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Español
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Published:
2021-09-07
Words:
4,001
Chapters:
1/1
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138

Un ramo de flores para ti

Summary:

Te enviaré un ramo de flores, eres tan preciosa, tan preciosa para mí. Ninguna combinación de palabras podría acercarse a la realidad, así que hoy te enviaré un ramo...

Notes:

Decidí que este one-shot sea mi primera historia en este sitio ya que el otro parece estar a la nada de la muerte. Originalmente, tenía planeada una colección de relatos o one-shots inspirados en el álbum Fantôme de Utada Hikaru –uno de mis favoritos-, y había surgido vagamente inspirada en otra canción. La canción que da título a la historia, fue escrita por Hikaru para su madre quien se suicidó luego de batallar contra el cáncer. Aquí pueden encontrar la canción traducida al español por mí.

Disclaimer: La serie Naruto (tanto manga como anime) son propiedad de Masashi Kishimoto.
Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.
Esta historia está también publicada en Fan Fiction Net. D

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Un ramo de flores para ti

Te enviaré un ramo de flores,

eres tan preciosa, tan preciosa para mí.

Ninguna combinación de palabras podría acercarse a la realidad,

así que hoy te enviaré un ramo del color de mis lágrimas.

Hanabata wo Kimi ni ~ 花束を君に| UTADA HIKARU

—Pa-ppá.

Kakashi bajó su libro, todavía sin prestar demasiada atención.

—Pa-ppá.

Repitió de nuevo la pequeña de cabello negro mientras golpeaba con singular alegría el piso debajo de ella. Y Kakashi siguió sin decir nada. Sakura ya se lo había dicho, Sarada estaba comenzando a hablar y lo único que parecía balbucear más o menos bien era 'Mamá' (que más bien sonaba como momma.)

Sarada se levantó con torpeza, apoyándose sobre sus manos hasta terminar balanceándose sobre sus pies desnudos. Mientras Kakashi hacia a un lado su libro, ella dio un par de pasos seguros pero temblorosos hacia su dirección y Kakashi estiró los brazos hasta que ella llegó a él y tomó sus manos. Ella tenía una sonrisa enorme en su redondo rostro que alcanzaba sus ojos.

Pappa.

Esta vez la palabra vino con más confianza mientras sus manos le apretaban los dedos. Tenía fuerza y él no evitó pensar que era natural por su madre. Kakashi notó todas las diferencias que existían entre sus manos y las de ella. Sarada tenía manitas regordetas y suaves, adorablemente suaves. Sus deditos siempre se afianzaban con fuerza a los de él.

Unas semanas atrás, Sarada apenas podía sostenerse en pie, pero ahora podía avanzar varios pasos sin ayuda. Sin duda alguna aprendería con rapidez en la Academia. Probablemente tenía que ver con la edad y Kakashi se estaba volviendo sentimental, pero pese a que Sakura ya le había contado de pasada que ya daba algunos pasos, se sintió contento cuando presenció la acción por primera vez.

Manteniéndole de pie en su regazo, Sarada le golpeó la boca para terminar dando pequeños saltitos, sacándole de aquellos recuerdos.

—Oi. —Se quejó Kakashi cuando ella volvió a golpearlo, pero Sarada sólo emitió una tierna risa.

Sarada terminó resbalando y Kakashi la acomodó en su regazo, abriendo el libro para leer un extracto. Por un momento meditó lo tan buena que sería la idea de leerle su libro considerando que estaba aprendiendo a hablar, ¿Y si le repetía a Sakura algo? ¿No decían que los niños eran como esponjas? Mirando alternadamente entre Sarada y la cubierta naranja, al final se rindió y la alzó consigo hasta llegar a la repisa de los libros y tomar uno nuevo. Le sacudió el polvo lejos de ella y volvió al sofá.

Acomodó un par de cojines, quitó la almohadita rosa que Sakura le había dejado para ella y su mantita amarilla para proceder a sentarse. Le tomaría diez minutos hacer que se durmiera, así que comenzó a mover la rodilla sobre la que la tenía sentada. Sarada miraba con total atención el suelo donde habían quedado sus zapatos y juguetes mientras él buscaba la página para comenzar con la lectura.

