Chapter Text
No tenía intención de saludarlos, quería seguir resguardado en mi habitación jugando con Venus, quien lamía mi mano con delicadeza y sintiendo el cálido soplo que el ventilador de techo me regalaba. Pero los toques en mi puerta, acompañados de una mueca que rogaba que dejara mi estúpido comportamiento de un adolescente de lado por un momento y cediera en acompañarlos a comer, al menos por una hora.
Una hora es mucho tiempo si te pones a pensar, puede pasar cualquier cosa en una hora.
Mi gran temor al tiempo nació hacia, irónicamente, hace mucho tiempo. No recuerdo con precisión qué me hizo odiarlo, simplemente surgió y perduró durante los años, siendo una constante en mi vida y recordándome que estos eran pequeños momentos que, solo venían a joderte o en su defecto, a alegrarte.
¡Como una jodida ruleta rusa! ¿No es eso divertido y aterrador al mismo tiempo?
―Jaemin, por favor ponte una buena camisa.
Ignoré la petición de mi madre y guie mis pasos a la cocina, el olor a pastas y a la salsa que tanto me gustaba fueron más importantes que mantener principios y modales. Taeyeon cocinaba espectacular, siempre me enamoraba de su comida por más que sus platos no sean tan variados. Olí con placer la olla y sin que se diera cuenta, sumergí un pequeño trozo de pan para degustar la salsa, hui de ahí saltando y riéndome de la travesura que había realizado.
―¡Este niño no aprende! ―escuché el grito de mi madre bajando las escaleras―. ¡Deja de comportarte como un crío Jaemin!
―Llamarme niño y luego decirme que no me comporte como tal es una gran contradicción, madre― respondí y la observé desde el marco de la puerta, aún degustando el sabor de la salsa en mi paladar, moví mi lengua por mis mejillas intentando conservar el gusto.
Mi madre me regaló una de sus miradas asesinas y yo le sonreí. No tenía tal grado de importancia lo que hiciera, siempre sería un pequeño ante sus ojos. Tampoco tenía relevancia para ella que estuviera por pasar mi vigésimo tercer cumpleaños, yo seguía sin tener remedio alguno.
―Jaemin, hablo en serio, ¿puedes comportarte? Tu hermana llegará en cualquier momento y tú andas por aquí como si de un club se tratase ― expresó mamá ―. Por favor, hazme caso cariño.
Acarició mi mejilla y su mirada intentando convencerme aflojó mi intención de seguir molestando. El papel de La señora Krystal a veces sobrepasaba los límites, y toma a mi comprensiva madre solo por las apariencias, era molesto, pero con el tiempo los roces dejaron de existir y pude tomarle cariño a este papel que dice ser mi madre.
No pretendía enclaustrar a mi persona bajo prendas de ropa que decían cosas de mi que no eran ciertas. Papá me compraba camisas formales y alguna que otra para encuentros con el pretexto de "Tienes ya edad para vestirse y ser un adulto, tu imagen hablará por ti ahora" Por dios, qué estupidez, ¿por qué una estúpida prenda hecha de hilos habla mejor que mis propias palabras? Sabía que papá quería que yo fuese respetado por mi imagen, pero a mí me interesaba ganarme el respeto de los demás por cómo pienso, no por lo que malditamente tenía sobre mí.
Pero no tenía caso discutir aquello, papá era un hombre de negocios respetado y amable con todos. Estaba impregnado en su personalidad ser dominante sobre todos, no me sorprendía que viera mi vida como algo que aún pudiera manejar. Quizá era una obligación, quizá un capricho, pero yo siempre huía de sus anticuadas convicciones.
―¡Jaemin-ah, ya llegaron!
Oí la voz de Taeyeon desde el patio, los gritos de mamá me hicieron saltar en mi lugar y ella salió corriendo de mi lado para salir al jardín. Me di media vuelta y escuché el ruido del motor de un auto acercarse. Lo sabía, ¡ella al fin había vuelto!
• 🍃 • 🍃 • 🍃 •
―¡Mírate nomas, estás espléndida! ―exclamó mi madre al verla bajarse del taxi esa mañana.
Ryujin venía de vez en cuando desde hace un par de años. Su trabajo en Roma le impedía pasar tiempo con nosotros y nos debíamos conformar con sus cartas llenas de palabras nostálgicas y melosas en las fechas festivas y en nuestros cumpleaños. Mamá era quien más la extrañaba en cierta forma, papá sonreía por lo bajo cada que ella llegaba con sus dos maletas y una mirada cansada a nuestra casa en las afueras de la capital de Italia.
