Actions

Work Header

STARLIGHT

Summary:

Es el año 2050, la escasez de recursos naturales ha dividido a la humanidad, generando una guerra entre las áreas prohibidas y el resto del mundo. Emma, una joven sin recuerdos, es parte de un grupo de rebeldes quienes buscan devolver la igualdad y paz a la tierra. Sin embargo, sus sueños entrarán en conflicto cuando durante su misión se reencuentre con alguien con quien alguna vez compartió algo. [POST 179]

#NoremmaBigBang2021

Notes:

Holi, les comparto un proyecto organizado por @Noremma_Corner. Esta historia, escrita por su servidora, viene acompañada también de las artes de @pikato12194 . Las podrán encontrar en su cuenta C:

Disfrútenlo!!

Chapter Text

“El amor verdadero triunfará al final, lo cual puede o no ser una mentira, pero si es una mentira, es la mentira más hermosa que tenemos.” – Jhon Green.

 

PARTE I

– Hermana, todavía tengo sed.

– Ya acabamos nuestros  víveres de la semana. Tenemos que resistir.

– Pero…

Emma interrumpió la conversación entre las niñas, colocando una botella llena de agua frente a sus rostros. Aunque era lo último que a ella le quedaba de suministros, no podía ignorar esa escena como si nada. Se encontraban en la peor época del año donde el invierno se llevaba las vidas de los más débiles con facilidad y sus recursos escaseaban con el transcurrir de los días.

Luego de recibir unas palabras de agradecimiento que enternecieron su corazón, la joven continuó su camino por los pasillos del hospital.  Por su lado corrían enfermeros trasladando camillas que contenían figuras amorfas cubiertas de sangre. Los llantos y quejidos de dolor desgarraban sus tímpanos, y notó con tristeza y frustración cómo el número de cadáveres aumentaba exponencialmente.

Hasta hace un par de años, nadie se imaginaba que el mundo iba a retroceder de nuevo a los tiempos de las primeras guerras mundiales. No, esta realidad era incluso peor de acuerdo a las relatos de su abuelo sobre cómo los humanos revelaron su peor cara y se destruyeron entre ellos por el poder y odio durante décadas.

El mundo humano del 2050 padecía las consecuencias del calentamiento global. A pesar de los esfuerzos de sus antecesores por revertir la situación, más del 80%  de la tierra quedó infértil mientras que las fuentes de agua desaparecieron casi en su totalidad. Fue entonces que el pensamiento individualista volvió a primar entre las personas, abandonando el ideal de ayuda mutua para seguir adelante.

Odio

Egoísmo

Resentimiento

Emma estaba cansada de todo eso. ¿No estaría bien si la humanidad dejara de pensar en sí misma y comenzase a trabajar unida  por un futuro donde todos pudieran sonreír?

De alguna manera sentía que no era la primera vez que concebía esos pensamientos, como si ya hubiera vivido la misma situación antes. Pero era absurdo porque ella estaba segura que su pasado se situaba lejos de unas circunstancias tan brutales...o eso quería creer.

Alex Mikhaylov apareció en ese momento con una expresión de fatiga. Su bata y guantes ensangrentados le daba una idea a su nieta sobre la ardua labor que tuvo el anciano para salvar a los caídos en batalla. 

Sin importarle si se ensuciaba también, la pequeña tomó sus manos y le regaló una sonrisa tranquilizadora.

– Hoy fue mejor que ayer, ¿no? –  Era la pregunta que le hacía cada vez que lo veía salir de la sala de operaciones, intentando contagiar un poco de su positivismo. No obstante, esta vez falló porque el anciano se apartó de ella y sus piernas se deslizaron hasta caer sobre el suelo.

De inmediato, Emma se inclinó para ayudarlo a erguirse pero él se negó, sin alzar la mirada.

– Ya se acabó la anestesia. Va a tomar dos días para abastecernos de las otras áreas. Así que las operaciones van a ser más complejas hasta entonces. 

