Chapter Text
No sabes por dónde empezar a explicar cuando el Hokage te llama a su oficina. Tsunade es una persona inteligente y precavida, la has admirado un poco por años pero también la consideras agria y arrogante. Lejana al tipo de personas con las que te relacionarías pero lo bastante experimentada para respetar su palabra.
Ella solo hace un ademán suave con su mano cuando explicas lo que pasó y por su expresión no puedes decir mucho. Es falsa, quieres susurrar, pero sabes que eso te costaría la vida y de alguna manera todavía aprecias tu vida.
— No hay modo de saber si lo que dices es verdad.
Un grupo de palabras brota en tu interior. Sabes que lo que dices es cierto. Quieres llamar a un Yamanaka pero nunca fuiste la alumna favorita de Inoichi y de todos modos no es como si Tsunade no hubiera pensado en eso desde el principio.
— El bloqueo en tu red de chakra podría ser intencional — no puedes evitar girar los ojos ante la acusación. Sabes que podría añadirle tiempo en su oficina como sospechosa pero eso es mejor que oírla decirte traidora.
— No lo hice, el pergamino simplemente... cambió — incluso para ti, la historia es ridícula.
Los pergaminos no cambian solos, lo sabes. Y es una maldita condena que te hayan emboscado cuando te quedaste atrás y un golpe increíblemente leve te haya roto la red de chakra y distorsionado tu mente.
Aun así, no retrocedes. Es la verdad. No hay modo de que Tsunade pueda creer que colaboras con la Aldea de la lluvia y ella misma sabe lo poco que has salido en el último año, o en toda tu vida.
Pero Tsunade antes que todo es la Hokage y mueve un poco el reporte entre sus dedos largos y finos antes de detener su mirada dura en ti.
— No tengo razones para sospechar de ti además de esto, así que no irás a prisión.
Suspiras inevitablemente, sintiendo un poco de paz antes de que Tsunade siga adelante.
— Sin embargo, esto es suficiente para mantenerte bajo vigilancia.
Tus puños se aprietan a los lados. La rabia es instantánea, odias lo tonta que está siendo Tsunade y lo injusto que es. Ni siquiera habías tenido misiones importante en... ¡años! Y la primera cosa importante que te dan queda completamente arruinado por una mierda de mala comunicación y compañeros genin incompetentes.
— ¡No soy una traidora! ¡Jamás vendería a Konoha!
Y es tan cierto que quieres ponerte a llorar. No lo haces solo porque eres demasiado orgullosa y no vas a doblegarte ante nadie, especialmente ante Tsunade, que siempre ha sido una mujer emocionante fuerte. Todavía sueñas con ser más fuerte que ella y eso hace que te tragues el puñado de dolor.
— Tranquila, si eres inocente, nos daremos cuenta y todo estará bien, el jutsu en tu control de chakra pasará en un par de días, hasta entonces, estarás bajo vigilancia continua.
Aguardar por la ayuda de los Yamanaka es lo indicado y lo sabes, pero suena como una molestia tener que ser perseguida por algún imbécil que estará vigilando todo el tiempo cada paso que des. Sin misiones, sin prestigio, sin dinero. Esta mierda de ser shinobi se estaba convirtiendo en un completo asco, mucho más de lo que sabes que en realidad siempre ha sido.
— Como usted ordene, Hokage — dices entre dientes, tu mandíbula cruje un poco y suspiras para contener las ganas de gritar.
Todo el entrenamiento ninja sonaba como porquería ahora. Quieres vomitar sobre los libros de texto de la academia pero te controlas a tiempo para hacer una suave reverencia.
Shizune, que se ha mantenido en silencio a un lado de su maestra finalmente se mueve y deja algunos documentos en el escritorio que no alcanzas a ver.
El secretismo te irrita y quieres decirle que Shizune que se vaya. No es que no te agrade, simplemente jamás congeniaron cuando eran niñas y siempre creíste que era demasiado boba y presumida (no lo fue, pero en tu infancia te dejabas llevar mucho por lo que decían los demás, antes de que supieras que la opinión pública es un poco menos que absurda).
— Bien, ya que no sabemos de qué lado se está filtrando la información no podemos colocarte un ANBU de guardia.
Tsunade habla fuerte y claro, mirando sin emociones las hojas y casi envidias lo impávida que es.
Enderezas la espalda. Tal vez hubieras preferido que un ANBU te siguiera en silencio, probablemente ese chico con máscara de gato que habías visto cerca de la torre Hokage porque parecía amable, pero incluso entonces la técnica que te ha robado el control de tus recuerdos se parece demasiado a las técnicas de Raíz. Es una posibilidad que ANBU esté involucrado detrás de esto.
— Bien — respondes para relajarte y miras atentamente a Tsunade esperando su decisión, lo que seguro apesta y odiarás pero lograrás soportarlo como toda la basura que te han dado hasta ahora.
— Es un hombre en el que confío plenamente, así que no tengo dudas en que me dará un informe correcto y su trabajo será adecuado — una sonrisa se filtra en Tsunade y quieres volver a girar los ojos. No necesitas la ficha del tipo, y por Dios, ya lo odias, pero asumes que esa molestia es solo porque habrá alguien esperando a que te equivoques respirándote en la espalda como un sabueso a punto de morder.
