Work Text:
Theo notó a Raiden pensativo. Aunque era un poco extraño, porque una sutil sonrisa amenazaba con formarse en su rostro.
— ¿Qué sucede, Raiden? – decidió averiguar, porque además era muy inusual que su amigo se quedara estancado en sus pensamientos en lugar de empezar con sus deberes de limpieza. Era un comportamiento que uno esperaría más de Shin.
— Ah, Theo… No es nada, solo estaba recordando algo. – respondió el eisen restándole importancia con un encogimiento de hombros.
— Je… cuéntame, es extraño que te quedes ido en tus recuerdos. – dijo el rubio, para luego sonreír con malicia – ¿Es posible que estuvieras recordando a una novia?
De nuevo, tal comportamiento sería demasiado inusual en Raiden. Se esperaría más de Daiya o de Kino, incluso de Haruto. Pero, el hecho era que en un par de días emprenderían su misión de reconocimiento especial. Con esa circunstancia —en la que la cuenta regresiva hacia la muerte parecía precipitarse— tampoco sería tan extraño pensar en algo así.
Pero Raiden negó con la cabeza, aun con esa amenaza de sonrisa.
— No, nada de eso. Aunque… – miró hacia el cielo – si las cosas hubieran sido diferentes, supongo que podrían… nah, imposible.
— Vamos. Deja de hacerte el misterioso y habla de una vez. No me dejes con la intriga soltando frases sin sentido. – Theo frunció el ceño. Su curiosidad había sido despertada.
— Está bien – accedió el eisen – ¿Recuerdas cuando murieron Kino y los demás? – Theo se puso serio y asintió. Ese día perdieron a cuatro, pero incluso la handler que se encontraba tras los muros sabía que el resto habían salvado la vida gracias a una mezcla de suerte e instinto – Bueno, estuve hablando con Shin sobre ese cañón más tarde. Opina que ese ataque fue una prueba para el prototipo, pero que si lo completan podrían volar a la República.
Theo se tomó un momento para considerar la información, luego trató de entender qué relación tendría eso con una posible novia.
— ¿Y? – preguntó tras no encontrar esa relación. Raiden sonrió de la misma manera maliciosa que él momentos atrás.
— Shin estaba preocupado por la mayor.
Oh…
Las frases sin sentido de Raiden finalmente le resultaron entendibles. Es decir, hablando de comportamientos extraños… nunca había visto a Shin interesarse particularmente por alguien, ya que siempre estaba concentrado en encontrar a su hermano para derrotarlo y asegurar la menor cantidad de bajas posibles, mucho menos había prestado atención a algún handler antes.
Incluso ahora, habiendo construido una especie de lazo con esa chica idealista y llorona, a veces había dudado que la escuchara realmente. Pero Raiden le había contado que lo había escuchado hablar con ella en algunas noches, y no olvidaba el día que ella descubrió la habilidad de Shin, cuando estuvo presente en su reunión porque había estado hablando con él antes de que percibiera el inminente ataque. Aun así, no esperó nunca que el vínculo fuese lo suficientemente profundo para que esa parca de ojos sangrientos se interesara por su bienestar.
Realmente hacía que uno se preguntara que pasaría si esos dos tuvieran un poco más de tiempo, si pudieran encontrarse cara a cara.
Y dado que estaban a punto de ser enviados a su última misión, Theo se preguntó porqué esa chica tan obstinada llevaba tantos días sin resonar con ellos. Es decir, después de lo mucho que había insistido en hablar con ellos, al menos podría despedirse…
Despedirse…
— Oye, Raiden ¿crees que Shin quiera despedirse de ella? – su amigo parpadeó sorprendido, estaba claro que no había considerado esa posibilidad.
— Quien sabe… igual dudo que nos lo dijera si le preguntáramos.
Al estar de acuerdo con él, Theo se cruzó de brazos y soltó un suspiro.
— ¿Hablan de la mayor? – intervino Anju de repente, causando que ambos chicos se sobresaltaran. Por la manera en que sonreía, parecía haber escuchado una buena parte de su conversación – Aunque no puedo dejar de sentirme mal por Kurena-chan, también pienso que sería una historia encantadora. Típico drama bélico de novela.
— Si fuera un típico drama de guerra igual tendría que haber una especie de despedida – señaló Theo – y la verdad es que aun me cuesta imaginarme a Shin haciendo algo así con una alba.
— ¿Crees que finalmente hayan tenido una pelea y por eso la mayor no se ha conectado? – especuló Anju.
— Si fuera un drama bélico de novela… – murmuró Raiden, atraído por la idea – si hay una gran pelea en lugar de una despedida dramática, ese idiota tendría que dejarle una carta o algo así para que ella la lea después de su muerte.