Alex no era médico, pero tuvo que unirse al cuerpo médico con sus conocimientos intermedios de medicina debido a la falta de personal. Era esa opción o morir de hambre. En la zona prohibida que ahora habitaban los obligaban a ocupar empleos que beneficien a los insurgentes a cambio de recibir mayores porciones de alimentos semanalmente. Es por ello que las personas discapacitadas y de tercera edad no subsistían por mucho tiempo.

– Abuelo, estoy segura que muy pronto se acabarán estos días de oscuridad e incertidumbre. – Le aseguró, decidida a cumplir la misión secreta que le habían encargado los altos mandos de las áreas prohibidas.

El hombre se puso de pie y colocó ambas manos sobre los hombros de su nieta, con firmeza y mirándola a los ojos. 

– Sólo prométeme que regresarás.

Ella lo rodeó con los brazos, estrechando al anciano en un abrazo que transmitía amor, esperanza y protección.

– Lo prometo.

A Emma poco le importaba no compartir un vínculo sanguíneo con Alex, para la chica de cabellos que ondeaban como llamas de fuego, el anciano era la única familia que tenía y le aterraba pensar que llegaría el día dónde él ya no estaría a su lado.

No recordaba a sus padres, y no sabía si alguna vez tuvo un hogar. Su primer recuerdo fue de sí misma despertando en una cálida cabaña. Alex la había encontrado desfallecida sobre la nieve con un arma de fuego y el rostro magullado. Era una niña con la mente vacía, sin nombre, sin un lugar a dónde regresar. El anciano la acogió en su casa hasta que lograra recuperar la memoria, pero conforme pasaban los meses, su amnesia permanecía intacta. 

Las fotos deterioradas y el collar con dije exótico sobre su cuello era lo único que la unía a un pasado que desconocía. Sus constantes sueños sobre sombras humanas llamándola por su nombre desaparecieron de un momento a otro. Aunque al principio se sintió afligida por perder ese cálido sentimiento que la llevaba al cielo, decidió continuar con su vida y no quedarse estancada en algo que jamás recuperará.

– Emma, un último consejo. Evita confrontar a Dimitri. – Fueron las palabras de despedida de Alex antes de retornar a la sala de emergencias.

La susodicha suspiró, sabiendo que le resultaba difícil no discutir con el líder de su escuadrón. A pesar de compartir el mismo objetivo, sus métodos eran muy opuestos. Mientras que el viejo contaba con el respaldo de los veteranos, ella a veces se salía con la suya gracias a sus habilidades con las armas. Su buena puntería, inteligencia y capacidad de liderazgo la ascendieron a ser la segunda al mando de su grupo en menos de tres meses.

Así pues su estómago se torció cuando le informaron que participaría en el asesinato de Mike Ratri, líder de su clan y principal enemigo de las áreas prohibidas.

– ¡Por aquí, Mikhaylov! 

– ¡Emma-san!

Tan pronto como salió del edificio, fue recibida por los gritos provenientes de Yuko e Isak. A simple vista los dos adolescentes se veían inofensivos, pero Emma conocía de primera mano lo peligroso que ambos llegaban a tornarse con el manejo de escopeta, arco y flechas, incluso Dimitri se ponía en guardia cuando los veía en acción.

– ¡Buenos días, Yuko, Isak! 

Los tres chocaron puños, entusiasmados y llenos de ánimo. Después que Emma ingresó al ejército de rebeldes, ellos fueron los primeros en recibirla con los brazos abiertos. Yuko era la más alta del grupo y de complexión musculosa, su sentido del humor y sencillez simpatizaron con el optimismo y osadía de la novata. Isak, por su parte, pasaba la mayor parte del tiempo exponiendo sus excéntricas ideas para acabar con el clan Ratri y siempre terminaba castigado por no obedecer las órdenes de sus superiores inclusive si cumplía su tarea. 

– ¿Cómo van las cosas en el hospital? – Preguntó Yuko, acomodándose en el asiento de copiloto de la camioneta.