Ella era un par de años más grande que yo, pero de niños tranquilamente podríamos haber sido hermanos gemelos. Recuerdo que solíamos engañar a los desconocidos amigos de papá diciéndoles que lo éramos, y era grandioso ver sus caras de sorprendidos al enterarse que no era cierto, porque en verdad sorprendía nuestro parecido.
La mesa lucía más llena que de costumbre, un nuevo plato fue añadido y una de las botellas de vino que papá tanto atesoraba en su bodega estaba en el centro entre medio de las copas de cristal. Mi ingenuidad se preguntó si Taeyeon era la que comería allí. Hubiera sido mejor creerme aquello a que encontrarme con la grata sorpresa del metro setenta que trajo Ryujin ese verano.
Su nombre no era Italiano, tampoco lucía como uno, no habló en toda la comida y asentía con timidez a las preguntas metiches de mi madre. Por su culpa no toqué mis pastas favoritas, mis ojos solo se retenían en él como si de un imán se tratara. Algo me daba curiosidad, podría haber sido que su pelo era más oscuro que el de mi hermana, o quizá que fui el único al cual no saludó cuando entró a la estancia.
Debería sentirme intimidado, hasta ofendido. Pero la realidad era que solo nacía curiosidad en mí por este hombre.
―...Tienen que venir a visitarme más seguido a Roma, cerca de donde trabajo hay un restaurante exquisito, les encantaría.
Me eché en mi asiento y no quise hacer contacto visual con nadie, el apetito desapareció e intenté llenar el estómago con agua, pero sentía algo allí que me provocaba nervios, entonces por amor a mi vejiga decidí mejor retirarme de la mesa disculpándome por no terminar mi plato, pero Ryujin me tomó por sorpresa deteniéndome en el proceso de levantarme.
―Tu y yo tenemos que ponernos al día, ¡No te escaparas de mi! ―una sonrisa juguetona se posó en el rostro de mi hermana. Asentí con felicidad al oírla. Ella podría vivir lejos durante el año, pero en sus vueltas parecía que el tiempo, de nuevo, no pasaba entre nosotros. Le dije que más tarde tendríamos mucho tiempo para conversar y ponernos al día, ella sonrió feliz y me dejó ir. El chico no quitó sus ojos de su plato ni un segundo.
Volví a mi cuarto y mi cama fue el primer lugar a donde fui, el día afuera estaba radiante y hermoso, era perfecto para una tarde de hermanos como esas que solíamos tener antes de que Ryujin se marchara. Sonreí entusiasmado con la idea que comenzaba a formarse en mi mente. Pero un nuevo participante se coló entre mis pensamientos y mis planes de hermano-hermana fueron estropeados.
¿Quién jodidos era ese sujeto? ¿Por qué no me saludó? ¿Le caí mal?
Toda mi familia parecía adorarlo sin siquiera conocerlo, Ryujin no paró de parlotear sobre cómo se conocieron en su trabajo y yo dudé aún más sobre quién tenía a su lado. La desconfianza la asocie con una simple emoción de hermano, un pequeño celo por su hermana que ahora era mujer de otro hombre. Pero seguía siendo extraño, yo nunca pasé por eso con otros novios que ella tuvo, ¿por qué este hombre en particular me ponía los pelos de puntas? Si ni siquiera se molestó en saludarme o dirigirme la palabra en todo el almuerzo. ¿Qué le vio ella?
Estaban en mi escritorio los trabajos que debía entregar antes de la semana que viene para Historia del Arte, y yo estaba allí juzgando a mi ¿cuñado? como si el tiempo me sobrara. En verdad debía concentrarme y dejar de priorizar estupideces si pensaba promocionar esa materia. Tenía que enfocarme.
Pero todo aquello quedó en el olvido cuando Ryujin entró a mi habitación luego de una media hora, preguntándome si me apetecía tomar algo con ella en el jardín mientras Jeno charlaba con nuestro padre sobre intereses personales que no me interesó escuchar.
Jeno... Interesante nombre para un hombre italiano que no era italiano.
Vaya contradicción.
―¿Hiciste algo más además de hundirte en tus apuntes o debo seguir pensando que eres un amargado?
