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Aquella tarde la brisa era más fría de lo usual. Tan solo media hora atrás el sol se había ocultado bajo las espesas y grises nubes. La probabilidad de lluvia se podía percibir fácilmente ya que un par de veces algunos rayos iluminaron el triste cielo seguido del retumbar de los mismos, justo en el momento en que el viento aumentaba y sacudía los árboles de la avenida.
A pesar de que las manecillas del reloj no daban ni siquiera en las 6 de la tarde, el café donde se encontraba en esta ocasión ya había encendido sus lámparas con un brillo sutilmente amarillo debido al repentino cambio de clima. El cuchicheo de los clientes y la iluminación mantenían un ambiente tibio, totalmente contrario al exterior.
Gojo suspiró suavemente y la ventana de vidrio que estaba a su lado se nubló brevemente ante el cálido aliento. Se supone que ya debería estar en casa para ese momento, pero una llamada de Itadori lo terminó desviando de su camino.
—Y Junpei estaba haciendo una investigación sobre si los efectos prácticos son mejores que los que se hacen por computadora, ya sabes el CGI. Creo que dijo que las películas de terror eran las más afectadas. —La voz de Itadori continuó haciendo eco en sus oídos.
Durante los últimos minutos el muchacho había estado hablando sobre las tareas universitarias de su pareja o algo similar, Gojo se había perdido entre tantas palabras en algún punto y volvía a prestarle atención a su amigo cuando algún ruido brusco del entorno le regresaba al presente.
—Yuuji —interrumpió Gojo después de cansarse de la charla unilateral. —¿Para qué me citaste aquí? Dijiste que era importante. Y aunque siento mucho cariño por Junpei, todo lo que dijiste no suena relevante para mí… Es incluso sospechoso.
—Está bien, lo admito. —Itadori se rindió tan fácil como siempre, nunca era necesario presionarlo para decir la verdad, todo un ingenuo. —Tendremos una cita doble, así es, te conseguí otra cita y no puedes decir que no.
—¡¿Qué?! Soy un adulto perfectamente funcional como para conseguir mis propias citas. —Gojo no estaba enojado, bastante lejos de estar sorprendido incluso. Solo consternado por dejar que un chico de 21 años controlara su vida amorosa.
—¿Seguro? ¿Cuándo fue la última vez que tuviste pareja? —Itadori contraatacó, aunque Gojo pudo captar una breve sonrisa entre los labios del de cabellos rosados, tan infantil que era, no entendía cómo consiguió un novio tan fácilmente. Gojo supuso que la torpeza debía de tener cierto encanto y efecto en Junpei, quien era alguien bastante introvertido.
—No es mi culpa que las personas no cumplan con mis expectativas. —Y en ese momento Gojo recordó sus años más jóvenes, cuando todo y todos eran interesantes, las experiencias de lo erótico y lo romántico eran una combinación mortal. Era cierto que había sido una especie de rompecorazones años atrás. Pero ahora, la cercana crisis de los treinta le pedía a gritos una relación mínimamente estable, pero Gojo no quería conformarse con cualquiera, necesitaba de un compañero adecuado a sus estándares, con el que pudiera complementarse. —Ya has hecho esto antes y no va a funcionar. —Gojo le dio un sorbo al café con crema de avellanas que olvidó que había pedido.
La historia se repetía una y otra vez, Itadori le presentaba a alguna persona, cómo en aquella ocasión en donde trajo consigo a una mujer que conoció en el supermercado o a un chico con el que tropezó en el metro. Sin importar de quién se tratase, al final de la noche todo era una terrible decepción, solo seres humanos simples con vidas ordinarias.
—¡Sé que será diferente! Eres mi amigo, pero no puedes seguir interrumpiendo mis citas. Reconozco que tengo que pasar tiempo con Junpei y contigo, pero no tiene que ser una salida de tres personas todo el tiempo. ―Sabía que Itadori estaba siendo lo más amable posible para no romper su corazón de pollo. Y tenía que reconocerlo, ya tenía 28 años y no podía seguir interrumpiendo las salidas románticas de dos locos universitarios, aunque eran dos de sus más cercanos amigos y era muy divertido ver a Yuuji frustrarse de la vergüenza al no poder besar a Junpei frente a él, consideró que esta vez el más joven tenía razón.
—¡Pero a Junpei no parecía molestarle! ― Esta vez Gojo solo estaba haciendo algo de drama, tenía que molestar a su amigo un poco más antes de ceder.
—Jamás Junpei diría algo para incomodarte, pero basta. ¡No puedo tener momentos íntimos! Así que te guste o no, vas a ir y me dejarás tener una cita normal. Al menos usa el tiempo para hacer un amigo nuevo, no tienes que besarlo o acostarte con él.
—¿Y cuál es el nombre de ese amigo tuyo? — preguntó Gojo. No estaba muy emocionado al respecto, pero Itadori sería feliz y lo dejaría de molestar por un tiempo con el mismo tema. Si las cosas no marchaban bien, al menos lo habría intentado y quizá tendría que comenzar a considerar juntarse más con Nanami, aunque el aburrimiento lo matara en el proceso.
—Fushiguro Megumi, llegó a Japón hace algunas semanas, estaba estudiando en el extranjero, tiene 22 años. Te juro que esta sí es la primera vez que te presento a alguien decente, así que sé amable.
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—¿Por qué traes lentes oscuros? Es de noche. —Itadori preguntó. Como si las acciones de Gojo tuvieran explicación o sentido alguno cuando se veía arrastrado a los caprichos de su amigo con ojos de cachorro. Decidió que no gastaría energía en responder algo que Itadori no estaba listo para entender.
Gojo observó a su alrededor, de pie frente a las amplias puertas del cine, mismo que estaba casi desierto ante la temporada de películas aburridas. Pero Junpei y Yuuji tenían una cosa por las más extrañas y malas cintas.
—¿Fushiguro es el mismo que le pegó al niño que te quitaba el almuerzo? —Junpei decidió generar un tema de conversación. Entonces ese tal Fushiguro podía ser algún tipo de vándalo, Itadori tenía un imán para las personas inusuales.
—Así nos hicimos amigos, y también le pegó a otros 20 tontos más. —Itadori se llenó la boca con unos M&M’s que adquirió en la dulcería. Todavía no compraban los boletos porque esperaban por el amigo del de cabellos rosados. Al parecer Junpei tampoco lo conocía, quizá solo por historias, pero seguía siendo un misterio. Gojo aún no podía crear una imagen mental del posible rostro de Fushiguro Megumi, pero sonaba como alguien muy poco compatible con él.
El viento sopló de manera repentina desde el este y no solo arrastró hojas o movió algunas pancartas y ramas de árboles, sino que trajo consigo una figura delgada con cabellos tan oscuros como la medianoche, las hebras desordenadas a propósito o quizá por la brisa de la temporada. La piel tan pulcra y pálida resaltaba muchísimo más debido al manto nocturno, pero su rostro ligeramente tenso como si le faltara algo de humor en su vida y unas pestañas largas, le terminaban por proporcionar cierto encanto. Gojo no registró en qué momento su mente comenzó a divagar con el extraño sujeto, hasta que el mismo extraño se detuvo frente a ellos.
—¿Itadori? —El extraño preguntó, como si no estuviera totalmente seguro. Pero la duda se disipó de inmediato de su rostro y chasqueó la lengua como si hubiera sido una pregunta tonta de su parte. —Hola, siento la tardanza. Perdí el tren —El joven se excusó, pero ellos llevaban solo un par de minutos esperando. No fue difícil intuir que se trataba de Fushiguro Megumi y definitivamente no se veía como alguien que barrería el piso con 20 personas. Gojo se encontró confundido. No sabía qué esperar de esta persona, hasta el momento estaba un poco sorprendido en diversos aspectos, posiblemente más inclinado hacia la palabra cautivado.
—¡Fushiguro! —Itadori se lanzó a darle un abrazo al muchacho, mismo que no parecía completamente feliz ante la muestra de afecto, pero no hizo nada para tratar de apartarlo. —Este es mi novio, Junpei, te hablé sobre él el día que nos encontramos. Y este es Fushiguro, un amigo del colegio. —Los presentó Itadori y ambos se saludaron con una breve reverencia.
—Fuiste de lo único que habló en realidad. —Pero no había malicia en las palabras de Fushiguro, solo un humor casi satírico que no llevaba ningún tipo de mueca divertida, el comentario provocó un sonrojo en las mejillas de Junpei.
—Y este es Gojo Satoru. Satoru, este es Fushiguro. Ambos son amigos míos así que pórtense bien. —Para Itadori aquello fue una presentación más que suficiente, porque tomó de la mano a Junpei y desapareció por la puerta de entrada del cine. Estaba a punto de disculparse por el comportamiento de su energético amigo, pero la suave risa que escuchó por parte de Fushiguro le hizo olvidarse de ello, el gesto fue tan breve y el joven hombre volvió a tener su rostro inexpresivo con tanta rapidez, que Gojo pensó por un momento que lo había imaginado.
Simplemente había algo enigmático alrededor de Fushiguro, todos los sentidos de Gojo comenzaron a dispararse, pero no entendía el por qué. No hubo apretón de manos, reverencia ni algo parecido, ambos se quedaron congelados en su lugar, hasta que unos breves segundos después, el sonido de la tranquila voz de Fushiguro volvió a hacer presencia.
—Es… Un gusto conocerte. Itadori me dijo que eras profesor, pero no especificó en qué área.
No conocía cuánta información personal compartió Itadori sobre él. Pero supuso que era más fácil mentir al respecto.
