en ese caso tú llámale "cara de caballo", él lo odia.

—¡Oi! Cierra la...

—¿Por eso el golpe al otro estudiante? —interrumpí.

—Hubo varios factores involucrados, pero sí, fue por eso... Y yo no debí ser igual y usar un apodo contigo, lo lamento.

—Bueno, al menos no suena tan mal comparado con el tuyo —respondí, a lo que reaccionó soltando aire por la nariz— Pero me llamo Sasha. Y sí tengo cambio de 20 —busqué las monedas y se las di, tomando el billete que me tendía con la otra mano.

—Genial, gracias —separó algunas monedas y volvió a subir la vista un segundo al hablar—Yo soy Jean.

Giré hacia el otro chico alzando las cejas y el me miró como si no hubiera esperado seguir formando parte de la conversación.

—Huh, Connie.

Sin que ninguno dijera nada seguimos caminando juntos, en silencio. Vi a Connie pausar su música y acomodarse los audífonos dentro del cuello de su playera, luego de haberlos dejado en su mano durante la discusión.

—Así que... ¿De verdad nadie te avisó que ya se iban del auditorio? —preguntó Jean luego de unos minutos.

—¡No! Me dejaron morir —respondió el cenizo, animado por contar su historia— Confiaba en que Mina me despertaría, pero se sintió mal y tuvo que irse. Y al otro sujeto junto a mí, Reiner, le pareció divertido ver que pasaría si me dejaban ahí.

La charla fue entretenida mientras Connie nos contaba los detalles de su intento de fuga del auditorio, aunque después de eso Jean y yo coincidimos en que nuestras historias no eran ni la mitad de interesantes.

El camión del castaño iba pasando justo cuando llegamos a la avenida, por lo que sólo nos gritó un adiós mientras subía apresurado las escaleras tras la señora que había hecho la parada. Luego de eso Connie y yo estuvimos platicando un rato, hasta que la chatarra de mi ruta finalmente apareció y nos despedimos. Resultó que teníamos varias cosas en común, y al parecer le había agradado lo suficiente como para que al siguiente día se acercara a hablarme en la biblioteca.

—Ey, soy yo —saludó, dejando su mochila en la mesa y sentándose en el asiento frente a mí.

—Hola, yo —respondí sonriendo.

—¿De qué es eso?, ¿Física? —preguntó apuntando con la mirada al libro que tenía abierto.

—Sí, me fue muy mal en el primer parcial y al parecer en este será igual.

Dejé caer la cabeza en mi mano con un resoplido, mirando con desprecio a los ejercicios sin resolver en mi libreta. Había pocas cosas en el mundo que odiara más que a esta materia.

—Tampoco le estoy entendiendo mucho. Podemos estudiar juntos, si quieres.

—Eres igual de idiota que yo ¿No crees que necesitamos a alguien que sepa? —dije sin pensar. Connie me miró con los ojos muy abiertos e inmediatamente reaccioné, preocupada de haber metido la pata en la primera amistad que hacía en mucho tiempo— ¡Lo siento! Era juego, no quise... —dejó salir una carcajada y pasó los brazos sobre su cabeza.

—Sí, tienes razón, hay que pedirle ayuda a alguien más.

Tras una exhaustiva búsqueda de compañeros expertos en la materia (que básicamente consistió en quedarnos sentados esperando a que algún alma caritativa apareciera dispuesta a explicarnos medio semestre de Física), decidimos que nos habíamos ganado un merecido descanso para comer.

Disfrutábamos de nuestros burritos envueltos en aluminio cuando vimos a Jean sentado en una banquita, estaba solo, simplemente usando su celular. Fuimos hacia él, sin que notara nuestra presencia hasta que nos sentamos uno a cada lado. En ese momento frunció el ceño y actuó con molestia, aunque meses después confesó que le alegró vernos de nuevo.

—¿Y ustedes que hacen aquí? —dijo volteando a vernos a ambos.

—Descanso de estudio —respondí con la boca llena.

—¿Pero por qué están aquí conmigo?

—Te vimos solo y pensamos que querrías la compañía de las dos personas más cool de toda la escuela —explicó Connie.

—Ajá, seguro —dijo con los ojos en blanco— ¿Y qué estudiaban?

—Física.

—¿En serio? Es de las materias más fáciles que hay —fanfarroneó el castaño— Yo siempre salgo bien en esa.

