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Lo hace a propósito. Yagi está casi seguro que lo está haciendo a propósito. Porque, no es algo normal, y menos en Aizawa “equivocarse” de taza cada tres días.
No tiene la más remota idea de cómo probarlo; sólo sabe que, al menos un par de veces a la semana, desde hace tres meses, Aizawa toma "por error" su taza de té favorita.
“ Creo que me confundí”, “Que torpe”, “No funciono correctamente antes del tercer café”.
Son algunas de las absurdas excusas que siempre da, con esa gran sonrisa que no disimula en lo absoluto que está mintiendo y esa extraña mezcla de diversión con algo inentendible en la mirada azabache, al pretender no ver la abismal diferencia entre la taza japonesa color verde matcha con el rugoso exterior de Yagi y su taza negra lisa que ha estado en el estante mucho antes de la llegada de All Might.
Se está burlando de él. Lo sabe. Sólo no puede ver el placer en ello, ¿Qué lo impulsa a repetir la misma broma una y otra vez? ¿Acaso hay algo que no ve? ¿Algo oculto a simple vista? ¿Es tan retorcido su sentido del humor?
Ya se ha rendido en intentar averiguarlo por sí mismo así que decide preguntar a Mic al respecto. Si alguien es capaz de explicar el comportamiento de Aizawa, es su mejor amigo. Excepto que no lo hace.
—Quizá lo estás viendo desde el ángulo equivocado, All Might. Quizá, lo que deberías preguntarte es, ¿Qué quiere que entiendas?—. Por supuesto que le iba a dar pistas en lugar de ir directo al grano.
Por supuesto que Mic también se iba a burlar de él. Eran tal para cuál. Pero al menos, sus palabras le dieron un nuevo punto de partida.
Yagi es lento con las indirectas, ese no es un secreto. Lo ha sido desde antes de ser un héroe profesional, pero jamás pensó en tener que lidiar con una indirecta proveniente de Aizawa Shouta: el hombre lógico, sin inhibiciones al hablar, que siempre señala al elefante en la habitación sin importar a quién pudiese llegar a incomodar. ¿Por qué no hace lo mismo ahora?
Pero de igual forma, Yagi intenta descifrarlo. Pasa largas horas de los últimos cinco días pensando y volviendo a pensar, una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Hasta que finalmente cree entender y toma, lo que considera, el mejor curso de acción. Aún así, sus nervios transpiran por todo su ser.
Así que, esa mañana le pidió a Aizawa encontrarse al final de las clases, en el salón donde suele reunirse con Midoriya, pensando que al encontrarse dentro de su zona de confort, podrá tener el valor para responder a lo que finalmente cree entender.
Al atardecer, cuando su compañero llega puntual, el fantasma del estómago de Yagi se retuerce del nerviosismo, a pesar de haber bebido ya la mitad de su segundo té relajante. Es esto , ¿Verdad? ¿Lo que Aizawa quiere que entienda de una vez por todas? Es decir, ¿Qué otra cosa podría ser?
—Aizawa-kun, toma asiento— señala el sillón verde frente a la mesa, su compañero obedece. —Sé que lo que pasa con mi taza es a propósito...— el ver el inicio de una sonrisa formándose en la comisura de sus labios, sin ninguna intención de fingir confusión, le hace fruncir el ceño —… Me tomó un tiempo, pero creo que finalmente he captado lo que quieres.
—¿En serio?— El héroe se inclina hacia el frente, apoyando el codo sobre el muslo y, a su vez, el rostro burlón en la palma de la mano.
Su expresión corporal le seca la garganta a Yagi. Así que, antes de hacer el siguiente movimiento, toma su nueva taza de té y bebe un sorbo caliente para relajar sus cuerdas vocales.
—Sí. Entiendo lo que sientes— se interrumpe para un segundo sorbo antes de volver a colocar la taza en la mesa y sonríe suavemente —Lo pensé mucho, y creo que lo mejor es... darte mi taza, ya que parece gustarte tanto.
La suave y amistosa sonrisa que da al finalizar se corta por la expresión de incredulidad del pelinegro. Aizawa deja escapar un sonido de duda que no llega a convertirse en una palabra. Una extraña expresión que nunca le ha visto hacer comienza a retorcerle las entrañas. Aizawa, baja la mirada cuando su peculiaridad parece querer activarse involuntariamente y se masajea el puente de la nariz mientras intenta respirar pausadamente. Una vez. Dos veces. Tres veces.
—Creo... que no me he dado a entender muy bien. Así que voy a ser lo más claro posible en este momento, porque no sé cuánto más podré tener paciencia— Se levanta en un movimiento perezoso y se inclina sobre la mesa. Puede sentir su aliento suavemente cuando suspira antes de reincorporarse —Lo que quiero, no es tu taza— Yagi no sabe en qué momento tomó el nuevo recipiente de la mesa, sólo es consciente que ya no está donde lo puso cuando lo eleva a la altura de su barba y pega los labios en el mismo sitio dónde Yagi acaba de beber —Lo que quiero es lo que toca de ti.
Es entonces, y sólo entonces, que todo hace click en la mente de Yagi lentamente. La sobrecarga de información lo sobrepasa y le impide formular alguna palabra fuera de un audible y repetitivo “Oh” en diferentes tonos, cada vez más altos, mientras el pelinegro vuelve a sentarse frente a él, con esa burlona sonrisa dibujada en los labios, esperando a que termine de procesar la información antes de hacer su siguiente movimiento.
Ahora lo entiende. Yagi finalmente lo entiende. Aizawa está coqueteando con él.