—Ciencias...Naturales —Eso estaba mejor. No le podía explicar a un casi desconocido que era profesor de hechicería en un colegio privado en mitad del bosque.
—Yo también seré profesor de… Historia —Y Gojo captó la mentira en las palabras de Fushiguro, pero no se podía quejar al respecto, sería hipócrita de su parte.
Ambos caminaron en la misma dirección en la que Itadori y Junpei habían desaparecido. Gojo luchaba internamente con una terrible inquietud que se había instalado en su pecho desde el primer segundo en el que sus ojos captaron al de cabellos oscuros. No se debía a que le pareciera físicamente mal, podía admitir que Fushiguro era atractivo, pero no le gustaba no saber lo que le sucedía, siempre todo había estado bajo su control.
Fushiguro se encargó de las entradas, a la misma película que verían Junpei y Yuuji, solo que, con asientos bastante lejanos de la pareja, Gojo se preguntó mentalmente si aquello habían sido instrucciones dadas por Itadori para mantenerlo lejos de su romance pegajoso. Sin tomarle mucha importancia al asunto, se sorprendió un poco ante la elección de palomitas con mantequilla y soda de limón de Fushiguro, el joven muchacho argumentó que su gusto por lo dulce era bastante nulo, a comparación de Gojo, que disfrutaba cada chocolate o caramelo que pudiera existir. Totalmente opuestos.
No se sorprendió cuando la sala solo estaba siendo ocupada por ellos cuatro, la película en formato blanco y negro comenzó unos minutos después, y sus escenas de horror de los años 70’s eran demasiado estúpidas para su gusto. Trató de buscarle algún sentido, pero terminó riéndose ante lo absurdo de las situaciones. Un breve vistazo hacia Fushiguro le hizo darse cuenta que el de cabellos oscuros mantenía la vista en su teléfono; leyendo alguna especie de libro electrónico, y un vistazo hacia Yuuji le hizo percatarse de que probablemente hacía ya media hora que la boca de Junpei había resultado más interesante que el filme.
― ¿Qué estabas estudiando en el extranjero? ¿Algo relacionado con Historia? ― Si no podía molestar a Yuuji, tendría que usar los recursos que tenía a su alrededor. Además, la presencia a su lado le estaba comenzando a desesperar de una forma inusual.
El muchacho levantó la vista de su teléfono, guiando su atención en la dirección de Gojo. La pregunta misma pareció avivar una satisfacción en el rostro de Fushiguro, como si hubiera estado esperando muchísimo por una pregunta como aquella.
―Mitología nórdica y celta, estaba investigando sobre sus formas de comunicación y sus escrituras antiguas. Aunque sobre la mitología celta solo existen historias contadas de generación en generación, no existen registros. ―Gojo podía percibir que aquello era una total verdad, dejándolo más confundido, ¿No era una mentira lo de ser profesor de historia? había sonado como una y Gojo nunca se equivocaba.
― ¿Crees en esas historias? ―Preguntó nuevamente, sabía que estaban llenas de dioses que, según su conocimiento, se trataba de hechiceros antiguos con gran poder. Pero quería saber la opinión de Fushiguro al respecto, repentinamente las voces de la película pasaron a segundo plano y se encontró genuinamente curioso ante lo que tendría por decir el otro.
―No completamente, los hechos están distorsionados. Aunque mi punto de interés eran sus escrituras, no puedo ignorar la magia que decían tener esas deidades.
― ¿Por qué? ¿Crees en la magia? ―Gojo se encontró acercándose un poco más al otro hombre, tal como una polilla hacia la luz. Los pocos centímetros que le separaban lo hicieron consciente del aroma de Fushiguro, era algo parecido a la mezcla entre algún cítrico y melocotón, vaya tipo de jabón de baño. Al de cabellos oscuros no pareció le pareció incomodar el repentino acercamiento, porque estaba distraído, pudo notar la duda atascada entre la lengua de Fushiguro por las palabras no dichas, había sido una pregunta fácil de contestar para cualquiera y eso lo desconcertó. Porque Gojo solo quería saber que tanto estaba consciente el joven sobre esa parte de la vida que muy pocos conocían, pero al parecer terminó provocando una lucha interna en la mente del muchacho.
Cuando los segundos parecieron eternos, la respuesta de Fushiguro no solo generó un mar de preguntas en su mente, sino que también le provocó un tirón y cosquilleo inusual en la boca del estómago.
―Probablemente suene como una locura para ti, pero desde muy pequeño aprendí a manejar cierto tipo de magia, al principio pensé que era mi imaginación, pero cuando continué creciendo... Dios, ni siquiera sé por qué te estoy contando esto. ―Fushiguro se retractó demasiado rápido de sus palabras, ¿había revelado esto a alguien más en el pasado y se habrían burlado de él?
Gojo definitivamente no esperó nunca una respuesta como aquella. Principalmente porque siempre percibía la hechicería o magia en las personas que nacían o aprendían esos dones, pero en aquel extraño de cabellos oscuros no sintió una sola pizca. Y la situación, bastante peculiar, aumentó el interés que había tenido hacia la persona que era Fushiguro Megumi.
― ¿Puedes hacer hechizos o invocaciones? ― Gojo preguntó. Pero estaba lejos de ser un cuestionamiento impulsado solo por la curiosidad, el solo pensamiento de una respuesta positiva le estaba provocando un hormigueo en la piel. Se aseguró que sus palabras no cruzaran ningún tipo de línea burlesca, no quería espantar la poca confianza que Fushiguro depositó en sus manos. De igual manera sí se moría por saber, porque tendría que ser una magia demasiado antigua y poderosa como para haber pasado desapercibida por él.
― ¿Qué sucedería si digo que sí? —Gojo entendió entonces lo que comenzó a experimentar hace casi una hora atrás, su cuerpo reaccionó más rápido que su mente, había percibido los dones de Fushiguro, pero la información en su cabeza estaba incompleta y experimentó algo cercano a un corto circuito. También tuvo que reconocer que Yuuji no mintió, esta vez era diferente, muy diferente.
—Muéstrame. —Gojo no trató de ocultar la emoción para ese momento, la sonrisa que surcó su boca fue un gesto provocado por la anticipación, ni siquiera se percató de que la palabra salió casi como un murmullo, pero no hubo de necesidad de repetirla, porque se había inclinado tanto en dirección de Fushiguro, que estaba bastante cerca de su oído.
Entre la luz tenue y el ambiente ligeramente oscuro, dependiendo únicamente de la iluminación de la gran pantalla de cine frente a ellos, Fushiguro colocó sus manos enfrente y fue acercando lentamente sus palmas. Cuando sus dedos se entrelazaron, un ligero susurro salió de sus labios. Gojo tuvo la noción de haber experimentado un escalofrío porque reconocía el idioma pronunciado, pero era tan antiguo como los árboles. Y en ese instante percibió una energía intensa alrededor de Fushiguro, ahora era totalmente consciente de su poderosa magia basada en runas.
El de cabellos negros volvió a desplegar lentamente sus manos y Gojo contempló como poco a poco un destello de partículas doradas se juntaron hasta crear la forma de un lobo corriendo sobre altos pastizales. La visión desapareció cuando Fushiguro cerró sus manos unos cinco segundos después y la energía desapareció de inmediato, como si nunca hubiera estado allí. Entonces sabía ocultarla, Gojo supo que su cita de aquella noche no era ningún principiante.
Fushiguro no tardó en hacer contacto visual, en busca de alguna reacción, no necesitaba ser un genio para saber que los nervios recorrían cada músculo del de cabellos negros. Si Gojo fuera un ciudadano común, probablemente le hubiera dicho que era un truco que había ensayado por horas, pero quizá el destino los había terminado por reunir a ellos dos esta noche, en este preciso momento. Porque no podía encontrar una razón lógica, los hechiceros eran una minoría y de los pocos que existían en Japón, Itadori era amigo de dos, y los terminaba juntando en una cita, el universo no podía ser tan perezoso ¿o sí?
—Impresionante… Y estoy seguro que eso solo es un grano de arena comparado con lo que puedes hacer en realidad. —Gojo no estaba siendo amable. El potencial de Fushiguro se reflejó en el aura mágica que le rodeó por la pequeña fracción de tiempo que duró su demostración, pero había sido suficiente como para abrumarlo. Gojo no recordaba cuándo fue la última vez que percibió un potencial así en alguien.
Sus palabras debieron afectar positivamente al muchacho. Gojo fue capaz de captar por primera vez el brillo en aquellos ojos de zorro de Fushiguro, como si alguien lo hubiera notado después de haber dado tantas vueltas por el mundo. Quizá Fushiguro no era tan expresivo, pero con aquella pequeña muestra, comprendió que sus largas pestañas podían ser perfectamente una de sus más mortales armas también.
—¿Por qué hablas como si supieras del tema? —El inteligente Fushiguro resurgió después de breves segundos en los que le dejó ver lo adorable que podía ser. La no tan esperada cita no podía mejorar más que esto. La montaña de emociones dentro de la mente de Gojo quería derrumbarse y deshacerse en gritos de euforia.
Gojo también sabía ocultar sus talentos, y por eso probablemente Fushiguro tampoco había notado que tenían dones similares. Aunque era difícil percibir incluso para algunos expertos, la magia que estaba presente en Satoru Gojo provenía del exterior del universo, demasiado cósmico e inexplicable. La de Fushiguro Megumi procedía de las entrañas de la naturaleza y lo pagano.
Estaba más que sorprendido. En una sola noche había conocido a un bonito desconocido que le terminaba mostrando un tipo de magia que se creía desaparecida desde hace medio siglo. Sin saberlo, el de cabellos negros había cambiado muchos aspectos de su realidad y no iba a desaprovechar la oportunidad.
