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Español
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Published:
2021-09-27
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4,375
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1/1
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Como gatos callejeros

Summary:

Chifuyu mira por la ventana, preguntándose si Baji podría reencarnar. Cree firmemente que si, seguramente Baji seria un gato callejero.
“Baji-san, si ahora eres un gato callejero, me gustaría que me visitaras, sabes que yo cuidaría de ti”

Notes:

Espero que les guste este intento de angst. Chifuyu se me hace un personaje demasiado genial e interesante, era obvio que necesitaba escribir solo él.

Work Text:

"Baji-san"

Se escucha el grito desgarrador por aquel lugar lleno de chatarra, polvo y personas en shock. Ahí Chifuyu, un chico de tan solo 13 años debe sostener en sus brazos a su mejor amigo, sin vida.

Todo después de eso es confuso. Las sirenas de policía alertan a los jóvenes, tiene que irse antes de verse involucrados en algo grande, por su puesto el rubio se niega, porque simplemente no puede aceptar que ya no hay nada que hacer y debe dejarlo ahí.

El de ojos azules solo siente como alguien lo toma de la mano y lo arrastra fuera de aquel espantoso lugar. Levanta la vista, es hasta entonces que puede notar que Takemichi lo lleva hasta Mitsuya. El chico de cabellos lilas le llama una y otra vez, pero las palabras no salen, no se siente físicamente en la tierra. Mitsuya sabe que para nada está en condiciones de manejar una moto, asi que con todo ese instinto protector que ha creado por años toma las mejillas del menor, lo obliga a mirarlo directamente a los ojos.

—Reacciona Chifuyu, te necesitamos aquí.

Chifuyu solo asiente, se sube a la parte trasera de la moto de Mitsuya y se aferra con fuerza a la espalda del chico. Necesita algo que lo traiga a su realidad, por eso cuando sienta el cálido cuerpo de su amigo las lágrimas volver a salir sin control. Mitsuya puede sentir las frías lágrimas en su espalda, se muerde los labios y aprieta el manubrio de la motocicleta más de lo que debería.

Toda la ToMan se reúne en el santuario. El ambiente esta tenso, ganaron, pero nadie estaba preparado para tan grande perdida.

Mikey no dice mucho, agrade a todos por su participación, por dar su mejor esfuerzo y les pide que vayan a casa a descansar. Todos obedecen sin hacer mucho ruido, agradecen al unísono a su capitán y se retiran.

El sol comienza a esconderse, pero los capitanes y vice-capitanes siguen el lugar, nadie tiene el valor de irse a casa. Solo hasta que Sanzu se levanta y se retira el polvo parecen reaccionar.

—Nos vemos mañana. —Es lo único que dice y comienza a alejarse, Mucho lo sigue.

Así uno por uno comienzan a irse. Al final solo quedan; Mikey, Draken, Takemichi y Chifuyu, los primeros tres quedándose solo porque el rubio parece no tener intensiones de irse. Lo comprenden, saben que el solo hecho de caminar a su casa probablemente lo destroce, porque es la primera vez en mucho tiempo que no lo hará junto a Baji.

 

—Chifuyu, puedes quedarte en mi casa hoy, si quieres. —Ofrece Hanagaki, poniéndose en cuclillas frente a Chifuyu.

Chifuyu suelta un suspiro, da unas palmadas a su cara y niega con una ligera sonrisa. Él debe ser valiente, debe enfrentar sus problemas, no puede quedarse a ser consolado.

—Gracias, pero no, Peke J está solo y debo ir a alimentarlo.

Los demás asienten un poco aliviados con su respuesta. Se ofrecen a llevarlo, pero de igual forma niega.

Necesita ir a su ritmo, despejar su mente y mentalizarse para lo que vendrá después.

A pasos lentos camina por la ciudad, viendo como el mundo continua su curso natural, pero él quisiera que el tiempo se detuviera, que lo regresaran al día de ayer, porque tiene muchas cosas que decirle. Después de un camino de 30 minutos que normalmente solo dura 15, se encuentra en la puerta del edificio donde vive.

Aprieta los puños cuando mira las escaleras, esas donde pasaban las tardes y noches hablando de estupideces que solo ellos eran felices de platicarse. Le es tentadora de idea de quedarse un momento, pero sabe que lo único que va a hacer es llorar, entonces solo sacude su cabeza y sube corriendo hasta su departamento.