– Un caos. – Admitió Emma, contemplando lo que quedaba de las ruinas de casas a través de la ventana. Los indigentes se peleaban por los desechos de basura y agua que conseguían de las pocas lluvias que suscitaban en la ciudad del mismo modo que unos niños recogían un gato muerto que serviría como su comida de la quincena. Era el escenario en el que se había acostumbrado a subsistir todos los días.

– ¿Y el abuelo Alex? 

El silencio de Emma fue la respuesta a la interrogante de Isak.

– Oigan, ¿Y si hacemos una parada? – Propuso el muchacho. – Todavía tenemos bastante tiempo antes de que el viejo  Dimitri nos absorba la felicidad como un dementor.

Emma se rió por la comparación precisa y Yuko se encogió de hombros.

– Como quieras.

– ¿Qué dices, Emma? 

– ¡Claro, vamos!

Isak aplaudió satisfecho para proceder a aplastar el acelerador con todas sus fuerzas.

– ¡Hoy descubrirán que hasta en este basurero hay un oasis!

Finalmente, llegaron a su destino en menos de media hora; era la zona del sur más alejada del bullicio de la urbe. Para Emma, era la primera vez que circulaba por esos lugares y sus ojos no se despegaban del inicio del bosque a pocos metros de su ubicación. Le intrigaba la existencia de un paisaje tan impresionante en su estropeado ecosistema, no era común presenciarlo. ¿Cómo pudieron desconocer semejante espectáculo de la naturaleza?

– Estamos tan enfrascados en esta guerra irracional que no tomamos unos segundos de nuestro tiempo para apreciar la belleza escondida de nuestro hogar. – Se respondió en voz alta, contemplando el cielo con atención. 

Sus amigos compartieron una mirada fugaz de preocupación, siempre sucedía que la boca de Emma soltaba palabras sin detenerse a reflexionar sobre su denotación. De manera que temían que su imprudencia la llevase a terminar enterrada en una fosa común tal y como anhelaba el viejo Dimitri.

– Señoritas no se distraigan, la verdadera vista se encuentra a pocos pasos. – Isak tomó de la mano a Yuko para adentrarse en el sendero de los árboles. 

– ¿Es necesario que cojas mi mano?

– No quiero perder a mi alma gemela.

– Ugh, a este paso voy a morir de diabetes que de una bala en la frente.

Detrás de ellos, Emma notó una parte de las mejillas de su amiga enrojecerse. Estaba a punto de lanzar una carcajada por la forma que la pareja caminaba apegados el uno al otro, pero desistió porque no era tan insensata como todos pensaban de ella.

La rebelde Mikhaylov era muy consciente de sus acciones.

A medida que se apartaban de la entrada del bosque, los rayos del sol eran cubiertos por una densa neblina. Cuando Emma estaba a punto de sacar la linterna de su mochila, el alarido de Yuko la detuvo. Se tropezó con una roca y hubiese caído si no fuera porque reaccionó rápido, sosteniéndose de un tronco.

Y entonces lo vió.

Luciérnagas

Miles de luciérnagas danzando, resplandeciendo como estrellas sobre las copas de los árboles. Y aunque su cerebro jamás encontraría una explicación para lo siguiente que aconteció, en un breve instante de su alma hubo algo que se  desprendió para unirse a la luz mágica que irradiaban los insectos.

.

.

.

Cálido.

Escurridizo.

Eran sus recuerdos.

Ella quería alcanzarlos, recuperarlos, pero hay algo más que captó su atención total. 

La adoración y devoción reflejadas en las pupilas de Isak por su amada destellaban como las luciérnagas del bosque. Era la clase de amor verdadero que celebraban pocos y temían muchos. Era la clase de amor verdadero que en tiempos de guerra y hambre se consideraba estúpido.

Y ella seguía sin comprenderlo.

.

.

.

¡¿Enamorarse de alguien en pleno fin del mundo?