Satoru Gojo no respondió con palabras, ante la mirada interrogante del otro hombre dejó que la constelación de Orión se formara sobre la palma de su mano, cada estrella parpadeó tan brillante en medio de un cielo infinito bañado por colores sin nombre y la sensación de vértigo creciendo ante cada segundo que no se apartaba la mirada. Tan fácil como se formó, desapareció tal como explota una burbuja de jabón. La sangre en su cuerpo comenzó a bombear más rápido y el pulso se le aceleró al pensar en la reacción de Fushiguro al conocer que podían ser más parecidos de lo que pensaba.
La respuesta verbal nunca llegó, pero la acción que recibió a cambio fue tan rápida que lo tomó con la guardia baja. El peso repentino sobre Gojo no fue una molestia, el cuerpo delgado encajaba perfectamente allí, solo que Fushiguro se aferraba fuertemente al cuello de su camisa para impedir que se separaran y sería un terrible pecado dejar que la presión de los suaves labios con un sutil sabor a limón abandonara la atención sobre su boca. Entendió que podía tratarse de una reacción motivada por la emoción, y no estaba dispuesto a quejarse en absoluto.
Sus manos buscaron algo a lo que sostenerse también, y las mismas se posaron sobre la estrecha cintura de Fushiguro que estaba muy bien escondida y cubierta por un par de prendas. Le sorprendió lo poco que estorbaban las gafas de sol que se había puesto, por un momento había olvidado que las traía puestas pues sus ojos se cerraron una vez que le tomó el ritmo al compás errático del beso.
Gojo arrastró a Fushiguro hacia su lugar, quizá el asiento de aquel cine desierto no era lo más cómodo para besar, desde su criterio, pero tener la cálida figura sobre su regazo solo aumentó el deseo que no sabía que estaba reteniendo. Los esponjosos labios se seguían moviendo con una maestría que le robó el aliento, las narices de ambos rozándose un par de veces y la respiración de ambos mezclándose debido a un ligero jadeo por parte de Fushiguro.
La forma en la que aquella boca demandaba su atención, le daba un indicio del comportamiento de Fushiguro, como si quisiera tener todo su control, ¿no era ese un problema si Gojo pensaba igual?, en absoluto, Fushiguro podía ceder, tal como había dejado que Gojo le introdujera la lengua. El contacto con el esponjoso músculo fue solo un mínimo roce al principio, aumentando al mismo tiempo en la que su aire se agotaba. Después había girado la lengua alrededor de la de Fushiguro, presionando ligeramente sobre el surco y la sola acción provocó que el de cabellos oscuros se aferrara más a su prenda, misma que comenzaba a apretarle alrededor del cuello por la fuerza externa.
El ruido de un grito agonizante proveniente de la película hizo que ambos se separaran, observándose con horror debido al susto. Gojo contempló a Fushiguro como quién observaba un conejo asustado, pero el de cabellos negros retomó su rostro inexpresivo con tanta naturalidad, solo la respiración agitada le delataba, parecía incluso un poco enojado ahora. Y aun así se atrevió a preguntar:
—Megumi, ¿Te gustaría acompañarme para doblegar tu paciencia y hacer que ruegues por ser follado? — Gojo recordó haber hecho una pregunta similar a una cita anterior, pero el golpe en su mejilla le hizo reflexionar sobre sus tácticas de coqueteo. Mismas que eran totalmente obsoletas porque un poco de magia simple había sido más que suficiente esta vez.
―Esas son muchas cosas, ¿Podrás cumplirlas? ― Fushiguro se levantó de su regazo y tropezó un poco cuando se puso en pie, Gojo reaccionó rápidamente y se levantó con la misma velocidad, tomando al joven muchacho por la cintura como había hecho antes. Ahora que era más consciente de las alturas de ambos, desde esa perspectiva podía apreciar la bonita nariz del otro hombre y sus pestañas coquetas resaltando con usuales parpadeos, nada comparado a la mirada asesina que poseía.
Observó en dirección de su amigo y el novio de su amigo, ¿Cómo se llamaban?, no importaba. Ellos estarían bien solos.
―Es mejor si te lo demuestro. ―La banda sonora de la película se transformó en una de persecución y se tornaba tensa, probablemente estaba en su última media hora para terminar. Gojo deslizó su mano hacia la de Fushiguro, entrelazando sus dedos para después llevarlo lejos de aquella sala oscura. Estando fuera del cine respiró finalmente un poco de aire fresco, la noche parecía tranquila mientras caminaba hacia el auto estacionado a un par de metros lejos.
Sintió los dedos del de cabellos negros apretarse fuertemente contra su mano, y a pesar de que el otro no lo admitiría nunca, Fushiguro podía ser muy adorable inconscientemente. Cuando subieron a su auto, recordó brevemente que había traído a Yuuji y a Junpei, pero esto era justo lo que quería su amigo, entonces podían tomar algún taxi. Fushiguro observaba las calles y los edificios iluminados por diversas luces neón, una ciudad despierta en el auge de la vida nocturna, la fachada tranquila guardaba detrás de cada bar u hotel un sin fin de excesos y diversión sin límites. Aquello parecía del interés del joven muchacho, quién miraba atentamente a través de la ventana. Gojo se preguntó dónde y cuánto tiempo habría estado estudiando fuera del país. Yuuji nunca fue muy explícito en los detalles.
Cuando llegaron al edificio donde vivía, Fushiguro ya no le tomaba de la mano, solo le seguía de cerca con bastante discreción. Y una vez que estuvieron dentro del ascensor Gojo volvió a acortar la distancia, arrinconando a Fushiguro a una de las esquinas, mientras el elevador subía pacientemente a cada planta.
—¿Les dices a todos sobre tu magia? —Gojo no iba a preguntar aquello, pero su lengua y curiosidad habían sido más rápidos. Fushiguro se tomó algunos segundos para responder, pero no se quedó quieto, las manos del de cabellos negros se posaron con una inmaculada suavidad sobre sus hombros, acariciando aleatoriamente el lugar por encima de la tela, luego los dedos se movieron lentamente hacia su cuello y se enroscaron en las puntas de su cabello, el tenue roce haría ronronear al gato más salvaje.
—No… Pero sentí que podía contarte. —Gojo lo entendía, probablemente la magia que residía en ellos se había atraído como dos imanes. ―Y no estaba equivocado… ―Gojo podía apostar a que Fushiguro había tenido que ponerse casi de puntillas para poder besarlo. Esta vez el contacto fue más delicado, los labios se presionaban sobre los suyos con una dulzura y calma que sintió su cerebro como algodón de azúcar.
Esta vez el suspiro vino de su parte cuando Fushiguro apartó sus labios y lo dejó unos segundos en la sexta dimensión. Gojo no podía atribuir todo a la hechicería, simplemente estaba siendo enviado al borde por Fushiguro, como hace mucho tiempo no se sentía.
Cuando el sonido de la campanilla le advirtió de su llegada al piso correcto, buscó sus llaves y avanzó hasta su puerta, misma que abrió con una agilidad y rapidez única. La mayoría de las luces estaban apagadas en el interior del departamento, salvo por una que otra lámpara en ciertas esquinas para mantener el ambiente tenuemente iluminado.
Tan pronto Fushiguro había pisado el interior de su hogar, cerró rápidamente la puerta y la sangre le comenzó a bombear con tanta rapidez, con el de cabellos negros en sus aposentos comenzaba el verdadero juego. Ambos arrojaron los zapatos en la entrada, la emoción le picó en la planta de los pies y empujó suavemente al muchacho hacía su habitación, aquella que no se alejaba mucho de la estética de las otras estancias, solo por la luz extra de la luna que se colaba por el ventanal, podía contemplar sencillamente las espesas nubes cubriendo el oscuro firmamento.
Se acercó por la espalda del de cabellos negros y deslizó los brazos por las caderas del muchacho, luego se inclinó lo suficiente para besar el cuello expuesto de Fushiguro y el acto le estremeció la piel al otro hombre. Se atrevió a presionar los dientes contra la tersa piel, el mordisco fue suficiente como para escuchar la sorpresa en el sonido atrevido que brotó de los labios de Fushiguro.
—Desnúdate. —Gojo comentó cerca del oído del de cabellos negros, dejando un breve y suave beso sobre la mejilla del otro. Se sorprendió unos segundos por la instantánea obediencia, ni una sola palabra en contradicción fue pronunciada por parte del de cabellos negros. Se alejó del joven muchacho solo un par de metros para contemplar la escena en todo su esplendor. El susurro de la ropa y la carencia de ruido en la habitación, mientras las capas de ropa iban desapareciendo poco a poco hasta revelar el dulce pecado que podía ser Fushiguro, ocasionaron que sus pensamientos se distorsionaran a cada segundo. El deseo aumentando en su cuerpo hasta sentir la presión en su entrepierna crecer.
A lo lejos, fue más fácil contemplar la deliciosa piel tan blanca como la nieve y las extremidades estéticamente largas. Todo su cuerpo era tan atractivo y la llama de lujuria en su interior comenzaba a quemar cada rincón de su pensamiento ante cada segundo que su mirada se estancaba en la simétrica anatomía.
Sus pasos lo movieron por inercia hacia su amante, y se posicionó detrás de Fushiguro, sus manos se posaron sobre las caderas ajenas. Y sus dedos rozaron la piel expuesta, el hueso sobresalía en ambos costados y le gustó la manera en la que su toque apreciaba cada curva desnuda de la tibia piel.