No quieres admitir que sientes un poco de miedo.
— Es un Jounin, igual que tú, así que traten de no provocar un caos — no sabes por qué lo dice con ese tono, pero hace que tu espalda se tense en su punto máximo cuando finalmente revela la hoja — Maito Gai será tu escolta por los próximas días.
Tu estómago se aprieta cuando escuchas ese nombre y un escalofrío recorre tu columna vertebral.
¿Gai? ¿Maito Gai?
Quieres preguntar nuevamente como un loro tonto, pero te tragas la sorpresa con mucha dificultad y en cambio la miras con esos ojos saltones que probablemente no te hacen lucir eternamente linda como Shizune, pero sinceramente te importa un carajo.
— Supongo que lo conoces, fueron juntos a la academia, ¿no?
Baja su perfil y desde tu lugar alcanzas a ver la pequeña fotografía impresa en la hoja.
Sientes otra vez el deseo de hacer una mueca y hablar sarcásticamente pero un poder mayor a ti te retiene.
¡Por supuesto que lo recuerdas! E incluso si no hubieras ido a la academia en los mismos años que él, todavía estás segura de que lo conocerías. Todos en la aldea lo hacían. Y en la aldea vecina, y ¡Dios! En todas las malditas aldeas lo conocían.
— Yo... ¿por qué él? — no sabes porqué entre tantas preguntas dices eso, pero parece natural cuando lo piensas.
Es un Jounin de alto nivel. Un élite, no un Jounin de milagro como tú y un buen puñado que pasaron la prueba en los límites mínimos solo porque Hiruzen les tuvo un poco lástima y porque Danzo necesitaba carne de cañón. Ese hombre es una maldita bestia. Él y Kakashi del Sharingan son unos monstruos en bruto. Sus cabezas están en la cima del libro negro y hay al menos cien puñados de enemigos tras sus nombres.
Los dos han roto cada récord que conoces y han inventado más técnicas de las que puedes memorizar en tu vida. Ambos llegaron a Jounin con los ojos cerrados y crees que lo único comparable con algo tan aterrador serían los Sannin, pero pensar en Orochimaru comparándose a Gai no te hace bien.
Es una locura. Solo te has equivocado en una misión, no es como si fueras un enemigo realmente preocupante como para ponerlo a él detrás de ti. Hace que te sientas enojada al mismo tiempo que una equivocada sensación de orgullo tonto crece. Sabes que Gai solo toma misiones de rango S en solitario y es altamente solicitado por todos los clientes junto a su amigo suicida.
— Está disponible los siguientes días, así que me hará ese favor.
Su declaración hace que te relajes al mismo tiempo que te decepcionas de ti misma. Bueno, tal vez era porque fue el único shinobi lo suficientemente amable para atender al llamado. No es que tuvieras fama de amargada, porque sinceramente no tienes fama, pero nadie en Konoha la tiene a menos que haya roto el edificio Hokage con un puño limpio y sabes que solo hay dos tontos que lo han hecho. No quieres ser ellos. Estás feliz con el anonimato y reconocimiento que tienes. Te hace desear que la experiencia termine ya.
— De acuerdo, Hokage.
No sabes si inclinarte y salir de ahí, o solo salir de ahí, así que esperas a algo que tenga que decir en caso de que tenga que hacerlo y ya estás temiendo a equivocarte. No sabes que tan sospechosa te notará ni cuánto puedes confiar en el juicio de Maito Gai considerando... ¡cualquier cosa que hayas oído de ese hombre es una locura como para decidirte por una!
— Está bien, él se comunicará contigo más tarde.
La mano de Tsunade se sacude en el aire para despacharte. Te hace recordar que tienes la mano herida pero no lo mencionas. Ahora eres un posible enemigo de Konoha y extrañamente no sabes diferenciar si la experiencia es mejor o peor.
En general todo apesta.
Lentamente le das una reverencia a Tsunade y una breve sonrisa a Shizune antes de salir de ahí.
Secretamente, tienes el presentimiento de que los días siguientes serán tan intensos que casi te arrepientes de lo que sea que hayas hecho mal para merecerlo.
Estás pensando en todas las cosas que hiciste mal en la misión mientras caminas afuera de la aldea.
No tiene caso la tortura adicional que te das pero eso es mejor que observar a los transeúntes que te siguen discretamente con la mirada.
Konoha es un lugar pequeño. Los chismes rápidos. No quieres aceptar que pronto habrá un grupo de gente hablando de ti y miras con el ceño fruncido al frente del camino como si pudieras morderlos si se acercan. Sabes que lo harías. Ellos saben que lo harías también. La idea es suficiente para mantenerlos lejos un par de metros mientras sigues el camino sin interrumpirte.
Los últimos días en la misión fueron agotadores y solo habías querido volver a casa. Estabas cansada, sucia, no te importa mucho el corte en tu uniforme pero crees que cambiarlo sería lo mejor. Ahora, sin embargo, no quieres volver ahí y te entretienes en el camino principal.
La angustia se ha vuelto molestia suave y la sensación de gritar ha bajado hasta un nivel aceptable en donde solo quieres maldecir para ti misma. Ya no importa lo que van a decir los demás.