Es mas de media noche, no le preocupa que sus padres lo regañen porque no están en casa, pero si se preocupa por el hermoso minino que no había comido en todo el día, esperaba que las cosas no fueran un desastre.

Abre su puerta y mientras se retira los zapatos, puede sentir la suavidad del pelaje de Peke. El minino le maúlla para recibirlo. Chifuyu le acaricia la cabeza y las orejas, deja que el pequeño suba a su regazo, acerca su rostro al de gato, agradece que el este ahí en ese momento. Se levanta y se dirige a su habitación, encontrándose con la maravillosa escena de una bolsa de croquetas rota y un desastre de las misma por todo su piso, no se puede culpar a su niño, el único irresponsable fue él.

—Enserio sabes cómo despejar mi mente Peke J. —Le dice al gato que solo lo ignora y se instala en la cama de su dueño.

Después de arreglar todo el desastre, suspira de cansancio, es ese momento piensa que necesita dormir, pero su parte racional le dice “ve a bañarte por favor” , decide hacer caso a su razón y va a ducharse.

Unos 30 minutos después, sale con su pijama y se frota el cabello para secarlo. Se sienta un momento al lado de la ventana, admira la luna, aunque octubre ha terminado está seguro que esa luna es hermosa.

Sus pensamientos son interrumpidos por los toques en su puerta, se asusta por la hora, ¿quién podría ser ?, se levanta y camina rápido porque los golpes son insistentes. No se fija quien es solo abre la puerta.

 

—Chifuyu-kun.

 

No puede ser, no ahora, no quería verla, no está listo, no sabe qué va a decirle. Se queda estático aferrado a su puerta, hasta que la mujer lo toma de las mejillas y le sonríe aliviada.

 

 

—Me alegra que estés bien.

El solo niega una y otra vez, pero no hay palabras, solo siente como de nuevo sus mejillas se empapan y como le falta el aire. La mujer lo abraza y le acaricia la cabeza, ahí Chifuyu se rompe y comienza a sollozar, ni siquiera piensa si lo podría escuchar, no tiene control sobre eso.

—Ya, ya pequeño, yo también lo voy extrañar mucho. —Ambos lloran para ese momento, la mujer vuelve mirarlo directo a los ojos y le regala un pequeño beso en la frente. —Gracias por ser su amigo, puedo decir sin duda que le trajiste mucha felicidad a su vida.

Un rato después cuando ambos logran calmarse, la mujer se despide ofreciéndose para cualquier cosa que necesite. Chifuyu solo le da las gracias por su amabilidad.

La noche termina con el rubio aferrado a una almohada, los ojos hinchados por tantas lágrimas y una esperanza de que al despertar mañana todo sea una gran pesadilla y él tocaría a su puerta en cualquier momento. 

 

 

 

Dos semanas después decide ir a visitarlo. No era tan fuerte como para ir en su cumpleaños. Llega temprano, el aire le revuelve el cabello, sus mejillas de sienten frías y su corazón tambien.

Deja el incienso y hace una pequeña oración. Suspira y le tiembla la mano cuando tiene que dejar el recipiente de peyoung yakisoba.

—¿Qué se supone que haga ahora Baji-san? —Pregunta con un enorme dolor el pecho, sabe que no tendría respuesta.

Se limpia las lagrimas, saca de su mochila una pequeña caja color negro con un moño blanco.

—Se que ya paso, pero no me pidas tanto, no era tan valiente para traertelo antes. —Sonrie, deja la caja al lado de las bonitas flores blancas. —¡Feliz cumpleaños Baji-san !, lo compre hace un mes, note que lo mirabas mucho, apuesto que se te iba a ver genial, aunque todos los chokers se te veían genial.

Toma sus cosas y se levanta. Hace una pequeña reverencia, sacude el polvo de sus pantalones y se va con una gran sonrisa. Está satisfecho, siente como si le quitaran un pequeño peso de encima.

La brisa de otoño le sigue golpeando la cara, pero ya no es helada, es fresca y relajante. Camina a casa apreciando el paisaje, no tiene prisa.

Chifuyu es muy feliz de no guardarle ningún rencor a Baji. Cualquier otra persona probablemente lo hubiera mandado al carajo por golpearlo, pero no el no. Baji siempre le demostró que estaba para él, y aquel trágico día no fue la excepción.

Porque cuando llega a casa con el rostro golpeado y un dolor insoportable, lo único que piensa es que existe una razón para todo y que necesita averiguarla. Recuerda como trata de curar sus heridas, pero cada vez que se mira al espejo no puede evitar pensar en los ojos de Baji. Llenos de tristeza, incluso temió que llorara en cualquier momento.

