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Comenzó como una simple forma de regaño.
Atar a Bakugō cuando se portaba grosero con alguno de los miembros de la compañía, o con él mismo, fue un impulso que surgió sin ninguna otra intención más que contenerlo.
Jamás pasó por la mente de Hakamata que su interno disfrutara de ser retenido de tal forma, hasta que un día pudo notar como una pequeña erección se ceñía contra sus pantalones.
En un principio decidió actuar como si no hubiera notado nada. Tsunagu fingió no ver su rostro sonrojado, fingió no escuchar su respiración ligeramente agitada, y fingió no ver la forma en que los músculos de su cuerpo se tensaban esporádicamente.
Hakamata también fingió que él no disfrutaba de la vista.
Pero para cuando la segunda, la tercera y la cuarta vez que sucedió algo similar, Tsunagu supo que era algo que ya no podía seguir ignorando, no cuando era algo que lo estaba afectando a él también.
Así que la siguiente vez que tuvo que retener a Bakugō con sus hilos, él ya sabía en lo que se estaba metiendo cuando decidió probar un método de atadura nuevo.
Tsunagu tuvo que esperar hasta que Bakugō volviera a estallar contra alguien para poder reprenderlo, algo por lo que siendo honesto no tuvo que esperar demasiado; el chico era demasiado impulsivo.
Katsuki se adentró a la oficina, fue velozmente aprisionado por cientos de hilos y luego suspendido en el aire. Tsunagu pudo notar la sorpresa en el adolecente, así como también pudo notar como la erección creció rápido en sus pantalones.
Bakugō se queja, pero solo basta una mirada suya para hacerlo callar. Ha habido mucha tensión entre los dos y ambos saben que este es el límite. Hakamata sonríe tras su uniforme cuando ve los ojos rojos mirar a otro lado, sus mejillas rojas que delatan lo emocionado que está por lo que vaya a ocurrir a continuación.
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Fue fácil y un poco entretenido para Tsunagu deshacer uno a uno todos los hilos que conformaban el traje de héroe de Katsuki. Y tal parece que ver como su cuerpo es expuesto al desnudo ante sus ojos empieza a afectar un poco al chico.
Tsunagu no se mueve de su lugar, apoyado contra la mesa de su oficina, solo el movimiento de sus manos es lo único que necesita para hacer de Katsuki lo que quiera.
Hakamata empieza a reagrupar lentamente los hilos y se encarga de que Bakugō disfrute tanto de esto como él lo hace.
Los hilos recorren despacio cada rincón de su cuerpo, se reagrupan y terminan convirtiéndose en gruesas cuerdas que amarran poco a poco las extremidades del pequeño rubio.
Cada cuerda se aprieta alrededor de la carne suave; sus tobillos, pantorrillas, brazos y muñecas. Cada parte siendo comprimida y formando pequeños abultamientos contra las cuerdas.
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Aún con los brazos atados tras su espalda Bakugō no dice nada, solo pequeños jadeos y un ceño fruncido que tratan de ocultar lo mucho que disfruta ser manipulado de esa forma.
Pero Katsuki sabe que no importa que tan duro trate de evitar que la satisfacción se muestre en su rostro, con cada nuevo patrón de cuerda en su cuerpo se vuelve cada vez más difícil hacer que sus jadeos bajen de intensidad.
Hay cuerdas rodeando sus pectorales, cuerdas formando hexágonos sobre su abdomen y otras cuerdas manteniendo sus piernas dobladas y abiertas para el Pro Hero.
Cuando una nueva extensión de cuerda se mueve suave por su cadera, se desliza por el interior de sus muslos, y empieza a envolver despacio su miembro, Katsuki muerde sus labios para evitar soltar cualquier sonido raro.
Sus ojos rojos buscan los verdes de Tsunagu y este se asegura de no perder el contacto visual cuando aprieta más el agarre en el miembro duro del adolecente.
Bakugō deja escapar su primer gemido.
El segundo gemido llega cuando la extensión de cuerda sigue su camino y se enrosca alrededor de sus testículos. Katsuki empieza a sentir su mente nublada cuando la cuerda pasa por su perineo, se aprieta contra su entrada y separa sus mejillas antes de detenerse en la base de su columna.
“Creo que podría acostumbrarme a esta nueva clase de regaño” dice por fin Best Jeanist. La sonrisa tras su traje de mezclilla se ensancha mientras ve como el líquido pre seminal de Bakugō humedece las cuerdas. “Por desgracia es la hora de que haga otra patrulla por la ciudad” Tsunagu se endereza y contempla de cerca unos segundos más su trabajo. Katsuki lo mira y Hakamata baja la prenda que cubre su boca y besa los labios fruncidos del menor. “Ahora pórtate bien y espera así hasta que regrese”
Todavía sigue duro y está seguro que sus orejas están rojas por el beso pero Bakugō se asegura de gritar “¡Vete a la mierda!” antes de ver como la puerta de la oficina se cierra tras la espalda del mayor.
Katsuki no va a decirlo en voz alta pero se asegurará de convertir esas pasantías en un infierno si así van a ser los regaños de ahora en más.