—Sarada-chan, hoy voy a leerte esto. —Le dijo en voz alta señalándole la página llena de caracteres. Kakashi juraba que casi le entendía. —Se llama La torta de miel. —Ella se le quedó viendo y se metió la mano en la boca, luego procedió a arrastrarla por la mano de Kakashi que sostenía el libro, dejando un húmedo rastro que él procedió a limpiarse contra el pantalón.

Kakashi dio un profundo suspiro y miró al techo como si estuviera rogando por paciencia.

—¿Te gustan la tortas, no es cierto, Sarada-chan?—Le preguntó. Por supuesto que ella no respondió. —¿Sabes qué es una torta de miel?

Para ser una niña muy despierta, Sarada-chan no era muy conversadora –se dijo.

Kakashi fue contándole la historia de un osito que recolectaba miel en un cubo que se había encontrado en el bosque. Había juntado tanta miel que había terminado yendo a la ciudad para venderla.

—El osito Masakichi era tan pequeño como tú. —Le dijo mientras le sonreía. La niña seguía viéndole y él siguió la historia.

El osito no tenía amigos. Y siempre iba a la ciudad, vendía su miel y regresaba al bosque. Se sentía solo, pero no podía hacer más que escuchar música. Luego de un tiempo, mientras regresaba a su casa, conoce a otro oso y descubre que él pescaba salmón.

—Y entonces los dos ositos se hicieron amigos.

La cabeza de Sarada se balanceaba de atrás hacia adelante y sus ojos estaban a punto de cerrarse. Tal vez ella no entendiera del todo lo que estaba escuchando, o se estaba aburriendo lo suficiente como para dormirse. Kakashi checó el reloj; aún quedaban horas para que Sakura fuera por ella, pero si tenía suerte, Sarada dormiría por todo ese tiempo.

Él iba a continuar la lectura cuando recordó qué seguía y se quedó absorto mirando la página. El libro lo había conseguido una vez que había querido conocer nuevos autores y ese relato fue el primero que se le ocurrió contar a Sarada. No tenía dibujos o algo que visualmente pudiera ser entretenido para ella, pero la historia de los ositos probablemente le gustaría. El cuento era parte de uno de los relatos que contaba la historia de una pareja separada que mantiene un amigo en común.

—El osito Masakichi y su amigo Tonkichi fueron felices por mucho tiempo. —Optó por decir.

Cuando él terminó de hablar, se le ocurrió voltear a ver a Sarada, quien en algún momento de su reflexión había terminado totalmente dormida con la cabeza colgando hacia adelante. Con cuidado, Kakashi la acomodó sobre su almohada y la envolvió con la manta, asegurándose que estuviera cómoda y poniendo los otros cojines alrededor de ella para que no terminara rodándose.

Kakashi se levantó con toda la gracia que poseía para no despertarla y suspirando se talló la cara con ambas manos. Sarada le había dicho (o por lo menos intentado decirle) 'Papá' y él no sabía si debía estar contento por ello.

De cierta forma no le sorprendía. Los niños aprendían las palabras que escuchaban y ella de vez en cuando se quedaba bajo el cuidado de Ino o Hinata. Probablemente alguna de ellas (o las dos) habían estado enseñándoles a hablar a sus propias crías y Sarada también había aprendido la palabra. Pero sí había algo que le sorprendía: que Sarada lo considerara su padre. No sabía si 'considerar' era la palabra adecuada, teniendo en cuenta que ella todavía era muy pequeña como para saber ese concepto, pero indudablemente, ella de alguna forma relacionaba esa palabra con él.

Se preguntó si Sakura sabía de esto, si sabía que Sarada tenía la impresión de que él era su padre. Si era así ¿Qué pensaba o sentía al respecto? ¿Le gustaba la idea? ¿Estaba bien que él fuera su figura paterna? Ni él mismo sabía que sentir al respecto más que confusión.

Él quería a Sakura. Ella era tan importante para él como lo era cada miembro del Equipo Siete y como eran Gai y Yamato. Como lo eran cada una de las personas en su vida que habían partido. Pero… si quería ser totalmente honesto, entonces admitiría que unos años atrás eso había cambiado. Tal vez había sido por el crecimiento que Sakura había tenido, por la madurez que había alcanzado. O por los eventos que habían superado juntos. O porque se había vuelto una mujer encantadora. Porque se preocupaba por todos. O tal vez por la mezcla de todos esos factores y otros.