Tampoco olvida como aparece el de cabello negro, con una bolsa llena de medicina y vendas. Recuerda como le temblaban las manos cada que se acercaba a su rostro. Como evitaba la mirada de los bonitos iris azules.

A Chifuyu se le parte del corazón. Baji no es bueno con las palabras, de hecho, ninguno lo es. El rubio le toma las manos y reparte pequeños besos, tratando de dispersar la nube de malas ideas que está seguro se forman en la mente de ojos miel.

Chifuyu recuerda como Baji besa cada herida, cada moretón y corte. Como esa noche, Baji se acurruca en su pecho con lágrimas secas.

El rubio se muerde los labios, no quiere llorar a media calle. Sacude su cabeza para despejarse y continua su camino, hasta que es interrumpido por el maullido de un gato. El gato está algo delgado, el de ojos azules sabe que él pequeño tiene hambre, su sentido que hace comunicarse con los animales se lo dice.

Llámenlo extremista o quizás un poco loco, pero sabe que estas cosas pasas, por eso siempre carga una bolsa con croquetas.

Se acerca al minino y le da una porción, el pequeño come algo desesperado. Chifuyu lo observa de cerca, cuando el gato termina de comer el rubio le acerca su mano y le acaricia la cabeza. El gatito solo se deja hacer y parece muy contento por la atención.

—Debo irme pequeño, o Peke J se pondrá muy celoso.

Chifuyu continua su rumbo y el gato desaparece entre los arbustos.

 

 

 

"Invierno"

Mientras están abrazados mirando como caen los copos de nieve por la ventana, Baji de pronto suelta la palabra inverno, sin nada más.

Chifuyu lo mira sin comprender la razón. El pelinegro ríe por la extraña mirada del rubio, toma su rostro entre sus manos y junta sus narices en un beso esquimal. A Baji le encanta ese tipo de contacto, porque es demasiado íntimo y tierno.

"Tu nombre, tu nombre tiene el kanji de inverno ¿no?" . Chifuyu entiende lo quiere decir y asiente con una sonrisa.

“Mi madre decidió ponerlo, dice que el invierno a pesar de ser la época más fría, le brinda calidez” . Ambos sonríen porque es un pensamiento lindo y porque están tan perdidos en sus miradas enamoradas que simplemente no tiene espacio para tanta felicidad.

“Coincido con tu madre, me gusta mucho el invierno. Hace un frio de la mierda, pero es muy lindo, yo creo que por eso me gustas mucho ” . Chifuyu se avergüenza, le suelta un golpe en el hombro, Baji se queja y le regresa el golpe.

Asi pasan la noche, mirando copos de nieve, golpeándose y repartiendo besos por su cuerpo. Solo dos chicos enamorados y felices.

 

El paisaje color blanco adorna las calles de la ciudad, el rubio sabía que estas fechas serian difíciles. El invierno trae mucha nostalgia y recuerdos, claramente para él, ese sentimiento es mucho más fuerte. Los recuerdos le llegan uno tras otro, está en la misma posición que hace un año. Pero el sentimiento es diferente, además de él no está para mimarlo.

Peke J está en su regazo durmiendo tranquilamente; es cálido. Peke J también lo extraña, lo sabe porque el gato lo busca, cuando él llega de la escuela, Peke J espera. Siente una horrible sensación cuando tiene que levantarlo y decirle que no debe que esperarlo más porque ya no va volver.

El rubio mira por la ventana, perdido en la hermosa vista. Se hace muchas preguntas mientras una canción lenta lo acompaña.

Chifuyu no es muy creyente, pero ha escuchado de las reencarnaciones. Se pregunta si Baji podría reencarnar, probablemente sí. Lo más seguro es que se convertiría un gato. Baji amaba a los animales, especialmente a los gatos, por esa razón está seguro que Baji sería un gato.

Entonces piensa si Baji sería un gato travieso, de esos que hacen desorden y deciden dormir en cajas de cartón en lugar de su cómoda cama. O Tal vez sería un gato perezoso, de esos que duermen la mayor parte del día y solo se levantan para comer y ser mimados un rato, Baji se había esforzado mucho en la vida, por eso en su vida de gato solo desearía dormir. El de ojos azules suelta una carcajada ante la imagen de un Baji-gato muy gordo.

