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Language:
Español
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Published:
2021-08-22
Words:
1,926
Chapters:
1/1
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1
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4
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56

La Tormenta Antes De La Calma

Work Text:

Lena estaba nerviosa como nunca antes. Parecía mentira verse tan incómoda por un momento así, tras años que parecían una vida estando al borde de la muerte, pero a decir verdad, tenía todo el sentido del mundo. Morir era sencillo, morir por dentro era agónico, pero igual de simple a su manera. Vivir, sin embargo, era lo más difícil del mundo. Guardar sus emociones en pequeñas cajas hasta que estas se desbordaron había sido lo único que Lena Luthor conocía de la vida, pero nunca había vivido realmente.

No hasta hace poco.

Mientras avanzaba por las escaleras que daban paso a la puerta hacia el exterior, Lena pensó en toda la sangre, el sudor, y sobre todo, las lágrimas que debió derramar para llegar a donde estaba. Su madre muerta ante sus ojos, su familia abusiva, su hermano demente, su apellido manchado, sus vínculos traicioneros, y todo sucediéndose a un ritmo eterno e insoportable, capaz de aplastar el alma de cualquiera. Lena sabía que era fuerte por haber soportado tanto martirio psicológico, pero hubiera dado cualquier cosa por no tener que serlo.

Sin embargo, ahí estaba ahora. Se había hecho un nombre por sí sola, se había ganado la confianza y admiración de National City y el mundo, y sobre todo, se las había arreglado para ser feliz. Los traumas seguían ahí, acosándola ocasionalmente como un cruel peaje para seguir adelante en su vida cotidiana, pero nada era capaz de derribarla, no cuando tenía tantos amigos, metas a futuro, y el amor de toda la gente que le importaba.

Por eso estaba tan asustada sobre lo que saldría de aquella ceremonia.

Para la morena era sencillo prepararse para perderlo todo ante cada golpe de la vida cuando no tenía nada, pero aquello era diferente. El miedo que la embargaba era a perderlo todo, a que su felicidad colapsara bajo su propio peso, a estar viviendo en un cuento de hadas y que la última campanada de la medianoche le quitara sus fantasías y la devolviera a la pequeña caja donde se había encerrado ella misma sin saberlo. Para la joven Luthor, cada día era el miedo constante a que su felicidad desapareciera de la nada. Era un instinto aprendido que le enseñaba a cuidarse de cada posible depredador.

Y no había más potenciales depredadores que fuera de ese edificio.

La idea de crear la Fundación Lena Luthor fue recibida con algarabía por su círculo cercano, en contraposición a las reprimendas que esperaba. National City había pasado a ser su hogar en poco tiempo, y tenía todo para hacer de la comunidad un lugar mejor. Iba a lograrlo, pero necesitaba el apoyo de la prensa para terminar de poner un pie en la filantropía, y sentía que casi todos ellos estaban listos para hacerla caer ante el menor error.

Mientras avanzaba, pensaba en Lilian. Aquellos nervios jamás la hubieran sacudido, ni a ella ni al psicópata de Lex. Lena se había pasado toda la vida intentando huir de esos dos en cuerpo y alma, pero debía reconocer que tenían eso a favor: la psicopatía necesaria para triunfar en los negocios. Desde el inicio de su recuperación, a Lena le gustaba verse a sí misma como la flor que creció en el pantano, pero quizás ese fuera su problema. Las flores eran bonitas, pero también frágiles, y sólo bastaban un par de dedos para arrancarlas del suelo. Los negocios y la filantropía necesitaban gente poderosa, gente dura como el acero.

Lena jamás sería eso, sin importar cuánto lo necesitara.

Sintió vértigo como pocas veces en su vida, pero ya era demasiado tarde para echarse atrás. Tomó el suspiro más hondo que pudo, y salió por la puerta hacia el exterior, lista para enfrentar lo que hiciera falta.

Afuera, un océano de gente en forma de periodistas y curiosos aleatorios estaba ahí, aguardando sus palabras. Pese a la enorme cantidad de seres humanos, todos estaban callados, casi mudos a la espera de su mensaje. La morena podía sentir cómo las personas a su alrededor se la devoraban con los ojos, alimentándose de su miedo y sus nervios. Las lentes pasaron a ser depredadores hambrientos en un abrir y cerrar de ojos.

Lena intentó abrir la boca, pero sus labios se secaron y las palabras se negaron a abandonar su garganta. Tras el atril, sentía sus piernas temblar y su pulso acelerarse. Todo aquello había sido un error estúpido, como todos los demás en su vida. No era nadie para ponerse en ese lugar y querer cambiar el mundo. Era una niña idiota y siempre lo había sido.

Sus ojos giraron casi por su propia voluntad hacia donde ella estaba, y lo entendió todo.

Sabía que Kara estaría ahí representando la cobertura para CatCo, pero sus nervios lo habían hecho olvidar la situación. Ahora que la estaba viendo, sin embargo, podía sentir cómo volvía a la normalidad. Pensó por unos pocos segundos en ella, que la miraba con una sonrisa en los labios. Lena podía recordar cómo se había mudado a National City para limpiar su apellido y ser la Luthor que compartía ciudad con una kriptoniana, pero había encontrado más que eso en el camino. Había encontrado a alguien capaz de enseñarle el verdadero significado de la fortaleza, de siempre estar ahí cuando alguien te necesitaba, de creer en una persona incapaz incluso de creer en sí misma, y sobre todo, que hasta un juguete roto como Lena Luthor podía amar. Que Kara fuera Supergirl había sido algo horrible al principio, otra prueba de que sólo vivía para ser traicionada, pero ahora había cobrado un significado maravilloso. ¿Quién sino Kara Danvers daba la talla para ser la superheroína más grande del mundo?