Las razones no importaban, él estaba un poquito enamorado de ella. Sin embargo, dadas las circunstancias (la edad, las posiciones, los caminos que habían tomado cada uno) hacían imposible que él lo admitiera en voz alta, qué decir de confesárselo. En lugar de ello, se conformaba con apoyarla y verla desde cierta distancia.

Y aquí estaba. A las siete de la noche de su día libre cuidando a Sarada mientras Sakura tenía que realizar una operación en el hospital, como había hecho decenas de veces atrás. No que se quejara, de ninguna forma; tener a la niña con él tenía más pros que contras y probablemente verla crecer fuera el más grande beneficio. Bajo la crianza de su madre, Sarada se convertiría en una excelente ninja.

Y si el viaje de redención de su padre no tomaba tanto tiempo, no habría duda de que podría convertirse en la mejor de su generación.

Sin quererlo, terminó viéndola con una sonrisa triste en los labios, admirando la pacifica forma en que dormía, ajena a todo. Era increíble que ella se lo hubiera ganado, a él que no le gustaban los niños ni siquiera siendo uno. Algunos habrían insinuado que se debía a la edad, a que ya había llegado el momento en que deseaba formar una familia como muchos shinobi habían hecho, probablemente influenciado por estar rodeado de jóvenes que estaban armado sus vidas junto a alguien más. Y podría haber algo de razón en todo ello.

Sarada se sacudió y emitió un suave quejido y Kakashi la levantó y la acomodó contra su pecho; ella frotó su pequeña cara contra su hombro, su diminuto puño posándose sobre su clavícula. Kakashi apoyó una mano sobre la espalda de Sarada y comenzó a acariciarle, esperando a que volviera a quedarse dormida. Mientras se movía a través de la habitación con un suave ritmo, él apreció el suave olor que venía de ella. Kakashi había escuchado que los bebés tenían un olor particular, pero si bien había tenido la oportunidad de apreciarlo (después de todo, había cargado algunas veces a Boruto y a Inojin), no lo había hecho. Con el agudo sentido del olfato que tenía, tampoco le atraía. Después de todo, siempre pensaba en lo que sabía de los bebés –que sólo babeaban, comían y ensuciaban.

Pero con Sarada era diferente. Y le gustaba la manera en que olía; dulce, suave, delicado… Y un tanto como Sakura.

Su mano se detuvo sobre la cabeza de Sarada y mentalmente se sacudió. Continuó arrullándola y moviéndose, tomando camino hacia su habitación.

Si las cosas fueran tan fáciles como aquel relato contaba… Pero no. Y a él no le gustaba ni quería engañarse. Las cosas eran así. Aún si Sarada lo consideraba su padre él no lo era, y su etiqueta cambiaría en cuanto el verdadero regresara a su vida. Y aún si tardaba años en regresar, él seguiría sin serlo. Sólo sería un suplente.

Sin embargo, podía conformarse con ello. Al igual que se conformaba con ver de lejos a Sakura, podía ser feliz compartiendo con Sarada todo el tiempo que pudiera. Aún si no le gustaba ni quería mentirse, podía hacerlo. Y tal vez, terminaría haciéndolo. Porque cada vez que pasaba un rato con Sarada se encariñaba más con ella y eso no podía evitarse.


Los tacones de Sakura iban chocando cada vez que subía un escalón rumbo a la casa de Kakashi; también podía escuchar el roce de su bolsa contra su ropa. Una de sus manos estaba intentando acomodar algunos cabellos rebeldes, quería ponerse un poquito presentable incluso si solo fuera a ver a Kakashi y él le hubiera visto en sus peores momentos. Pero seguía siendo mujer y aun sí ya no era tan vanidosa como en su adolescencia, todavía quería verse al menos decente.

Normalmente, a esta hora ya estaría durmiendo a menos que algo extraordinario sucediera. Trataba de mantener la rutina en favor de Sarada porque no quería dejarla siempre bajo el cuidado de alguien más. Como madre primeriza le asustaba, aún si la dejaba en las capaces manos de Ino, Hinata o las de Kakashi.

Sin querer una sonrisa se posó en sus labios. Ni en un millón de años hubiera creído que Kakashi sería así de bueno con los niños, mucho menos que se ofreciera a cuidar de la suya, incluso cuando en un principio había tenido un miedo descomunal a sostenerla. Su corazón se caldeó con aquella memoria y Sakura sonrió para sí misma.