Aunque los más probables es que Baji fuera de un gato callejero, viviendo la vida sin ataduras, yendo a cualquier lugar que se le apetezca. Quizá elegiría esa vida por todos aquellos gatos que lo visitaban en su ventana.

"Baji-san, si ahora eres un gato callejero, me gustaría que me visitaras, sabes que yo cuidaría de ti"

 

 

 

Fue torpe pero muy lindo, así describe Chifuyu su primer beso con Baji. La primera vez que se besaron, eran dos tontos con las mejillas rojas y nerviosos hasta la médula. 

Baji apenas había rosado sus labios, pero para ambos fue el primer paso, era un antes y después en su relación que se convertía en algo más que amistad. 

Es así que, mientras Chifuyu observa la terraza de la escuela, los recuerdos de su primer beso llegan como pequeños flashbacks. 

Una mañana de marzo, Matsuno Chifuyu se gradúa de la escuela secundaria. Es difícil porque muy aparte de los recuerdos como estudiante, los recuerdos al lado de Baji también están ahí. 

Había pasado ya un año, pero es difícil olvidar algo tan fuerte. Desprenderse de otra partecita de Keisuke es muy complicado y desearía que no fuera necesario. 

Y mientras unos celebran sus vacaciones y la aceptación en las preparatorias que deseaban, Chifuyu decide ir a visitarlo. 

Llega al cementerio con peyoung, flores y un papel. Se sienta con una sonrisa, pero con los ojos cristalinos. 

—Baji-san, me he graduado de la secundaria. —Abre su mochila y saca el termo con agua. —Sabes, hoy sería un día feliz para ambos, me imagino que tú mamá estaría orgullosa por verte graduarte. 

Los pájaros y el sonido del viento crean un ambiente lindo y melancólico. Chifuyu prepara el peyoung y cuando está listo come la mitad, tal y como siempre lo acordaban. 

—Te traje esto, sé que es ilegal pero ya me gradué, ya no pueden hacerme nada.

Extiende la hoja que hacía constar la graduación del estudiante, un sello de la escuela y el nombre Baji Keisuke . El rubio se las había arreglado para robar el papel, la verdad no fue tan difícil. Debido a todo el ajetreo por las graduaciones y los preparativos para la bienvenida de los nuevos estudiantes, los docentes estaban con la cabeza en todo y nada, fue así que Chifuyu logro tomar un papel del montón y escribir con tinta el nombre de Baji.

—¡Felicidades Baji-san! —Sonríe, aunque el gesto no dura mucho tiempo. —Y-yo he pensado, si algún día voy a sanar completamente, si me voy a olvidar de tu rostro, de tu voz, de tus gestos. Es un pensamiento tonto ¿no crees ?, es tonto porque es una mentira, yo jamás me voy a olvidar de ti. —Se levanta y toma sus cosas. —Pero no te preocupes por mí, voy a ser alguien mejor, quiero ser feliz con esta vida.

Es ahí cuando Chifuyu se despide de la tumba, no vendrá en mucho tiempo porque piensa que es hora de dejarlo descansar correctamente, ya no quiere ser una carga. Quiere buscar su sanación, además de que debe construir un futuro bueno para los demás.

Takemichi le había dicho que las cosas no había salido bien y que había muerto por un tiro en la cabeza a manos de Kisaki y otra a manos de Mikey. Le aterra pensar en que morir no está fuera de las posibilidades de su futuro, pero desea buscar una forma de que todo marche bien para él y sus amigos.

Piensa en los sentimientos de su yo de esos futuros, ¿sentían soledad ?, ¿sintieron paz al momento de morir ?, en sus últimos momentos ¿seguían pensado en Baji ?, lo más probable es que sí.

 

 

 

Su reloj marca las 8:00 am, así que tiene alrededor de una hora para desayunar y alistarse.

Se levanta con mucha pereza, es sábado y se supone que ese día puede dormir hasta el mediodía, pero hoy es diferente, tiene cosas que hacer y ya no puede postergarlo por más tiempo.

Toma un baño, cepilla sus dientes, elige ropa que lo haga sentirse cómodo. Baja a su cocina y solo toma un poco de cereal con leche, no tiene hambre, pero al menos quiere tener algo en el estómago.

Le deja una nota a su madre diciéndole que Takemichi lo necesita, aunque fuera una mentira.

No lleva su motocicleta, necesita caminar, agradece internamente ser rápido al arreglarse y tener el tiempo suficiente. Sale del edificio, el aire frio le da directo en la cara y desea con toda su alma regresar a su casa y acurrucarse en su cama. Suspira y comienza su recorrido.

