Work Text:
Diagnóstico: hanahaki.
Síntomas: vómito de flores y sus pétalos, opresión en el pecho, daños pulmonares y disnea. Frecuentemente lo sufre la persona que ama.
En otros casos puede presentarse como el surgimiento de flores o pétalos en partes aleatorias del cuerpo. Frecuentemente lo sufre la persona amada.
Tratamiento: intervención quirúrgica para llevarse las flores y los sentimientos de amor para siempre o ser correspondido.
Pronóstico de evolución: desconocido.
La primera vez fue un pétalo, solo uno...
Lo atribuyó a las flores de cerezo que suavemente caían sobre sus hombros aquella tarde de primavera, sin embargo, le pareció tan hermoso pensar justamente en aquellos penetrantes ojos de mar al mismo tiempo que el pétalo llegaba a sus manos y tras un ligero carraspeo, continuó su camino sin más.
La primera vez de Viktor fue distinta.
Un día solo se despertó con pétalos de girasol rodeando su dedo anular derecho, parecían un hermoso anillo dorado, un anillo que bien sabía, por dentro, estaba matando a alguien.
La segunda vez fueron azules, azules como aquellos ojos, azules como las rosas de un color naturalmente imposible... Claramente imposible
Imposible que fuese aquella enfermedad de amantes.
Imposible curar de un buen modo aquella enfermedad. Puesto que se trataba de Viktor quien debía amarlo antes de que las crueles espinas lo destrozaran por dentro.
La segunda vez de Viktor también fue azul.
Azul como los últimos años que vivió en soledad, un hermoso celeste creaba rizos y ondas en su pecho, como un magnífico campo de flores en pleno apogeo que llenaba sus años de tristeza con una promesa tal como alcanzar lo que creyó imposible.
La tercera vez fue una enfermedad más avanzada.
Aquella vez fue el albino quien tosió pétalos de rosa. Se esparcieron desde sus labios hasta la pista de hielo como una roja cascada impactando contra el helado suelo.
Por primera vez su cuerpo se dobló ante las espinas que acompañaban a las flores y sintió su garganta y pulmones razgarse... Pues él también lo amaba.
Y roja fue también la tercera vez de Yuuri, rojos pétalos crecieron de sus labios y de su tórax, parecían besos dejados durante una larga, romántica y anhelada noche de maravillas con la que había soñado hace mucho tiempo... No lo esperaba, pero a él también lo amaban.
Los narcisos fueron la cuarta y última
Duró tanto como 6 lunas.
El tiempo necesario para que sus corazones se encontraran desnudos frente a frente.
Mientras él escupía sus pétalos, crecían narcisos en el cabello del otro chico.
Se miraron.
Un dulce tono chocolate y un perfecto azul zafiro se mezclaban entre flores, el tiempo pareció detenerse y unos cuantos pétalos volaron por el aire abandonando a sus huéspedes.
Corrieron el uno hacia el otro, sabiendo que sus almas se pertenecían y envolvieron sus cuerpos en un fuerte y necesitado abrazo.
Se fundieron en un preciado beso y una ráfaga de viento creó un tormentoso y bello remolino en el que bailando, se disiparon y revolotearon todos los pétalos de sus cuerpos, cerezos, girasoles, rosas rojas, rosas azules y muchos narcisos danzaban a su alrededor, guiados por el son de sus corazones latiendo al unísono como si de un vals romántico con gotitas de cristal hechas notas de música se tratase, de sus labios brotaron las dos palabras más dulces que en su vida escucharon y el polen de las flores se volvió miel entre sus bocas quienes bailaban una enamorada danza de unión, a la vez que un sincero -te amo- se saboreaba sincero en el aire, revoloteando junto con todas las flores.