Cuando llegó a la puerta dio un suave golpe y esperó un par de segundos antes de repetir. Tampoco tuvo respuesta con el tercer golpeteo y, preocupada, decidió abrir la puerta. Caminó hasta la sala para encontrarse con los zapatitos de Sarada y los juguetes que ella había llevado, la bolsa con todas las cosas de su cuidado y la babosa de felpa que Shizune le había hecho y que ella adoraba. Pero ellos no estaban ahí.

Sakura se movió entonces a la habitación de Kakashi esperando no parecer invasiva. Por la hora, lo más seguro es que su hija estuviera profundamente dormida y no quería arriesgarse a despertarla gritando. Y ahí estaban. Gracias a la luz de la luna y las farolas se dio cuenta que ambos están durmiendo. Él estaba dándole la espalda a la puerta, Sarada contra él, su cuerpo protegiéndola de la luz.

Ella se quedó congelada por unos segundos, no sabiendo exactamente qué pensar, incluso el sueño que sentía se había ido, no así el cansancio.

Siempre había creído que cuando Kakashi se ofrecía a cuidar a su hija era por simple cortesía, después de todo, él seguramente también estaba cansado por todo lo que hacía diariamente. Pero parecía que en verdad le agradaba Sarada. Y a Sarada le agradaba él y se había dado cuenta desde meses atrás ¿Cómo demonios no se iba a dar cuenta de lo que a su hija le agradaba si era prácticamente una de las pocas personas con las que convivía fuera de las del hospital? Pero le quedó claro cuando, mientras le enseñaba a hablar, había señalado una foto de Kakashi que había encontrado en el periódico. Ella esperaba un 'Kakashi' mal dicho, pero había escuchado a cambio un 'Papá' igual de imperfecto.

Luego del shock inicial, Sakura trató de ser razonable pese al dolor que sintió en el pecho y que no se relacionaba enteramente a que dijera antes 'Papá' que 'Mamá', sino a que ella relacionara a otro hombre como su padre. Era de esperarse si no lo conocía. Era de esperarse porque nunca se había parado por su casa. Pero aun así dolía. Sarada estaba creciendo sin un padre pero ella parecía no notarlo, lo cual también de cierto modo era una bendición. Pero, ¿Por qué no había elegido a otra persona? Tampoco era como si pasara mucho tiempo con Kakashi, aunque ciertamente era con quien más a gusto la encontraba.

Se preguntó qué pensaría Kakashi si alguna vez escuchaba a Sarada llamarlo 'Papá', ella había intentado cambiarlo y corregía a su hija cada vez que lo llamaba así, pero aunque venía un 'Ashi' la primera vez, a la siguiente oportunidad volvía a llamarlo 'Pappa'.

Sakura salió de la habitación en silencio, con más cuidado del que había tenido al entrar, esperando no despertarlos. Se movió de nuevo a la sala y se encargó de ordenar un poco mientras intentaba despejar su mente.

Sarada no debía de estar ahí ni ella tampoco. Si las cosas estuvieran bien ninguna de las dos estaría ahí en una casa que no era suya. Pero por alguna razón Sakura no se sentía culpable por ello. Kakashi siempre le brindaba la sensación del hogar.

Fue a la cocina y puso a calentar agua en la estufa para volver a sentarse en el sofá. Ya no llevaba los molestos tacones pero sentía las piernas y los pies cansados, lo cual era entendible luego de varias horas en pie. Aunque si quería ser sincera, sabía que era porque estaba perdiendo condición. No era tonta, llevaba más de dos años sin pisar un campo de entrenamiento y eso le estaba comenzando a pasar factura.

Ahora era de nuevo una civil… o casi. Y tenía que limitarse a dar vueltas corriendo en el parque como el resto de los civiles de Konoha. Había regresado al lugar donde había comenzado.

Levantó las piernas sobre el posa brazos del sofá y se recostó, cubriéndose los ojos con una mano y concentrándose en respirar y descansar un poco.

¿Kakashi la dejaría quedarse ahí? Le vendría bien descansar y charlar con alguien que no balbuceara.

Escuchó los pasos de Kakashi acercarse, pero ni siquiera así sintió ganas de sentarse. Y él pareció entenderlo porque se limitó a recargar ambos brazos sobre el respaldo del sofá, de esa manera, terminó viéndola desde arriba.