Llega hasta el parque, sabe que está a menos de diez minutos y los nervios comienzan a atacarlo. Las manos dentro de su sudadera comienzan a sudar y su voz interna le grita que regrese, que no tiene nada que hacer ahí. Sacude la cabeza para alejar ese pensamiento, necesita distraerse con algo por lo que empieza a describir lo que ve; un joven trotando con auriculares, una mujer paseando a su perro, un gato peleándose con una bolsa de papas fritas y un hombre de traje que parece va tarde a algún lugar.

Cuando menos siente, ya está frente al lugar. Es enorme y por supuesto tenebroso, pintado totalmente de un color gris y lleno de guardias. Entra con la mirada más seria que puede poner, camina hasta una ventanilla y se registra.

 Chifuyu se dijo que cuando cumpliera sus 17 iría a visitarlo, y ahí estaba, sentado frente a un enorme vidrio, a su lado un teléfono y un corazón que latía demasiado rápido.

Necesita verlo y decir que ya no tiene ningún rencor en su contra. Si Baji decidió perdonarlo, él no era nadie para negarle el perdón, solo necesito tiempo.

Kazutora Hanemiya se sienta frente a él, con al cabello completamente negro y mucho más largo que antes. El chico lo mira con ojos de asombro, puede ver como su mano temblorosa se acerca al teléfono.

—¿Chifuyu? —Parece algo tonto, pero simplemente no puede creer lo que está viendo. 

 —Hola Kazutora

—No quiero sonar grosero, pero puedo preguntar ¿qué haces aquí?

Chifuyu no sabe que decir, la verdad era que solo planeo ir y hablar con él, pero ahora que están frente a frente no sabe que decirle.

—Bueno, solo quería venir a verte, probablemente sea extraño, pero creo que tú y yo necesitamos hablar.

No dijeron mucho, pero si lo suficiente. Además de no tener mucho tiempo las primeras oraciones fueron difíciles y más al momento de hablar de Baji, las palabras se atoraban en la garganta de Chifuyu.

Chifuyu se despidió y le prometió a Kazutora que regresaría. Siente una calidez extraña a ver la sonrisa del chico del tatuaje, se siente feliz con lo que ha hecho. Sale del lugar con una sonrisa, levanta la mirada al cielo. El cielo le parece lindo, azul y despejado, es una buena señal ¿no?

Hace tiempo, unos meses después de conocerlo, él le había hablado de Kazutora. Le confesó que la carta que aquella vez estaba escribiendo era para el de tatuaje y que lo hacía seguido para tratar de darle una perspectiva de que lo había afuera de esas barreras. En algún momento se sintió celoso, porque había una persona a la que Baji le dedicaba tiempo y palabras lindas.

Entonces, una noche se encontraban en la playa simplemente porque tomaron sus motocicletas y manejaron hasta llegar ahí. Mientras caminaban por la arena Baji había mencionado a Kazutora y Chifuyu no pudo evitar formar una mueca de disgusto.

El rubio aún puede sentir las palabras en su oído, "eres un celoso ¿lo sabias ?, sabes que eres el único en mi corazón" y los labios del pelinegro en su rostro, repartiendo besos por todo su rostro para terminar besándolo de la forma que hacía que sus piernas se debilitaran.

Chifuyu sonríe al recordar, parece que con el tiempo los recuerdos dejaron de sentirse como un cuchillo en el pecho y pasaron a ser imágenes que calentaban su corazón, dándole motivos para seguir adelante.

 

 

—¿Qué vas a ser cuando seas un adulto? —Le pregunta Takemichi con una paleta helada de chocomenta.

El calor del verano es abrumador, la realidad es que si fuera por Chifuyu no saldría de su casa, pero para su suerte el aire acondicionado de su departamento murió y Takemichi no quería estar en su casa porque su madre lo obligaría a limpiar.

—Aun no lo sé

—¿Te has olvidado por completo de ser piloto?

—Sí, es demasiado dinero y tiempo, tal vez después tome un curso o algo relacionado. —Chifuyu teclea el código de una soda de limón. La toma y se siente aliviado al sentir la frescura de la debida. —Aunque ...

—¿Aunque ?, vamos puedes contarme lo que piensas Chifuyu

—Bueno, desde hace tiempo él pensó en abrir una tienda de mascotas, después de trabajar ahí me di cuenta de que es un negocio bastante rentable, además de que amo a los animales. —Matsuno mira los ojos a Takemichi mostrándole una sonrisa. —Sé que también haría muy feliz a Baji si tomara esa idea.