Debía ser fascinante y doloroso a la vez.

Emma quería experimentarlo.

.

.

.

– Mikhaylov, prométeme que cuando halles a la persona por quién perderías la cabeza, la traerás aquí. ¿Ok? – Isak le propuso, mirándola por el espejo retrovisor.

Emma le mostró los dos pulgares en alto a su amigo, sonriendo hasta las orejas.

– ¡Claro que sí! Es sólo que… – Ante la mirada interrogante de Isak, ella añadió: – Tal vez no sobrevivamos a la furia de Dimitri.

– ¡Oh diablos! – Exclamó Yuko.

Ya iban una hora atrasados.

A causa de su pequeño desvío, su superior les dio la bienvenida con un codazo en la cabeza a cada uno. Apartado en un rincón, Igor, el hacker de expresión hastiada, tecleaba sin parar.

– Teniendo en cuenta su impuntualidad, vamos a repasar el plan de nuevo. – Anunció Dimitri, sacando de su bolsillo un dispositivo capaz de crear hologramas. Tocó la pantalla táctil y se proyectó un mapa de todas las áreas del mundo.

La misión no era tan complicada. Su papel consistía en infiltrarse en el área 01, entrar al edificio donde residía Mike Ratri y asesinarlo. Dado que contaban con la ayuda de un informante desde adentro de las instalaciones de los Ratri, poseían la ubicación exacta de su enemigo. El único problema quizás sería traspasar las fronteras de las demás áreas con el fin de llegar a la boca del lobo.

– El deslizador nos dejará cerca del área 03 dentro de cinco horas.  –  Comentó Igor. Antes que alguien, Isak y Emma, preguntara dónde estaba el transporte, este se acercó desde una gran distancia. – En el momento que nos situemos próximos a nuestro primer destino, voy a apagar los sensores de seguridad de la ciudad y un amigo nos recibirá con un convoy. Tengo las identificaciones falsas que nos permitirá cruzar de área a área con facilidad.

– Una caja de sorpresa, ¿eh? – Señaló Isak a lo que recibió un dedo medio en su dirección.

– Como sea –  Carraspeó el general, molesto por la inoportuna intervención. – Arribamos al edificio de los Ratri, aprovechamos que las cámaras van a ser apagadas e inmediatamente después que lo aniquilemos, robaremos la información de su computador principal.

Es en esa parte del plan que Emma no estaba de acuerdo, sentía que había una falla que tenían que resolver pronto, pero optó por acallar sus ganas de refutar. Lo mejor era dar su opinión cuando estuvieran cerca del área 01 y no en esta ocasión. Corría el peligro de ser expulsada de la misión y era lo menos que deseaba para sus adentros. Ella estaba segura que podía perfeccionar la estrategia de ataque y entonces ambos bandos saldrían ilesos.

Por la rapidez del deslizador, calcularon que debían llegar antes del anochecer. Durante el trayecto, los más jóvenes observaban emocionados las nubes, especialmente Emma. Era la primera vez que “volaba” por los aires  contaminados de las áreas.

Divisaron otros deslizadores circulando cerca de ellos, pero Dimitri les aseguró que pertenecían a los insurgentes también. Su facción había logrado capturar con éxito varias de esas naves a lo largo del tiempo.

Igor no decepcionó, neutralizando sin problemas la defensa tecnológica del área 03. El sol se ocultó en un abrir y cerrar de ojos, y ellos ya acampaban en el desierto, junto al convoy que les trajo el amigo de Igor. Él, además, les entregó varias prendas de ropa nueva con el fin de no levantar sospechas por su apariencia.

– ¿Qué tan miserable nos vemos? – Preguntó Yuko, calentándose las manos en el calor de la fogata.

– Habla por tí. – Señaló el hacker. – ¿Cuánto tiempo llevas sin lavar esa boina?

– ¿Cuánto tiempo llevas sin acostarte con alguien?

El intento de conversación se murió ahí. 