―De hecho hice más de lo que crees. Ayudé a mamá a cortar las rosas del jardín hace una semana― bromeé―, ¡y no te burles! Es difícil evitar no clavarse una espina...
Mi hermana de igual forma se burló de mis quejas y tomó un sorbo de su jugo de naranja. La echaba tanto de menos realmente que sonreí por inercia a su broma.
―No te juzgo, tranquilo ―aclaró, tomando el sorbete de color y comenzando a jugar con él―. Pero hubiera esperado que seas más productivo Nana, eres joven y vives cerca de la capital, debes aprovechar esa oportunidad.
Asentí mirando al oscuro césped.
―¿Oportunidad? No hay nada interesante por allí, solo turistas aficionados a la cultura italiana que tanto dicen amar para luego faltarle el respeto al idioma y a nuestras costumbres, ¡por dios, qué horribles personas!
Ryujin se echó a reír.
―No seas tonto, sabes a lo que me refiero ―encaró ella―. Pronto tendrás 23 años y un título universitario en tus manos, eres joven, guapo y talentoso. No esperes a que el tiempo pase y que cuando menos te lo esperes, mires a tu alrededor y veas las viejas paredes de casa con treinta años y ni un logro en tu pasado.
Sus palabras me fueron agrias pero sabía por dónde venían. Ella no había estudiado nada en el pasado, había corrido a Roma porque quería vivir alguna aventura antes de encerrarse en la vida campestre que le esperaba aquí en Italia, junto a mamá y papá. Entendía su frustración y la carga alentadora que trataba de darme a través de sus palabras, pero no podía darle la razón en todo.
Nada me aseguraba terminar igual que ella si cometía un mínimo error.
Mis últimos años los había pasado estudiando, tragando los libros para sacarme de encima las materias y recibirme lo más pronto posible. Quería huir a Londres para empezar a ejercer y liberar todas las cosas que aprisionaba mi cerebro, pero la realidad es que la perseverancia era algo que poco me quedaba a esa altura. El estrés y la ansiedad acabaron con esos sueños tan pronto me di cuenta que el sacrificio me iba a costar toda mi juventud y buena parte de mi salud mental. No era justo tener que pasarse la vida esforzándose si un pequeño desliz lo arruinaba todo, ¿no es así? Qué caso tenía planear tu vida entera si se podía arruinar de un segundo al otro.
Quise cambiar el tema de conversación tan pronto me vi sufriendo las consecuencias de tener ansiedad. Ryujin tomó otro trago de su malteada de fresas y yo jugué con los dedos de mi mano mientras mordía mi labio. Tenía en mi garganta ciertas preguntas para hacerle, la verdad. Quería preguntarle sobre su trabajo en Roma, cómo se mantenía sola en el centro y por qué no había vuelto en Navidad, pero ella tan solo me miró algo misteriosa y en menos de un segundo y soltó:
―¿Te cae mal Jeno?
Okay, eso había sido raro. ¿Por qué la inesperada pregunta?
―Ya suéltame lo que tienes para decir, está bien si no te agrada... Pero tengo que saber si lo hace o no, ¡estoy impaciente de saberlo!
Miré a los costados, nervioso por la posición en la que me puso su pregunta, pero era mi hermana, tenía que ser sincero con ella.
―¿Qué quiere que te diga...? No lo conozco.
Una mueca se formó en su rostro, parecía insatisfecha y algo confundida. Entonces me coloqué mejor y la miré cara a cara.
―No me cae mal Ryu, no nos conocemos. Ni siquiera me ha saludado cuando llegaron... Tengo sospechas que en realidad soy yo quien le cae mal a él.
Y como si hubiese sido el mejor bromista de la historia, mi hermana echó carcajadas cortas.
―¡Ay Jaemin, cómo dices! ―elevó sus cejas con total desagrado a mi comentario―. Jeno es un amor, no te conoce y creo que se ha puesto un poco tímido por eso. Te juro que no le caes mal Jae, él es así ―¿tenía que creerle? Ryujin era, después de todo, la única que tenía más conocimiento de él aquí. Pero no me fiaba por completo de sus palabras, sonaba como si a toda costa quisiera que él y yo nos llevemos bien―. Pero en serio, al menos dime tu primera impresión de él.
―Pues... no parece de muchas palabras ―señalé.
