Chapter Text
Él te recuerda a un mago.
Un hombre capaz de existir en dos lugares a la vez. Un hombre que regresa a casa a altas horas de la noche, y te miente. Siempre con excusas, constantemente con mentiras en la punta de la lengua.
El aroma a comida casera aún se percibe en el ambiente del comedor, incluso cuando todos los platillos ya han sido guardados en la nevera. Seokjin te había prometido que intentaría llegar temprano por esta noche. Una risa amarga se escapa de tus labios. Intentaría, esa es la palabra clave.
Honestamente, deberías haber esperado que algo como esto sucediera, sobre todo, cuando últimamente parece que Seokjin solamente tolera tu presencia. El pasa días fuera, aún más de lo que su apretado horario requiere, o cuando se digna a regresar a tu hogar, lo hace a altas horas de la madrugada, sin ni siquiera tomarse la molestia de darte una explicación.
Existe una indudable distancia entre ustedes dos, que día a día se hace más grande; porque él está más distante contigo, su tacto es frío y tú sabes que algo no anda bien.
Quizás esa es la razón por la cual decidiste poner todo tu empeño en preparar una perfecta cena romántica de aniversario para los dos. Tal vez esa fue la razón por la que te esforzaste en arreglarte para él, porque decidiste usar su vestido favorito en ti, porque cocinaste su cena favorita y aún sigues esperando pacientemente por su llegada. A pesar de que el dolor en tus pies está matando, debido a tu día ocupado, y que cada momento es una lucha constante por no quedarte dormida en tu silla en el comedor. No importa que ya le has llamado múltiples veces, solo para recibir un completo silencio de su parte. Sigues esperando, a pesar de que ya has llamado a Namjoon, solo para que este tartamudee en el teléfono de que ese día no tenían práctica, no como Seokjin te había jurado esa misma mañana, antes de abandonar tu hogar en apuro.
¿Qué te está escondiendo?
Cuando le echas un vistazo al reloj colgado en una de las paredes del comedor, justamente cuando las agujas apuntan las cuatro de la mañana, escuchas el sonido que produce la madera de la puerta al raspar con el suelo.
Él ya está en casa.
Sus pasos son ligeros cuando se dirigen hacia dónde estás, inconscientemente tus puños aprietan la suave tela de la falda de tu vestido. Unos segundos después, tu esposo aparece en el umbral de la habitación, ojos clavados en su teléfono móvil, así como largos dedos tecleando en este mismo.
En la suave luz de la habitación, gracias al candelabro que habías colocado en el centro de la mesa unas horas antes, y a pesar de tu vista borrosa debido a las lágrimas acumulándose tercamente en tus ojos, no puedes evitar pensar que él luce etéreo. Como una deidad que está tan lejos de tu alcance.
Tus dedos temblorosos tratan de remover las lágrimas de tus ojos, al mismo tiempo que intentas deshacerte del nudo en tu garganta. Él no puede verte así. Tu esposo no merece ser recibido por una esposa con el maquillaje arruinado, y dolor latente en su rostro.
Seokjin finalmente levanta la vista de su teléfono unos momentos después, luciendo sorprendido por verte despierta a pesar de la hora. En su mira cruza un sentimiento que percibes como culpa, acompañado de un brillo que no logras entender, sin embargo, este se esfuma antes que puedas comprenderlo.
— ¿Qué haces despierta tan tarde? — te reclama Seokjin; su tono de voz es áspero, y no puedes evitar notar como evita mirarte a los ojos, decidiendo fijar su mirada en el candelabro cuando él toma unos cuantos pasos hacia donde estás sentada.
— Estaba esperando por ti — respondes con paciencia — Hoy era nuestra cena de aniversario.
Seokjin suelta un suspiro, frotando su frente con una de sus manos, en un signo de cansancio.
— Lo siento tanto, la práctica tomó más tiempo del que yo esperaba — murmura tu esposo, acortando la distancia física que los separa — Te prometo que te lo compensaré.
Sus manos cálidas ahuecan tu rostro, y enseguida te derrites ante su tacto, dejando escapar un suspiro de satisfacción cuando él afectuosamente te levanta la barbilla, de modo, que puedes mirarlo directamente a sus profundos ojos canela. Su mirada te eriza la piel, y para tu deleite, sus suaves labios se unen a los tuyos en un tierno beso.
Sin embargo, las usuales mariposas en tu estómago son reemplazadas por un sabor amargo en tu boca.
El té está mintiendo. Lo sabes por la enfermiza fragancia olor vainilla que hueles en él. Lo sabes por el adictivo sabor a cereza en sus labios y lengua cuando él profundizó el beso. Si cierras los ojos aún más fuertes y dejas la imaginación volar, juras que se siente como si estuvieras besando a otra mujer.
