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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 3 of Jubel archivos
Stats:
Published:
2021-10-01
Completed:
2021-10-09
Words:
20,897
Chapters:
9/9
Comments:
5
Kudos:
7
Bookmarks:
1
Hits:
468

De farol

Summary:

Tras ganarle la partida a Antonio Vargas, Rina y Jubal tienen su cita, mientras el día de Isobel sigue empeorando. Jubal e Isobel parecen más separados que nunca, pero cuando Isobel se encuentra de pronto en peligro, los dos se verán obligados a enfrentarse a lo que sienten. Retomando justo a continuación de la última escena, en el ascensor, del final de la tercera temporada.

Notes:

Nota del autor: Una historia de verdad en esta ocasión (no un conjunto de escenas) que continúa inmediatamente después del final de la tercera temporada, para avanzar en la relación entre Isobel y Jubal por mi propia cuenta (ya que los guionistas parece que tienen otra idea), y que escribí para amenizar la espera mientras empezaba la emisión de la cuarta. Transcurre a continuación de mi otras historias "Entre líneas" y "Ondas en el agua". Aunque he escrito ésta de modo que no sea en absoluto necesario leer las otras antes, sí puede aportar contexto emocional de Isobel y Jubal. Se agradecen los reviews, en español y en inglés... I'd thank reviews both in Spanish and in English. ;) Disclaimer: la serie de TV "FBI" no me pertenece, etcétera, etcétera.

Chapter 1: Asaltos

Chapter Text

De farol
Capítulo 1. Asaltos


=Después de FBI S03E15 "Straight Flush"=

Después del inesperado y encendido "incidente" con Rina dentro del ascensor, a Jubal le costó un esfuerzo, pero había frenado las cosas. A pesar de la obvia tentación, aquél no había sido nunca su primer propósito. Le apetecía mucho pasar tiempo con ella, pero quería ir más despacio. Averiguar dónde se ubicaba a sí mismo con respecto a Rina, emocionalmente hablando. Era sin embargo evidente que ella habría preferido pasar directamente a la acción.

Y ése había sido siempre el problema con Rina. En el pasado, Jubal se dejó arrastrar a pesar de sus dudas y sus sentimientos de culpa, buscando en ella mayor estímulo y afecto del que recibía en casa. Pero, por parte de Rina, siempre había habido mucha más carga sexual que afectiva. Aunque hubiera sido físicamente muy satisfactorio, ella nunca llegó a implicarse de verdad, y fue aquello lo que al final los separó. Porque Sam, a pesar de su actitud distante, seguía apreciando a Jubal, y Rina en realidad no lo quería de la misma manera.

Mientras, Jubal intentaba apartar a Isobel de su mente. La clase de atención que ella le prestaba, dándole su apoyo con sus preocupaciones, o con la enfermedad de su hijo Tyler sin ir más lejos, se parecía más a lo que Jubal buscaba en una compañera. Y era manifiesta la fuerte atracción que ejercía sobre él... Pero Isobel siempre guardaba las distancias de un modo implícito, como si, aunque él de verdad le importara, existiera una barrera invisible, tan infranqueable como la del parentesco. Jubal había llegado a la amarga conclusión de que no era una vía de doble sentido. Siendo su inmediata responsable en el trabajo, sería vergonzoso ponerlos a ambos en una situación incómoda por perseguir un afán sin fundamento. Además, el riesgo de recaer en la bebida le advertía poderosamente en contra de la imprudencia de exponerse a fracasos como ésos.

Así que luchaba contra ello y se forzaba a mantener su corazón bien sujeto. O todo lo que podía.

Ayer, había logrado hacerlo como un amigo, pero abrazó a Isobel en el JOC, en medio de la euforia del alivio y el éxito. Hoy, se había sentido muy tentado de aceptar su invitación a cenar, incluso aun ya habiendo quedado con Rina. Hizo un esfuerzo por ahogar la decepción de la oportunidad perdida, y se recordó que era vana, para centrarse en el aquí y ahora.

Además, tal vez en esta ocasión las cosas fueran distintas con Rina. Jubal no estaba tan implicado -¿desesperado?- como hacía años, y podía permitirse ser más prudente que la primera vez. Quizás era señal de que había madurado un poco con los años.