Se turnaron para hacer guardia por el resto de la noche. Emma fue la última y la compartió con el viejo Dimitri, pero la joven estaba segura que se trataba de su líder vigilando que no hiciera alguna tontería hasta el amanecer.

A la mañana siguiente continuaron y apenas dejaron la arena atrás, el ecosistema cambió a una pradera cubierta de distintas clases de flores y un cielo más claro, sin residuos contaminantes.. Emma, con la mitad del cuerpo fuera de la ventana para que el viento chocara contra su rostro, repentinamente se introdujo de nuevo al interior de la camioneta y gritó:

–  ¡Deténganse!

– ¿Qué pasó? ¿Nos persiguen los oficiales? – Dimitri retiró el seguro de su pistola y procedió a apuntar al exterior.

– ¡NO! ¡Sólo paren, por favor!

Isak, quien se situaba en la posición de piloto, frunció el ceño extrañado, pero le obedeció. El automóvil no terminó de detenerse por completo cuando Emma salió disparada de él. Yuko corrió, alarmada, detrás de ella y se asombró una vez que entendió lo que estaba pasando con su amiga.

– Es la primera vez que veo una. – Susurró Emma, acariciando los pétalos de una camelia de  tonalidad roja. Tan pronto como las vislumbró  a la distancia, supo que no podía pasarlas por alto. Era de esas oportunidades que no se presentaban dos veces.

En el área donde residió inicialmente con Alex, ellos cultivaban camelias níveas las cuales florecían durante el invierno. Conforme a lo que había leído en varios libros de botánica, estas flores simbolizaban gratitud y admiración, pero Emma las asociaba más con el sentimiento de valentía y solidez para afrontar las dificultades de la vida. 

También sabía que el significado de la flor variaba según su color.

Y una camelia roja expresaba el deseo de un amor sin condiciones, la pasión y anhelo de estar junto a esa persona especial por toda la eternidad.

– Estás loca, Emma. Estás verdaderamente loca.

Bajó la vista hacia las flores que descansaban sobre su regazo y en ese momento no le importó las consecuencias de sus actos.

Regresaron al convoy y Yuko tuvo que excusar a ambas sobre las urgencias de su cuerpo humano. Si Dimitri se enteraba de la verdadera razón de la súbita locura de su subordinada, era capaz de aventar a la carretera el pequeño secreto de Emma.

.

.

.

El área 01 representaba un mundo muy distinto al que estaban acostumbrados. Sus colosales edificaciones así como la limpieza total del entorno lo hacía verse como la utopía que los habitantes de las áreas prohibidas también deseaban experimentar. Las identificaciones adulteradas fueron un gran apoyo ya que ningún soldado sospechó de ellos ni de sus armas. Se presentaron como parte de la seguridad del clan Ratri y así se adentraron a la ciudad principal.

Igor, con el holograma del mapa, los dirigió por las calles hasta llegar a un callejón donde escondieron la furgoneta. Volvieron a repasar la última parte del plan y es ahí dónde Emma explotó.

– ¿Por qué matar a Mike Ratri?

Todos reaccionaron con un gesto de desconcierto. Antes que ella continuara, Isak la arrastró al otro extremo del callejón, aprisionando a Emma contra la pared. El muchacho no era de tener arrebatos de furia, pero gracias a su amiga ya había alcanzado su límite.

– Deja atrás  tu estúpido idealismo y vive.

En lugar de sentirse intimidada, ella le devolvió la mirada desafiante y se liberó de su agarre.

– No puedo cuando sé que hay otra solución más pacífica. Quiero vivir sin arrepentimientos.

– Y yo quiero ir por el camino más seguro. ¡Maldita sea, piensa en tu abuelo!

A causa del impacto de la última frase de Isak, Emma apretó los puños dándose cuenta que estaba sola. No tenía a nadie que apoyara sus ideas o al menos las considerasen en el debate. ¿Realmente iba a aceptar la violencia como la única vía de paz?