Detrás de ti camina el ANBU con cara de gato y es discreto, casi no lo sientes y esa idea te frustra, porque sabes que se está dejando ver. Probablemente no para ti de todos modos. Es un radar para cuando llegue Maito Gai y pueda darle el informe de la misión.
El pensamiento te hace torcerte. No sabes que pensar de Gai y decides distraerte en adivinar qué esperar de él en lugar de tus fracasos como shinobi.
Estuvieron juntos en la academia un par de años antes de que él se graduó. Genma y Ebisu acabaron con él y casi agradeciste no estar en su equipo considerando que solían integrar una mujer en grupos de dos hombres.
Sin embargo, lamentaste poco después no estar en su equipo cuando todos se volvieron chunin y tú te quedaste atrás para atrapar gatos mucho más tiempo del que estabas dispuesta a lidiar con felinos.
No fue mucho lo que te quedaste detrás de todos modos. Muchos también lo hicieron. No tienes la culpa de que él se volviera una bestia. La gente normal solía ir más despacio. Quisiste decirlo cuando lo viste a él y a su grupo de amigos superdotados volverse chunin a la velocidad de la luz, pero de todos modos no le hablabas a ninguno y no valía la pena decir algo tan tonto en la ceremonia de despedida.
Lentamente te relajas en tu caminata y reconoces que podría no ser tan malo. Gai era un hombre amable hasta donde recordabas, no es que hubiera un repertorio de recuerdos muy agradables o duraderos con él, pero no tenía fama de pervertido o extraño como su compañero Ebisu. Ser un monstruo en habilidades adicto al ejercicio tenía que ser mucho mejor que un adicto a la pornografía. O al menos eso prefieres pensar.
La energía del ANBU gato se vuelve más cercana a medida que recorres la calle principal y finalmente lo sientes moverse independientemente de tu ruta.
Sabes que es el momento que has estado esperando y te detienes como para darle tiempo de encontrarse con Gai. No es amabilidad por el que será tu guardia, simplemente no tiene caso caminar más rápido cuando de todos modos va a alcanzarte con el mínimo esfuerzo y te hará sentir más inútil de lo que Tsunade ya te hizo sentir. Ser rápido nunca fue tu fuerte y, aparentemente, los ninjas de la lluvia también lo sabían cuando te robaron la información. Bendito sean los registros confidenciales.
Te detienes en un puesto de comida y esperas lo que el ANBU y Maito Gai tengan que hacer. Los detalles de su misión no son de tu incumbencia y también has escuchado que Maito Gai es un shinobi fiel a Konoha. Tal vez demasiado fiel en tu opinión. Ha respetado las reglas más de lo que respeta los oídos ajenos con el tono de su voz y la idea hace que tus piernas se sientan débiles. No sabes lo que harás ante un hombre tan exigente como él y si te tratará como una criminal sospechosa.
La energía del ANBU se desvanece y finalmente percibes la energía de Gai moviéndose, que es insistente y electrizante. Jamás has sido la mejor en reconocimiento ninja, pero Gai jamás ha sido el mejor para ponerse a cubierto. No es que haga falta que lo intente para vencer a sus enemigos, claro, pero de todos modos es algo que puedes hacer mejor que él.
Decides comprar un par de manzanas cuando Maito Gai tarda más de lo esperado y piensas que es demasiado vergonzoso estar de pie más de cinco minutos en el mismo lugar. No necesitas que la gente crea que además de traidora eres tonta y levantas la fruta, pagando a prisa antes de seguir tu camino.
La energía de Gai finalmente aterriza a unos metros de ti con demasiada fuerza y piensas que es ahí donde empieza tu castigo. No hay nada más humillante que ser tratado como inferior por otro Jounin, pero ser tratado como el objetivo de Maito Gai debe ser aún peor. Ni siquiera puedes imaginar lo que hará, pero piensas que prefieres ser observado con desprecio antes de que el hombre deje caer sobre ti el peso completo de su "juventud".
Tus pasos se entorpecen y maldices tus nervios. No es que tengas miedo de él, pero tampoco estás en paz. De hecho, algo doloroso palpita dentro de ti y se hace grande cuando la mano enorme de Maito Gai toca tu hombro.
— Hey, hola — el saludo te pica la piel, y no recuerdas la última vez que alguien se atrevió a tocarte con tanta familiaridad. En realidad, nadie lo ha hecho desde la academia y los fugaces amigos, así que es un poco extraño sentirlo ahora. Especialmente después de un error terrible en tu misión.
Lentamente te detienes para mirar a Gai y no sabes lo que podrías encontrar en su rostro. No han hablado en años y crees que es tan vergonzoso que se reencuentren en una situación como ésta. Hace que su éxito como shinobi solo pese más en tu fracaso.
Es tonto, pero tienes miedo de lo que pueda decir.
El gesto de Gai es amable y te mira con sus ojos brillantes que recuerdas de la academia cuando todavía era un niño. Hablaron un par de veces y solo porque Gai tropezaba contigo en los pasillos cuando llegaba corriendo para perseguir a Kakashi. No tuviste la oportunidad de hablar con ninguno de los dos después de eso y lo más cercana que estuviste a su presencia fue en la fila de la tienda de ramen en su inauguración.