Hanagaki sonríe el ver a su amigo, sabe lo duro que fue para él perder a Baji pero también sabe que se ha esforzado. Es feliz de ver cómo está construyendo su propia felicidad. Takemichi solo asiente dándole la razón de Chifuyu.

Siguen su camino por sin destino, van varios lugares y compran todo lo que sus bolsillos les permite. El atardecer está cayendo cuando van de regreso a sus hogares, van paso lento disfrutando de su plática.

Mientras avanzan escuchan un maullido, entre los arbustos hay un pequeño gato que no pasa de los dos meses de nacido según Matsuno. Chifuyu pasa sus cosas a la mochila de Takemichi para tener espacio y meter en su propia mochila al gatito.

—Justo esto es lo que quiero Takemichi.

Takemichi lo mira extraño, no entiende muy bien lo que Chifuyu le quiere decir.

—¿Un nuevo gato?

—No idiota, rescatarlos. Quiero una tienda de mascotas donde puedas adoptar animales rescatados, quiero darles una segunda oportunidad. —Chifuyu acaricia la cabeza del minino.

—Entiendo, entiendo, sé que tendrás mucho éxito Chifuyu.

Takemichi amplía su puño, Chifuyu lo golpea con el propio y agradece haber conseguido un amigo como el chico frente a él.

 

 

Si sales a la calle, tomas a 10 personas y les preguntas ¿Qué es la felicidad ?, es casi seguro que todas te darán una respuesta distinta. Porque la felicidad la construyes tú mismo, la moldeas y le das los motivos bajo tu propio criterio.

Lo mismo pasa con Chifuyu, para él la felicidad tiene muchos nombres y situaciones. La felicidad es ese recuerdo de su primer amor, que con el tiempo no ha desaparecido, pero ya no duele, sino que le provoca sonrisas. También es pasar tiempo con sus amigos; cenar, beber, jugar videojuegos o simplemente quedarse en la terraza hasta altas horas de la noche contándose anécdotas de su día a día.

La felicidad es un trabajo estable, donde brinda su ayuda para rescatar animales, les da un hogar para que puedan convertirse en animales queridos y apreciados. Le causa satisfacción ver niños con los ojos brillosos dispuestos a darles todo el amor que se les fue negado anteriormente. A Chifuyu le llena el corazón de alegría saber que está haciendo bien las cosas.

La felicidad también es perdón, lo sabe cuándo después de muchas visitas y platicas cortas, se siente lo suficientemente listo para llegar el día de su liberación, ofreciéndole un techo y un trabajo. Sabe que estuvo bien cuando ve los ojos acuosos de Kazutora, agradeciéndole una y otra vez mientras ambos devoran una cubeta de pollo frito.

Chifuyu no se arrepiente de la felicidad que construyo para él, si bien es cierto que cuando era más joven imaginaba cosas distintas en su futuro, no pude renegar nada. Se siente en paz, y aunque nadie se lo dijera sabe que el camino que eligió es bueno.

"Creo que hice bien las cosas"

Le dice a la tumba frente a él mientras retira las hojas secas que el otoño abandono. Kazutora llega al poco rato con una cubeta de agua y una pequeña escoba; es día de limpieza.

Limpian todo, quitan hojas y tierra por la lluvia reciente, quitan las flores muertas reemplazándolas por unas nuevas llenas de vida. Cuando todo está limpio encienden incienso y oran para que Baji se encuentre bien.

Chifuyu prepara el peyoung, sin embargo, ya no deja la mitad en la tumba, la otra mitad ahora es para Kazutora que no deja de contarle sobre el niño que le regalo un dibujo por haberle dado a su nuevo mejor amigo. El rubio solo sonríe por las palabras tan llenas de emoción del chico con tatuaje.

—Mira eso. —Le dice señalando cerca de unos arbustos. —Son muy lindos ¿no crees Fuyu?

Kazutora le señala don gatos negros jugando entre ellos, persiguiéndose y mordiéndose las orejas.

—Lo hijo.

Entre su juego, llegan hasta los dos chicos sentados. Kazutora les ofrece un poco del peyoung que aún tiene, uno de los gatos se acerca y come. El otro decide subirse el regazo de Chifuyu, el rubio nota sus bonitos ojos; grandes y de color amarillo ámbar.

Chifuyu le acaricia la cabeza, pensando que la felicidad también es ver jugar a dos gatos callejeros.