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bajitorafuyu por la mañana ☀

Summary:

Domestic bajitorafuyu donde solo son tres chavales que se quieren y no hay drama 🌻

Work Text:

Le costó abrir los ojos.

Al principio todo fue agitación en su pecho, imágenes pasando a toda velocidad, nítidas ráfagas de situaciones que su cabeza había creado. En sueños, porque todo había sido una pesadilla. Cuando por fin los abrió y se giró, encontró una silueta recortada en la penumbra de la habitación, a su lado, en la misma cama. Baji estaba ahí.

Y todo estaba bien, todo quedaba en su cabeza; culpa de esa preocupación constante por que pudiera suceder algo malo. Un desasosiego que no terminaba por desaparecer, y que solo a veces conseguía difuminar con retazos de momentos que le aportaban la serenidad suficiente como para hacerle pensar con entereza.

Nada malo iba a pasarles. A ninguno.

Pero… Aun así. Esas malditas imágenes que su cabeza inventaba se entremezclaban con algunos recuerdos reales, dolorosos, que tenían el peor efecto en él. Por lo general, Chifuyu era un chaval tranquilo; conservaba muy bien la calma, sabía cómo actuar bajo presión. Pero en esos momentos, cuando su propia cabeza le pillaba con la guardia baja, su pecho no hacía más que subir y bajar, acelerado y arrítmico. Sentía su corazón como si retumbara en las paredes de la pequeña habitación que era el piso de Kazutora. La oscuridad se lo tragaba, se dejaba sumergir en las profundidades de donde no sería capaz de salir hasta la mañana siguiente, cuando los primeros rayos de sol le cosquillearan el rostro, quizás.

Era demasiado pronto para que saliera el sol, pero algo le hizo cosquillas en la coronilla. Unos dedos largos y escurridizos se deslizaron por su pelo, perdiéndose ahí, sin ninguna prisa, pues contaban con un sinfín de noches.

Fue automático; el modo en el que Chifuyu se relajó, su cuerpo salió a la superficie y fue como respirar de nuevo, su pecho acelerado, pero ahora por aquellos dedos que le brindaban una vía de escape y le decían quédate aquí.

Los ojos de Kazutora parecían brillar en la oscuridad. No de una manera inquietante, más bien como esa luz del sol que Chifuyu tanto necesitaba. Lo miró, al otro lado del cuerpo de Baji, por encima de su cabeza. Había pasado el brazo por ahí para llegar hasta él, y se había acomodado de manera que sus miradas se encontraron con torpeza por encima de la maraña de pelo azabache del mayor que dormía con aplomo.

Compartían una cama grande, pero para los tres tenía el tamaño justo. A veces se quedaban a dormir ahí para hacer compañía a Kazutora, lo que había comenzado como algo puntual no tardó en volverse costumbre.

Se habían acostumbrado, los tres. A la presencia de cada uno, el poco espacio en la cama, aquello. La forma en la que Kazutora acariciaba el pelo de Chifuyu hablaba por sí misma; quería transmitirle al menor que estaba ahí, no solo que estaba despierto, sino que realmente estaba. Y no solo porque su insomnio no le dejara dormir, es que ya no pensaba hacerlo hasta estar seguro de que Chifuyu volvía a descansar.

Sutil, el aire salió de sus labios, un suspiro que acabó en una sonrisa.

Los cosquilleos recorrieron todo su cuerpo, su pecho dejó de estar agitado. No podía pensar en otra cosa que no fuera en la delicadeza y el afecto que le transmitían esas caricias en su pelo. Los sentía hacia él, y aunque no pudiera devolver el gesto en ese momento, que minutos después volviera a caer rendido al sueño fue suficiente para Kazutora.

 

✲

 

No fueron los primeros rayos de sol los que le hicieron despertar. Tampoco sabía la hora que era con exactitud, porque alguien había bajado la persiana, y aunque había algo de claridad, no era suficiente como para ser capaz de averiguar si ya habían entrado en el mediodía.

De ser así le iba a caer una buena por no haber regresado a casa todavía.

Su primer impulso fue estirar los brazos, un sentimiento de satisfacción le recorrió cuando encontró espacio en la cama para hacerlo con comodidad. Emitió un ruidito de conformidad. Uno, dos, tres segundos.

Luego pensó lo que eso significaba, y abrió los ojos.

Baji no estaba. ¿Dónde estaba?

En seguida escuchó algo de ruido proveniente de la pequeña cocina, y sus músculos, recientemente tensos, se relajaron de nuevo.

Rodó hasta el centro de la cama para volver a estirarse, y entonces lo vio con total claridad. Bueno, más o menos, porque lo que más veía eran los reflejos de sol en forma de motitas dibujados por su rostro. Kazutora estaba profundamente dormido. Y no era de extrañar, pensó, a sabiendas de que habría disfrutado de pocas horas de sueño esa noche. Se sintió culpable.

Culpable, y con unas ganas tremendas de abrazarlo.

La duda no duró más de un par de segundos; rodó un poco más y se arrimó al cuerpo del chico, que se encontraba medio de lado. Deslizó una mano por su cintura, pretendiendo atraerlo hacia sí, hasta que no quedó distancia entre sus cuerpos. En seguida, todo quedó envuelto por su presencia. Su olor, la temperatura templada de su cuerpo en contraste con la frialdad de su propia piel.