La brisa que entró por la ventana entreabierta debió provocar un ligero escalofrío a Fushiguro, eso o era la reacción de su cuerpo ante el roce casual de sus dedos sobre el vientre plano. Adoraba la sensación de sentir la figura desnuda contra su cuerpo todavía cubierto por prendas. Gojo se detuvo un momento sobre el ombligo de Fushiguro y delineó la cicatriz natural, fue inesperado escuchar un bufido de parte del de cabellos negros, tratando de ocultar con aquel sonido, la risa que soltó ante el inesperado toque.
Y luego Fushiguro pareció haberse convertido en otra persona, más dócil, cariñoso y meloso que en las últimas horas que llevaba de conocerlo. Como si la lujuria que cargaba el ambiente desapareciera su actitud gruñona, dejando solamente al joven y precioso muchacho que tenía entre los brazos. Porque terminó girando en su dirección y deslizando las manos por su pecho, desabrochando con una paciencia inquebrantable cada uno de los botones de su camisa. Luego Fushiguro lo había mirado y el cosquilleo que Gojo había sentido sobre la piel al contemplar aquellos ojos llenos de un fuego abrumador, no los había visto nunca, ni siquiera en el enemigo o amante más intenso.
El de cabellos negros comenzó a frotarse contra su cuerpo, los dedos de Gojo recorrieron la línea de la espalda del muchacho y se posaron sobre su trasero, amasando la suave piel y presionando el cuerpo contra el suyo, notando la dureza de Fushiguro contra su cadera.
Fushiguro deslizó las gafas de sol de su rostro, había incluso olvidado que todavía las llevaba puestas. Estaba consciente del efecto que sus ojos tenían sobre los demás, muchos podrían tenerle miedo, sentirse fascinados o ambas.
—¿Te gustan? —Gojo levantó ambas cejas con coquetería, la respuesta era obvia. Porque Fushiguro se había paralizado un par de segundos al verle el rostro completo, incluso en la semioscuridad pudo captar la impresión en las facciones del otro.
Una suave carcajada salió de los labios del de cabellos negros, el muchacho retomó su tarea, apartando la camisa de Gojo del cuerpo hasta que la misma cayó suavemente al suelo junto al sonido brusco de las gafas haciéndole compañía a dicha vestimenta.
—No, son horribles. —Y el tono bromista estaba impregnando en cada palabra. Gojo terminó riendo de igual manera. Entre risas, Gojo alzó a Fushiguro, las piernas se envolvieron alrededor de sus caderas de manera automática, solo camino un par de pasos más hasta la cama donde recostó al joven muchacho sobre las cobijas y algunas almohadas dispersas.
Su cuerpo cubrió el de Fushiguro, con una mano apoyándose contra la cobija y otra acariciando el suave y carnoso muslo del otro hombre. Las bocas de ambos se volvieron a unir, mientras las caderas de Fushiguro se movieron contra las suyas, el roce de ambas intimidades los hizo jadear, luego comenzaron a frotarse uno contra otro, tan brusco y desesperado en busca de un alivio que solo se conseguía de una sola manera.
—Satoru… —La súplica puesta en palabras, y su nombre se escuchaba prohibido entre respiraciones agitadas y en medio del creciente placer, en esas condiciones no podría negarle nada a aquel muchacho de adorables pestañas.
—No digas más, Megumi… Yo cuidaré de ti — Murmuró Gojo. Dejando un breve y casto beso sobre los suaves y rojos labios de Fushiguro.
Gojo tomó una distancia prudente, observando de forma descarada y breve la desnudes de Fushiguro, y poco después volteó el cuerpo del joven muchacho, recostándolo sobre su estómago, le elevó las caderas y le separó las piernas con tal gentileza como quién abría un regalo especial en navidad.
Una mirada a la maravilla frente a sus ojos, era suficiente como para provocarle un tirón en la entrepierna; con un Fushiguro respirando con una falsa serenidad contra las cobijas, con todo expuesto a su merced y la erección sobresaliendo en medio de las piernas. El cuerpo de Gojo vibraba de la emoción al querer enterrarse entre aquellos bonitos glúteos.
Gojo acercó su mano a la dureza del hombre más joven, tomándola con su puño y bombeando la longitud con agilidad. La estimulación hizo gemir a Fushiguro, empujando en dirección de su palma en la búsqueda de más.
Gojo estiró su mano libre en dirección de algún mueble donde guardaba la indumentaria para aquellos encuentros. Un simple hechizo y un cajón se abrió, arrojando hacia afuera la botella de lubricante junto a un par de preservativos que estuvieron sobre su mano en un breve instante, una lástima que ambos objetos sacudieran todo lo demás sobre dicho mueble y se terminara por caer algún jarrón caro que compró en China, su mente estaba más concentrada en el postre recostado sobre su cama. El ruido no pareció afectar a Fushiguro tampoco.
Ambas manos se posaron sobre los suaves y redondos glúteos de Fushiguro, estirando la piel y revelando su estrecha entrada. La tentación le hizo inclinarse y presionar su lengua sobre el orificio, arrastrando en reiteradas ocasiones el húmedo músculo sobre el pliegue, la acción provocó un temblor en el cuerpo del joven muchacho y Gojo se deleitó con el quejido de sorpresa que brotó de la boca adversa y de los pobres intentos de Fushiguro de ocultar sus gemidos sobre la cobija desordenada bajo su cuerpo.
Cuando se separó para poder continuar con sus acciones originales captó la contracción del anillo de músculos, aquel hermoso cuerpo a su disposición le provocaba con los detalles más pequeños. Gojo abrió la botella de lubricante y vertió una exagerada cantidad en sus dedos. El gel frío debió provocar otro temblor en Fushiguro cuando el dedo índice de Gojo se adentraba hasta el nudillo, las piernas se abrieron más y el muchacho articuló otro par de jadeos. Gojo continuó explorando con un solo dedo dentro de la estrecha cavidad, moviendo el extremo y empujando más profundo, dilatando con paciencia el tibio valle.
Agregó más lubricante a la intromisión de su índice y pronto deslizó un par de dedos más. Embistiendo los dígitos contra el interior, estirándolo con mayor intensidad. Pronto tuvo a Fushiguro lloriqueando por el placer que le proporcionaba, y cuando la yema de sus dígitos rozó su próstata el de cabellos negros se sacudió y guio las caderas hacia la estimulación, Gojo aumentó la fricción sobre la sensible glándula y cuando estaba seguro de que Fushiguro estaba justo en el borde, apartó los dedos hacia afuera rápidamente y presionó su pulgar contra la hendidura de la necesitaba dureza del muchacho. El gruñido de frustración resonó perfectamente en toda la habitación. Pero luego Fushiguro lo había buscado con la mirada, desde su posición le observó con los ojos llorosos y rogando en silenciosa contemplación con cada facción de su rostro, con los dedos fuertemente aferrados a las cobijas. Además de una delgada línea de saliva deslizándose por la comisura de sus labios.
—Fóllame por favor, Satoru. —No tenía que pedirlo dos veces, tampoco es que Gojo tuviera más autocontrol.
—¿Tan pronto estás rogando, Megumi? —Fue la primera vez que Gojo observó el sonrojo del bochorno sobre las mejillas de su amante gruñón, el de cabellos negros solo gesticuló algún tipo de gruñido y aquello le hizo reír. Fushiguro podía ser adorable con tan poco.
Gojo se inclinó para dejar un beso en cada hoyuelo de la espalda baja del muchacho, y luego sus manos se posaron sobre el torso ajeno, los dedos manchados de lubricante se pasearon por cada uno de las costillas que se encontraba a los lados del cuerpo desnudo, apreciando cada curva plasmada en la piel tibia.
Gojo se fue desviando lentamente hacia abajo, rebuscando entre las sábanas y el pecho de Fushiguro, encontró entonces los pezones rosados y erectos, sus dedos los tomaron como una pinza y los pellizcó, provocando una sacudida de la anatomía ajena. Sus pulgares se frotaron contra los sensibles botones, y los jadeos de Fushiguro volvieron a llenar la habitación. La sobreestimulación en las sensibles protuberancias terminó por sacarle un sollozo de los labios al de cabellos negros y Gojo fue testigo del éxtasis construyéndose nuevamente, con la sacudida de las extremidades de Fushiguro y la piel erizándose bajo su toque. Pero sus manos se separaron antes, y captó también la desesperación en el quejido emitido por Fushiguro, la desesperación y el anhelo mezclándose en el interior del muchacho.
Gojo llevó su atención hacia las piernas desordenadamente abiertas del de cabellos negros, contemplando el palpitar de la entrada dilatada y el lubricante goteando sobre los muslos y los testículos.
Se deshizo entonces de su pantalón y la ropa interior, arrojando las prendas hacia el suelo. La liberación de su erección lo hizo más consciente de sus propias necesidades, acariciando unos segundos su dureza para tratar de aliviar el deseo.
Buscó el preservativo y lo sacó del paquete, deslizando el látex sobre la carne dura y caliente. Aplicando también más lubricante alrededor para facilitar la intromisión. Luego posó una de sus manos sobre la cadera de Fushiguro, sosteniéndolo con precisión mientras con su diestra guiaba su miembro hacia la intimidad del muchacho.
Presionó suavemente el glande sobre los testículos del joven hombre, rozando la carne sensible. Y el gemido exquisito que salió de la boca de Fushiguro le incentivó a seguir subiendo un poco más, recorriendo el corto camino hasta su orificio, donde se introdujo lentamente. La calidez de las paredes lo rodearon de inmediato, mientras avanzaba por el estrecho valle centímetro a centímetro. Sintió a Fushiguro moverse debajo suyo, empujando en su dirección y ahogando cualquier muestra vocal de erotismo sobre el antebrazo donde estaba apoyando la cabeza.
a Gojo le gustó la vista de la espalda arqueada de Fushiguro y los cabellos del color de la noche tan desordenados.