Claramente, ya no es un niño. Sus ojos son idénticos a lo que recuerdas pero no puedes decir lo mismo del resto de las cosas. Su mano debe pesar más de cinco kilos y es enteramente enorme. Te hace sentir débil y vulnerable. No ayuda el recuerdo de la paliza que los enemigos de la lluvia te dieron y que no seas más alta que su hombro.
Algo en su amabilidad te hace sentir incómoda y te haces a un lado, evadiendo su mano y también tomando distancia de su presencia. Estar a su lado es demasiada presión. Prefieres lucir como si fueras antipática antes que débil y miras a Gai como si no te hiciera temblar sobre tus pies.
— Tsunade me dijo que vendrías, así que estoy al tanto de tu misión — tu voz es lo más firme que puedes lograr considerando los hechos y miras nuevamente a Maito Gai al rostro.
De cerca es casi aterrador, pero también mucho más definido. Algo en su expresión parece irreal y hace que tu estómago duela patéticamente.
— ¡Me alegra escuchar eso! — el tono de Gai sube y de cerca es mucho más alto de lo que habías imaginado. Has pasado los últimos veinte años escuchándolo hablar a gritos con sus amigos, pero de algún modo aún no estabas preparada para el tono firme y grueso de su voz — Te prometo que daré mi mayor esfuerzo para que todo salga bien.
El guiño de Gai te toma desprevenida y eres consciente de que te estás sonrojando. Es un gesto común en él por lo que has escuchado, pero recibirlo es muy diferente. Crees que es un hombre demasiado grande para ese toque infantil, pero de algún modo extraño le queda.
— Sí, como sea — decides que lo mejor para ambos es hablar lo menos posible y bajas los hombros, tratando de lucir neutral a pesar de tu poca capacidad para seguir una conversación.
Los ninja no hablan mucho de todos modos. Es solo Gai que parece que se perdió las lecciones de confidencialidad y control shinobi en la academia y no tienes mucho que opinar sobre eso. No son amigos, así que esperas que no tenga que gritar en tu oído cada pocos segundos como hace con Kakashi y los demás.
— ¿Crees que podríamos no llamar la atención? Estoy tratando de lidiar con esto — agitas las manzanas en tu mano como si eso significara algo en absoluto y haces una seña a su posición.
No sabes mucho del lenguaje de señas de los Jounin de categoría de alto nivel, pero has aprendido los que puedes en cada misión y sabes lo que el gesto significa: "Mantente detrás de mí".
Las cejas de Gai se alzan y piensas que parecen más grandes de cerca. No es que no lo fueran de niño, pero ahora lucen en armonía con el resto de su rostro y los observas por demasiado tiempo para ser considerado normal. Deberías estar avergonzado por eso y haces una nota mental para castigarte más tarde.
— De acuerdo — Gai hace un gesto a tu orden y levanta un pulgar al aire — Seré tan invisible como un ANBU, ¡cumpliré mi misión en silencio, justo detrás de ti!
No puedes evitar torcer los ojos ante su entusiasmo y pareces tentada a decir que es una exageración, pero Gai es la representación de la exageración y no sabes si quieres escucharlo discutir al respecto. Encontrarse en términos de shinobi-prisionero ya era un inicio lo suficientemente malo.
— Bien.
Tus hombros se cuadran a pesar de la presión y comienzas a caminar en dirección a tu casa. Quieres pensar que es solo tu imaginación la que dice que Gai está caminando con normalidad a tu lado y obviamente no como un ANBU, pero su enorme sombra proyectada en tu cabeza no hace demasiado por tu duda.
— Hace mucho tiempo que no nos encontrábamos, me alegra saber que estás bien— el comentario de Gai es animado y no sabes a qué se refiere con estar bien. Si llamaba a ser sospechosa de traición estar bien, entonces jamás habías estado mejor en tu vida.
Además de eso, claramente no está siendo silencioso y no está detrás de ti como lo haría un ANBU y tus manos tiemblan. El pequeño giro de tu muñeca herida te hace torcer el rostro pero no estás dispuesta a lloriquear.
— Uh, supongo que sí — respondes difícilmente después de unos segundos y repites la señal con la mano para Gai.
La gente sabe que eres sospechosa de traición en este momento y lo que más quieres evitar es habladurías. La persona asignada para vigilarte claramente no sería un secreto y prefieres que Gai se mantenga al margen. De algún modo, caminar a su lado es mucho peor, te hace sentir acusada de un modo que definitivamente no mereces.
Gai hace un sonido de reconocimiento ante la señal y se queda dos pasos detrás, dándote algo de espacio mientras piensas en lo que harás al llegar a casa.
Una ducha en primer lugar suena fabulosa pero el hambre ha vuelto después de todas las emociones y probablemente necesites comer primero. Tal vez podrías comer en la ducha para ahorrar tiempo, pero la sopa instantánea no se lleva muy bien con el champú. No es que no lo hubieras intentado ya un par de veces.
— Oye — la voz de Gai está en tu oreja otra vez y casi suspiras con derrota cuando entiendes que el chico no se quedará tranquilo.
No lo conoces por ser discreto, y no sabes hasta cuándo se cansará de hacerte sentir avergonzada y tonta. No está ahí para charlar y definitivamente no estás ansiosa por su cortesía exagerada que probablemente es una actuación para acercarse a ti y tratar de sacar información al respecto.
