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Silencio, no escuchaba su voz, ni sus pasos, -¿acaso se fue?-, dónde está, bajo el libro llevando su mirada hacia la ventana, que dejaba un paso fresco de aire, de aquellos que te invitan a perderte en ilusiones.
Akane, lo primero que pensó cuando lo vio, no, Akane no está más aquí, pero parece Akane, hasta parecen ser uno mismo cuando respiran.
Si cierro los ojos, puedo sentir que es Akane, se parecen, sus delicadas facciones y sus pestañas, aquellas con las que me mira de manera fija, a veces parecen llevar una carga en ellas, su belleza se equipara a la de Akane, incluso desprende un aire de sensualidad, Seishu, te ves tan frágil, pero tienes una fortaleza tan grande, que me llenas, como Akane y tiene sentido, son hermanos.
No, Inupi no es Akane,- pero- que tiene de malo pensar que Inupi es Akane, -nada- no tiene nada de malo, porque habría de ser malo, yo quería salvarla a ella, Akane, Inupi son casi lo mismo, -casi-,un susurro cruel abandonó sus labios, era devastador, porque en veía en Inupi la sombra de Akane.
No, no son lo mismo, pero él es la viva imagen de ella, jamás podrá dejar irla con él ahí, delante de él, esperaba algún día ver a Seishu, y dejar todo eso atrás.
Era horrible, realmente parecía que podía hacer desvariar su mente de la peor manera posible, Akane murió por su culpa, porque él no consiguió el dinero, era como una maldición, un demonio jugando con su mente, un sentimiento de culpa que arrastraría todo lo bueno que consiguiera, como la noble compañía de Inupi.
Akane, Seishu, nombres acuchillaban su tranquilidad.
Mierda, es mi culpa, lo merezco, basta, lo merezco todo, si pudiera cambiar el tiempo, el tiempo la peor maldición del mundo, jamás cambiara, todo lo que pasó el tiempo lo marca con tinta de sangre y dolores.
No, aun así, ¿acaso no está bien que él esté aquí?, ¿el? Ella, el, ella, quien de los dos es.
Luz, en los labios de Seishu, los labios de Akane, no, estos son los de Inupi, son parecidos, pero los de Inupi están mordidos, y tienen migas, Akane jamás sería tan descuidada.
Sonrió, en esa biblioteca vacía donde solo estaban las respiraciones de ellos dos, sonrió ante la idea de Inupi comiendo de manera descuidada, pero sin quitar su gracia que tenía, siempre delicado, y grácil con ese rostro inexpresivo, pero que él había aprendido a leer la tristeza en sus ojos.
Sabía que Inui también se sentía mal, él también tenía sentimientos encontrados, a veces cuando se veía a un espejo, o cuando miraba a Koko, su rostro no denotaba nada, siempre con una expresión seria, y de confianza, transmitía una seguridad, que llegado ciertas situaciones no tenía.
Koko veía a través de Inupi, viendo en sus ojos algún arrepentimiento, de “si no fuéramos tan iguales, ella podría haber sido feliz al lado de Koko”.
Esos ojos de culpa y arrepentimiento, Koko los veía a veces en sus ojos mismos, o cuando veía al dinero, una gran perdición, pero para él era valioso, tenía sus penas escondidas en esos billetes, que lo compraban casi todo, se apegó al dinero como si fuera parte de él, y así lo era, era el dinero que debía hacer crecer más, no es suficiente, necesitaba más dinero para salvarla a ella, Inupi veía el dolor de Koko, ese sufrimiento, esa obsesión con Akane, y hacía que su culpa creciera progresivamente.
Ambos alimentaban las culpas del otro, aunque no lo quisieran, aunque quisieran buscar el efecto contrario, esa era la gélida realidad en la que ellos estaban.
Había momentos, donde la compañía ajena, era meramente agradable, donde se peleaban con otros delincuentes, Koko no era mucho de pelear, él era más un “genio del dinero”, pero siempre peleaba al lado de Inupi, lo importante es que estaba a su lado, Inupi no había perdido antes, pero siempre peleaba con Koko a su lado.