Y era cierto. Con el poco tiempo de conocerle, ya había aceptado que no tendríamos una relación de cercanía, lo único que nos uniría sería mi hermana y debería bastarme con eso pero mi mente pedía que buscara algo más. Como si quisiera saber un poco más de lo que me quiere mostrar, aunque me molestaba que se hiciera el misterioso de esa forma.
El perfil que describió mi hermana sobre Jeno no encajaba con la imagen que viví hace unas horas frente a la mesa. Y de nuevo la curiosidad picó, ¿podría yo haberlo intimidado? Me anoté mentalmente buscar una respuesta para esa pregunta luego.
―Quizá no le caímos bien, puede pasar ―agregué, y la verdad era que sonaba más real que cualquier cosa.
Ryujin movió su cabeza, negando aquella idea como si nunca podría ser posible tal cosa.
―Lo dudo. Jeno encaja en todas partes, y él tenía emoción por conocerlos cuando estábamos saliendo de Roma, me lo ha dicho durante todo el viaje.
Vaya, qué agradable saber eso.
―Bueno, puede ser. ¿Cómo es que has terminado con un chico como él Ryu? Pensé que estabas harta de los hombres ―reí por lo bajo y ella relajó sus hombros en su asiento.
Ryujin había tenido un pasado de relaciones turbulentas. Siempre le dije que sus gustos en hombres eran pésimos y terminaría casada con un patán antes de los treinta porque nadie era lo suficientemente bueno para ella. Y por más que aquello haya sido solo un chiste, como hermano temía que pronto algo así podría llegar a ser su futuro. Jeno no parecía holgazán o maleducado hasta ahora, quitando mi experiencia, quizá mi hermana había encontrado a alguien aceptable...
―Nos conocimos por trabajo... Yo no quería saber nada de relaciones, ya sabes cómo me fui de aquí aquel año, y Jeno había sido muy dulce en acompañarme varias veces de vuelta a casa luego del trabajo por la noche... ―un silencio se hizo y al verla, me di cuenta que ella estaba viajando a sus recuerdos con Jeno, sus mejillas se estaban tiñendo de un bello rojizo―. Salimos a cenar un par de veces antes de que supiera sus verdaderas intenciones ―empezó a reír y continuó: ―, créeme que yo no tenía idea.
―¿En serio?
Ella negó con la cabeza, ahora estaba un poco más entusiasmada y sonriendo.
―Jeno es el tipo de persona que nunca sabes qué esperar de ellos. Yo pensaba que quería ser mi amigo o solo buenos compañeros de trabajo, pero cuando al mes de estar saliendo a comer me confesó que le parecía atractiva y agradable, créeme que mis pies estuvieron a punto de fallarme en plena calle. Mucho no nos conocíamos pero él era agradable, y bueno... Una noche que me acompañó desde el trabajo lo invité a pasar a mi departamento y pues, ya sabes...
Oh ahora entendía mejor las cosas.
Me hubiese gustado poder decirle un par de cosas más, pero una sorpresa de metro setenta apareció por detrás de mí y mi hermana se puso como loca. Me quedé quieto y cuando ella me dijo que iba a dar un paseo con Jeno por la ruta yo solo asentí lentamente como si no me hubiera dolido quedar en segundo plano por culpa de él.
El tipo rodeó su cintura con cuidado y comenzaron a caminar bajo el sol. Vi mi bebida derritiéndose en la mesa y chasquee la lengua, no me estaba gustando quedarme así.
Entonces algo dentro de mí deseo en secreto que Jeno en serio no sea una piedra en el camino en mi relación con mi hermana, no quería tener que convivir con él solo porque Ryujin así lo quería... No me importaba qué tan bueno podría ser, yo quería a mi hermana sin nadie merodeando alrededor.
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Los días siguientes concurrieron más o menos igual. El desayuno constaba de Taeyeon y yo hablando sobre las noticias que oía en la radio, mientras papá le comentaba a mamá que Ryujin y Jeno habían tomado su auto para dar una vuelta mañanera por los alrededores del pueblo. Mordí mis mejillas y decidí no seguir escuchando detalles de parejas enamoradas, por lo menos, hasta el almuerzo sino quería terminar vomitando de vergüenza ajena.
