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But I still want you

Summary:

Chifuyu visita la tumba del que fue su primer amor.

Notes:

Escribí esto mientras tomaba vino y un trago muy rico de vodka con frambuesa, si hay alguna falta ortográfica pido disculpas son las 4 AM y estoy terminando de escribir el one shot ¿ como quieran decirle. No sé bien cómo funciona Ao3 pero estoy escuchando The Truth Untold en bucle y estoy triste así que espero que se sientan igual de tristes leyendo este intento de historia bajifuyu. Disfruten <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Chifuyu se había enamorado el primer día que vio a Baji. Fue amor a primera vista. Fue la primera persona a la que quiso agradarle, fue la primera persona de la que quiso ser amigo. Baji había sido su primero en tantas cosas. También fue su primer ser querido en irse. Eso pensaba mientras observaba la tumba del que fue su mejor amigo. Con la mitad de un plato de yakisoba, Chifuyu estaba sentado frente a la lápida de Baji. Dolía. Dolía mucho. Baji fue su primer amigo, su primer amor, y esperaba que fuera su primera relación. Pero ni siquiera tuvo la oportunidad de declararse.

Todo su mundo se había destruído en segundos. Todas las promesas que hicieron quedaron en el vacío. Todas las tardes juntos no se sentían suficiente. Todas esas conversaciones sobre qué harían a futuro se sentían como una fantasía. Y Chifuyu nunca imaginó que esa fantasía se esfumara de la noche a la mañana.

—Baji-san... —murmuró, su voz se quebró antes de que pudiera seguir con lo que quería decir—. ¿Por qué? ¿Por qué tú? —Chifuyu reía histéricamente—. Éramos más de cien personas, entonces porqué tú.

Las lágrimas no paraban de bajar por sus mejillas, sentía un nudo en la garganta que no le dejaba respirar pero necesitaba calmarse, necesitaba seguir hablando, necesitaba sentir que el pelinegro le escuchaba.

—Traje el yakisoba... como prometimos —hubo un minuto de silencio hasta que Chifuyu continuó hablando—. ¿Recuerdas las promesas que hicimos?

Había vuelto a estallar en llanto, pero esta vez de impotencia.

—¿Qué pasó con las promesas que hicimos, Baji-san? ¿Alguna vez te importé siquiera? —después de decir esas palabras en voz alta, finalmente lo entendió.

Él no había sido ni la mitad de importante en la vida de Baji como él fue en la suya.

Pasaron unos minutos antes de que pudiera volver a hablar con claridad.

—Siempre lo supe... Simplemente me negaba a aceptarlo. Baji-san... si estuvieses vivo, ¿cambiaría algo nuestra relación? —Chifuyu soltó una risa, la risa más dolorosa de su vida—. No lo creo...

Su boca sabía a sangre. No se había dado cuenta de cuándo empezó a morder con fuerza su labio en un intento de suprimir el ruido de su llanto.

—Tú sabías cómo me sentía y aún así...

Chifuyu no aguantó más y estalló. Se sentía horrible, pero era liberador dejar salir todo el dolor en forma de gritos. No le bastaba, no le bastaba haber sido el que sostuvo a Baji en su muerte, no le bastaba haber sido probablemente la persona más cercana a él, no le bastaban los años de amistad, nada era suficiente porque Chifuyu siempre quiso más, siempre deseó algo más que una amistad, siempre imaginó que iban a crecer juntos y seguir al lado del otro cuando fueran adultos. Pero ahora todos esos sueños se habían esfumado como el humo, dejando un sabor amargo en su garganta.

Quería gritar, quería gritar hasta que sus cuerdas vocales no dieran más, pero no podía, el nudo en su garganta y la presión en su pecho eran más fuertes que sus deseos de desquitarse con el universo. No entendía porqué tenía que ser Baji. Pudo ser cualquiera. Porqué tuvo que sacrificarse por la pandilla. Muchas preguntas atormentaban su mente, ¿qué fue lo que estaba pensando Baji cuando se enterró el cuchillo? ¿Siquiera pensó en los demás? ¿Qué hay de su familia, siquiera le había dicho adiós a su mamá antes de partir? No entendía el porqué Baji había sido tan egoísta. No lo entendía y en parte lo odiaba por ello. ¿Siquiera pensó en qué pasaría después de su muerte? ¿Tantas ganas de morir tenía? Estaba molesto, pero si había alguien con quien estaba más molesto, era consigo mismo. ¿Por qué no lo detuvo? ¿Si se hubiese adelantado a la idea de Baji hubiese tenido la oportunidad de salvarlo? Más importante aún, ¿quería Baji ser salvado?

Su cabeza dolía y cada palpitación se sentia más pesada que la anterior, se sentía sofocado. ¿Quién era él para cambiar el curso de la historia? Si Baji quería morir... No había nada que pudiese hacer, después de todo, el pelinegro siempre tuvo en claro todo. Tokyo Manji era más importante que su amistad. Chifuyu solo era un integrante más de la pandilla. Era él quién había confundido las cosas. Baji nunca le dio indicios de querer más que una amistad. Y aún así, Chifuyu anhelaba el día en que pudiera ser capaz de confesar sus sentimientos y ser correspondido.