Lena giró hacia el micrófono de nuevo, y vio a aquellas personas por lo que realmente eran: un grupo de reporteros ansiosos de escuchar qué iba a decir, y que iban a apoyarla porque sabían que aquello era bueno para la ciudad. Ya no había temor. No mientras Kara, su heroína y su símbolo de fe, estuviera ahí para recordarle que ella también era valiente.

Lanzó una ligera sonrisa, y habló decididamente.

- Buenas tardes a todos y a todas. ¿Saben algo? Aún recuerdo la primera vez que llegué a National City. Era un lugar nuevo, una experiencia nueva que llegaba a dar miedo, pero con el tiempo este dejó de ser una ciudad nueva, y empezó a convertirse en mi hogar. National City es el sitio donde al fin me siento libre de ser quien realmente soy… y lo más importante es que me ha enseñado la lección más valiosa de todas.

La morena se detuvo un momento, dejando que los reporteros cuchichearan un poco. Había aprendido desde siempre a manipular esos momentos de silencio a su favor.

- Como estoy segura que todos ustedes saben, vengo de lo que muchos han llamado un hogar roto. Mi madre falleció delante de mí, y lo que respecta al apellido Luthor es algo que ya conocen de sobra. Me pasé la vida sintiendo que ese era mi hogar. Al fin y al cabo, era todo aquello cuanto conocía y cuanto era, no podía ser nada más que una Luthor, con todo y el peso del mundo en los hombros. Venir a National City me enseñó que un hogar no es donde hayas nacido, o quienes te hayan criado. Un hogar es ese refugio donde te sientes segura, donde las llagas se convierten en cicatrices y luego en recuerdos que aparecen de vez en cuando en forma de anécdotas, donde todas las almas libres de este mundo pueden descansar un tiempo antes de retomar vuelo y ser las personas que quieren ser… antes dije que National City era mi hogar, pero nunca lo fue… sino que me dio uno, en la forma de toda la gente que amo.

Lena echó un breve vistazo a Kara, y pudo ver la amplia sonrisa de la rubia correspondiendo sus palabras. A esas alturas su relación no era un secreto para nadie, y además de estar diciendo la verdad, ganarse la aprobación de su chica no venía mal de vez en cuando.

- Un hogar no es una casa, no es una mansión, y tampoco lo es una ciudad… un hogar es la gente en torno a cada una de ellas. Creo en la maravillosa comunidad de National City, y por eso quiero devolver algo a la ciudad que cambió mi vida para siempre. Por eso les presento… la Fundación Lena Luthor.

La morena tiró una cuerda a su lado, y una cortina a su costado se abrió revelando un cartel inaugural con el nombre antes anunciado. La Fundación Luthor había sido una idea de Lilian para mostrarse como buenas personas ante la comunidad mientras criaban monstruos en el subsuelo, pero como todo lo que respectaría al apellido Luthor desde entonces, ahora tenía un nuevo significado. El objetivo de Lena ya no era limpiar un nombre que ella no había ensuciado, sino el de devolver lo que otros le habían dado, y aquel lugar era la oportunidad ideal.

Las cámaras fueron a aquel cartel, y Lena descendió por las escaleras permitiéndose suspirar aliviada. Había sobrevivido a su prueba de fuego. Como en el fondo esperaba, Kara fue corriendo a abrazar a Lena.

- ¡Estuviste maravillosa, cariño! Estoy orgullosa de ti.

- Solo hice lo que debía hacer, amor, enserio. Esto no es nada al lado de lidiar con Lex entrando a la calvicie – bromeó Lena.

- ¿De verdad? ¿No estuviste nerviosa?

- Qué va. Esta es mi especialidad, además… no se a qué podría temerle si estás tú – dijo Lena. Había intentado sonrojarla, pero en vez de eso, ella era la afectada – Oye, ¿no vas a sacar fotos al lugar? Te prometo que puedo esperarte.

- No vengo aquí como reportera.

- ¿Ah no? Entonces… ¿qué haces aquí? Digo, me alegra mucho tenerte y eso pero… oh ya entiendes lo que digo.

- En la mañana me prestaste cien dólares para comprar el desayuno, y estuve pensando en ello todo el día. Odio tener deudas sin pagar así que… dame un momento.

Lena lanzó una risa suave mientras Kara buscaba en el interior de su bolso. Aquel tipo de inocentadas eran comunes en ella, y era parte de las razones tras su amor. Ver a alguien tan fuerte permitirse ser un rayo de sol le recordaba a Lena que la vida podía ser maravillosa.

Kara sacó una pequeña caja de su bolso, y puso una rodilla en tierra.

- Lena Kieran Luthor, verte de pie en ese escenario, tan increíble como siempre supe que lo eras, me mostró que este es el día más feliz de tu vida… ¿lo harías el más feliz de la mía?

Lena se quedó boquiabierta, mientras lágrimas de alegría empezaban a emanar de sus ojos. Aún tras tanto tiempo, la kriptoniana seguía siendo una caja de sorpresas que ella amaba descubrir cada vez.

- ¡Claro que sí! ¡Ven aquí, idiota!

La joven Luthor tomó a Kara del suelo y le dio el beso más apasionado de toda su vida, sintiendo cómo el dolor y los nervios de antes terminaban de abandonarla por completo. Mientras eso pasaba, sintió el flash de una cámara en sus ojos cerrados, y cortó con el beso.

- ¿Qué demonios…?

- Dije que no estaba con CatCo, no que no habían enviado a nadie… - dijo Kara, sonriendo.

- Oh sí, esto sí que va a ser la primicia del año – dijo Nia Nal, yéndose tan de la nada como había venido.

Tras unos segundos de silencio, ambas rompieron a reír, y volvieron a cerrar el beso donde había quedado.