Mark llegó un rato después en su bicicleta, anunciando muy entusiasmado que su fiesta sería el sábado por la noche en el bar a unos kilómetros de mi casa. Su cumpleaños era una ocasión para reunirnos entre todos a beber y fingir que el estrés no era parte de nuestra vida en al menos una noche. La universidad nos estaba jodiendo las neuronas sin descanso alguno desde hace un mes y yo no resistía tanto por más que quisiera, y Mark siempre estaba ahí para salvarme.
―¿Tu hermana volvió?― Mark se encontraba en la silla de mi escritorio jugando con un pequeño libro en sus manos. Asentí desde mi cama, estaba muy cansado como para estar parado junto a él.
―Y no volvió sola esta vez.
Mark se incorporó y lo escuché reírse por lo bajo.
―¿Otro novio? Vaya, Ryujin tiene suerte con las parejas, no salió como tú; amargado y cero afectivo con cualquier ser vivo.
Podría tomarme el trabajo de explicarle que esas palabras no me definían ni de cerca. Que lo más cercano a mi persona podrían ser términos como resguardado, o quizá tímido en ese ámbito. Pero esas eran definiciones que arrastraban otras cosas por debajo, y no estaba en contexto de explicarle mis mierdas mentales a mi mejor amigo en ese momento. Ni siquiera estaba seguro de querer hablar de algo con el humor que llevaba encima.
Pero unos minutos más, vagaron en mi mente aquellas palabras. Como si en verdad los demás me vieran de esa manera tan fría y arisca. Como si no tuviera sentimientos o la capacidad de enamorarme como mi hermana, quien era una enamoradiza de películas viejas.
¿Realmente era capaz? No lo sabía, aún no me ocurría. Tal vez si un día lograba enamorarme podría descubrir ese nuevo mundo.
―Invítalos si quieres, cuanta más gente mejor para el lugar ―comentó Mark parándose―, tengo que llenar un cupo de personas o no podré hacerlo.
―¿No tienes más amigos para invitar?
―Sí, pero estamos en épocas de exámenes, ni de coña van a venir ―encogió sus hombros y suspiró―. Hey, a que no sabes quién vendrá también...
La confusión invadió mi rostro y deambulé por varias opciones. Negué y él sonrió con una expresión pilla.
―¡Lucas! ― exclamó―. Oh vamos no me mires con esa cara, escuché por ahí que se muere por invitarte a salir ―Mark canturrió y yo le saqué la lengua―. Haechan vendrá también, me dijo el martes que Lucas quiere ir para invitarte a salir y me parece una excelente idea. El chico parece que en serio se muere por salir contigo Jae.
Le conocía por rumores en los pasillos de la universidad. Lucas, según Mark, era un chico de mi clase de escultura y grabado que siempre me sonreía cuando le hablaba entre clases. Era agradable y lindo, pero no lo vería más que como un amigo de Universidad. No me entusiasmaba la idea de enrollarme con alguien en esos momentos.
―Aja... que se siga muriendo esperando porque yo no saldré con nadie, por ahora... ―agregué, moviendo las manos sobre mis piernas―, iré a tu fiesta únicamente porque necesito despejar mi maldita cabeza de la U, no para coquetear con mis compañeros.
Mark dudó y se tambaleó sobre su lugar, se sostuvo de mi cama antes de volver a hablar―. Pero piénsalo ¿si? El chico solo quiere conocerte. No te matará ser amigable una vez.
Revoleé los ojos e intenté de mil maneras demostrar mi poco interés con aquella idea, pero una parte de mi gritaba que agarrase esa oportunidad para divertirme un poco. Después de todo, solo era un ligue con un chico lindo, ¿verdad? No tenía por qué ser algo serio. Nadie corría detrás de mí con el tema de las relaciones, tampoco era como si realmente muriera por tener una en ese entonces. Solo quería pasar el tiempo antes de que terminase el verano, beber con mis amigos, divertirme y pintar unos cuantos cuadros. Nada más que eso.
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―¡Por supuesto que iremos, a Jeno le encantan las fiestas! ¿Verdad cielo?
Jeno miró de reojo a Ryujin y asintió, sin quitar la vista del libro que estaba leyendo. Me seguía sorprendiendo cómo es que ese sujeto, según mi hermana, era alguien sociable y extrovertido. Porque aquí solo pareciera que se quería largar ya mismo y volver a la ciudad para nunca más regresar.
―La fiesta comienza a eso de las once, si quieren pueden venir conmigo ―Ryujin me escuchaba con entusiasmo y Jeno siguió sin inmutarse de lo que le estaba hablando, en su mundo ignorando lo que pasaba a su alrededor.