Día que nunca llegaría. Menos ahora que su amigo yacía enterrado metros bajo tierra.

Y es en ese momento en el que Chifuyu se dio cuenta que Baji no había sido el único egoísta en su amistad. ¿Qué derecho tenía él de esperar algo más de parte del pelinegro? Ninguno, sin embargo, siempre quiso más. Siempre esperó pacientemente algo que ni siquiera tenía la chance de ocurrir. Siempre le puso una presión encimo al que fue su mejor amigo, esperando a que este correspondiera sus sentimientos.

—Baji-san... ¿Me permitirías ser egoísta una última vez? —Chifuyu observó con cuidado el nombre en la lápida—. Todavía no puedo creer que ya no estés con nosotros... conmigo.

Tomó una gran bocanada de aire y exhaló lentamente, preparándose para dedicarle sus últimas palabras al que fue su mejor amigo.

—Aun recuerdo cuando te vi ese día en clases —Chifuyu rió, recordando lo chistoso que se veía Baji ese día—. ¿Sabías que desde ese día me enamoré de ti? —el silencio se sintió como una apuñalada en su estomago, pero siguió hablando—. Fue raro al inicio, nunca pensé que me iba a gustar un hombre... Intenté borrarte de mi mente, porque por más que me gustaras eso no significaba que yo te iba a gustar también, pero luego de un tiempo me rendí... Me rendí porque... —su voz tembló por un momento—. No había nadie que me hiciera sentir igual a como me sentía junto a ti, ¿entiendes lo que digo Baji-san? —Chifuyu no esperaba una respuesta, pero el silencio y la lápida frente a él le afectaban más de lo que quisiera admitir—. Me gustas Baji-san, me gustaste y me gustarás. Ni siquiera sé si voy a ser capaz de olvidar nuestros momentos juntos y seguir adelante, pero supongo que... si siguieras aquí... me dirías que busque la felicidad. Me dirías que la vida es tan corta que no vale la pena quedarse detenido por una persona. Pero para mí vales la pena. Vales la pena, cada segundo que pienso en ti vale la pena —las lágrimas nuevamente desbordaban de sus ojos, con mucha más fuerza que antes—. ¿Qué se supone que haga? Dime Baji-san, ¿qué se supone que haga con estos sentimientos ahora que no estás? Te odio por dejarme, te odio por ser egoísta, te odio por solo pensar en el bienestar de la pandilla, pero te odio aún más porque no te importaron mis sentimientos. ¿Lo sabías, no es así? Entonces porqué, ¿por qué tuve que ser la última persona que te sostuvo? ¿Por qué hiciste promesas que no ibas a cumplir? ¿Por qué? ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me abandonaste?

Chifuyu había empezado a llorar tan fuerte que necesitaba aferrarse a algo, su primer instinto fue abrazar su piernas con fuerza, pero no lograba calmarse. Todo su cuerpo temblaba y no podía detener los sollozos que escapaban de sus labios. Sus ojos ardían y le dolía respirar. Con cada bocanada de aire que tomaba sentía su garganta arder. Su cabeza daba vueltas y su vista era borrosa debido a las lágrimas, pero aún así distinguía el nombre el la lápida.

Keisuke Baji.

Lo iba a extrañar. Lo extrañaba desde el día en que se fue, desde el día en que vio al amor de su vida partir en sus propios brazos.

Los espasmos se hacían cada vez más fuertes y ya no sollozaba, gritaba. Chifuyu estaba gritando junto a la lápida del que fue su mejor amigo. Lentamente su cuerpo dejó de doler, los espasmos cesaron, sus gritos se hacían cada vez más débiles, pero se sentía vacío. Miró hacia el frente, leyendo una vez más el nombre que le perseguiría de por vida.

—Baji-san... Baji... —tragó saliva—. Keisuke.

Una vez que logró calmarse dejó libres sus piernas, las cuales abrazaba con fuerza en un intento de mantener la calma. Con sus manos temblando jaló la bolsa que traía consigo. De ahí sacó la chaqueta. Su chaqueta.

La chaqueta que una vez perteneció a Keisuke Baji, primer capitán de la primera división de la Tokyo Manji, ahora se encontraba en las manos de Chifuyu Matsuno, el nuevo capitán de la primera división.

Con las últimas fuerzas que le quedaban se puso de pie, y antes de decir adiós para siempre a su mejor amigo, dejó con cuidado su chaqueta sobre la fría piedra.

—Esto... siempre te perteneció. Gracias por todo, Baji-san.

Notes:

Espero que les haya gustado y si no les gustó agradecería mucho si comentaran sobre qué aspectos puedo mejorar. Gracias por leer <3