Ese había sido su plan, en cualquier caso, antes del asalto de Rina en el ascensor. Algo a regañadientes, Rina aceptó ir a cenar a un restaurante, aunque dejando caer más de una vez que también podrían coger algo para llevar e ir a su apartamento.

Jubal se esforzó en ser galante y divertido, en que Rina pasara un buen rato durante la cena, mientras se examinaba a sí mismo con atención, buscando si realmente saltaba la chispa de la otra vez.

Para cuando llegaron los postres, estaba algo decepcionado, porque no había logrado hallarla.

Se encontraba cómodo con ella, la sensación de familiaridad era reconfortante, y era verdad que le tenía cariño. Pero ahora los pequeños egoísmos y mezquindades de Rina se le hacían más evidentes. Había sido siempre alguien más centrado en lo que ella quería, que en lo que podían necesitar los demás. O en lo que era éticamente correcto. Como cuando le había pedido que la informara de lo que hacía Isobel (aquello aun lo irritaba, pero no quería estropear la noche sacando el tema). Rina encontraba con facilidad el modo de justificar ante sí misma esa forma de ser. Y solía pensar que los demás actuaban de la misma manera. Cuando Isobel asumió ciertos riesgos intentando volver a atrapar a Vargas, Rina simplemente había supuesto que lo hacía por una cuestión de ego y venganza, y no por la razón real: que la atormentaba -y quisiera impedir- el sufrimiento que causaría Vargas mientras estuviera libre.

Todo eso se reflejaba tanto en las cosas que Rina le contaba, como en la forma de llevar la conversación, haciendo que principalmente girara en torno a ella. Era un rasgo poco atrayente. Y le hacía recordar a Jubal lo poco apreciado que se había sentido en su relación anterior.

Cada vez se sentía menos inclinado a implicarse de nuevo.

Mientras, Rina parecía tener otras ideas.
—Te he echado de menos —dijo medio riendo su último chiste. Lo miró con ojos encandilados, se mordió el labio inferior—. Jubal Valentine, te juro que si hoy no logro llevarte a la cama me lo tomaré como un fracaso personal.

Siempre tan directa. Él sonrió halagado y sopesó seriamente la posibilidad.

Podría hacerlo. ¿Por qué no? Si lograba no pensar en Isobel -y por su propio bien de verdad debería ser capaz de no hacerlo-, en esta ocasión eran dos personas adultas sin otras ataduras que los frenaran, y seguramente Rina tampoco andaba detrás de una relación estable, "casa con verjas blancas" estable.

Pero... Tampoco era de las que les bastara un rollo de una noche.

Pero... Volver a la intimidad con ella sería muy fácil, Dios sabía que hacía tiempo que no tenía eso con nadie, y que su cuerpo lo agradecería.

Pero... Si en realidad no quería involucrarse con Rina, sería una decisión moralmente cuestionable. Al menos ante sí mismo.

Decidió no darle más vueltas en ese momento. Y esperó no terminar haciendo alguna tontería.

Uno de los timbres característicos de su móvil sonó. Lo tenía configurado para que el sonido fuera específico del trabajo. ¿Una alerta? ¿Ahora?. Cogió inmediatamente la llamada.
—Valentine.

Una voz masculina habló al otro lado de la línea. Las palabras que pronunció le helaron a Jubal la sangre en las venas.
—¿Q- qué...?

·~·~·

Paseando lentamente por la calle tranquila y solitaria, Isobel regresaba a su apartamento caminando. No tenía prisa. Nadie la esperaba en casa. No desde que Ethan la dejara, hacía ya varios meses.

El cielo estaba encapotado y hacía fresco. Estaba empezando a caer una finísima llovizna.

No se había permitido a sí misma hundirse en la pesadumbre. Buscó un sitio cerca de su casa, para poder luego volver a pie, y se había obligado a ir a cenar tal como había planeado. Aunque fuera por su cuenta. Aguantar hasta el postre, había sido un interesante ejercicio de disciplina, pero no había contribuido precisamente a mejorar su ánimo. El pequeño restaurante estaba lleno de parejas y grupitos de amigos, y solo había conseguido sentirse infinitamente más sola.