¿En serio se comportaría así toda la estadía? Vaya hombre. Cuántos modales.
Pero entonces, mientras veía a Ryujin y Jeno alejarse de mi mesa, la electricidad se cortó de pronto. La casa se tornó en completa oscuridad y el patio quedó en penumbras, un grito alarido de mi madre se oyó por dentro y en menos de dos segundos, ya estaban ella y Taeyeon en el patio preguntándonos si estábamos bien por el repentino corte. Ryujin la intentó tranquilizar pero a mi madre se le había salido la exageración por los poros, Jeno seguía por todas partes a mi hermana hasta que llegó mi padre y comenzaron a hablar.
―Espera madre, tranquilízate, puede ir Jeno a buscar el palo del generador, ¿no está muy lejos de aquí verdad?
Mi hermana quiso ayudar, pero mi madre estaba a punto de tener una crisis y desechó esa idea apenas la escuchó.
―Pero Jeno no conoce la ruta, se perderá ―palideció mi madre, yo presenciaba la escena desde el banco de piedra del patio a unos metros, totalmente ajeno al caos―, más si las calles están a oscuras. ¡Oh dios, encima tu padre ni cambiar un foco sabe! No podría mandarlo a él si queremos la luz para hoy, y no para la semana que viene.
Ryujin cambió su expresión repentinamente y volvió a nuestra madre, quién fruncía las cejas señalando preocupación, a su lado Taeyeon buscaba las herramientas en la alacena del patio.
―Jeno podría ir con Jaemin, él sabe el camino, ¡llevan una linterna y problema resuelto!
Mis oídos captaron que fui nombrado y suspiré, ¿en serio me iban a mandar al muere con ese tipo? Qué familia más considerada.
Ryujin llegó a mi lugar caminando ligero, sus shorts estaban mojados por su traje de baño aún húmedo debajo y todavía estaba descalza por haber caminado toda la tarde en el patio y haber nadado en la piscina hasta hacía un rato. Por aquellos días, me había adueñado de la mesa de piedra que había en el jardín, la usaba para estudiar en las tardes, todos sabían que ese era mi lugar.
―Nana... ¿Puedes acompañar a Jeno a unos kilómetros de aquí? A buscar el generador y devolver la electricidad. Yo no sé donde está y mamá está a punto de comerse vivo a papá si no va a alguien hasta allí...
Miré hacia los costados y detrás de ella estaba mi madre sosteniendo su chal, con expresión preocupada y los ojos llenos de nervios. Y del otro lado, estaba él, con su mano metida en el bolsillo de su bermuda blanca, lentes de sol sobre la punta de la nariz y mirando (o eso supuse) al césped como si nada estuviera pasando. Admiré su tranquilidad en ese momento. Hoy, años después de todos esos días calurosos, me doy cuenta que Jeno sabía aparentar muy bien su disconformidad.
Tragué saliva y finalmente acepté. Ella me sonrió y juntó sus manos aplaudiendo levemente, quizá le emocionaba en cierta parte que su hermano y su.... pareja compartieran un momento a solas. Yo solo rogaba que todo pasara rápido y sin dolor, así como retirar una bendita de una herida.
Mamá se encargó de darme y explicarme las mil indicaciones para no perdernos en el camino. Jeno solo asintió al final y me siguió por detrás hasta la entrada de la estancia. La linterna la llevaba yo y él cargaba la caja de herramientas en su hombro, por las dudas. Mis piernas temblaban por el frío de la tarde-noche que se colaba por sobre mis delgados jeans, maldije en mi cabeza por no haberme abrigado antes de partir a la descampada ruta.
Los primeros minutos a solas partieron normales, sin conversación y sin un mínimo de contacto visual. Él iba por su camino y yo por el mío, parecíamos desconocidos. Yo iba pateando piedras por el camino, mordiendo levemente mis labios para retirar la piel seca de ellos y sujetando fuerte la linterna con miedo a pisar un lugar en donde no debía.
―¿A cuánto estamos de ese generador?
Me giré y le vi caminando algo incómodo con la caja en su hombro. Aclaré mi garganta y ralenticé el paso para ir a su ritmo.
―Unos veinte minutos, quince si caminas rápido.
No devolvió la respuesta. Tampoco esperé que naciera una conversación entre él y yo, pero de nuevo, yo quería saber algo, lo que sea, de él. Me tenía totalmente desesperado por su silencio.