Al momento que él se aleja de ti, sientes una necesidad de gritar, de exigir respuestas, de cuestionarse acerca de la mujer que puedes saborear en sus labios. Porque sabes perfectamente que él está siendo deshonesto contigo, está en todo su aliento. Sin embargo, el suave tacto de sus dedos sobre tu mejilla acompañado del cansancio en sus preciosos ojos detiene abruptamente la batalla en tu corazón. Todos esos pensamientos son reemplazados por el deseo de aliviar su cansancio.
Que jodida maldición, piensas, él me importa demasiado.
Después de tomar un profundo respiro, depositas unos suaves besos en la punta de los dedos de la mano que sostiene tu mejilla antes de retirarla cuidadosamente de tu rostro.
– Está en casa por fin, y eso es lo más importante para mí – apaciguas – Ya esta tarde, lo mejor sería ir a la cama ya.
Seokjin asiente con la cabeza, depositando un suave beso en tu frente cuando él pasa a tu lado, en camino a tu dormitorio. Una de sus manos dirigiéndose al bolsillo de su pantalón, mismo donde había escondido su teléfono de tu vista, cuando piensa que ya está fuera de tu vista.
Sola, en el brutal silencio del comedor, no puedes evitar empezar a sacar conclusiones. Porque es sumamente difícil ignorar el sentimiento de temor que se asienta en tus huesos ante tus descubrimientos. Quizás lo mejor sería ignorarlo. Porque talvez, solo tal vez, estás equivocada, estás leyendo entre líneas y buscando significados ocultos que no existen. Si lo confrontas . . . Solo empezarías una discusión con él, y es lo último que deseas que suceda en la noche de tu aniversario.
Cuando entras a tu dormitorio, notas que Seokjin ya ha entrado al baño, quizás para ducharse antes de dormir.
Esta es tu oportunidad.
Los latidos de tu corazón resuenan en tus oídos, al momento que tus temblorosos dedos alcanzan el cierre de tu vestido. Un segundo después, la suave tela cae alrededor de tus pies, y el frío aire de la habitación te recibe, causando que tu piel se erice. Una ola de seguridad te embarga al momento que la yema de tus dedos acaricia la tela en encaje alrededor de tus pechos. Y embriagada de ese arrebato de confianza en ti misma, con la espalda erguida, tomas unos cuantos pasos hacia la puerta del baño, tu mano izquierda apoyada contra la perilla.
Quizás aún no es tan tarde. Todavía puedes sorprenderle y utilizar esta oportunidad para demostrarle que aún pueden celebrar juntos, aún puedes volverle loco con tu cuerpo, justo como era al principio de tu matrimonio. Lo que escuchas a través de la muerte te detiene abruptamente.
Su profunda voz pronunciando el nombre de otra mujer con tanta ternura acompañado de palabras llenas de afecto que son susurradas, como si él supiera que tú estás escuchándole.
Apoyando tu oído en contra de la madera, intestas escuchar más claramente con quien está hablando, pero a pesar de tus esfuerzos, su voz suena distante, como si estuviera debajo del agua. Con un pequeño empujón, la puerta se abre ligeramente, a la vez que un fuerte sentimiento de vergüenza te embarga, pero tú lo ignoras, porque para ti, la necesidad de saber es más fuerte.
Seokjin está sentado en la tapa del retrete con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza hacia abajo, su teléfono presionado en una de sus orejas, completamente concentrado en lo que la persona al otro lado de la línea dice. De repente alza la cabeza, una preciosa sonrisa se dibuja en sus labios antes de que suelte una profunda carcajada en respuesta a lo que la mujer del teléfono ha dicho.
Te duele, porque esa sonrisa solía pertenecerte solo a ti. ¿Cuándo fue la última vez que tu esposo te sonrió a ti de esa manera? Él ya no te sonríe así, han sido meses desde la última vez. ¿Quién es la mujer del teléfono?, ¿Por qué ella le puede hacer sonreír así?, ¿Existe algún tipo de relación entre ellos?
En ese momento, deseas con todas tus fuerzas, que él se dé cuenta de estas espiándole; que estás siendo esa mujer de la cual tanto de burlaste y juraste vez tras vez que nunca serias. Porque tú nunca has desconfiado de él, jamás has cuestionado la fidelidad de tu esposo. En ese instante, oras con fervor porque él te atrape escuchándole, de modo que puedas preguntarle todas esas dudas que están empezando a torturar tu corazón. Oras por poder entender lo que él está susurrando al teléfono, lo que le está murmurando tan dulcemente a ella .
La tenue luz del baño, alumbra parte de tu habitación debido a la puerta entre abierta, y irónicamente recae sobre tu retrato de boda. En la fotografía, la pareja de recién casados luce tan feliz. Tú sabes que la mujer del precioso vestido blanco jamás podría imaginar que un día estaría escondiéndose tras una puerta, suplicando por conocer la verdad que su esposo esconde.
Esa noche una mujer llena de dudas nace.
¿Te está engañando?