Se retiró lentamente, disfrutando de la deliciosa presión alrededor del falo, para después embestir suavemente contra el apretado canal, la calma y la lentitud que aplicaba en cada empuje, le provocaba un placer inmenso, disfrutando de la contracción del cuerpo de Fushiguro y el movimiento de los músculos de su espalda.
―Ah… ¡Mhg! ― Fushiguro se retorció sobre la cama, los dedos aferrándose a las pobres cobijas, las caderas del muchacho empujando hacia arriba, tan ansioso, dándole un mejor vistazo glorioso de su hermoso trasero.
Las manos de Gojo se aferraron al hueso de las caderas de Fushiguro, utilizando el agarre para tener más estabilidad ante cada vez que perforaba el caliente orificio, el lubricante ayudándole a ir cada vez más profundo, con la piel de ambos chocando con más constancia, provocando un sonido erótico que lo instaba a continuar profanando hasta el último espacio de la mente y el cuerpo de su amante.
Con cada empuje, su erección se sensibilizaba más, la piel le hormigueaba y le costaba enfocar el pensamiento en algo más que no fuera la lujuriosa nublando su cuestionable buen juicio.
Lentamente fue disminuyendo el frenesí de sus embestidas hasta salir de la misma cautelosa manera del interior del de cabellos negros.
Gojo sabía que la sola posición en la que se encontraba Fushiguro podía estarlo lastimando. Con suavidad, volteó el cuerpo del muchacho y lo recostó sobre su espalda, dejándolo reposar encima de las desordenadas cobijas. El alivio fue obvio e inmediato en las extremidades cansadas del joven muchacho y, además, Gojo podía volver a deleitarse con los ojos de zorro de Fushiguro.
Gojo se acomodó entre las piernas de Fushiguro y se acercó lo suficiente, sin posar todo su peso en el cuerpo de abajo. Y juntó entonces las bocas de ambos, como si un beso se le hubiera negado por más de mil años. Era fácil encariñarse con cada aspecto de la persona que era Fushiguro Megumi.
Desde esa perspectiva era más consciente de las reacciones y gestos de Fushiguro, como cuando volvió a penetrarlo y el rostro de su amante se había fruncido en una inusual muestra de placer. Tan cerca que estaban, eran capaces de sentir el aliento cálido del otro y las respiraciones agitadas.
Gojo se aseguró de ir más rápido, más profundo. Golpeteando con desesperación aquel lugar que hacía gemir a Fushiguro. Sintió entonces unas manos cálidas sobre la espalda y la presión de las cortas uñas cada vez que su longitud se frotaba contra los lugares más sensibles y cercanos a la próstata.
Pronto los cuerpos de ambos se movieron en perfecta sincronía, buscando el tan ansiado placer y saciándose el uno del otro.
Gojo rebuscó entre ambas pieles desnudas el desatendido pene de Fushiguro, rodeando la base y paseando los dedos sobre la palpitante longitud. Fushiguro casi sollozó ante la estimulación y las piernas se engancharon como imanes a sus caderas, la cara interna de los muslos creando una constante fricción entre ambos. Gojo percibía perfectamente las contracciones constantes de las tibias paredes alrededor de su erección, del movimiento desesperado de cada parte del cuerpo de su amante y de sus bajos gemidos.
En ese pequeño instante Gojo fue capaz de observar los brillosos ojos de Fushiguro, iluminándose con una luz tenuemente dorada sobre cada iris, como si toda la magia que existía en su interior perdiera el control en el segundo en que sucumbió ante el orgasmo. Y fue lo más hermoso que había visto alguna vez. El desborde de hechicería que duraba un eterno segundo, con un Fushiguro sumido en el éxtasis y aferrado a Gojo como si estuviera al borde de un abismo abrumador.
Fushiguro le abrazó con una fuerza increíble mientras se dejaba ir en el mar de sensaciones, Gojo sintió su mano y abdomen mancharse con el semen del otro hombre, pero se deleitó más observando como poco a poco el brillo dorado abandonaba las pupilas dilatadas del de cabellos negros. La sorpresa le había cautivado completamente y se encontró arremetiendo con más ímpetu contra el orificio lubricado, el palpitar de las paredes y la succión alrededor de su pene le permitieron terminar de construir su propio clímax. Su mano libre apretó con fiereza el suave muslo de Fushiguro, cuando el cosquilleo aumentó en cada capa de su piel y empujó hasta el abismo, la mente se le nubló mientras se corría dentro del profiláctico y llenaba el látex con su semilla.
Gojo perdió cualquier tipo de fuerza, sucumbió a la sensación de satisfacción y cansancio de su propio orgasmo. Se recostó cuidadosamente sobre el pecho de Fushiguro, ambos con la piel ardiendo y la respiración agitada. El corazón acelerado del de cabellos negros era fácil de detectar, porque impactaba contra la mejilla que habla posado casualmente sobre esa parte de la anatomía de su amante.
Las manos sobre su espalda se movieron cautelosamente hasta sus cabellos, Gojo podía ronronear por la más suave caricia otorgada por los dedos de Fushiguro. Y no supo cuánto tiempo estuvieron de esa forma, con el sonido de la suave brisa externa de fondo, quizá segundos o media hora. Pero Gojo se alejó con poca motivación, porque la comodidad a pesar del sudor y de algunos fluidos, era totalmente plena.
Se retiró con cuidado de entre los glúteos del joven muchacho, quitó el preservativo y lo lanzó hacia alguna cesta llena de papelería que iría al basurero. Gojo comenzó a sentir el dolor en algunas partes de su cuerpo, pero primero tenía que ocuparse de Fushiguro.
Así fue como se dirigió al baño de la habitación y se mojó una toalla con agua fresca, pasándola por su cuerpo y deshaciéndose un poco de la sensación pegajosa. Luego repitió la misma acción con otra toalla limpia y la retorció un poco para quitarle el exceso de líquido.
Volvió a la habitación y se encargó de limpiar con gentileza cada parte de la figura de Fushiguro, a pesar de que el muchacho tenía los ojos cerrados sabía que no estaba dormido porque podía escuchar el chasquido de la lengua cada vez que la toalla pasaba por lugares que estaban demasiado sensibles.
Cuando terminó, arrojó la toalla hacia el canasto de la ropa sucia, pero estaba tan cansado que la dichosa tela terminó cayendo varios centímetros lejos del lugar planeado.
—¿Quieres algo? ¿agua tal vez? —Gojo preguntó, y se extrañó de lo fácil que estaba saliendo aquello, porque no recordaba haber sido un buen anfitrión después de sexo casual.
Fushiguro solo negó y el gesto venía acompañado de un muy desaparecido puchero. A Gojo le pareció algo bastante similar al comportamiento de ciertos niños mimados que solía ver en algunas tiendas. Y la teoría se comprobó cuando Fushiguro estiró los brazos buscándolo y al encontrarlo, trató de atraerlo de vuelta hacia la cama.
Oh, era del tipo cariñoso post orgasmo. ¿Quién más habría visto a Megumi de esa manera? Era demasiado temprano para estar celoso sin ninguna razón, eso no estaba bien.
Gojo no podía dejar pasar la oportunidad, así que se unió con Fushiguro en la cama y rebuscó las cobijas para poder cubrirlos a ambos. Fushiguro le abrazó de inmediato y ocultó el rostro contra su pecho. Gojo se encontró rodeando la cintura del otro con la misma intensidad.
—¿Puedo besarte? —Gojo preguntó y Fushiguro le volvió a observar, moviéndose un poco en la cama para acercarse más a sus labios.
El beso que compartieron fue diferente a cualquier otro que se hubieran dado, un movimiento tenue de ambos labios, sin una sola pizca de desesperación, algo somnoliento y como un bálsamo al corazón que igual les robó el aliento.
Se miraron unos cortos segundos y Gojo se impresionó ante el inesperado vuelco de su corazón. No podía sentirse atraído en tan poco tiempo ¿o sí? Pero es que Megumi… No podía dejarlo ir.
En medio de su divagación, Fushiguro se había vuelto a acomodar contra su pecho y la apaciguada respiración le indicó que el joven muchacho se había quedado dormido. Gojo no tuvo que hacer mucho esfuerzo al respecto, porque así con Fushiguro entre sus brazos, se fue dejando llevar por su propio agotamiento hasta que el sueño lo venció.
La próxima vez que abrió los ojos, la luz de la ventana abierta le dio justo sobre los ojos. Gojo siseó ante el ardor y se volteó en la cama hacia el otro lado, cubriéndose la cabeza con la cobija. Estiró la pierna perezosamente y en ese momento, como un relámpago, se levantó con tanta rapidez que casi tropieza con el mueble al lado de su cama.
—¿Megumi? —Se envolvió la misma cobija alrededor de la cadera y buscó en todo el departamento, ni un solo rastro de otro humano.
Gojo sabía que no era parte de su imaginación, no estaba loco.
Pero entonces, Megumi se había ido sin avisarle.
¿Qué había pasado? Y la preocupación se instaló en su estómago.
Gojo esperó hasta después del mediodía para atosigar a Yuuji con preguntas por llamada telefónica. El de cabellos rosados parecía no saber nada, pero se negó a compartir el número de contacto de Fushiguro, entre otras quejas como haber desaparecido ayer en la noche y abandonarlo. A veces no entendía a su amigo ¿no era exactamente eso lo que quería?
