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Esto es difícil y raro, en situaciones normales nunca me sentaría a escribirle a un muerto, es estupido, no lo podes leer pero los chicos me alentaron a hacerlo, creen que es necesario hacer esto para ayudarme a superarte, no creo que sea la última vez que te escriba tampoco.
Te extraño, todos los días pienso que te voy a ver en el salón junto Yachi pero no es así, solo está ella y otras personas mas, que no me interesa conocer.
Divagando y hablando de conocer ¿Te acordas la primera vez que nos conocimos? Te llamé patético, y eso lo seguí pensando por mucho tiempo a pesar de no querer despegarme de vos.
Recuerdo esa vez que, aun siendo niños, trajiste un mapa, según vos era un mapa del tesoro, los chicos de alrededor tuyo se rieron y burlaron pero de alguna forma me interesé, te pregunté de dónde lo sacaste y me dijiste que de un libro viejo de la biblioteca, no te creí, pero después de unos días, ahí estábamos, con nuestras mochilas después de clases y el sol cayendo detrás nuestro. Enfrentandonos hacia el bosque en donde supuestamente había un tesoro escondido, yo di el primer paso y recuerdo que volteé a verte y darme cuenta que estabas nervioso, te tendí la mano y luego te rete, diciendo que yo no estaba perdiendo mi valioso tiempo para que vos tengas miedo, llenaste tu cara de coraje y entraste decidido pero sin soltarme la mano.
Ya dentro del bosque me soltaste la mano y buscaste el mapa torpemente doblado y una linterna que sacaste del bolsillo de tu mochila. No se cuanto tiempo habremos estado caminando, pero ya el sol había desaparecido y la luna comenzaba a tomar poder en el cielo. Recuerdo que si escuchabas algún ruido de alguna pisada o algo raro, te sobresaltabas y te volteabas mirándome asustado, yo intentaba decirte que todo iba a estar bien aunque no lo demostraba yo tambien estaba un poco asustado, éramos dos niños, dentro de un bosque por la noche ¿Que podría salir mal?
Ya bastante adentrados en el bosque, encontramos una explanada, no tan grande pero ahí había una choza de madera, abandonada, realmente muy tenebrosa para mi parecer pero para tu cabeza creo que era todo lo contrario, me miraste, tus ojos brillaban y me dijiste algo, no me acuerdo pero luego fuiste corriendo hasta esa cabaña, yo intenté detenerte me acuerdo que no le veía sentido y sigo sin ver el sentido a la imprudencia que hiciste, corriste y abriste la puerta con facilidad, y entraste. Quién hubiera pensado que hace unos minutos andabas lloriqueando por cualquier ruido del bosque. Entraste y saliste con una caja metálica, sonriendo, habías encontrado el tesoro. Yo te felicite, y por primera vez te revolví el pelo. Luego de eso volvimos, te tendí la mano y salimos riendo, por alguna razón ya no le tenías miedo al bosque, ahora el bosque era tu amigo.
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Luego de ese día quedamos en ir casi todos los días a aquella choza, que de a poco se fue convirtiendo en nuestro escondite secreto.
Ya pasó un año desde que te fuiste, te extraño, quiero que sepas que sigo yendo a ese lugar, pienso dejar las cartas en aquella caja de metal y colocar un pequeño mapa en el mismo lugar en donde lo habías encontrado, tal vez alguien, en un futuro las encuentre y las lea, como nosotros hicimos con la historia de aquellos dos chicos.