Era divertido y emocionante para ambos, así se divertían, así reían y así curaban las heridas de su alma, terminadas sus peleas, en su lugar secreto, cubrían algunas de sus heridas, algunos golpes, y unas pequeñas risas, recordando lo que había pasado.
“vistes la cara que puso cuando noqueaste a su amigo de un solo golpe”
“fue renovante ver a esos cobardes como corrían, cuando se dieron cuenta de que no podían ganar”
“Koko, fue muy genial esa manera tuya de pisar al primer tipo que golpee”
O quizás algún comentario, con pequeños insultos llenos de risa, palabras fuertes, solo para molestar un poco, y reírse más.
“Mierda, koko no tires el dinero en la cara de los tipos, al final de todo terminamos recogiendo cada billete, y contando de que no te falte ni uno”
“Al carajo, me empodera hacer eso, a la próxima te presto unos cuantos para que lo hagas”
“Eh... acepto, pero si al final recoges tú los billetes”
Se sonreían con complicidad, salían juntos, con la mirada airosa, después de una buena pelea, ya sea de mañana o tarde, nunca estaba demás una pelea, Koko siempre iba a la biblioteca, Inupi siempre se quedaba haciendo compañía, a él no le importaba mucho, pero su mundo “feliz” siempre giraba en torno a Koko, y así sería.
Seishu, se acercó a sus descuidados labios, dejo un beso, con los ojos cerrados, vio a Akane, pero sintió a Seishu.
En ese pequeño rose, vio claramente a Seishu, se dio cuenta de que si ya no vivía por Akane, podía vivir por Seishu, sí, Seishu también le dio momentos memorables, quizás es la mejor compañía que tendrá en su vida.
Es hora de dejar a Akane atrás, creo.
Inupi, te seguiré, a donde tu vayas iré contigo, se mi compañía, será por Akane, será por ti, será por mí.
Te seguiré a cualquier callejón donde quieras llevar tu presencia, te ayudare a revivir los Blacks Dragons si eso quieres.
Vamos al fin del mundo si ahí es donde quieres pasear.
‹ Reencuentro de Inupi y Koko en Tenjiku ›
Volteando el rostro, su mirada se queda fija, en aquellos ojos decididos, que viene a buscar que le devuelvan algo que es suyo.
-Koko, vine por ti, ya no tienes que hacer esto.
Inui, te ves muy sexy peleando así, alguna vez te comente eso, lo siento pero dejaré que el viento pase entre nosotros, hasta crear un gran tormento, donde no nos podamos ver más.
-No Inupi, yo vine por decisión propia.
¿Qué?, no Koko y yo teníamos que estar juntos. Él no pensaría algo así.
-Cierra la boca Koko, vinimos por ti, así que deja Tenjiku, y ayúdanos.
No, fue un error el haberme encariñado contigo, no puedo dejar atrás su sombra, desde ahora no somos Inupi y Koko, solo soy Koko.
-Cállate, no seas tonto, este es el camino que lleva al futuro donde pertenezco, y en este futuro, tú no estás a mi lado Inupi, así es como debe ser.
-No digas tonterías, como no lo entiendes Koko, mi maldito es a tu lado, siempre fue así, y así debe ser.
No puedo verte Inupi, no sin ver mi culpa de no poder conseguir el dinero, y tú no puedes verme Inupi, no sin ver la culpa de que te salve a ti y no a ella.
Aun así te esfuerzas, cargas con ese dolor, sabes que a veces no te veo a ti, pero lo ignoras, y solo miras hacia otro lado.
-Lo siento Seishu, Ahora vivo por el dinero.
No Koko, deja el dinero, es como una maldición que solo te arrastra cada vez más hondo al nombre de Akane, olvídalo.
-Supéralo Koko, AKANE ESTA MUERTA.
En un arrebato de ira, e incesante dolor, lo agarró del cuello, sus intenciones no se podían refrenar, se sintió descubierto, vulnerable, eso lo hacía sentir, de una manera indescriptible, eso cambio al mirarlo a los ojos, vio tristeza, dolor bajo la fuerza, y se soltó.