Negó para sus adentros. Lo había decidido desde que fue testigo de la decadencia de la humanidad, desde que se unió al grupo de rebeldes, desde que le encomendaron una misión casi suicida.

Regresó donde el resto, pidiendo disculpas por su imprevista rebeldía. Nadie se percató de las llamas ondulantes que se reflejaban en sus iris.

.

.

.

– Ya me comuniqué con nuestro informante. Las alarmas de los Ratri están oficialmente desactivadas. – Avisó el hacker, señalando al enorme edificio frente a ellos. Esa fue la señal para que los demás se  pusieran en guardia y se reacomodaran a sus posiciones designadas en el plan.

La adrenalina comenzó a correr por el cuerpo de Emma, el hecho de encontrarse en las fauces del lobo a punto de devorarlos la ponía ansiosa. Ella iba en la retaguardia junto a Isak. Ambos tenían la mejor puntería  y su reacción rápida era superior a la de los demás.

A la luz del día, el personal dentro de la instalación no les prestaba la más mínima atención. Era otro día más para esas personas, sin saber la revolución que se estaba horneando en sus narices.

Fue entonces que sucedió.

Estaban ingresando a las escaleras de emergencia cuando Emma, la última en cruzar el umbral, giró por unos instantes y su mirada chocó con la de uno de los científicos que marchaba apresurado por el pasillo. El hombre de piel morena la vio boquiabierto cómo si ella tuviera una deformidad en el rostro, pero no consiguió emitir alguna palabra por que un sonido de alerta interrumpió la calma del lugar.

Fueron descubiertos.

Ella cerró la puerta tan pronto como la alarma se activó, pero tenía el presentimiento que les quedaba pocos minutos en hallar un escondite

– ¡¿Qué mierda está pasando, Igor?! – Exclamó su líder, a punto de perder los estribos.

– ¡No lo sé! 

– Dile al informante que apague el maldito sonido – Rogó Yuko.

–  ¡No me responde!

Después de unos segundos, Dimitri tomó una decisión, dejando a sus subordinados desconcertados:

– Tenemos que retirarnos. Lo más probable es que ese desgraciado de Mike Ratri ya haya huido.

Emma frunció el ceño y se puso delante de su líder.

– Nos quedan cinco pisos más. Al menos obtengamos toda su tecnología.

Dicho esto, el ruido de disparos se hizo presente desde niveles inferiores. El anciano parecía indeciso, cuya vista se alternaba entre la pequeña y las siluetas de los oficiales que se iban acercando.

– De acuerdo. – Concedió, liberando un par de granadas. – ¿Igor, puedes controlar los ascensores?

A la respuesta afirmativa del hacker, Dimitri lanzó los explosivos a unos soldados que ya estaban apuntandoles con sus armas.

–  ¡AHORA, SALGAMOS!

Corrieron a los pasadizos centrales, consiguiendo que la explosión no los alcanzara. Llegaron a un elevador, pero una mujer  irrumpió en su camino. Al parecer al personal los estaban evacuando y ella tuvo la mala suerte de cruzarse con los rebeldes.

El olor a pólvora llenó todos los sentidos de Emma. El cuerpo de la desconocida convulsionaba y los desechos de su cerebro decoraban de manera siniestra el suelo de vidrio.

Era la primera vez que mataban a un civil.

– Buenos reflejos. –  Felicitó Yuko a su pareja.

No pensó que sus amigos pudieran llegar a ese nivel de crueldad.

Al siguiente segundo fueron asaltados por una explosión que los arrojó hacia atrás. Cuando Emma recobró la consciencia, se percató que una barrera de escombros la separaba del grupo.

Era imposible traspasar al otro lado.

Tuvo que alejarse del sitio ya que el humo no le permitía respirar con normalidad.  Como el ascensor fue destruido por la detonación, intuyó que sus compañeros retomaron el trayecto por las escaleras de emergencias así que ella hizo lo mismo.