Tus pies se detienen con un sonido brusco y miras a Gai a la cara, que nuevamente se ha olvidado de la distancia y está a tu lado, cubriendo de nuevo la luz.
— Gai, lamento mucho que hayas sido asignado conmigo ahora, pero necesito que te mantengas callado y alejado de mí — tratas de sonar cortés, pero incluso para tu propia mente es un mal intento y no puedes ocultar la molestia.
Los hombros de Gai se cuadran y parece genuinamente confundido. Se está esforzando por entender a qué te refieres y no parece estar obteniendo la victoria al respecto.
— Escucha, sé que probablemente Tsunade te dijo que averigües la verdad, pero todo lo que le dije es la maldita verdad, así que solo no hagas esto, ¿bien? Simplemente... no hables conmigo.
Te das la vuelta rápidamente antes de que puedas decir otra cosa y antes de que Gai pueda intentar argumentar o inventar alguna mentira para mantenerte en la conversación.
La ansiedad sobre el tema se hace grande en tu pecho y tienes miedo y vergüenza otra vez. Piensas que no olvidarás jamás el rostro de los enemigos de la lluvia que te hicieron daño, pero estabas tan nerviosa que ciertamente no los recuerdas y es incluso peor. Quieres enojarte con alguien, gritarle a alguien, y sabes que Gai no es ese alguien, por lo que probablemente estás siendo injusta. Sin embargo, Tsunade también estaba siendo injusta y... bueno, no vas a fingir que la perdonas con facilidad.
Tus piernas intentan funcionar otra vez y caminas rápidamente, lo que en realidad no sirve para mantener a Gai lejos antes de que nuevamente esté avanzando a tu lado.
Sientes que toda la presión se acumula en tu pecho y sarcásticamente cuestionas la comprensión del hombre. ¿Era sordo o algo? ¿Cómo un shinobi de élite no podía entender una sola orden, por amor de Dios?
— Gai, en serio, no voy a...
Tu boca se cierra con un golpe cuando sientes a Gai sujetar tu mano. Por un breve segundo estás asustada y sorprendida, pero el sentimiento dura poco cuando te das cuenta de lo que sucede en realidad.
— Tu muñeca está lastimada — Gai habla en un tono extremadamente serio, con los ojos fijos en tu mano y sus dedos sosteniendo tu brazo ligeramente.
Tu mente parece hecha de papel y tardas más tiempo de lo que deberías en reaccionar. Una parte de ti quiere enojarse con Gai por tocarte sin permiso, pero la forma en la que te toca en realidad no te molesta. De hecho, es la primera vez en mucho tiempo que alguien te toca de esa forma: con absoluto y genuino respeto por ti.
Tus dedos se crispan un poco en su agarre y quieres huir, lo que no ocurre porque Gai está mirando de cerca tu herida y es el único que ha notado tu dolor desde que regresaste a Konoha esta mañana.
Los enemigos habían golpeado tu cuerpo en muchos lados pero al parecer a Tsunade poco le importó. No es que tu equipo hubiera dicho eso en el informe de misión en primer lugar, pero habías tenido esperanza en su ojo médico de todas maneras.
— Parece que frenaste un buen golpe, así que no deberías hacer fuerza con esa mano por un par de horas hasta que se recupere o podría empeorar — los dedos de Gai acarician tu muñeca y tu piel se eriza en respuesta.
Es un toque inocente de reconocimiento y Gai lo hace con tanto tacto que es ridículo, pero no puedes evitar emocionarte. Su percepción Jounin es realmente genial.
— Uh... yo, sí, gracias — no estás segura de porque agradeces pero quieres hacerlo y parece correcto para la situación.
La sonrisa de Gai se hace grande como si no le hubieras gritado hace poco y te da otro pulgar. Su guiño brilla intensamente frente a tu rostro y quieres convencerte que es su luz lo que te hace sentir mareada, porque no puede ser otra cosa.
Gai vuelve a su posición a tu lado un momento después y su silencio te hace sentir culpable. Quieres decirle que no era tu intención ofenderlo y que no conoces el protocolo para cuando te acusan de traición, pero es demasiado absurdo decirlo. Tal vez los enemigos habían afectado tu cerebro también.
— Tú... uh, tienes bien ojo para las heridas — ese es tu mejor intento para iniciar una conversación y decides que podría ser el peor intento del mundo.
Afortunadamente (o desafortunadamente) Gai parece que podría seguir una conversación hasta de un ronquido y sus ojos se animan.
Es sorprendente que pueda ser tan expresivo y fácil de leer al mismo tiempo que es un shinobi prodigioso. Casi lo envidias, pero el sentimiento que enciende en ti parece más admiración.
Gai está señalando el atardecer un segundo después y no puedes evitar mirar ahí. Sinceramente, siempre habías tenido un poco de curiosidad por su charlas a gritos. Creíste que era exclusivo de sus amigos poderosos pero Gai habla contigo como hablaría con Kakashi.
La experiencia te hace sentir como si hablar con él fuera un privilegio, pero incluso para ti eso es demasiado triste.