Agacho el rostro, con la mirada baja susurro, -no peleemos-
-Sabes siempre quise preguntarte, como es que puedes pelear tan bien, y verte jodidamente sexy con esos tacones en tus pies.- una sonrisa pícara con tristeza estaba pintada en su rostro-
- Um, es cuestión de estilo, me quedan de lo mejor, solo unos tutoriales, y hasta Takemichi podría.
-Que divertido, a tu lado siempre fue una aventura, fue divertido, reviviendo los Blacks Dragons, peleando, haciendo problemas, en las calles con nuestras motos,- se acercó, a Inupi, con pase firme, estaba decidido, eso sería lo mejor, este no retrocedió, en los ojos de Koko no veía intención de golpearlo, vio una tristeza que lo hacía temblar más que cualquier golpe - me hiciste feliz,- deslizo sus manos, en ambas mejillas de Inupi- Ojala te hubiera probado antes, sabes eres muy tentador, como las manzanas que se hicieron para morderse, pero yo no pude morderte, es una pena-.
Adiós Seishu, esta vez es hasta siempre.
-Si quiera podemos llamar amor a esto, que vano pensamiento-agitaba las manos cerca de los oídos de Seishu- dejando un beso en su frente continuo con su pequeño monologo- No me busques, yo tampoco lo haré, no espero que me recuerdes por el resto de tu vida, aunque tampoco me molesta que pienses un poco en mí.
Otro beso en sus manos,- no lo llamaría amor, quizás solo era obsesión, pero sea amor u obsesión, lo hacía con locura- el último beso, esta vez fue en sus labios, como ese primer beso, fue sencillo, sucedió una vez, sucedió una última vez- el cuento de esos niños que hacían lo que querían en la calle, eran felices, haciendo corridas de motos que luego saldrían en la televisión local, ese bonito cuento, no es eterno, a partir de ahora, serán 2 cuentos, escribe el tuyo de la manera que más quieras.
Solo vio la espalda de Koko, y el sonido de sus botas levantando el polvo, mientras se iba, sabía que ese era un adiós, ¿no lo volvería a ver más?, Koko él era el gran amor que tuvo.
Paso sus manos por su frente, y beso su mano justo donde antes había recibido un beso, él sabía que Koko, le daba el amor que tenía guardado para Akane, pero aun así aceptaba su amor, se sentía la sombra de Akane.
Después de todo, ¿esto era una confesión de su parte?, directo, así era siempre con todo lo que tenía que decir, sin rodeos, en cambio, él lo demostraba con pequeñas acciones, como siempre tenerlo a su lado, siempre preguntándole, ¿Vienes conmigo?, y el siempre contestando, ¿Hasta el fin del mundo?
Aquel adiós lo bajo de su nube, aquella donde iba al lado de Koko,-Pero que te paso Koko, no crees que es demasiado dulce todo lo que dijiste, como para que sea la única vez que me lo digas- su voz se cortaba, no debía llorar, ahora no es el momento, realmente se acabó todo lo “nuestro”.
“No crees que si te mojas los pies a esta hora te enfermaras”
“Koko, cállate y ven”
Jalando de su mano, sus pies tropezaron en la arena, y ambos cayeron a orillas del mar.
“Ahora ambos nos mojamos, Inupi, maldición ahora ambos enfermaremos”
Inupi reía, y el rostro de Koko relajo su expresión, y puso una expresión de frío.
“Abrázame, así no nos dará frío, y es menos probable que nos enfermemos”
Sentados uno al lado del otro, abrazados, y cubiertos con sus chaquetas, ambos miraban el mar, aunque sentían frio, era uno de esos momentos donde se demostraban ese amor que se tenían, sin necesidad de explicar nada.
“Achu”
“Ves, dije que nos enfermaríamos si nos mojábamos, -cof cof-” – puso una cara de molestia-
“No eres quien para decirlo, Koko” –sonrió tímidamente-
Inupi agacho la mirada, sentía rabia, era un bonito recuerdo, y le daba rabia, porque todos esos momentos no volverían.
Podía decir que lo llego a amar más que al cielo mismo, solo le quedaba pelear por el futuro que se trazaría el mismo, ya sea en miseria o no, esperaría por Koko.