Gojo trató de ser paciente, porque probablemente Megumi tenía alguna razón lógica para haberse ido. Aunque no le gustó la sensación de vacío que se instaló en su pecho a medida que las horas pasaban. Y la ansiedad al no tener ningún medio para comunicarse con el de cabellos negros se avivaba cada vez más.
Se desesperó cuando pasaron tres días y la única respuesta de Itadori fue decirle que Fushiguro estaba ocupado con un asunto sobre su nuevo trabajo y que sería mejor no molestarlo, pero Yuuji era tan malo para mentir. Definitivamente algo estaba demasiado mal y no le gustaba no saber.
Cuando se completó una semana y pudo encontrarse personalmente con Itadori, Gojo lo sacudió por los hombros mientras el más joven gritaba ante la sorpresa, porque seguramente esperaba el saludo y el abrazo que siempre se daban cuando pasaban días sin verse.
― ¡¿Dónde está Megumi?! ―Gojo podía morder para ese entonces, no literalmente. Pero el asunto estaba tomando demasiado y no podía creer que Fushiguro no hubiera sentido la conexión que él había sentido, aquellos brillantes ojos no le habían mentido. Podía haber dado su vida a cambio porque estaba seguro que la atracción no había sido unilateral, era obvio.
― ¡No lo sé! Te ves muy aterrador en este momento, no puedo pensar con claridad. ―Itadori se arregló su sudadera cuando finalmente lo dejó ir. Tratando de manipularlo con esa expresión de perro abandonado, pero Gojo estaba seguro que nada en el universo podría ganarle ahora a aquel puchero que había visto hacer a Megumi… Oh rayos, y el tipo desaparecía de su vida, pero no de su cabeza.
―Más te vale que me digas o estaré presente en todas tus citas con Junpei, también conseguiré una plaza de trabajo en tu universidad para seguirlos a todas partes. Y probablemente compre un departamento justo al lado del tuyo y llamaré a la policía cuando los escuche cogiendo…―Aquella tarde parecía que iba a llover a cántaros, tan gris justo como el ánimo actual de Gojo. No es que fuera habitual que su parte, pero le tenía de mal humor no haber visto ciertas pestañas coquetas y cierto rostro gruñón. Gojo no creía en las parlotearías de las almas gemelas, pero con Megumi… no había explicación para lo que experimentó, solo que estaba… fuertemente encariñado, demasiado rápido.
―El que podría llamar a la policía en este momento soy yo… Pero solo porque parece que al menos si te interesas por alguien, te daré la dirección de su casa. ―Eso era mejor que un número de teléfono, y el alivio le bañó casi al instante.
━━☆゚.*・。゚
Ya había esperado suficiente, un par de horas más no harían la diferencia. Gojo esperó hasta el día siguiente y temprano por la mañana se dirigió hacia la dirección dada por Itadori. El sol todavía se comenzaba a alzar lentamente por el horizonte mientras caminaba por las silenciosas calles de aquel lugar, la hilera de casas a los lados carecía de vistosidad, como si todos fueran demasiado aburridos o quisieran pasar desapercibidos.
Cuando estuvo varios metros cerca del lugar indicado, pudo observar una peculiar e identificable cabellera negra cerrar la puerta principal y observar sospechosamente a su alrededor. Gojo por instinto comenzó a caminar más rápido y luego corrió cuando la mirada de Megumi se encontró con la suya y el desgraciado corrió en la dirección contraria.
El ruido de los pasos apresurados rompió la tranquilidad del lugar.
Cuando estuvo seguro que alcanzaría a Megumi, aquel se volteó en su dirección y le lanzó un hechizo, dejando un rastro de aroma a romero y partículas doradas en el aire, Gojo sintió cada extremidad congelarse como si muchas ramas se envolvieran alrededor de su cuerpo, imposibilitando cualquier movimiento. Jamás esperó que Fushiguro quisiera jugar sucio.
Pero el hechizo fue fácil de romper, porque Fushiguro no quería hacerle daño, solo quería ganar tiempo. Gojo conjuró tres rituales mientras corría nuevamente para alcanzar a Megumi. Cada paso que daba iba plasmando sobre el suelo un destello similar a las constelaciones en una noche despejada. El primer ritual comenzó a arrastrar al muchacho en su dirección, como dos imanes que luchaban desesperadamente por encontrarse; el segundo le protegió de cualquier otro ataque a distancia. Aunque Megumi se terminó liberando del primero y le arrojó una sombra que a medio metro se convirtió en un lobo gigante de pelaje espeso y oscuro que iba directo a morder su garganta con sus enormes colmillos, el animal se desvaneció de inmediato cuando Megumi chocó contra su tercer ritual, una barrera invisible parecida a un espejo que colocó al doblar la siguiente calle le dejó fuera del juego durante un par de segundos, el choque debió haberle aturdido momentáneamente.
Gojo se movió velozmente hacia el lugar en cuestión y atrapó a Megumi antes de que cayera al frío pavimento.
―Me parece que tenemos asuntos que resolver, Megumi-Chan. ―A pesar del enojo que sintió durante los últimos días, poder volver a ver a Fushiguro le llenó el pecho, seguía igual de bonito.
―Puedo explicarlo. ―Fushiguro se defendió de inmediato. Pudo sentir los dedos ajenos aferrándose a su camisa, como si el otro también estuviera aliviado de tenerle cerca.
― ¿Tu desaparición o que casi me mata un lobo gigante? ―Gojo sabía que lo último había sido solo una ilusión, pero tenía que admitir que se había asustado realmente. Megumi tenía un enorme potencial.
―Es la misma respuesta...Satoru, estoy seguro que sentiste el mismo vértigo. Me asusté y creo que eso resume todo. Al principio pensé que se debía a que nunca había estado íntimamente con alguien con los mismos dones que yo. Pero luego me percaté de que solo era una excusa de mi mente para no reconocer que me atraías. Por eso te besé en cuanto tuve la oportunidad. Me desperté y se sintió cálido, tuve miedo a acostumbrarme a algo que podía ser efímero, no mentí cuando dije a Itadori que estaba ocupado con asuntos de mi nuevo trabajo, pero el resto de los días tuve miedo volver a verte. Eres impresionante, yo puedo sentir lo eclipsante que puedes llegar a ser.
—Eres un tonto. —Lo había pensado, y las palabras se deslizaron fuera de su boca sin ningún filtro como siempre solía ser, Megumi solo le abrazó con Fuerza y por un segundo perdió el aire por la inesperada presión sobre los pulmones.
—Entré en pánico, en verdad lo siento. —Todos podíamos reaccionar diferente a diversas situaciones, por ello comprendía los sentimientos de Megumi. Parecía un introvertido profesional, Gojo se alivió al saber que al menos lo había dejado entrar a su burbuja.
―Soy todo tuyo, por si quieres que lo intentemos… ―Gojo deslizó una de sus manos por los suaves cabellos del joven muchacho, mientras que con la otra rodeo la cintura ajena y le acercó más a su pecho.
—Me gustaría. —Gojo tuvo que esforzarse un poco en escuchar las palabras con un Megumi hablando contra su camisa y sin ningún rastro de querer mirarlo en los próximos minutos.
—¿Mh? ¿repentinamente eres tan tímido? —Una brisa fría mañanera los envolvió tan rápido como un suspiro, desde aquel lugar podía escuchar el inicio del bullicio de la ciudad. Todo alrededor de Gojo era irrelevante en ese momento, a excepción del chico de cabellos negros.
—Cállate. —Y fue inevitable reírse ante la tierna dualidad de Megumi. Aunque decidió quedarse callado, no podía arriesgarse a que este saliera corriendo como un venado asustado otra vez.
A pesar de disfrutar el contacto cercano y el cálido cuerpo, Gojo sabía que no podían permanecer toda la vida en medio de la calle. Levantó suavemente a Fushiguro del suelo, el gruñido usual de Megumi rompió el breve momento silencioso. En ese instante se percató de los pies descalzos del más joven, esperaba que no se hubiera lastimado tanto.
Y aunque seguramente Megumi no estaba muy contento de ser llevado como un saco de naranjas, tampoco hizo nada para evitarlo.
Gojo regresó sobre sus pasos hacia la casa donde vio a Megumi salir, y a medio camino una idea fugaz cruzó su mente, como un rayo que cae sobre un árbol y enciende una escandalosa llama de fuego.
—¿Cómo sabías que venía? ¿Tienes poderes de adivinación? ― Megumi podía estar lleno de sorpresas, no le extrañaba que tuviera ese tipo de dones. Pero si Gojo hubiera sido más rápido, lo hubiera atrapado en casa antes de tener la oportunidad de escapar.
—Itadori me llamó hace unos 20 minutos.
Maldito traidor.
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Gojo llegaba al trabajo tarde como siempre aquella mañana de viernes, le desalentó un poco que Nanami se fuera a retirar dentro de algunos meses y dejara a un suplente que conoció en Inglaterra.
Comprendía que Nanami estuviera harto de enseñar y quisiera buscar nuevos horizontes, pero iba a dejar a Gojo acompañado de un completo extraño.
Nanami Kento tenía 27 años y enseñaba en la escuela de hechicería, su corta carrera como educador había durado tres años, Gojo lo conocía porque ambos estudiaron en el colegio en donde ahora trabajaban. Su amistad era inquebrantable. Nanami se encargaba de los estudiantes de primer año, muchos de ellos eran casi niños todavía, pero mientras más rápido comenzaran a sumergirse en los terrenos de la hechicería, más fuertes serían. Probablemente fue lo que más acabó con la paciencia de su amigo, incluso Gojo se sentía exhausto algunos días con sus estudiantes de segundo año que eran más experimentados y maduros.