Podía sentirlo gracias a la camiseta de tirantes que llevaba Kazutora, siempre usaba la misma para dormir. Únicamente cubierto con una camiseta ancha, arrebujada después de haber rodado por la cama, el cuerpo de Chifuyu reaccionó por instinto y buscó. A veces sentía la necesidad de tenerlo cerca, más de lo que era habitual. También le sucedía con Baji, pero el pelinegro era menos cariñoso, por no decir que gruñía y vacilaba más que respiraba. Con Kazutora era diferente. Acercarse a él y encontrar una respuesta de su parte sucedía de manera natural.

En ese momento estaba dormido, pero…

No por mucho tiempo.

Chifuyu debió de hacerle cosquillas en la barbilla, sin ser consciente de los mechones revueltos de su pelo al frotar la nariz contra el hueso de su clavícula. Sintió el estremecimiento ajeno -respiró-, una mano moviéndose con languidez hasta encontrar el espacio perfecto entre sus omóplatos.

―Buenos díaaaas…

Sintió contra su mejilla el timbre ronco de su voz recién despierto. O a medio camino de despertar, sintió también el bostezo que le acompañó, y un resoplido. Siempre era así por las mañanas, todo ruido y movimiento. Ni siquiera en ese momento, rodeado por los brazos de Chifuyu, se contuvo de rodar por la cama. Lo hicieron juntos en un revuelto de codos y rodillas huesudas, quejas. Las manos de Chifuyu apretándose en su espalda hasta que Kazutora se detuvo, por fin.

Lo siguiente que escuchó fue su risa, sonoras carcajadas cayendo a borbotones, y a Chifuyu no le importó sumergirse en ellas. Ahí era donde quería estar, no le importaba hundirse y no salir. Aunque la sensación era más como estar en una nube, como lo típico que contaban en las historias. Pensó que si los otros supieran lo que estaba pensando se reirían de él.

Kazutora volvía a tener las manos en su pelo. Lo había rodeado con una de sus piernas y lo tenía sujeto con firmeza mientras le revolvía el pelo. Sus carcajadas habían perdido fuerza, quedando reducidas a una risita entre dientes, que Chifuyu aprovechó para hacerse oír lo suficiente al murmurar un «gracias» tan suave que apenas se escuchó.

No era necesario.

En medio de aquel silencioso tumulto entre sábanas, Baji apareció frente a ellos, el ceño fruncido y la frente llena de arrugas. Otra vez. Se había cruzado de brazos, como demandando una respuesta. Los dos pequeños se incorporaron un poco, lo suficiente para devolverle la mirada, pero no sabían qué era exactamente lo que el chico esperaba de ellos.

―Digo yo que ya es hora de desayunar, ¿no?

Los dos lo miraron un poco atónitos.

―Que os estoy haciendo el desayuno, rubios de bote.

Seguían sin dar crédito a las palabras que llegaban a sus oídos. Tardaron algunos segundos en procesar la situación y fue como si las mentes de ambos conectasen en el mismo flujo de pensamientos, al mismo tiempo, para funcionar a la vez y… Solo bastó una mirada cómplice.

―NO.

La advertencia fue insuficiente. Baji, que ya conocía esa mirada más que de sobra, hizo amago de retroceder y alejarse de la cama, demasiado tarde. Los otros dos se lanzaron sobre él. Lo agarraron, y a tirones lo atrajeron a la cama. El mayor se retorcía, y seguramente podría haber ganado la batalla si hubiera puesto un poco más de empeño, cosa que no hizo. Bien porque carecía de la fuerza necesaria (apenas llevaba despierto media hora y no había desayunado aún), o bien porque en el fondo no le molestaba tanto la idea de regresar a la cama con ellos.

Ni lo diría en alto, y tampoco es que lo necesitasen.

Juntos consiguieron que se sentase en la cama; más bien, Kazutora lo rodeó con sus piernas desde atrás, quedando así la espalda contra su pecho. Chifuyu sentado sobre las caderas, aprisionándolo. A pesar de ser el de complexión más pequeña entre los tres, no por ello carecía de fuerza, mucho menos de agilidad. Y cuando se trataba de Baji, había aprendido a medir con soltura sus movimientos. Aquí y allá, fue dejando algunos besos por su rostro, las manos descansando sobre sus hombros. Se ganó más de un gruñido, pero ningún rechazo. Le resultaba difícil recordar el momento exacto en el que aquellas acciones se volvieron tan comunes entre los tres. Pero, lo que sí le quedaba claro, era que había algo muy satisfactorio en besar a Baji de aquel modo.

Kazutora no paraba de reír y Chifuyu se le añadió esta vez. Cuando se juntaban para hacer algo, era el momento definitivo, Baji simplemente se rendía. Sin dejar de resoplar, dejó caer la cabeza hacia atrás -el pelo cayendo a cada lado de su rostro-, hasta apoyarse sobre el hombro izquierdo de Kazutora. La mejor decisión que pudo haber tomado, porque le quedó una perspectiva bien amplia de cómo Chifuyu se inclinaba en busca de los labios de Kazutora. Su media melena se deslizó hacia delante cuando se inclinó de vuelta. Fue momentáneo, demasiado fugaz. Un beso casto, adornado con sonrisas y sus narices rozándose.

Baji no apartó la mirada, porque lejos de interrumpir un momento íntimo, formaba parte de él. De igual manera que los brazos de Kazutora se enlazaron por su torso, apretando el abrazo, y llevándolo hacia atrás junto con Chifuyu encima, siendo así como los tres terminaron formando parte de un batiburrillo de sábanas, perezosos y remolones. 

El desayuno se quedó a medio hacer unos minutos más.