Aun así, la emoción supera el día en el que Kakashi Hatake te miró por más de medio segundo cuando le estorbabas en la calle y sentiste que podría asesinarte solo con eso. Por supuesto, a diferencia de esa vez, Gai hace que la sensación sea agradable y no una alarma de vida o muerte.
No puedes evitar reír entre dientes cuando Gai comienza a contar sus habilidades para encontrar heridas solo por la forma en la que alguien se mueve a su alrededor. No hay pretensión en su discurso y en realidad disfrutas su extraño cuento sobre sus alumnos genin en batalla.
Por unos momentos te distraes pensando en lo refrescante que sería haber tenido un profesor tan animado como Gai, porque las pocas veces que Inoichi había acudido a tus clases solo te dijo lo mala que eras en todo.
Gai sigue hablando de sus alumnos y te sorprendes de lo fácil que es escucharlo. En realidad, el tono de su voz es algo que deja de ser molesto a los pocos segundos y su tono bullicioso se hace meloso en tu cabeza. Hace que el cuento de sus alumnos se vuelva interesante y puedes imaginarte a los pequeños alumnos tras de él. Solo los has visto un par de veces, pero sabes que tu favorita es la niña de los moños. Algo en su aura desapercibida te recuerda a ti.
Los dos continúan caminando y el centro de Konoha desaparece para dar inicio a la zona departamental, donde actualmente los dos viven.
Probablemente el salario de Gai podría darle algo de lujos, pero no parece un hombre interesado en lo material. Crees que si estuvieras en su lugar hubieras comprado un departamento que no oliera a cañería cada dos días, pero con las pocas misiones apenas tienes opción.
Gai sigue hablando de sus alumnos y las misiones cuando cruzan el inicio de las calles y tardíamente te das cuenta de que está siendo completamente honesto contigo. Es una corazonada extraña que Inoichi te dijo explícitamente que no era una habilidad especial, pero de algún modo sabes que no te está mintiendo.
Parece extrañamente fácil confiar en él.
— Ugh, no hay que hablar aquí, podría haber traidores escuchando ahora — un ninja dice repentinamente y miras a la esquina de la calle a prisa, encontrando a dos ninjas de tu nivel riéndose de ti.
La ira sube a tu rostro de inmediato y sientes el impulso de acercarte y romperles los dedos a ambos, pero no son dignos de tu enfado. Aún más, no estás en condiciones de atacar a un Jounin de tu aldea cuando estás siendo acusada de traición.
— Tienes razón, podrían delatarnos con los de la lluvia — el otro imbécil dice demasiado alto y tus manos tiemblan para contener tu ira.
— Quizá ahora mismo está planeando como invadir Konoha, aunque no creo que su plan funcione.
La risa de los dos suena en toda la calle y el recuerdo de tu misión regresa a ti como un flash. Tu mente te castiga una vez más por tus errores y quieres avanzar más a prisa, esconderte debajo de tu cama y no salir por el resto de la existencia si es posible.
Hay un comentario más del primer tipo pero no prestas atención, sin embargo, finalmente Gai parece escuchar y su boca se cierra con un chasquido, haciendo que las risas de ambos hombres solo sean más fuertes.
Tus labios tiemblan y lo único que quieres es morir de vergüenza sobre tus pies. Eres capaz de tolerar cualquier cosa que te digan, pero de algún modo es terriblemente humillante que se burlen de ti frente a alguien más. Especialmente cuando ese alguien es uno de los dos shinobi más fuertes de Konoha.
Tus pies se mueven más rápido sobre la calle en un intento de escapar, lamentándote cuando el ruido de los hombres se acerca justo detrás de ustedes.
— No sé porque Tsunade-sama permite que los traidores vayan por ahí, deberían ser encerrados como la escoria que son.
Los músculos de tus brazos se tensan y deseas darte la vuelta y tirarles los dientes de un golpe, solo que te prometiste a ti misma comportarte toda la guardia y eso no ayudaría a tu juicio.
Peor aún, sientes la mirada de Gai sobre ti y maldices para tus adentros. No recuerdas alguna vez que algo hubiera sido tan vergonzoso y casi pides disculpas en voz alta. Maldices que Gai caminara a tu lado en lugar de moverse alejado de ti. De algún modo eso hubiera sido mucho menos vergonzoso.
— Bueno, supongo que los enemigos de la lluvia no son tan inteligentes si su contacto en Konoha es alguien que no puede defender un simple grupo de genins, así que no deberíamos preocuparnos.
Una nueva risa suena en la calle y percibes la energía de Gai moverse con eso. Es un cambio muy sutil, así que asumes que es incomodidad por los comentarios. Tal vez incluso pena ajena. Casi lamentas no haber muerto en tu misión.
— Definitivamente eligieron a alguien incompetente — la voz tararea con burla — Y lo peor de todo es la guardia que Tsunade-sama eligió, ¿realmente alguien con un cerebro de nuez va a poder vigilar a una traidora?
Estás tan indignada por el comentario que acabas de escuchar que no te das cuenta del momento en el que te diste la vuelta.
Los hombres te miran con suficiencia y burla, pero no los miras realmente. Tus ojos están ocupados lanzando una amenaza de muerte real mientras tus manos están formando puños.
Es verdad que no conoces a Gai más de lo que has escuchado los últimos años, pero lo poco que has visto de su mirada se sintió cálido y sincero. No tienen derecho a hablar de él. Gai no tiene nada que ver en esto.