Luego el de cabellos rubios se había tomado unas vacaciones hace un tiempo atrás y le comentó que encontró al suplente perfecto. En tierras europeas, un muchacho igualmente viajero, hechicero conocedor de artes antiguas; se terminaron haciendo amigos y Nanami le ofreció su trabajo.
¿Quién hacía eso? y luego decían que Gojo era el demente.
“Mis dones en la probabilidad y adivinación pueden ser superadas por él”. Ese fue su mayor argumento, Gojo no creyó que existiera alguien así, hace tantos años que no se encontraba con magia en su estado más antiguo y perfecto. Pensó en Megumi de inmediato, ¿A él le gustaría trabajar allí? quizá debería preguntarle, pero ya le había dejado demasiados mensajes que el de cabellos negros no leía, quizá su nuevo trabajo era muy exigente. Era un tonto por no preguntar, pero era difícil separarse de los labios de Megumi, probablemente deberían comenzar a conocerse más, en algún punto debería decirle que no era profesor de Ciencias naturales. Aunque Megumi no era tonto, seguramente ya intuía que enseñaba hechicería.
Deseo haberse aferrado a Megumi la última vez que lo vio hace un par de días atrás, en lugar de tener que presentarse incómodamente ante el reemplazo de Nanami. Gojo estaba abierto a conocer personas nuevas, pero comenzar a confiar en otro podía ser complicado. Nanami se iría en cuatro meses y mientras eso sucedía, su trabajo era instruir al muchacho en todo para hacerlo más que capaz en el manejo del grupo de primer año. Quizá era lo que más le agotaba, si aquel chico no tenía tanta experiencia, sería como tener otro estudiante.
La estructura del colegio estaba rodeada por tanta naturaleza que era casi imposible observar la ciudad de Tokio desde los sitios más bajos, el diseño antiguo le daba un aspecto de santuario sintoísta que podía impresionar a cualquier extranjero. Gojo jamás se aburriría del ambiente fresco y la carga mágica que rodeaba todo.
Cuando ingresó al edificio principal, sus pasos lo guiaron hacia el tercer piso donde se encontraba el aula de descanso para profesores.
Nanami salió por la puerta cuando Gojo todavía estaba unos metros lejos, cuando estuvo lo suficientemente cerca pudo captar el rostro cansado y de mal humor de su amigo, lo usual, eso significaba que estaba de buen humor.
―Llegas tarde otra vez… Ya le expliqué al muchacho lo básico e hicimos todo el papeleo. También le dije por qué no hay ningún estudiante hoy. Así que queda en tus garras… manos, quiero decir. ―La voz neutral de Nanami Kento podía asustar a cualquier niño, probablemente había hecho llorar a algunos de sus alumnos antes.
― ¿Por qué no hay estudiantes hoy? ―Gojo genuinamente no sabía, venía a dar clases.
―Hoy comienza el Sanja Matsuri*, Ijichi los llevó a que disfrutaran del festival. ―Nanami suspiró, como si su alma se hubiera ido en aquella fracción de aire, el rubio acomodó sus gafas y negó un par de veces.
―Tu novio siempre consiente a esos mocosos.
― ¡No es mi novio! ―Nanami respondió a la defensiva y se alejó del lugar.
―Ah sí, ponlo en una camiseta… ―Gojo murmuró mientras avanzaba por el corto tramo que le quedaba hacia aula, cuando abrió la puerta fue inevitable no observar el muchacho de pie en medio del lugar, la cabellera oscura, las pestañas revoloteando como mariposas cada vez que parpadeaba y el bonito cuerpo de Megumi envuelto en el uniforme azul medianoche.
El cerebro de Gojo tuvo un corto circuito, ¿Había deseado algo demasiado fuerte mientras dormía la noche anterior?
Megumi lo miró finalmente y...
— ¡AHHHHH!— Ese había sido un grito de bastante terror. Gojo jamás pensó que algo como eso podía salir de la boca de Megumi. —¡Me estás siguiendo! —.
—Me gustaría decir que sí, pero lamentablemente no... Hola, mi nombre es Satoru Gojo y soy tu nuevo jefe. ―Gojo tuvo el descaro de sonreír tan amplio como un tiburón, pero es que las cosas se habían inclinado a su favor de una manera tan repentina que la felicidad se comenzaría a desbordar por sus oídos. Megumi debió haber notado los uniformes similares y que algunas cosas parecían encajar o tener explicación ahora.
—No eres mi jefe, eres un color surgido del espacio. * ―Megumi le apartó la mirada, pero Gojo sabía que el joven muchacho estaba tan sorprendido como él. La probabilidad de que se conocieran eventualmente era enorme ahora, parecía que todas sus amistades conocían a Megumi.
—No entendí ni una sola palabra de lo que acabas de decir... Oh, te ves tan adorable en uniforme. ―Gojo no pudo contener las ganas de acercarse, sus dedos pellizcaron y jalaron de forma automática las mejillas de Megumi, la piel se calentó bajo su tacto y se tornó ligeramente carmesí.
—Espero que esa banda alrededor de tus ojos sea parte del uniforme porque es una total desgracia verlos. —No podía tomar el comentario de Megumi en serio cuando tenía las mejillas apretadas y los labios ligeramente abultados porque Gojo no iba a alejar las manos de su rostro pronto.
—¿Por qué? ¿te calienta? No respondas, es bastante obvio.
No esperó un solo segundo más por alguna respuesta, Gojo acortó la poca distancia que quedaba entre ambos. Fue un alivio volver a besar al de cabellos negros después de un par de días. Megumi no se resistió, en cambio, sintió las manos ajenas sobre su espalda y los labios ajenos separándose lentamente, dándole la oportunidad de introducir la lengua en su boca.
Los dedos del más joven se incrustaron en su uniforme, había sentido el estirón en la tela. Y luego Megumi repasó los labios de Gojo con la punta de la tibia lengua. La sensación le distrajo del mordisco sobre su belfo inferior que procedió poco después.
—Eso fue muy poco profesional. —Murmuró el más joven. Gojo no pasó por desapercibido el brillo de satisfacción en los ojos pícaros de Kitsune de Megumi.
—Fue una muestra de lo que va a suceder ahora que trabajas para mí. Entonces, hay mucho que aprender, aunque no tendremos clases hasta el lunes, ya sabes que no hay niños en casa. Si todos se fueron al festival, probablemente Nanami estaría encerrado en alguna parte lejana, disfrutando del sagrado silencio. —Primera lección —Continuó parloteando Gojo. —Dentro de media hora en tu habitación asignada, mientras menos ropa mucho mejor. —Maldijo su falta de interés respecto al reemplazo de Nanami, porque había colocado a Fushiguro en un lugar bastante alejado del suyo. Oh, si hubiera sabido antes…
—Voy a cerrar con llave. —Replicó Megumi, la manera en la que arrugaba la nariz cuando algo o alguien le molestaba era una de las cosas favoritas de Gojo. Seguro de sus palabras, el de cabellos negros abandonó el aula segundos después.
Y a pesar de las palabras dichas por el hombre más joven, Gojo se dirigió hacia el otro extremo del edificio cuando pasó la media hora, los pasillos se encontraban vacíos y silenciosos, algo muy inusual para aquel colegio. El sol entraba por las ventanas abiertas, dejando ver claramente los rayos llenos de miles de motas de polvo, dándole un aspecto inmaculado al edificio de madera.
La habitación de Megumi tenía la puerta cerrada, pero Gojo tentó a su suerte y colocó la mano sobre el pomo, giró la perilla y se sorprendió cuando la puerta cedió. Megumi no se perturbó por su presencia, como si lo hubiera estado esperando.
El de cabellos negros leía algún libro bajo la paz y tranquilidad de la mañana, con el pecho cubierto por una camisa desgastada y las piernas expuestas porque solo portaba ropa interior, fue imposible para Gojo dejar pasar por alto esos detalles.
—¿Aprovechando el tiempo? —Gojo no dudó en acercarse hacia la cama donde se encontraba el muchacho, escuchó el momento exacto en el que un gruñido malhumorado fue emitido por el de cabellos negros cuando Gojo se abrió pasó sobre las cobijas y se recostó a un lado de Megumi incluso si era demasiado alto o la posición era incómoda, logró acomodarse y perturbar la atención que tenía el más joven en su libro.
Pensó que Megumi lo alejaría o al menos se quejaría, pero el muchacho le sorprendió cuando, en silencio, apartó el libro y luego deslizó los dedos a un costado de su cabello, quitando la venda que traía puesta sobre los ojos. Expectante a lo que Megumi haría ahora, Gojo siguió sus movimientos, observando como el muchacho se recostaba a su lado y luego… Lo besó.
Megumi no le apartó los labios de encima incluso cuando se fue posicionando encima, dejando a Gojo entre la cama y el joven muchacho. Fue un beso bastante suave, con solo el movimiento lento de los labios y el roce usual de las narices de ambos. Megumi se apartó poco después, sus ojos contenían un brillo que Gojo había visto un par de veces en ocasiones pasadas. Y si pensó o quiso decir algo, quedó en el olvido cuando la voz de Megumi se hizo eco a través del silencio.
—Es un alivio haberte encontrado aquí. ―Gojo recordaba vívidamente el grito de Megumi al verle, pero decidió escuchar lo que tenía el muchacho por decir. ―Estaba un poco asustado, pero ver un rostro tontamente familiar bajó un poco el estrés. ―Gojo se preguntó si alguna vez escucharía algo legítimamente adorable por parte de Megumi, pero esa forma de expresarse era muy linda y particular de su personalidad.
—Entonces no me alejaré dentro y fuera del trabajo.
—¿Es una promesa o una amenaza?