— Oh, eso sería bastante lindo. Me pregunto si la mayor lloraría.
— Es una llorona, claro que lo haría. – dijo Theo fingiendo cierto hastío – De hecho, pienso que lloraría por todos, aunque más por él. – Raiden y Anju rieron por lo bajo al detectar cierta envidia en su voz – Pero es una lástima. Aunque Shin le dejara algo, ella nunca lo sabría porque no podría enviarle la carta.
Raiden frunció el ceño de repente.
— ...No, esa chica es otra idiota, no me extrañaría que se apareciera por aquí queriendo encontrar algo de nosotros. – dijo con seriedad.
Los otros dos lo miraron sorprendidos, luego reflexionaron sobre su afirmación.
— Sí, creo que podría hacerlo.
— Casi siento que veo un uniforme de la República aparecer por esa puerta…
— En ese caso ¿porqué no colaboramos con el drama bélico de novela? – sugirió Anju con una elegante sonrisa maliciosa de su propia marca.
— ¿Eh? – los dos chicos le dirigieron una mirada interrogante.
— Si todos le dejamos una carta de despedida a la mayor, Shin-kun también se animará a hacerlo. – explicó la chica, aunque quizá quería decir que podrían obligarlo a hacerlo.
— Mmm… me parece interesante, pero tampoco es que tenga tanto que decirle a esa chica. – dijo Raiden, dudoso – Y aunque ese idiota no parece consiente de sus propios pensamientos, creo que vernos a todos hacer cartas le causará sospecha.
— No tiene porqué ser algo muy largo. – dijo Anju – Solo serían unas pocas líneas para dejar atrás, tal vez algo como una broma que solo la mayor entendería.
Al final, aunque había hablado de ello como algo sin importancia, Anju proponía básicamente crear una prueba del tiempo que habían pasado conociéndose y de la relación que habían llegado a formar.
Al comprender esto, Theo tuvo una idea, por lo que se dirigió a la pared donde habían colgado sus dibujos y arrancó el último.
— ¿Entonces porqué no usamos esto?
Los otros dos vieron el dibujo de una cerda en un lujoso vestido y rieron. Por supuesto, no había otra alba que pudiera entender esa broma sin ofenderse.
— ¿Qué hacen? – preguntó Shin, cuya llegada fue anunciada por los pasos ruidosos de Kurena, quien había llegado con él.
— ¡Shin-kun, Kurena-chan! Estamos pensando en dejarle un pequeño testamento a la mayor. – dijo Anju, logrando inventar una excusa rápidamente.
— ¿Ah? ¿Cómo que un testamento? – preguntó Kurena, aludiendo sin palabras al hecho de que no podían enviarle nada a la chica handler aunque quisieran. Para empezar, ¿siquiera tenían algo para legar?
— Estábamos hablando de lo idiota y terca que es esa chica y llegamos a la conclusión de que es capaz de venir por aquí algún día. – explicó Raiden.
— Así que queríamos hacerle una pequeña broma. – dijo Theo, mostrando el dibujo en el que ya había escrito "Tú" acompañado de una flecha.
— Si ese es el caso ¿porqué no le dejamos también esa foto? – sugirió Shin, tomando por sorpresa a Kurena y causando que los otros tres contuvieran sus sonrisas cómplices.
— ¿¡Porqué a ella!? – preguntó la pelirroja.
— Yo le veo sentido. – dijo Theo sonriendo, sabiendo que la pelirroja era demasiado obstinada para entender la visible intención de su capitán – Solo ella entendería el dibujo y solo ella apreciaría una foto de un montón de cerditos listos para el matadero.
— Aunque es una lástima, porque no sabrá quien es quien. – señaló Anju.
— Yo me encargaré de eso – dijo Theo.
— Bien, ahora yo haré los honores – Raiden tomó el dibujo de la cerda y el lápiz de Theo para empezar a escribir, había una sola cosa que quería decirle.
— Kurena-chan, tienes que ir pensando qué vas a dejarle a la mayor. – la encomio Anju con su habitual sonrisa.
— ¿¡Yo también!? – pese a su protesta, al escuchar un maullido a la par suya, Kurena tuvo una idea.
— Yo me encargaré de guardar la carta de forma que ella pueda encontrarla. – dijo Shin, dejando implícito que escribiría de último y delatando sin querer, que presumía conocer a su handler lo suficiente para ser capaz de atraerla a una búsqueda del tesoro.
Los demás asintieron. Solo Kurena reprimía un puchero en lugar de una sonrisa ni pensaba que era una lástima no saber qué expresión tendría la chica alba al encontrar tantas cosas para ella.