— Bueno, si fuera traidora de Konoha, lo primero que haría definitivamente es barrer con la basura como ustedes — la idea es una contradicción absoluta, pero la vida misma lo es y tomas el riesgo — No creo que un aliado de la lluvia no hubiera obtenido un beneficio al regresar.
Uno de los hombres desliza su mano a su bolsa de armas y tu mente ya está pensando en el movimiento que harás. No es que creas que saldrás sin ningún rasguño, pero todo es mejor que nada. No vas a permitir que ataquen a un hombre inocente por tu culpa.
Si querían algo contigo, lo mejor era no involucrar a nadie más.
Tus enemigos parecen dispuestos a golpearte entre los dos, pero lucen lentos un segundo después, justo cuando la mano grande de Maito Gai vuelve inesperadamente sobre tu hombro y presiona la ranura de tu hueso.
— Muchas gracias por sus ánimos, camaradas, los tendremos en cuenta — Gai les da una sonrisa sincera a los dos idiotas, regalando un pulgar al aire antes de forzarte a girar en otra dirección.
Por supuesto, tienes la posibilidad de escapar de su agarre, pero decides no hacerlo. No sabes si es por lo cálida que es su mano o por lo estupefacta que estás con sus palabras, pero debe ser un punto medio entre los dos.
— ¿Gracias por sus ánimos? Esos idiotas se estaban burlando de nosotros — tu lloriqueo es lamentable, pero no puedes contener la rabia más tiempo.
Gai relaja su mano en tu hombro, pero no se aparta. Sus dedos son largos y cálidos, confiables. No sabes cuál es el misterio en su toque para darte calma, pero lo que sea, lo está haciendo bien.
— Lo sé — Gai sonríe y plancha su palma en tu ropa — Pero no hay beneficio en una disputa, lo mejor es tomar sus palabras como un incentivo para mejorar. Si hablan de ti, significa que te han notado, y debes demostrar con hechos que se equivocan.
Su guiño te cala los huesos y casi tropiezas, desviando tu mirada de vuelta al camino para no lucir más nerviosa de lo normal.
— En realidad no me interesa lo que digan de mí — dices, ignorando el temblor en tu discurso, porque incluso tú sabes que tus palabras pueden ser un poco mentira — Pero no debieron meterte en esto. Por eso te pedí que no te acercaras a mí, Gai. Verte conmigo solo lo empeorará todo para ti, deberías dejarme sola.
Tomas un respiro y esperas que la mano se aleje. Es natural pensar que la guardia no busque estar involucrada en tus problemas estúpidos y estás de acuerdo en que Gai tome distancia desde ese instante.
Lo último que un shinobi desea es problemas gratis con aliados por culpa de alguien más.
Los dedos tiemblan en tu hombro y sientes de nuevo la leve fluctuación en su energía. Hay una mecha de miedo en tu pecho cuando miras a Gai, pero en sus ojos no hay aversión o vergüenza. Parece... motivado, por alguna razón.
— Agradezco tu preocupación, pero no necesito que me cubras — su sonrisa se hace todavía más grande y necesitas volver a mirar el camino para no caer — La gente siempre tendrá una opinión distorsionada de ti, especialmente cuando no te comprenden. Sin embargo, su opinión no debería afectarte.
Finalmente Gai aparta su mano de ti y la perdida se siente grave antes de que su dedo señale el horizonte.
— No puedes dejarte vencer por las palabras de otros, mucho menos cuando sus palabras son equivocadas — su mano golpea su propio pecho — Al único que debes escuchar es a tu corazón.
Claramente, o fundamentalmente, Gai aprecia a la gente que florece con esfuerzo. Te hace pensar en su padre, Maito Dai, porque las pocas cosas que escuchaste de él cuando estaba vivo fueron cosas malas hasta que repentinamente se volvió un héroe antes de morir.
No conoces los detalles de la muerte, pero puedes ver algo de ese hombre en Gai. El recuerdo de que alguna vez Gai no fue tan bueno como ahora parece borroso, pero sabes que fue cierto.
— De acuerdo — tus pies se hacen lentos cuando te mueves a la esquina del edificio — Lamento que tuvieras que ver eso de todos modos.
La mano de Gai está de nuevo sobre ti y tus piernas tartamudean.
— No deberías estar avergonzada por lo que yo o cualquier otra persona escuche de ti, mientras estés segura de quién eres, no debes bajar la cabeza — sus dedos presionan tu piel — Ni yo ni nadie más en la aldea tiene derecho de opinar sobre tu vida, especialmente cuando no se ha dictado un juicio.
Sus dedos te dan un toque adicional antes de que se deslice fuera y sonría otra vez.
Probablemente Inoichi-sensei lo desaprobaría, pero decides confiar en tu presentimiento sobre Gai y crees firmemente lo que dice. Incluso su forma de animar viene desde el corazón y no puedes evitar pensar que es un hombre sabio.
Tiene que serlo. Un hombre fuerte necesita ser sabio para no corromper su camino. Y Maito Gai es el hombre más firme a sí mismo que encontraste alguna vez.