Connie y yo intercambiamos miradas al instante, quizás sorprendidos de que nuestro método de búsqueda realmente funcionara. Tragué el bocado que estaba masticando y giré hacia Jean.

—¡Entonces tienes que ayudarnos! —supliqué tomándolo de la manga de la camisa, haciendo que soltara un ruido de sorpresa— No logro entender nada y voy a reprobar el parcial... ¡de nuevo, Jean!

—¿Huh? Pero, yo...

—Vamos, hombre. Si eres tan bueno como dices no tendrás problema en explicarnos algunas cosas —dijo Connie, con lo que yo suponía era una sonrisa en su rostro, pero que no podía ver porque tenía mi cabeza pegada al hombro de Jean. Este suspiró con fuerza y me separé para verlo, atenta a su respuesta.

—Bien, pero sólo será esta vez.

No fue así.

Durante el siguiente año y medio Jean nos ayudó más veces de las que a cualquiera de los tres nos hubiera gustado. Es curioso que terminara estudiando Artes visuales. Tal vez Connie y yo le ayudamos a descubrir que aunque fuera bueno en Física eso no era lo que quería estudiar.

Como sea, ese día de castigo y esa lección sobre gravedad y vectores fueron sólo el inicio de nuestra gran amistad. No pasó mucho tiempo antes de que comenzáramos a ir a casa de Jean por las tardes, saliéramos a uno de esos lugares de "todo lo que puedas comer" y nos quedáramos hasta medianoche hablando de tonterías por el grupo de WhatsApp que hicimos.

Al principio seguía estando sola en clases, pero algo en ellos me animó a ser más sociable con los demás. La primera fue Mikasa, que a pesar de verse aterradora resultó que también era bastante tímida. Ella me presentó a Armin, un pan de Dios hasta que veías cómo sacaba de apuros a sus amigos manipulando a los maestros. Lo que me lleva a Eren, el sujeto que se había salvado del castigo cuando Jean lo golpeó.

Cuando intentamos que esos dos se llevaran bien todo fue un caos; pero al final su actitud de "tengo un gusto musical superior y nací en la época equivocada" sólo por escuchar las mismas bandas de rock de los 90's, fue lo que terminó uniéndolos. Por el bien de su naciente y frágil amistad, omitimos que había otro millón de personas que escuchaban a Nirvana.

Mientras tanto, Connie introdujo al grupo a Reiner y a Berthold, quienes a su vez incluyeron a Annie, una amiga suya desde que eran niños. Al año siguiente me tocó tener clases con Historia, que siempre me ofrecía de su almuerzo, y en una fiesta llevó a su algo aterradora novia, Ymir.

Tiempo después Jean, Connie y yo estábamos en el metro cuando nos encontramos a un viejo compañero del calvo y a un chico que iba con él. Ese fue el día que conocimos a Marco. Resultó que él iba en la misma dirección que nosotros, por lo que hablamos durante el camino. Volvimos a encontrarlo un par de veces antes de que Connie y yo prácticamente lo obligáramos a ser nuestro amigo, aunque no fue muy difícil pues él y Jean se entendieron de inmediato.

Así que, sí, tenía mis problemas, pero también a mis amigos, más de los que hubiera podido imaginar hace dos años.

Esta es sólo una parte de mi historia, algo en lo que me gusta pensar antes de que empiece mi segundo semestre en Medicina Veterinaria y Zootecnia mañana. Lo sé, no es una carrera muy común, pero me gusta.

Mi viaje por la senda del recuerdo fue interrumpido por una notificación de WhatsApp.

Springlestein

Jeanbo:
Suerte mañana tontos

Cornelius:
Iguaaaal

 

No sé qué haría sin esos dos.

Notes:

Hola a todo el mundo, comentaba en tiktok (@suki_kirschtein) que estoy muy emocionada por este fic porque mis niños se merecen todo el cariño del mundo. No sé cómo saqué todo eso de mi cerebro en un día, pero lo considero una victoria personal (se publicó antes en wattpad xd)

La verdad todavía no sé bien a dónde quiero que esta historia vaya, y primero tengo mi fic de Jean "Por favor, vuelve", así que la siguiente actualización va a tardar algunas semanas, pero ya quería subir esta primera parte como introducción.

Nos vemos en el siguiente capítulo, besos.