Tenía que reconocer que desde el abrazo que Jubal le había dado ayer, sin darse cuenta, una parte insensata de sí misma había estado entreteniendo una idea absurda. Una idea que la había llevado a, en un impulso, proponerle a Jubal salir a cenar. No, no una cita. Sólo dos amigos cenando juntos. Pero él, naturalmente, ya tenía otra cita. Sí, una cita. Así se llama a salir a cenar con alguien. Había quedado con Rina, que también era amiga suya.

Por enésima vez pensó en Jubal marchándose con Rina, y por enésima vez intentó olvidarlo.

Probablemente debido a la copa de vino que había tomado, había entrado en la vía de pensamiento en la que se planteaba si su soledad era algo que provocaba ella misma, en vez de ser algo casual. Lo malo era que estaba llegando a la conclusión de que sí. Tal vez era por su naturaleza introvertida, que le hacía difícil confiar en la gente... Volvió a pensar en Jubal y en cómo poco a poco se había estrechado su relación. ¿Por qué con él había sido tan fácil? En realidad daba igual, porque estaba claro como el día que no llegaría a ninguna parte. La espiral descendente por la que estaba bajando iba adquiriendo un aspecto realmente lúgubre.

Quizás por eso el asalto casi la cogió por sorpresa. Casi.

Algo la alertó, tal vez un movimiento por el rabillo del ojo o unos pasos leves tras ella, pero cuando cayó el golpe dirigido a la parte posterior de su cabeza, consiguió apartarse en el último momento. No lo logró del todo y el impacto dio con fuerza en su hombro derecho desequilibrándola y provocando un estallido de dolor que le dejó el brazo dormido.

El bolso, donde llevaba su arma y su móvil, cayó al suelo.

Su entrenamiento entonces entró en funcionamiento. Se agachó y se giró para enfrentarse a su atacante, un hombre alto y con la capucha echada que intentó atraparla. Tenía en la mano alguna clase de porra. Isobel lo esquivó; sin perderlo de vista, se tiró al suelo a recuperar su bolso. El tipo se abalanzó sobre ella, y los dos forcejearon por él en un montón confuso. Si dejaba que se lo quitara estaba perdida.

—¡Eh! —exclamó alguien al final de la calle.

—¡Ayuda! —gritó Isobel con todas sus fuerzas.

Oyó ecos de lejanos pasos rápidos acercarse a la carrera. Demasiado lejanos, reflexionó una parte fría de su mente.

Empleó su codo izquierdo para golpear al hombre en la cara, haciéndolo retroceder un poco, soltar su agarre sobre el bolso. Isobel metió la mano y localizó su pistola. El tipo la aporreó en las costillas, vaciándole los pulmones. Ignorando la falta de aire, ella le lanzó una patada a la desesperada para apartarlo. La misma voz de antes, ahora un poco más cercana, les increpó, pero esta vez le fue imposible contestar.

Justo cuando Isobel empuñaba su glock y la sacaba del bolso, la puerta de un vehículo aparcado junto a la acera se abrió junto a su cabeza. Apuntó, pero en el mismo instante que su dedo se ceñía sobre el gatillo, alguien detrás de ella la golpeó violentamente en la sien. El dolor explotó en su cabeza en un revoltijo de colores... Le arrancaron la pistola de las manos. Entre la bruma de la semiinconsciencia notó que la levantaban entre dos y la metían en un maletero. Intentó resistirse, pero sus miembros apenas obedecieron.

Uno de sus captores le colocó una brida en las muñecas, la apretó con un movimiento muy practicado. El otro se inclinó sobre ella.
—Saludos de Antonio Vargas —susurró.

El pánico borboteó en el pecho de Isobel. La voz aquélla seguía acercándose gritando algo. Otro golpe más cayó y todo se volvió absolutamente negro.

·~·~·

La persona que los había visto, un joven en ropa deportiva, les gritaba mientras llegaba corriendo por la calle desierta y mojada. Los dos hombres se subieron apresuradamente al coche, dejando en la acera las cosas de Isobel. El joven llegó cuando el vehículo ya se incorporaba a la calzada. Intentó cortarles el paso, pero el conductor aceleró y dio un volantazo para esquivarlo. No lo logró del todo: el morro del coche golpeó de refilón, pero violentamente, al joven. El vehículo salió de allí quemando rueda.

Y el único testigo de lo ocurrido quedó tirado en el asfalto, inmóvil.

~.~.~.~