Tu rostro se siente cálido cuando te quedas demasiado tiempo viendo su sonrisa y prefieres volver a mirar la carretera, aunque es al menos cien veces menos interesante que la cara de Gai, con sus cejas subiendo y bajando y su sonrisa delirante.
— Bueno, creo que tienes razón — tu voz se ha hecho suave y casi estás apenada por sonar tan débil — Gracias.
Gai niega y levanta el pulgar en su pose agradable, delineándose al sol como si hubiera nacido solo para hacer eso.
De pronto, la sopa instantánea con champú deja de ser atractiva en tu mente y giras hacia Gai, mostrando tu propia sonrisa. Quizá no es tan grande ni brillante ni cálida como la de Gai, pero es tuya, y eso hace que se sienta real.
— De acuerdo, ya que estamos juntos en esto, ¿qué dices si vamos a comer algo? No he comido nada desde las pastillas de alimento en mi misión.
La sugerencia parece ser una palabra mágica, porque los ojos de Gai se iluminan como si pudiera capturar todo el sol.
— ¡Conozco un lugar increíble! Te encantará — el ánimo en su voz es contagioso y recuperas la suficiente energía para asentir, dando otra sonrisa suave antes de comenzar a seguirlo de regreso por la carretera.
Casi no puedes creer que Gai realmente sea del tipo de hombre divertido y honestamente estás impresionada.
La cena ocurre entre risas y charlas. Gai te cuenta cada reto que ha tenido con su Rival, Kakashi Hatake, y no puedes parar de reír con cada cosa.
Simplemente no puedes imaginar a Kakashi tratando de comerse una oruga porque Gai lo reto, y casi estás segura de que no es un hombre tan intimidante como parece, pero sospechas que solo de comporta así cuando está al lado de Gai. Incluso tú te sientes más relajada a su alrededor y dejas ir comentarios arriesgados a la mitad de su charla, sonriendo cuando Gai no parece asustado de ti. En el peor de los casos, está impresionado, pero tu orgullo quiere creer que te admira.
El sol ha caído hace un par de horas cuando finalmente decides que es hora de volver a casa y divides la cuenta con Gai, pagando y volviendo a prisa entre las calles angostas de la zona departamental shinobi.
Gai sigue a tu lado todo el camino, escuchando tus propias aventuras y luciendo auténticamente entretenido con tu discurso alocado.
De ser otra persona, no hubieras hablado durante tanto tiempo. Pero Gai parece disfrutar de tu voz tanto como de tu compañía y no recuerdas la última vez que alguien puso tanta atención a tus palabras. Te hace sentir en una especie de ensoñación.
No te das cuenta de que has llegado a tu departamento hasta que puedes leer el número de tu puerta frente a tu cara y las risas de los dos se detienen con un silbido extraño.
Por unos instantes quieres decir algo, algo genial e inteligente, aunque no puedes pensar en algo lo suficientemente bueno y simplemente lo miras con algo de incomodidad.
— Eh... supongo que te veré mañana — crees que es la peor despedida que alguien puede decir en el universo, pero no eres buena improvisando cosas.
Gai sonríe, dándote un asentimiento lleno de seguridad y casi quieres quedarte en tu puerta para despedirlo por el pasillo en un adiós prolongado como si tuvieras doce años otra vez.
Sin embargo, te recuerdas que está ahí por una misión y que probablemente Gai ni siquiera vaya a casa esta noche. Tiene que vigilarte de cerca y ya te sientes lo suficientemente culpable por eso como para imaginarlo sin poder dormir.
Dejas que el sentimiento te consuma mientras buscas la llave de la puerta en tu bolsillo, preparándote para decir adiós antes de que una idea definitivamente loca cruce tu mente.
— Ah, Gai... yo... — la llave se sacude en tu mano y de alguna manera te distrae lo suficiente para no vomitar por los nervios mientras lo miras.
Los ojos de Gai se agrandan en curiosidad, y no puedes creer que una persona pueda sonreír durante tanto tiempo cuando lo tienes frente a ti.
— Si me vas a estar vigilando toda la noche, sería mejor que lo hagas desde el interior de mi departamento, ¿no? — agitas la llave en tu mano y ruegas porque tu rostro no luzca tan sonrojado como en realidad se siente.
Sus cejas suben hasta la orilla de su fleco en sorpresa y quieres arrepentirte de decirlo, porque tal vez realmente estás diciendo una completa locura (no por primera vez).
— Quiero decir, hay espacio en mi sillón. Podrías quedarte ahí, yo... creo que eso sería menos aterrador a que me vigiles por la ventana.
Volteas a ver tus pies unos segundos, pero luego estás mirándolo de nuevo y suspiras de alivio cuando la sonrisa emocionada de Gai aparece en su gesto.
— Esa es una idea fabulosa, ¡hagamos nuestro mejor esfuerzo entonces! — su guiño hace un ruido y torpemente te das la vuelta a la entrada, ignorando el temblor torpe de tu respiración.
La llave entra en la rendija y Gai se detiene tras de ti.
No sabes qué resultará de esto, pero esperas al menos que todo sea mucho más fácil de esa manera. Con Gai en tu casa lo siguientes días hasta que puedes ver a un Yamanaka y estar libre.
No estás segura de lo que vas a hacer, pero no crees que las cosas puedan empeorar mucho.
Después de todo, ¿qué podría salir mal?