—Te tomaste tu tiempo. —Le dijo, su voz sonaba rasposa.

—Me tomé mi tiempo, sí. —Sakura respondió. —Pero todo salió perfecto… ¿Qué tal tu noche con Sarada?

Él alzó los hombros.

—Bien, supongo. —Sakura le vio esperando que profundizara. —Jugamos un rato, tomó su biberón, leímos juntos- —Ella abrió la boca, pero antes de poder decir algo, él continuó. — nada pervertido, lo juro y luego se durmió.

—¿Qué historia le leíste? No creo que tengas libros infantiles… —Le dijo sin mirarlo.

—Necesitaba nuevas historias...

Sakura soltó una risita sin imaginarse que intentaba distraerla para no responder la pregunta. Kakashi sintió haberla engañado con algo tan absurdo, pero era preferible a que supiera de la historia que su hija había escuchado. Sin duda se sentiría confundida, herida y tal vez, tal vez, asqueada con la idea de él soñando que algo parecido ocurriera. Así que prefería que creyera que él tenía un nuevo interés en libros.

Porque él era extremadamente bueno aparentando.


Tras tomar ambos dos tazas de té, Sakura se sintió de nuevo adormilada. De pronto pensar en el camino de regreso a casa con Sarada se le antojaba una tarea titánica. Además, casi eran las cuatro y…

—¡Mañana tienes trabajo! —Exclamó de pronto, moviendo la mesa sin querer.

Él parecía sorprendido por aquella reacción, y la expresión calmada que tenía unos segundos atrás, regresó. Kakashi se río con suavidad y le quitó importancia al asunto agitando la mano. —Mañana pensaba llegar tarde de cualquier forma.

Sakura suspiró levantando los hombros. —Eso no me consuela; todo lo contrario… —Entonces arqueó las cejas y miró a Kakashi con curiosidad. —¿Estás evitando algo?

Él negó levemente con la cabeza. —Iré a comprar claveles.

Sakura parpadeó perpleja, tomándole un par de segundos entender lo que le decía. —Ah… Es cierto. —Tras esto llevó la vista hacia la puerta del dormitorio de Kakashi. Sarada seguía dormida, ignorante de todo.

—La pregunta aquí es, ¿Harás algo mañana? —Preguntó él, sacándola de su ensimismamiento.

—Sí, iré a ver a mi madre. Hace un tiempo que no he podido verla y extraña montones a Sarada.

Kakashi parecía verla con algo cercano a la pena. Últimamente recibía un montón de esas miradas de parte de sus amigos, especialmente de Ino. Sakura se limitó a sonreírle con resignación como si no pasara nada. Pero, si era sincera, había esperado que Sasuke decidiera hacerle una visita por la festividad. Sarada todavía era demasiado pequeña para entender el significado de la fecha y pasarían un par de años más antes que ella pudiera hacer tarjetas o…

Como fuera, que Sasuke no estuviera con ella era momentáneo y en un futuro ya no recordaría que se sintió triste y solitaria en su primer día de la madre.

—Después de eso, tengo que revisar presupuestos. Ugh. —Sakura se quejó, poniéndose una mano en la frente.

Esta vez, pudo percibir cierta preocupación viniendo de Kakashi. —Pensé que tendrías el día libre… —Ella agitó la cabeza. —Ya veo.

—No hay muchos descansos como jefa del hospital… —Agregó. Tras un nuevo suspiro, Sakura se encogió de hombros y revisó un reloj imaginario en su muñeca. —Te dejaré descansar. —Él asintió.

Ambos se levantaron de sus asientos y Sakura tomó las tazas y la tetera de vuelta a la cocina. Le hubiera gustado lavar los utensilios después de usarlos como si fueran propios, pero francamente ya no tenía energía, y sin darse cuenta se quedó viendo a la nada frente al fregadero.

Kakashi entró con Sarada en brazos, ella todavía estaba dormida. —Te acompañaré a casa. —Sakura iba a protestar, pero antes de que pudiera hacerlo, él la interrumpió. —Luces como si fueras a caerte dentro de nada.

—Wow, gracias. —Sakura respondió con molestia y Kakashi le sonrió entrecerrando los ojos.


Cuando llegaron a su casa, Sakura se despidió de él con una sonrisa cansada.

