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El tiempo pasa y las cosas cambian, aunque la amistad de los cinco superhéroes de Jump City siguió igual a medida que fueron crecieron. Lo único que cambió fue la identidad de Robin, que Dick cambió y dejó a otro chico. Se cambió el traje, el nombre, y se presentó como Nightwing, pero en la práctica no notaron el cambio, todos le seguían llamando Robin por mucho que le molestase. Aún así, tarde o temprano todo el cambio nos alcanza, sea en forma de transformación, destrucción o evolución, hasta las amistades más estoicas e inquebrantables terminan afectadas. Y eso ocurrió cuando el último de ellos cumplió diecinueve.
El primero en darse cuenta del cambio fue, contra todo pronóstico, Robin. Meses después, cuando lo comentará en la cama con Starfire, le diría que había estado tan claro, al menos para él, que le resultó increíble que el resto tardara tanto en notarlo.
Desde que habían vuelto de Paris, Chico Bestia había estado desarrollando distintas aficiones, empezaba con una, como por ejemplo, tocar el piano, aprendía lo básico, se aburría y pasaba a la siguiente, así una y otra vez. Por eso Robín había estado en contra del regalo que el resto proponía, un equipo carísimo y completo de fotografía, total, lo iba terminar guardando en algún armario a los seis meses como máximo, igual que había pasado con las cosas de bordado, las herramientas de jardinería, las pinturas corporales... Era un inconstante y aunque estuviera a punto de cumplir los diecinueve, había argumentado, le faltaba madurar en muchos sentidos, pero Cyborg y Starfire estaban entusiasmados con la idea, y Raven, de entre todas las personas, le defendió argumentando que, aunque no fuera como ellos, unos perfeccionista, no quería decir que fuera un inconstante, así que le regalaron el kit de fotografía. Le entusiasmó, por supuesto, y aquél primer día, en la celebración de su cumple, acabó con la batería dos veces y llenó una tarjeta SD de 8GB.
Un día, unos tres meses después del regalo, organizó una exposición en la Torre con las fotografías que había ido sacando, y ahí fue cuando Robin se dió cuenta. Daba igual quién saliera, o en qué posición estuviera ella, al fondo, difuminada; cuando sólo se veía parte de su espalda; en una selfie de espejo en la que se la veía al fondo de un pasillo; tomándose un té mientras Cyborg y Starfire posaban en primer plano... Daba igual, siempre era el objetivo principal, al menos para un ojo experto, y aunque Robin no fuera un fotógrafo profesional, sabía mucho de vigilancias y de cómo sacar fotografías a objetivos disimuladamente, pero todos parecían completamente ajenos al hecho de que, fuera protagonista o no de la foto, Raven siempre era el objetivo, la que acaparaba la atención del fotógrafo.