Para ese momento la noche ya había caído, y la linterna era lo único capaz de mantenernos en la línea del camino. Jeno no me miraba, tenía su vista clavada en el suelo, observando sus pies caminando y de vez en cuando tragaba duro, su nuez de adán se movía con fuerza y yo parpadeaba cada medio segundo de los nervios.
Moví mis labios intentando pensar qué demonios hacer, ¿Debí hablarle primero y hacer que todo esto dejase de ser incómodo para ambos? ¿Sería capaz de responderme siquiera? No confiaba en que yo le cayera bien, me lo había demostrado indirectamente desde que llegó, ignorando mi presencia y mis comentarios, pero en ese momento cualquier cosa era mejor que sucumbir en ese horrible silencio.
―Y... ¿Cómo conociste a Ryujin? ―pregunté, algo temeroso.
Caminamos unos metros más hasta que él aclaró su garganta y me contestó.
―En su trabajo, ¿no te lo dijo? ―respondió con sequedad y sin inmutarse en demasía. Fruncí el ceño y abulté los labios, la obviedad me dejó mal parado y como un estúpido frente a él. Genial.
―No... De hecho, no hablamos de nada desde que llegó, salió contigo tantas veces que ni tiempo de conversar tuvimos.
Estaba mintiendo, pero quería oírlo de sus labios de igual manera.
Jeno pateó una roca con su zapato―. ¿Acaso estás insinuando que por mi culpa no hablas con tu hermana? ¿o algo así?
―Por supuesto que no, pero si hubo una repartición de tiempos bastante injusta entre ambos, ¿no crees? ―quise reír, pero me terminé callando.
―No.
Jeno se adelantó unos pasos más de mí, dejándome atrás. Sería más difícil de lo que pensé poder hablar con este sujeto, ¿Quién se creía que era? Soy el hermano de tu supuesta pareja, al menos trátame bien, joder. No quiero ser tu mejor amigo ni nada, solo que me respondas los saludos y ya, ¿era tan difícil?
―El generador está allí, vamos.
Intentaba adelantarme, apresurando el paso y olvidando que yo era quien tenía la linterna, pero en el trayecto dejé a Jeno sin ver el suelo y cuando me quise percatar, escuché un estruendoso golpe, la caja de herramientas golpeando la tierra y un grito ahogado acompañándolo.
―¡Ahh, diablos!― masculló―,¡Ay joder! ¡Duele como la mierda, por dios Jaemin ayúdame!
Una risa quiso salir de mí, pero cuando lo iluminé con la linterna, un hilo de sangre recorría su rodilla hasta su pantorrilla y me horrorice. No soy un gran fan de la sangre, y estaba a segundos de salir corriendo o tirar la linterna lejos para no ver las gotas carmesí recorrer la pierna del novio de mi hermana, pero su mano tomando mi brazo con fuerza me detuvo de hacer cualquier cosa.
Tragué la saliva que se acumulaba en mi boca por los nervios y titubeé cuando él se acercó mucho más a mi. De pronto tanta cercanía me abrumó, y que no le pudiera ver bien empeoraba todo. Todo era extraño y confuso.
―¡¿Te vas a quedar parado allí sin hacer nada?! ―gritó Jeno, apretando los dientes y aferrándose más a mi brazo―. ¡Jaemin no me para de sangrar!
Oír mi nombre salir de sus labios despertó mi cerebro y finalmente reaccioné.
―E-espera un segundo, ¡Dios, espera! Tranquilízate... No podemos volver, ya estamos muy lejos de casa ―la linterna la dejé olvidada en el suelo y me concentré en buscar solución al sangriento y doloroso problema de Jeno―, vamos a tener que esperar a que regrese la luz o te tendré que cargar, ¿puedes caminar siquiera?
Jeno intentó pararse, jadeando y levantándose la bermuda para no mancharla con sangre. Al apoyar la pierna con normalidad gimió de dolor y su rostro se transformó en una exuberante mueca de dolor.
Parecía una jodida broma del universo. Jeno estaba sangrando e incapacitado de caminar medio centímetro sin lloriquear del dolor y yo, yo solo quería desaparecer. Al parecer iba a pasar más tiempo con mi cuñado de lo que hubiera pensado, bueno, quizá podría servirnos de algo, ¿no?