Felizmente no se topó con ningún policía hasta que arribó al piso veintidosavo. Una ola de disparos le dieron la bienvenida y los pudo esquivar gracias a su monstruosa agilidad. Escondida detrás de un escritorio, apuntaba y disparaba en zonas no vitales de sus enemigos. Ella no era capaz de hacerlo, de asesinar.

Otra explosión más y fue arrojada lejos, al final del pasillo. Se incorporó, ignorando el punzante dolor en su costado; y tomó el revólver de uno de los soldados caídos.. Sospechaba que un pedazo de vidrio muy punzante se había incrustado en sus costillas.

¿Debía continuar?

¿Mike Ratri estaría en esa habitación?

¿Accedería a conversar con ella?

Unos pasos se dirigieron hacia Emma y ésta comprendiendo rápidamente el peligro, levantó su arma para apuntar al desconocido. Antes de apretar el gatillo, se congeló cuando escuchó su nombre salir de un rostro irreconocible.

– Emma…

Oh, no. 

Era una de las voces que la llamaba en sus sueños. 

Cálido.

Escurridizo.

Lo que ella extrañaba, lo que ella se resignó a perder, lo que ella realmente quería.

Sus memorias.

Él pertenecía a sus memorias perdidas.

Las lágrimas comenzaron a bajar de las mejillas del desconocido y Emma pudo distinguir que no era de desdicha, sino de felicidad y alivio.

¿Quién era?

¿De dónde la conocía?

¿Cuál era su relación?

Las preguntas eran demasiadas y las respuestas tal vez no se darían por que una espontánea bala derribó a esa persona.

El cuerpo de la rebelde se movió meramente guiado por el instinto y en cuestión de segundos perforó con su arma la cabeza del atacante. Ella estaba poseída como una bestia enfurecida y ciega de la rabia. La idea de perder a alguien que acababa de conocer la aturdía, pero no lo aceptaba. 

Su corazón y mente le gritaba que debía escarmentar al agresor. Destruirlo por su atrevimiento hasta que se arrepintiera por sus acciones.

Solo paró cuando sus municiones se acabaron y no tomó otra arma porque corroboró, carente de remordimientos, que Dimitri yacía sin vida, recostado sobre la pared. Se acercó al otro cuerpo para comprobar su estado. Su pecho se movía lentamente, su temperatura iba disminuyendo y la sangre no dejaba de brotar de su estómago.

– Estás vivo. – susurró con la voz quebrada, un ardor familiar comprimía su pecho que tuvo que tomarse varios minutos para recuperar el ritmo normal de su respiración.

De pronto aparecieron Igor y Yuko quienes le informaron que un deslizador vino en su rescate y tenían que ir a la azotea hacia su encuentro. Cuando le preguntaron por el destino de su líder, ella mintió y culpó a los soldados de Mike Ratri de su muerte. 

– ¿Quién es él? 

–  ¿Por qué lo estás trayendo con nosotros? 

Emma hizo caso omiso al interrogatorio de sus compañeros, tampoco le afectó las miradas perplejas que le echaron los otros rebeldes al verla cargando sobre sus espaldas a una persona moribunda.

– Isak está muerto. – La triste noticia que le dio su amiga debía afectarla y llorar por su partida, era su camarada después de todo, pero la realidad era que los pensamientos y emociones de Emma giraban en torno al extraño que ahora mismo luchaba por su vida sobre el regazo de la rebelde.

Quizás más adelante se diera un tiempo para lamentar lo que pasó con Isak y sus arrepentimientos volvieran por la forma en que acabó con Dimitri.

Un pétalo de camelia, que guardaba en su chaqueta, se deslizó hasta caer sobre el rostro del herido.

– Por favor, no mueras. – Rogó, pasando una mano por sus cabellos níveos.

Y aunque no tenía ningún recuerdo de él, Emma sabía que no podía perderlo de nuevo.

.

.

.

Aquí estamos… bajo el mismo cielo.