Sentía cierta tristeza al notar que aquella mueca era habitual en ella, pero decidió no mencionar nada. No ganaba nada haciéndolo. Así que se limitó a darse la vuelta y a suspirar para sí mismo.


Al día siguiente, Sakura arregló a Sarada con un vestido de color rojo que hacia juego con su propia ropa. Le peinó con esmero y le colocó un lazo enorme. Almorzó con su madre y pasaron un rato las tres, riéndose sobre el moño que era más grande que la cabeza de Sarada –según Mebuki-, poniéndose al día con lo que sucedía en la vida de los parientes lejanos de Sakura y… sin que ella lo deseara, de la ausencia de Sasuke.

Sakura estuvo justificándolo, diciendo que después habría otros días qué pudieran compartir juntos, haciendo recuerdos que irían cubriendo el espacio que en estos momentos estaba en su corazón.

Finalmente Mebuki decidió dejarla en paz, y cambió de tema. Entonces el ambiente volvió a ser calmado entre las dos. Aun así, una aguja de dolor permaneció atascada en su pecho por el resto de su encuentro.

Aquella aguja fue clavándose más con cada paso que daba hacia el hospital, pero dio su mayor esfuerzo para ignorarla mientras recogía las carpetas que necesitaba para lo del presupuesto.

La aguja ya había pasado su esternón cuando ella había llegado a casa, cargando con su niña dormida, la bolsa de sus pertenencias y un paquete de papeles bajo su brazo. Pero siguió avanzando, abriéndose paso hacia su corazón.

Sakura llevó a Sarada a la cuna, le cantó en suaves susurros para arrullarla, asegurándose de que permaneciera dormida. En un par de palabras, su voz se rompió, pero decidió ignorar con más ahínco el dolor. Si hacía caso, sólo dolería más. Depositó un beso en su cabeza antes de encender la suave luz de la habitación.

La aguja ya iba a la mitad de su corazón, podía sentirlo. Su garganta tenía un nudo, pero ella se lo tragó mientras abría las carpetas y comenzaba a revisar el presupuesto, dispuesta a depositar toda su concentración en hacer ajustes y no en el día que era.

Tras horas de tan aburrida tarea, Sarada comenzó a llorar y con un suspiro, Sakura se levantó para ir a revisarla. Regresó con ella a la cocina, meciéndola mientras preparaba un biberón con su fórmula.

Sakura ya había notado que ser madre a veces implicaba dejar de lado muchas de sus preocupaciones y necesidades. Pero tener a su hija en brazos hizo que el dolor dejara de ser intenso, aún si la aguja no quería salirse.

Mientras la alimentaba, reparó por primera vez en el jarrón puesto cerca de su ventana. Un jarrón con un ramo de claveles rojos. Se acercó a él y quiso tocar con la punta de los dedos los pétalos torcidos de las flores, pero tenía las manos ocupadas.

Sarada siguió bebiendo, pero siendo su madre, sabía que estaba poniendo atención en la misma cosa que ella.

—Parece que alguien nos hizo una visita… —Le dijo a su bebé, quien puso sus enormes ojos negros en ella.

Junto al jarrón no había nota o tarjeta alguna que le indicara quién había dejado las flores. Tampoco hacía falta. Ella sabía quién los había dejado ahí.

Sakura regresó a la mesa, hizo a un lado las carpetas y los documentos del presupuesto, acomodó a Sarada sobre la mesa y comenzó a cantarle mientras seguía alimentándola.

—Aunque sólo estemos nosotras dos, no estamos solas. —Le soltó con una sonrisa. Sarada sólo se le quedó viendo mientras seguía comiendo.

Sakura sintió que una lágrima se le escapaba, pero se echó a reír, volviendo a sentir ese calor familiar que había sentido al llegar al departamento de Kakashi.

Finalmente sintió que le aguja se había detenido. Y también sintió un extraño antojo de miel.

Notes:

1) La historia del oso realmente existe. Y sí, forma parte de una historia dentro de una colección de Haruki Murakami. El libro se llama Después del Terremoto, y el cuento se llama "La torta de miel". Es uno de mis relatos favoritos dentro de la escritura de Murakami.

2) En Japón, los claveles rojos son un típico regalo de los niños a las madres en el Día de la Madre. Los niños cuyas madres fallecieron suelen llevar ellos mismos un clavel, pero de color blanco.

Muchas gracias por leer.