—Ambas… —Gojo deslizó las manos por el cuerpo de Megumi, apartando la ligera camisa y tocando la piel con plena libertad. Megumi suspiró ante el toque y se acurrucó más sobre su pecho.
—¿Está bien que hagamos esto aquí? —Megumi preguntó, el cálido aliento chocando contra la tela de su uniforme, justo en el lugar donde su corazón palpitaba ansioso por tocar al de cabellos negros.
—No, pero nadie está escuchando. —Gojo continuó su camino hacia los glúteos del muchacho, quitando la ropa interior hasta los muslos, Megumi movió sus piernas para poder deshacerse de la prenda por completo. Y cuando estuvo desnudo en la parte inferior Gojo amasó con sus dedos la carne de las nalgas, presionando los dígitos sobre la piel con rudeza y luego acariciando con delicadeza el mismo lugar.
El de cabellos negros se estremeció, las manos de aquel se aferraron a la tela del uniforme que todavía traía puesto. Los acallados jadeos eran fáciles de escuchar en medio de una habitación en total silencio y ningún sonido de la ruidosa ciudad a varios kilómetros de la zona.
Gojo llevó las caricias en medio de las piernas de Megumi, enrollando la palma de su mano en el miembro semi erecto y presionando su dedo índice contra el orificio, sorprendentemente húmedo y lubricado. Su dígito se deslizó con tanta facilidad que terminó agregando dos más.
—¡Mhg! —Megumi empujó las caderas en la dirección de su toque. Sintió los dedos aferrándose a su camisa con fuerza y la boca de Megumi presionando sobre su clavícula, mordiendo por encima de la tela. El ardor no tardó en hacerse presente en aquel lugar, pero el dolor era irrelevante a comparación del exquisito placer que le provocaba toda la situación.
—Eres un descarado, ¿Qué estuviste haciendo antes de que llegara?
—Aprovechando el tiempo. ―Gojo quiso reír ante las palabras astutas, pero todavía no podía creer lo travieso que Megumi se estaba comportando. En definitiva, exploraría más sobre aquello. Faltaba tanto por conocer de Megumi, y el solo pensamiento lo emocionaba.
—Estabas fingiendo leer cuando llegué, actuando con tanta normalidad después de tu travesura. ―Y no quiso decir lo obvio en voz alta, pero todavía estaba tratando de convencerse de que el control estaba en las manos de Megumi, siempre lo estaría.
― ¿De qué trataba esa lección de la que hablaste antes? ―La suave y aterciopelada voz de Megumi viajó hasta su oído mientras que unas manos comenzaban a desarmar su ordenado uniforme. Se estremeció cuando los labios del de cabellos negros se posaron sobre la piel desnuda de su pecho, y Gojo embistió con más profundidad sus dígitos y Megumi se volvió una gelatina temblorosa cuando pareció haber acariciado el punto de placer en su interior.
―Creo que tengo todo el día para enseñarte. ―Gojo empujó sus caderas contra Megumi, presionando su dureza contra la cara interna de los muslos del más joven, el de cabellos negros gimió ante el movimiento. Gojo supo que pasaría el resto de las horas adorando cada reacción o sonido de su precioso amante.
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Dos meses habían pasado desde que Megumi trabajaba en el mismo lugar con él. Había encajado perfectamente y los estudiantes parecían adorar su sabiduría y buenas habilidades.
Se sintió confiado en dejarlo entonces por una semana solo, Gojo siempre tenía que atender algunos asuntos por negocios o problemas de magia en algunas partes del mundo, pero quería estar seguro de que todo estaría bien en el colegio.
En aquella ocasión se le dificultó relajarse, sabía que los estudiantes estaban en buenas manos, además de que Nanami todavía andaba por allí para asesorar a Megumi. Pero extrañó mucho estar cerca del de cabellos negros, se acostumbró tanto a dormir entre las sabanas del otro o que Megumi se escabullera un par de veces a su habitación. La ausencia de la tranquila compañía de Megumi le dejaba un hueco en el corazón.
Por eso fue un alivio una vez que aquellos negocios terminaron. Era pasado el mediodía cuando volvió al colegio, el sol no estaba tan ardiente pero sí lo suficientemente cálido.
Los pasillos estaban sospechosamente silenciosos, por lo que continuó caminando más por la curiosidad que por preocupación porque no podía sentir nada malvado en el ambiente.
Una algarabía llegó desde el lugar de entrenamiento al aire libre, Gojo dirigió sus pasos en esa dirección y captó de inmediato a los estudiantes de primer y segundo año prestando mucha atención y rodeando a una persona. Cuando los metros fueron disminuyendo, escuchó y vio claramente a Megumi explicar algo a la pequeña multitud.
—Este tipo de hechizo puede transformarse a su favor, como les dije, lo utilizamos para protegernos de objetos, pero pueden usarse como arma. —Gojo contempló un pequeño aro celeste flotando sobre la palma de Megumi y moviéndose con suavidad. En ese instante, la mirada de Megumi se encontró con la suya y el aro desapareció de inmediato.
—Profesor Gojo, ¡Volvió! —Megumi siempre quería sonar tan profesional ante los alumnos. Pero Gojo pudo captar la emoción en las palabras del muchacho al verle.
De inmediato todos los estudiantes observaron en su dirección. Y el ruido comenzó a dirigirse hacia él, no a Megumi. Aunque este parecía aliviado de no tener que lidiar más con los jóvenes por hoy. De hecho, parecía más cansado de lo usual.
Gojo de inmediato pidió a los alumnos que se retiraran. Para poder estar solo con Megumi.
Fue entonces cuando captó la nariz ligeramente roja y cuando la palma de su mano tocó la frente de Megumi, la alta temperatura le sorprendió. Abrazó al muchacho después de no haberle visto por varios días.
—Ve a mi habitación. No puedo creer que me voy unos días y te de una gripe. Yo te cuidaré.
—Acaba de llegar, Profesor Gojo…
—Haz lo que digo, Megumi. —Había intentado tantas veces convencer a Megumi de no ser formal fuera de la habitación, pero era tan difícil. Después de un tiempo se había rendido. Aunque tenía ciertos beneficios, todo el mundo podía llamarlo Satoru, pero las ocasiones en las que Megumi lo hacía, era como beber chocolate caliente con malvaviscos en invierno. Gojo acarició la mejilla del muchacho, la piel tibia y un tanto enrojecida por la calentura. La punta de sus dedos envolviéndose entre los mechones de cabello de Megumi. —Ve o te besaré aquí mismo, porque no tienes idea de lo mucho que te he extrañado.
—Satoru… —A Gojo le gustaba aquel brillo especial en los ojos de Megumi, más cuando pronunciaba su nombre en público como si fuera un secreto que ambos guardaban. El de cabellos negros no tenía que expresar ninguna otra palabra más. Gojo sabía que no había sido el único desesperado por volver a estar juntos.
—Mi habitación. —Gojo se estaba empezando a divertir con la situación, ¿Estaría Megumi ido debido a la gripe? Fue inevitable no reír un poco. Deslizó una mano discreta por la espalda del joven muchacho, su vista periférica y oído lo hacían consciente del grupo de adolescentes escandalosos molestando a Ijichi a la lejanía. Pero eso no le impidió que su mano se posara sobre el trasero de Megumi y le diera una suave palmada seguido de un apretón en la carne cubierta por el pantalón. La acción fue más que suficiente para poner más rojo a Megumi, quién se separó en pánico y luego se alejó en dirección del edificio donde estaban las habitaciones.
Megumi era como la Luz de la luna, purificador para su alma, como aquellas leyendas celtas que el joven muchacho solía contarle. Su carácter era lo opuesto al de Gojo, un poco gruñón para ser tan joven, pero Gojo adoraba la dureza en su actitud y sus frecuentes ceños fruncidos por el día y la dulzura del dócil y pegajoso Megumi durante la noche, la facilidad con la que se dejaba mimar después de haberle follado y el brillo en sus ojos cansados cuando solo se acurrucaban por el arduo día de trabajo.
Además, el cuerpo de Megumi parecía haber diseñado específicamente para las manos de Gojo, aquellas encajaban como piezas de rompecabezas en cualquier lugar donde las colocara. Sus dedos se sentían familiarizados al recorrer la piel del más joven. Y besarle era tan abrumador como el sol, caliente como en verano y acogedor como en el más frío invierno.
Megumi, Megumi, Megumi… No solo parecía la persona que había estado esperando, encendiendo la chispa en su aburrida vida, sino que también le había sorprendido con su destreza en las artes mágicas, conocía el poder y no alardeaba de ello, conocía algunos secretos del mundo y caminaba y compartía oxígeno con los demás como una persona sencilla. A Gojo se le estrujaba el corazón al pensar que había tantas cosas diferentes en ellos y al mismo tiempo condenadamente tan similares, que no se imaginaba a nadie más en su cama o en su corazón ahora. Le aterraba la rapidez con la que Megumi le hechizó el alma, pero sentía su alma cálida en cada momento que miraba al otro hombre. Y saber que Megumi le quería tanto como Gojo, solo aumentaba la emoción. ¿Esto era lo que se sentía estar profunda y locamente enamorado?
—Me sorprende la confianza que construiste con Fushiguro cuando estabas tan reacio a que viniera un profesor nuevo, ¿Se volvieron amigos cercanos? —La voz de su amigo lo sacó de su más profundo pensamiento. En definitiva, siete días lejos le habían afectado significativamente. Pero ¿Qué era esa pregunta de todas formas? Nanami parecía vivir fuera del plano real, no se enteraba de nada o quizá solo le estaba tratando de molestar, era casi imposible descifrarlo.
—Creo que me quiero casar con él.
